jueves, julio 19, 2018

SONETA QUE SEXA EL CONSTITUCIÓN (Juan Pablo Mañueco)


SONETA QUE SEXA EL CONSTITUCIÓN
1/ ¡Ojo! Si siguen por el camino de confundir "sexo" con "género" (gramatical) el idioma castellano IMPLOSIONARÁ desde dentro y dejará de ser válido para la comunicación. ¡Ese el peligro! ¡Lo que le faltaba a Castilla, que le implosionen el idioma!
2/ Ahora resta comprobar si presidentes autonómicos, alcaldes, cargos, etc. de los partidos que quebraron o callaron cuando se rompió artificialmente Castilla en los 80... actúan ahora cuando está en riesgo que quiebre y se rompa el propio idioma castellano.... Cargos de los partidos, militantes de los partidos es la hora de que defendáis o ayudéis a eliminar el idioma castellano de entre las lenguas útiles para la comunicación. Vuestra es la decisión. La mía está expresada.
SONETA QUE SEXA EL CONSTITUCIÓN,
en respuesta a doña Carmen Calvo (con "o" gramatical, no sexual)

Soneta que sexa el Constitución, en respuesta a doña Carmen Calvo (con “o” gramatical)



(Escrita con toda la respeta de la munda. Tanta respeta que, por ejemplo, no se sexualiza el apellido de quien ha pedido el informe a la RAE, la señora vicepresidenta doña Carmen Calvo)
Sexar el Constitución es precisa
por motiva clara palabro es macho.
Cumplir apenos se clavo. Y es remacho
se sexe, cual la pollo -en “a”- da risa.
* * *
Aristócrato sistemo de empacho
de tonterío y señoría visa
que mandataria es genta lisa
de cerebra, mas lenguo mamarracho.
* * *
La génera no es la sexa aquí avisa
el idiomo que aboba chocha un cacho,
y el vocal que no case, se l@ pisa.
* * *
El Carmen, cuando calva, marimacho
lo juristo sexa de voza brisa
y exclusivo lo fonda toda tacho
* * *
del Constitución, que a la puebla soberana la hace en nada;
pero se reforma el forma, ¡a fin que el gento siga apocapada!
Juan Pablo Mañueco

domingo, mayo 20, 2018

web de Cayetano Enríquez de Salamanca

Se han incluido en la web de Cayetano Enríquez de Salamanca


los siguientes libros:

Guadalajara
Guadarrama y Gredos
Palencia
Provincia de Segovia

viernes, marzo 02, 2018

AUNQUE YA NO ESTÉ EN TI, ARRIACA. (Juan Pablo Mañueco)


AUNQUE YA NO ESTÉ EN TI, ARRIACA.


Y yo no estaré. Y seguirá Arriaca aleteando.
Y quedarán las plazas sobre las que he pasado.
Oirán sus parques el silbido de los pájaros.
Notarán los aires el sonido agudo de sus campanarios.

ESTARÉ contigo, Arriaca, aunque no esté,
Y aunque ya no pueda pasearte con mis pasos.
SEGUIRÁ siendo tuyos los más bellos instantes que pasé.
ARRIACA de mi sueños, de mis paseos y abrazos.

Arriaca, por tus calles seguirá fluyendo aún después,
Lo mejor de mí, lo que he sentido bajo tu cielo pálido
En los día de lluvia, y seguiré soñándote también
Todos los días que viví bajo la luz de tu cielo cálido.

Entonces cuando yo ya no esté, incluso en ese después,
Acaso te paseen estos versos como dándote un abrazo.
Nativa ciudad donde no llegué físicamente a nacer,
Donde sí quiero que yerre mi espíritu cuando sea errático.

¡Oh, sí, al menos quedará Arriaca, aquí, aleteando!

 JPMañueco 


Un soneto me manda hacer Adaja, (Juan Pablo Mañueco)

Un soneto me manda hacer Adaja,

Un soneto me manda hacer Adaja,
que es río que desde los altos muros
de la Sierra de Amblés piensa en futuros
murallones pétreos, cuando baja.

Digo Adaja… y mi corcel de agua ataja
para ir a ver los torreones puros
con que Ávila aballesta sus conjuros,
contra el tiempo que todo cuerpo taja.

