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domingo, octubre 03, 2010

Castilla y el estado de las autonomías (José María Rupérez Cibrián)

Castilla y el estado de las autonomías


Los pasados días 6, 7 y 8 de Noviembre, se celebró en el Senado el debate sobre el Estado de las Autonomías. Todas las comunidades autónomas estaban perfectamente encajadas en sus territorios, excepto Castilla, que está dividida en cinco trozos: parte de Castilla la Vieja unida por la fuerza a León; Logroño desgajado de Castilla la Vieja, lo mismo que Santander; Cuenca y Guadalajara unidas por la fuerza a La Mancha; y Madrid que también es Castilla.

¿Cómo vamos los castellanos a tener una 'fuerte identidad' -como dice el Sr. Rodríguez Zapatero de los catalanes- si los políticos de la transición destrozaron vilmente a Castilla?. La identidad y la cultura castellana acumulada a lo largo se siglos está disgregada y cuarteada como la tierra seca y, al final, se convertirá en polvo y desaparecerá.

Esto es lo realmente canallesco, bochornoso, lamentable, cabreante, indignante…, que siendo Castilla una región esencial en la Historia de España haya sido vilipendiada de forma tan mezquina dentro de un régimen democrático que se supone debe ser respetuoso con los derechos humanos, con la libertad, la igualdad , la solidaridad, y todos los parabienes con los que se quiera impregnar la 'sagrada' palabra democracia.

Es de todos sabido: desde el castellano mas sencillo hasta el más culto, la descomunal injusticia que se ha infligido a Castilla y a los castellanos en nombre de la democracia, ¿por qué?, esta es la gran pregunta que yo me hago. Por qué ese acoso y derribo a Castilla?.¿Había que construir la España de las autonomías sobre los despojos de Castilla?¿Esa era la modélica transición de la que tanto presumen los políticos que pilotaban la nave de la transición española y los mentores de la Constitución?.

¿Se imaginan a Andalucía dividida en cinco partes: Andalucía y Extremadura; Andalucía y La Mancha; Málaga, Granada y Almería?¿Lo habrían consentido los socialistas: Felipe González, Alfonso Guerra, Manuel Chaves, y otros?.¡Impensable!¿Verdad?.

Pero a Castilla, que en los tiempos de la transición no tenía a nadie que la defendiera, había que machacarla, y así se hizo. Y ante este panorama desolador todavía el presidente de la Junta de Castilla y León dice: 'que sería un grave error volver a replantearse esa autonomía'. Todo lo contrario. Lo que es una auténtica irresponsabilidad histórica es empeñarse en seguir llevando a Castilla por el sórdido camino de la permanente humillación.

La transición española no habrá culminado felizmente mientras a Castilla no se le haga justicia. Castilla después de 27 años de vigencia de la Constitución sigue reclamando su unidad territorial y su constitución en comunidad autónoma genuinamente castellana, los castellanos tenemos pleno derecho a ello.

lunes, noviembre 05, 2007

Castilla y la Constitución

JOSE MARÍA RUPÉREZ CIBRIÁN

LA APROBACIÓN de la Constitución Española por las Cortes el 31 de octubre de 1978, que dio lugar al Estado de las autonomías, no benefició para nada al posterior desarrollo integral de Castilla. Más bien todo lo contrario, pues truncó diez siglos de autónoma trayectoria histórica, ya que desde su nacimiento, entre los siglos IX y X, hasta el final del régimen franquista, Castilla siempre había existido por si misma.

El paso de la dictadura a la democracia -representado por la Constitución de 1978-, cortó de raíz su milenaria trayectoria histórica como región esencial en la Historia de España, echándola por el precipicio de su total pérdida de identidad al propiciar uniones no deseadas, que perseguían como único objetivo impedir la existencia de una comunidad autónoma llamada Castilla. ¿Qué sórdidas razones movieron a los políticos de la transición para cometer tamaña injusticia con Castilla?

