jueves, noviembre 16, 2006

Órdenes militares (A. Carretero. El antiguo Reino de León. 1994)

La Reconquista iba adquiriendo entonces un aspecto peculiar con el nacimiento y rápido desarrollo de las órdenes Militares españolas, las más importantes de las cuales surgen precisamente en el reinado de este monarca leonés.

Por aquella época, Fernando II dedicaba especial atención militar a la zona de expansión leonesa por la Transierra y Extremadura. La defensa de las zonas fronterizas de los reinos cristianos de León y Toledo con la España islamita ya comenzaba a entregarse a unas milicias de nueva creación cuyo modelo se encuentra en el «ribat» musulmán.

La fusión del sentimiento religioso con el espíritu guerrero, de la práctica del ascetismo con el oficio militar, de la vida monástico con la guerra contra el infiel, que en principio fue la base de las órdenes militares, se dio ya antes en la institución islámica del «ribat», convento que a la vez era cuartel donde se alojaban los «almorávides» que unían la vida ascética de perfección interior con el deber de defender las fronteras del Islam. El «ribat» era también «guerra santa», sobre todo en la defensa. No es, pues, pura casualidad que estas instituciones naciesen -dice Américo Castro- en el siglo xII, en las fronteras del Islam -Palestina y España-. «De los morabitos (almorávides) procedieron, así en España como entre los cristianos de Oriente, las órdenes militares.» Nada, por otra parte, menos cristiano que confundir la doctrina de Cristo con las actividades bélicas. Con los Evangelios solamente, no es posible entender a Santiago Matamoros, dice don Américo (9).

Las primeras órdenes militares, la de los Hospitalarios y la de los Templarios, nacieron en Palestina durante las cruzadas; después se extendieron por España, comenzando por Cataluña y Aragón. Ya hemos visto que Alfonso el Batallador les legó sus reinos en un testamento imposible de cumplir. Después pasaron a los reinos de León y de Castilla; y en 1147, Alfonso VII, el Emperador de León, concedía a los templarios la recién conquistada villa de Calatrava. Pronto surgieron las órdenes militares españolas, sin duda bajo la influencia de las anteriores pero probablemente también siguiendo el inmediato ejemplo del «ribat» islámico africano. Precisamente fue la retirada de los templarios de Calatrava, incapaces de resistir el empuje de los almohades, lo que determinó que fray Raimundo de Fitero con un grupo de monjes cistercienses y de caballeros fundaran la primera orden militar española, que se encargó victoriosamente de la defensa de Calatrava en 1158. En el reinado de Alfonso XI el centro de la Orden y sus maestres se trasladaron a Almagro.

La Orden de Calatrava no nació, pues, en tierras propiamente castellanas -donde las órdenes militares apenas tuvieron importancia-, sino manchegas, del reino de Toledo, que como las de la Extremadura leonesa se organizaron a base de grandes señoríos territoriales -eclesiásticos o laicos-.

Poco después que la de Calatrava en tierras de Toledo, nacieron las órdenes de Alcántara y Santiago, ambas en la corona leonesa y ambas también en el reinado de Femando Il.

Hacia 1164 varios caballeros salmantinos constituyeron una nueva orden militar en una humilde casa y una iglesia llamada San Julián de Pereiro, cerca de la frontera portuguesa. Nació así en el reino de León la Orden de San Julián de Pereiro, que el Papa aprobaría después y que cambiaría su nombre por el de Orden de Alcántara cuando Alfonso IX de León le entrega la plaza de este nombre en 1213.