¡Mas no al río que, resoplando, viaja
desde la altura serrana extramuros,
a la ciudad en donde Ávila se encaja!

¡Entre las piedras de muralla, uros
o verracos vetones de agua!: Adaja
muge y pasa y acaricia antemuros.

Y sólo ya en Arévalo, la villa mudéjar castellana,
capital de la Moraña,
pálida de odres de abundosas lágrimas, el río se relaja.

Después de que reciba al Eresma, de estirpe segoviana,
el llano Adaja va a quedarse sin orilla,
que viene el Duero a beberse esta agua sureña de Castilla.

Juan Pablo Mañueco

Vídeo autor:


domingo, octubre 01, 2017

El reino de León: Lecciones instructivas sobre la Historia y la Geografía. Obra póstuma de don Tomás de Iriarte, dirigida á la enseñanza de los niños (1830)

El reino de León: Lecciones instructivas sobre la Historia y la Geografía. Obra póstuma de don Tomás de Iriarte, dirigida á la enseñanza de los niños (1830) p. 285

El reino de Leon confina al oriente con la provincia de Burgos; al mediodía con la de Avila y con Estremadura; al poniente con Galicia y Portugal, y al norte con las Asturias. Comprende este reino la provincia llamada propiamente de Leon, la de Palencia, la de Zamora, la de Toro, la de Salamanca, y la mayor parte de la de Valladolid. 

Leon, ciudad, capital y corte de los antiguos reyes de Leon, tiene un obispo exento como el de Oviedo, y su catedral pasa por una de las mas bellas de España. Son tambien ciudades episcopales, Palencia, Astorga, Zamora (residencia del capitan general de Castilla la vieja), Cíudad-Rodrigo (plaza de armas), y Salamanca, bien nombrada por su antigua é ilustre universidad. 

Toro y Medina de Rioseco son tambien ciudades comprendidas en el reino de Leon; como igualmente las villas de Villalpando, Sahagun, Saldaña, Mayorga, Peñaranda, Becerril de Campos, Benavente, Torquemada, Tordesillas y otras

lunes, agosto 14, 2017

El niño García Pérez, (Jesús Torbado)

El niño García Pérez, (Jesús Torbado)

El niño García Pérez, etc, magistal artículo de Jesús Torbado, publicado en el blog "En Tarancón". 

http://entarancon.blogspot.com.es/



NOTA ACLARATORIA DEL AUTOR:

     Poco antes de la publicación de este artículo la oposición de izquierdas y progresista en Euskadi había cuestionado una campaña del gobierno del PNV entre los escolares en la cual se aplicaban criterios antropométricos para determinar las características faciales y corporales de los escolares, así como se analizaba la genealogía de los alumnos, valorando el número de apellidos vascos.