A los políticos que condujeron la nave de la transición, cabría hacerlos algunas preguntas: ¿Por qué permitieron que se desgajaran de Castilla partes esenciales de la misma como Santander y Logroño? ¿Qué entidad regional histórica poseían las mencionadas provincias de Castilla la Vieja para convertirse en autonomías independientes de Castilla, teniendo en cuenta que ambas formaron parte de la provincia de Burgos hasta 1833? ¿Por qué no se sometió a referéndum la unión de Castilla con León, vulnerando el artículo 139, Título VIII, de la Constitución que dice textualmente: «Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado». ¿Por qué a los catalanes, andaluces, vascos y gallegos sí se les permitió que aprobaran mediante referéndum sus respectivos estatutos de autonomía, y a los castellanos se nos negó ese derecho?

La Constitución de 1978 dicen que fue fruto del consenso, ¿pero qué clase de consenso? ¿El consenso basado en la destrucción de Castilla? ¿Por qué la territorialidad del resto de regiones de España no ha sufrido merma alguna, y sí la de Castilla? ¿Habrían consentido los catalanes, los vascos, los gallegos... que les arrebataran un milímetro de su mapa territorial? ¿Habrían consentido esos mismos que les destruyeran su identidad? ¿Qué es eso de ser castellanoleonés o castellanomanchego? ¿Se puede, en nombre de la Constitución y de la democracia destrozar la milenaria identidad de un pueblo? ¿Por qué no teníamos los castellanos un partido regionalista poderoso, se ensañaron con Castilla los políticos de la transición?

Lamentablemente, realmente lamentable e injusta la aplicación torticera de la Constitución que hicieron los políticos de la transición con Castilla, y esa injusticia tendrá que repararse algún día. Ya sabemos que el ritmo de la Historia es realmente lento, pero tengo el pleno convencimiento de que llegará el día en el que Castilla recupere su dignidad, recobre su personalidad, tenga su voz propia y sea respetada.

miércoles, octubre 24, 2007

El Día del Pueblo Castellano

Jose María Rupérez Cibrían

La fecha que se ha de señalar para que el pueblo castellano la celebre con alegría, con danzas populares, música tradicional y amplia participación social, está todavía por fijar, y ello no será posible mientras Castilla no disponga de la comunidad autónoma que le corresponde, es decir, de una autonomía genuinamente castellana formada por todos los territorios castellanos, en los que el antiguo reino de León no tiene cabida alguna, y sí Logroño y Santander.

Ya ha quedado bien demostrado después de 23 años de estatuto, que lo de unir la mutilada Castilla la Vieja(la despojaron de los dos brazos: Santander y Logroño) al antiguo reino de León, era para destruir políticamente a Burgos como Cabeza de Castilla, mermando considerablemente su poder económico y poblacional, colocando a Valladolid como cabeza de Castilla y León, para desarrollarla política y económicamente. Despreciable maniobra política que tuvo como telón de fondo el cambio de un régimen dictatorial por otro democrático, auténtico engaño que –en el caso que nos ocupa- dejó por bueno a Franco que no se metió para nada con el territorio castellano.

El 23 de Abril de 1.521 las tropas realistas castellanas de Carlos I, derrotaron al popular ejército comunero comandado por Padilla, Bravo y Maldonado. Desde entonces Castilla no ha levantado cabeza, y lo que es mucho más grave, Castilla como región histórica y fundamental en el Historia de España, está en trance de desaparecer si no aparece pronto otro Fernán González que devuelva a Castilla la dignidad que le fue arrebatada por la democracia española, mejor dicho, por los políticos mercaderes de la etapa democrática que de forma mezquina, y porque no tenían enfrente ningún partido político castellano, destrozaron a Castilla, desfiguraron su rostro, rompieron su identidad, y la sumieron en la deplorable y penosa situación en la que actualmente se encuentra.

Carlos I derrotó a los castellanos que se levantaron contra su ejército, y el partido político de Adolfo Suarez, la UCD en alianza con el PSOE, consumaron después de 458 años lo que Carlos I había empezado.

Los castellanos que hemos sido obligados a tragar con la autonomía de Castilla y León, hecha con los criterios militaristas del ordeno y mando, seguiremos esperando la llegada de un mesías castellano que nos libere del yugo que de forma totalmente antidemocrática nos ha sido impuesto.

domingo, octubre 07, 2007

VERANOS EN CASTILLA

VERANOS EN CASTILLA

por José María Rupérez

Siempre tienen la misma magia
los veranos en Castilla
cuando los trigos maduran
para la siega y la trilla:
Mar de amarillo pálido,
olas preñadas de vida.