La Orden de Santiago fue fundada con el propósito de combatir a los infieles y de proteger y albergar a la vez a los peregrinos que por el camino francés o camino de Santiago iban a visitar el sepulcro del Apóstol; fue, pues, además de una «orden militar», una «orden hospitalaria». Fue creada por un grupo de caballeros que, estimulados por el obispo de Salamanca, acordaron reunirse en una hermandad o cofradía para vivir bajo una regla común de carácter militar y eclesiástico. Eligieron como patrono a Santiago y se instalaron en una casa e iglesia en Cáceres, ciudad recientemente incorporada al reino de León que les fue donada por Femando 11, en 1170, por lo que adoptaron el nombre de «Congregación de los fratres de Cáceres». Poco después el arzobispo de Santiago hizo con ellos un pacto de hermandad según el cual quedaba considerado caballero de la nueva orden, la cual recibía en cambio algunos beneficios. A partir de entonces aparece con el nombre de Orden de Santiago. Tuvo casa matriz en León, donde se hizo cargo del hospital de San Marcos, establecido anteriormente para socorro de peregrinos. Fue protegida después por Alfonso VIII, quien, como rey de Castilla y de Toledo, entregó a la Orden el castillo de Uclés, desde donde, como segunda casa matriz, se dirigió la reconquista de las tierras manchegas del reino de Toledo denominadas después Castilla la Nueva- y parte de Andalucía.

Las órdenes militares desempeñaron en la Reconquista muy importante papel, no sólo militar sino también político y social, especialmente en Castilla la Nueva y Extremadura. Pronto poseyeron grandes señoríos y riquezas y muchas fueron las encomiendas que entregaron a algunos de sus caballeros (comendadores), quienes de esta manera gozaron de pingües rentas y gran poder. Disfrutaban además de extraordinarios privilegios que les hacían aún más poderosas. Tantos que llegaron a convertirse en una amenaza a la autoridad de los propios reyes. Relegando al olvido la pureza y el ascetismo de sus fundadores («ya no era de ellos el delgado comer y la aspereza de la lana del vestido»), las órdenes militares fueron instrumentos de la codicia y las ansias de poder de los magnates que las regían. Su enorme poderío y el uso que de él frecuentemente hicieron sus maestres, priores y comendadores provocaron muchos conflictos en los pueblos a ellos sometidos y con otros sectores de la monarquía.

Los Reyes Católicos, firmes en su política centralizadora en tomo al absolutismo real, decidieron someter las órdenes militares a su inmediata autoridad incorporando los maestrazgos a la corona. En esta empresa practicaron un doble juego político: apoyando al pueblo frente a los magnates cuando éstos eran excesivamente poderosos o se mostraban insumisos; y creando nuevos señoríos incondicionales de la corona allí donde los concejos comuneros, todavía fuertes, se resistían a perder sus libertades tradicionales y a ser despojados de su patrimonio colectivo. Ejemplo de lo primero fue la rebelión, en 1476, de los vecinos del pueblo andaluz de Fuenteovejuna, que, hartos de sus abusos y vejaciones, dieron muerte al comendador de la Orden de Calatrava Femando Gómez de Guzmán. Caso de lo segundo, las multitudinarias protestas de los indignados segovianos cuando en 1480, contra fuero y con perjurio, Isabel I segregó de la jurisdicción de la Comunidad de la Ciudad y Tierra de Segovia un territorio en tomo a Chinchón con muchos pueblos y mil doscientos vecinos, que de hombres libres de la comunidad segoviana pasaron a la condición de vasallos de los marqueses de Moya, título con que la muy elogiada reina pagó al matrimonio de Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobadilla la decisiva ayuda que le habían prestado para ocupar el trono de Castilla por medios no muy acordes con la buena moral y las leyes. Hechos éstos que, a diferencia del antes referido, inmortalizado por el genio y la fama de Lope de Vega, apenas son conocidos -y a lo sumo calificados de alborotos populares- en las historias al uso.

(9) Américo Castro, La realidad histórica de España, edición renovada, México, 1962,pp. 407-417.

(Anselmo Carretero y Jiménez. .El Antiguo Reino de León (País Leonés).Sus raíces históricas, su presente, su porvenir nacional. Centro de Estudios Constitucionales. Madrid 1994, pp 356- 358)

1 comentario:

Carmen Calvo dijo...

La primera orden de caballería en España al estilo de los templarios la creo Alfonso l el batallador y la segunda también, Fueron la Cofradía de Belclchite y la Orden de San Salvador de Monreal, después de la toma de Zaragoza y aconsejado por Gastón de Bearn.
En la orden de Monreal ingresó el mismo rey.