____________________


EL AIRADO VIENTO DE LOS PÁRAMOS MESETARIOS le enrojecía las orejas y fijaba bajo su naricilla dos sucios velones que le alumbraban al santo de los fríos y de la desolación. Un agujereado tapabocas granate se anudaba alrededor de su cuello, por encima de la pelliza de plástico ajado que le había mandado un primo suyo establecido en la capital. El niño García Pérez Etcétera vigilaba el confuso rebaño que su padre le había dado en mando: dos docenas de ovejas, siete cabras, una vaca, dos mulos y un asno. Una pareja de lebreles le hacía compañía aquella mañana helada de la estepa. El niño García Pérez Etcétera no tenía nada mejor que hacer.
Del pueblo se habían ido el cura, el médico y el maestro. El maestro había sido el último. Los señores de Madrid habían dicho que no quedaba dinero para costear su salario en la escuela rural y lo habían mandado a poner escuela veinte kilómetros más lejos. Los señores de Madrid habían entregado 2.000 millones de pesetas para las “IKASTOLAS” del Norte y otros muchos para las “ESCOLAS” del Este, así que no disponían ya de las 800.000 pesetas anuales que el maestro cobraba.
Pero el camino hasta la nueva escuela era arenoso y áspero y se tardaba mucho en llegar. Los señores de Madrid habían unido con autopistas todas las capitales de provincia del Norte y del Este y no tenían ya dinero para echar grava sobre aquel polvoriento-lodoso camino.
Como la camioneta tardaba tanto en llevar a los trece niños del pueblo hasta la nueva escuela, el padre del niño García Pérez prefirió que cuidase el ganado en lugar de tener todo el día al chiquillo por esos malos caminos de Dios. Ahora, la vieja escuela iba tomando la forma de todos los pajares semiderruidos del pueblo: llenos de gatos en celo, palomas en los desvanes, lagartijas aletargadas y arañas dormidas dentro de sus capullos.
Del médico sólo los más antiguos se acordaban. Cuando el niño García Pérez Etcétera se ponía malo, le daban leche caliente con vino y miel, y eso lo curaba todo, salvo los sabañones invernales, que no tenían cura, y las diarreas del verano a las que ya estaba acostumbrado. Médicos quedaban por ahí, desde luego, pero se dedicaban a contar los pelos que los niños del Norte tenían en las falanges de los dedos de los pies, a fiscalizar sus pecas, a medir sus cráneos y narices: estaban demasiado ocupados como para cuidar las pulmonías del niño García Pérez y de sus compañeros.
Y como el muchacho no iba a tener jamás una escuela a donde ir, toda su vida ignoraría algunos esencialísimos detalles de sí mismo, especialmente las claves de su código genético. A él y a su padre y a su abuelo no le importaban demasiado, pero la sociedad en que vivían padecería una terrible e inevitable carencia; la patria en que había nacido se tambalearía ante la flojedad de aquellos cimientos humanos del zagal que pisoteaba los terrones de la meseta.
Porque era una delicada e importante cuestión. De entre los cientos de García, Pérez, Rodríguez, Sánchez, Martínez y Suárez de su nombre, un estudio científico de aquel niño hubiera podido deducir notabilísimas conclusiones.
Hubiera adivinado, por ejemplo, que uno de sus antepasados fue el emperador Teodosio el Grande, que dejó preñada a una sus esposas cuando salió de Coca (Segovia) para gobernar el Imperio romano; que otro de ellos había luchado con Hernán Cortés en la conquista de México; que otro había sido conde de Castilla; que una de sus abuelas tuvo trato carnal con Abd al-Rahman III; y otra con el filósofo y médico judío Moses ben Maimón; que otro ancestro suyo había sido tío de un tal Miguel de Cervantes, aquel a quien sapientísimos hombres habían borrado de una calle de Lejona (Bilbao), para sustituir su opaco nombre por el del eximio poeta Ormaechea Orive; que otro había sido capitán de los tercios de Flandes y otro obispo de Esmirna, y uno más palafranero de Isabel II (“la Casta”).
Por lo demás, si el niño García Pérez Etcétera se hubiera sentado ante un culo de botella y lo hubiese utilizado como espejo, habría descubierto que poseía en su rostro 9618 pecas, lo cual hubiera podido cambiar el mundo si el maestro no se hubiese largado de su vera por orden superior, pues era el mismo que poseyeron Gobineau y Rosenberg; que brotaban 95 pelos sobre cada una de sus falanges (muchos de ellos chamuscados en la hoguera que tenía prendida), el mismo número que Hitler lucía; que las medidas de su nariz coincidían milimétricamente con las del más conocido jefe del Ku-Kux-Klan, un tal coronel W.J Simmons; que la implantación de su (nonato) vello público formaba el mismo dibujo que en vida tuvieron Jim Crow y el general Forrest, y, en fin, que la posición de las circunvoluciones cerebrales era idéntica a la que los arqueólogos hallaron en el cráneo de Nerón, y, feliz coincidencia, a las que aún hoy en día eran frecuentes en África del Sur y otras famosas regiones de la Tierra.
¿Y qué decir del color de sus ojos y de su sensibilidad gustativa? Los ojos eran de color pardo cuando contemplaba el ocaso y grises al mirar las primeras luces de la mañana. Ni el niño García Pérez se hubiera repuesto de esta sorpresa étnico-antropológica, si la hubiese alcanzado. Por otro lado, le gustaban las sopas de ajo, los garbanzos, las patatas viudas, las sardinas fritas, el tocino y las manzanas verdes. Era tan bueno es esto que incluso fabricaba chicle con un puñado de trigo recogido en las eras o en los campos.
Cualquiera de estos detalles hubiera permitido a un concejal medianamente cultivado o a un alcalde con el segundo curso de EGB aprobado escribir una enciclopedia acerca de la superioridad racial de aquel pastorcillo perdido bajo el invernal frío de la meseta.
Y si un buen genealogista hubiera echado leña al fuego del informe genético, teniendo en cuenta todos aquellos apellidos ilustres en el macuto vital del niño, a nadie le hubiese sorprendido que vinieran a llevárselo para nombrarlo director de la universidad de Harvard, u obispo de Roma, o rey de España mismamente.
Pero como hacía frío, estaba empezando a nevar, las cabras se desmandaban, uno de los mulos se había perdido y el cura, el médico, el maestro y su madre estaban lejos, el niño García Pérez Etcétera se puso a llorar en medio del campo, a la sombra de una zarza agostada, y lloraba como un perro, como un perro castellano.”