JUNIO EN CASTILLA

JUNIO EN CASTILLA

por José María Rupérez

Verdes suaves,
Ocres tenues,
Amarillos pálidos:
Ese es el paisaje compartido
De muchos pueblos castellanos.

domingo, septiembre 30, 2007

La belleza de Castilla

por José María Rupérez



LA BELLEZA DE CASTILLA

¿Qué tiene Castilla
con sus campos dorados,
sus valles frondosos,
sus ríos y lagos?.
¿Qué tiene Castilla
para que me enamore tanto?.

miércoles, febrero 21, 2007

El Cid, eterno modelo para los castellanos

(Artículo publicado por José María Rupérez en El Adelantado de Segovia, el 28-6-99 )

El 10 de Julio de 1999 se cumplirán 900 años de la muerte del Cid Campeador, siendo por ese motivo que la figura del inmortal burgalés está recibiendo toda clase de homenajes y manifestaciones culturales: congresos, artículos, señalización del camino de destierro, etc. Y si todos esos actos contribuirán a dar a conocer un poco más la figura del héroe castellano, sigue siendo Rodrigo Díaz de Vivar el gran desconocido tanto entre las capas populares como entre los sectores con mayor nivel cultural, y ha sido esa ignorancia secular que desprecia lo que desconoce la que - entre otras cosas - ha contribuido a que Castilla se haya ido sumergiendo en tan lamentable decadencia, pués si generación tras generación los castellanos hubiéramos sabido tomar al Cid como modelo, no habría llegado Castilla a las postrimerías del siglo XX en la deplorable situación en la que se encuentra.

La Castilla en la que el Cid nació (hacia el año 1043) estaba gobernada por el rey Fernando I, pero es con el hijo de éste, Sancho II, con quién el Cid inicia su vida militar, gozando de la estima y alta consideración del rey Sancho quien le nombró capitán supremo de su ejército. Este importante cargo militar lo conservó Rodrigo durante toda la vida de Sancho, y con el buen entendimiento y alizanza entre el rey y su distinguido vasallo consiguió Castilla la hegemonia peninsular que hasta entonces había ostentado el Reino de León.

Una de las cualidades que adornaron la vida de Rodrigo fue su gran valor, acreditado en múltiples ocasiones, siendo probablemente la primera de ellas con motivo de la guerra que entabló el rey Sancho (en el año 1067) contra el rey moro de Zaragoza, Moctádir, y tal fué el valeroso comportamiento de Rodrigo en el asedio a Zaragoza que dió lugar a que el historiador hebreo José ben Zaddic le bautizara con el nombre de Cidi que en hebreo significa "mio Cid", es decir "mi Señor", expresión con la que, en lo sucesivo Rodrigo fué designado por sus vasallos.
Aparte del valor, sobresalió el Cid por su alto concepto de la fidelidad mostrada hacia el rey Alfonso en su condición de vasallo de éste (una vez muerto el rey Sancho II). La fidelidad de Rodrigo hacia Alfonso está impregnada de un extraordinario mérito ya que fueron muchas las ocasiones en las que el Cid fué tratado de forma inexplicablemente mezquina por el envidioso rey; y a pesar de haber sido expulsado de Castilla de forma injusta e inmerecida, jamás el Cid se rebeló contra su rey, todo lo contrario, buscó cuantas oportunidades tuvo a su alcance para ser aceptado por él.

Otro aspecto importante de la personalidad del Cid es su gran religiosidad puesta de manifiesto en los momentos importantes de su vida de vencedor del enemigo musulmán. Esas convicciones religiosas de Rodrigo quedaron bién patentes en el importante discurso que el Campeador pronunció a los pocos días de haber conquistado Valencia. El historiador Ben Alcama se hizo eco del mismo poniendo en boca del Cid estas palabras: "Yo soy hombre que nunca tuve un reino, ni nadie de mi linaje lo ha tenido; pero desde el día que a esta villa vine me pagué de ella, la codicié y rogué a Nuestro Señor Dios que me la diese. Y ved cuál es el poder de Dios, el día que yo llegué para sitiar a Juballa no tenía más que cuatro panes, y me ha hecho Dios tal merced, que gané a Valencia y soy de ella dueño. Pues ahora, si yo obrare en ella con justicia y encaminare a bién sus cosas, Dios me la dejará; más si obro mal, con soberbia y torcidamente, bién sé que me la quitará".

Cabe también destacar en el Cid su comportamiento político basado en el respeto y la generosidad hacia los vencidos, actitudes que quedaron plasmadas en las normas que dictó para los moros recién conquistados en Valencia, y que están contenidas en el extraordinario discurso al que me he referido en el párrafo anterior. A quienes habian sido sometidos por él se dirigió el Cid en estos términos: "Yo deseo por mí mismo entender en todas vuestras cosas, ser para vosotros tal como un compañero, guardaros así como como el amigo guarda al amigo y el pariente al pariente. Deseo remediaros y curar vuestros males, pues lamento la miseria que habéis sobrellevado. Y ahora quedaos en vuestra tierra muy seguros, he prohibido a mis gentes que nadie meta cautivo moro ni mora en Valencia, y si alguien faltase a esto, tomad el cautivo, soltadle y matad al que lo metiere, sin que por ello se os siga pena alguna". ¡Que diferencia de comportamiento el del Cid con respecto a los enemigos que vence, con el que han llevado a cabo otros vencedores de guerras!

Las cualidades excepcionales del Cid nos permiten llegar a la conclusión de que no se trata únicamente de un personaje histórico de relevante importancia por las hazañas que realizó frente a los moros hace novecientos años, sino que esos valores humanos que en él sobresalieron de forma tan destacada tienen plena vigencia en la sociedad actual, por lo que debiera constituir un modelo a seguir para cualquier castellano de nuestro tiempo. Ese ha sido el error de los castellanos: considerar a los héroes que nos han precedido como venerables piezas de museo de las que nos sentimos más o menos orgullosos, sin caer en la cuenta de la responsabilidad que tenemos, generación tras generación, de cuidar la extraordinaria herencia que ellos nos legaron.
El Cid amaba a su tierra y se sentía perfectamente identificado con Castilla, y por la posición privilegiada que ostentaba en la vida política de aquella sociedad castellana contribuyó de forma decisiva para que Castilla ocupara un lugar preponderante en la del siglo XI. El genio militar del Cid puesto al servicio del rey Sancho II hizo que Castilla se colocara a la cabeza de los reinos de España. ¿Que papel juega Castilla en la España de las postrimerias del siglo XX? Da pena responder a esta pregunta, pues en nueve siglos de historia hemos pasado de los primeros a los últimos, peor que los últimos: no existimos. Castilla no existe ni como ente territorial, ni como ente político.

La Castilla del Cid, para desgracia del pueblo castellano, dista mucho de parecerse a la Castilla de nuestro tiempo. Con Sancho II y el Campeador, Castilla consiguió erigirse en el reino hegemónico peninsular. En nueve siglos los castellanos hemos dilapidado aquella magnífica herencia, y lo más grave de todo es que -salvo muy pocas excepciones- todavía no nos hemos enterado de que forma tan brutal nos hemos empobrecido: hemos perdido parte sustancial de nuestro territorio; la voz de Castilla no se escucha en ninguna tribuna política; y nuestro rico patrimonio cultural languidece por la ausencia de instituciones netamente castellanas que le den aliento.

Si el Cid pudiera regresar a Castilla de nuevo montado en su caballo Babieca y empuñando en su mano derecha su famosa espada Tizona, ¿qué cara pondrían todos esos políticos desaprensivos y oportunistas que han antepuesto sus intereses personales a los justos y legítimos intereses de Castilla? Pondrían la misma cara de pavor que pusieron los nobles cristianos y los nobles musulmanes con quienes se enfrentó el Cid. Y es que la Castilla de nuestros días es víctima de la falta de liderazgo de un castellano valiente y genial como lo fué Rodrigo Díaz de Vivar.

martes, febrero 20, 2007

Castilla y León, un himno imposible.

JOSE M. RUPEREZ CIBRIAN (Diario de Burgos, 1 de Agosto del 2000)

E1 pasado día 12-7-00, don Fernando Cors Miguel, profesor del Instituto López de Mendoza, escribió un artículo en Diario de Burgos de la mencionada fecha, cuyo tituló era: ¿Para cuándo el Himno a Castilla yLeón?