El País, miércoles, 3 de diciembre de 1980





Jesús Torbado, un leonés nacido en 1943, a quien tuve el placer de conocer con ocasión de la entrevista que le hice para el libro “Diez castellanos y Castilla, y que el 3 de diciembre de 1980 publicó en el diario “El País” este artículo que resume mejor que nada lo que pasó con el ninguneo de Castilla y su cultura en la época de la Transición española.

El artículo no debería ignorarse si ahora se van a corregir algunas cosas que se hicieron mal en aquellos años de la Transición: la desigualdad entre los territorios de España y el olvido, partición y aventamiento de Castilla, por ejemplo.
El artículo, más bien, debería ser de gustosa lectura en todas las escuelas de Castilla y de obligado conocimiento por todo aquel candidato o candidata que quisiera dedicarse a la política en cualquier provincia castellana.




martes, agosto 01, 2017

NADIE ES MÁS QUE NADIE, CASTILLA, NI TÚ ERES MENOS QUE NINGUNA (Juan Pablo Mañueco)


NADIE ES MÁS QUE NADIE, CASTILLA,
NI TÚ ERES MENOS QUE NINGUNA

(Valores castellanos)

Castilla, es por defenderte
y, en tus valores, amate,
el castellano estandarte
a Castilla me convierte.

No por encima ensalzarte
de nadie, más sí quererte
por tu cultura tan fuerte
que nadie pueda negarte.

Que nadie pueda negarte,
ni nadie quiera tu muerte,
sí que mejore tu suerte
es lo que yo quiero darte.

Pero yo por tanto amarte
no desamo ni diserte
por desamar al de enfrente,
sino que aprenda a quererte.

O al menos que sí lo intente
para que aprenda a gozarte.
Eso yo es que quiero darte.
iQue así sintamos tu gente!


Juan Pablo Mañueco (2016)

sábado, julio 15, 2017

EN ÁVILA, MI BELLA CORZA BLANCA (Juan Pablo Mañueco)


EN ÁVILA, MI BELLA CORZA BLANCA

Tus ojos que me miran
desde el adentro de Ávila.
Tus ojos, bella amiga,
desde el adentro de Ávila.

Tus ojos y mis dichas
por tus piedras de estatua.
Desde Adaja sentida,
desde Adaja asombrada.

¡Quién te llamase fría
cuando enciendes el alma,
cuando allá por arriba
almenas de oro y plata

veo, y torres repartidas
y la Historia sonámbula,
adarves los camina
entre héroes y fábulas!

¡Ávila del tiempo hija!
¡Ávila, Ávila y Ávila!
¡Ávila, alegre vista
de una urbe castellana!

¡Vetona Ávila, villa
con verracos por fauna;
y nieves que son niñas
bañándose en Adaja!

¡Ávila, águila, vida
que amaba ya en mi infancia,
cuando veía allá arriba
simetría almenada

y tu aguilar encima,
tus murallas de plata,
grandes puertas y chicas
y mis ojos en Ávila!

Vengo a decir, mi amiga,
adentro de ti, Ávila,
vivió en parte mi vida
y vivió en parte mi alma.

En Ávila, mi vida.
Adentro, entre Ávila.
Mi ciudad tan amiga.
¡Mi bella corza blanca!

En Ávila, mi vida.
Mis ojos, llenos de Ávila,
dándome mi perdida
mocedad y la infancia.

En Ávila, mi vida
vivió tras la muralla
idéntica a sí misma
que en piedras cerca a Ávila.

¡En Ávila de Adaja,
mi bella corza blanca!

JPMañueco, del libro "Cantil de Cantos" 2017