El profesor Cors inicia un artículo con una interesante explicación sobre el origen de la música desde el punto de vista del mito y la leyenda, para, después de ese oportuno y breve preámbulo, pasar a explicarnos la importancia que tiene la música para los pueblo -incluso los más primitivos- y lo expresa de la siguiente forma: "Esa música, ese canto o ese himno es un hilo conductor de los sentimientos y esperanzas de ese grupo determinado. Pero el problema surge en nuestros días cuando en Castilla y León, sus habitantes, sus pueblos y ciudadanos quieren celebrar un acto de exaltación regional y se encuentran con la triste realidad de que no tenemos un himno que nos una e identifique como región...».

Existe una realidad más triste que la ausencia de un himno, señor Cors: la falta de identificación de dos pueblos con una comunidad autónotna que les ha sido impuesta.

Un himno brota del sentimiento de amor a la tierra en la que nació, o en la que sin haber nacido vive, compartido por la totalidad de quienes habitan en ella, y dándose esas condiciones sí que se puede crear un himno. ¿Por qué en esta comunidad autónoma después de diecisiete años no se ha creado un himno a Castilla y León, como Vd. propone? La respuesta es muy sencilla: porque hay un considerable número de castellanos y de leoneses que no están de acuerdo con Castilla y León unidas sin el beneplácito de los dos pueblos que las constituyen, a los que se les ha obligado a compartir sus destinos, y eso lo saben los políticos, de ahí que no se arriesguen a crear un himno que no seria cantado por la mayor parte de ambos pueblos.

Antes de hacer un himno a Castilla y León, tendremos que aprobar la asignatura pendiente de preguntar a los leoneses y a los castellanos qué piensan acerca de una autonomía creada de espaldas al pueblo. Y si por fín un día los políticos quieren hacer justicia a Castilla y a Léon, y fruto de un referéndum los leoneses y los castellanos deciden unirse, entonces sí señor Cors, se darán las condiciones idóneas para crear el himno que usted propone, pero mientras esa injusticia no se repare no habrá un himno a Castilla y León, y si le hay le cantarán hipócritamente los políticos de turno, y unos pocos convencidos, pero no brotará del corazón de la gran mayoría de ambos pueblos.

Lo que me parece un auténtico despropósito de su parte, don Fernándo, es que usted proponga el «Himno a Castilla» de Antonio José como himno de Castilla y León, atreviéndose a afirmar que el Himno a Castilla «contiene los mejores ecos míticos y simbólicos de Castilla y León». ¿Pero cómo la gente puede hacer manipulaciones sin el menor pudor faltando a la verdad? ¿Me quiere decir, don Fernando, en qué parte de los versos del himno a Castilla se encuentra lo que usted llama « los mejores ecos míticos y simbólicos de Castilla y León»? ¿Usted cree, de verdad, que el genial músico burgalés estaba pensando también en León cuando compuso el Himno a Castilla? ¿No le pareçe que su propuesta es una forma de prostituir el verdadero sentimiento del autor? ¿Y usted cree que los leoneses aceptarían tranquilamente una música y una letra de un himo que se creó pensando en Castilla, sintiendo a Castilla? Realmente descabellado, señor Cors.
Continúa usted diciendo «que alguien tuvo la intención de hacer una mezcolanza entre el himno a Castilla (A. José) y el estribillo del himno de León». Otro disparate más, que se puede unir al disparate de la creación de esta comunidad autónoma, que fue el producto de la mezcla de dos pueblos y de dos- regiones, y ahora viene usted con lo del himno, después otro vendrá con las danzas, así, a base de mezclas, destruiremos las culturas de ambos pueblos, y aquí no habrá pasado nada, y todo en nombre de la «sagrada» democracia, porque eso sí, en lo que a castellanos y leoneses concierne, todo se ha hecho muy «democráticamente».

No pierdo la esperanza de que un día los castellanos podamos cantar el himno de Antonio José como expresión de amor y pertenencia a una comunidad autónoma llamada Castilla, entonando la bella música con los no menos bellos versos: « ¡ Madre Castilla, guíanos tú !, será ese siempre nuestro grito ».