lunes, diciembre 01, 2008

Consideraciones sobre el nacionalismo castellano.Olegario Heras (Oppidum nº 3)

No es la primera vez que se publican textos de Olegario de las Heras en este breviario ( “La presencia germánica en Castilla”, Tierra y Pueblo nº 1 valencia 2003, “Un apunte sobre nacionalismo castellano” , Tierra y Pueblo nº 1, Valencia 2003) procedente de la revista Tierra y Pueblo de los llamados identitarios, que también continúan su actividad en http://www.asambleaidentitaria.com/, , con una revista internética denominada Oppidum, en que básicamente se continúan con los puntos de vista y tópicos de este grupo.

Como en otras ocasiones Olegario de las Heras aborda de manera fragmentaria, rápida, como en una especie de flash el tema del regionalismo, nacionalismo castellano o como demonios se le quiera denominar. Como en otras ocasiones da la impresión de que el autor lo sabe todo, pero en realidad se limita a señalar la indigencia intelectual de los grupos y asociaciones denominados castellanistas; su posición verdadera es relativamente enigmática, aunque deja demasiadas pistas para intuir su postura. Sería de desear que algún día pasara del breve artículo a un libro extenso donde nos comunicara todo el caudal de su sabiduría.

Intenta de una manera lógica examinar las posibles ideas encerradas en los partidos y grupos políticos que se reclaman de castellanismo de manera más o menos explícita; pero ¡ay! los partidos se caracterizan mucho más por programas, consignas y eslóganes que no por ideas verdaderas y profundas, y el militante es más hombre de fidelidades y obediencias que no intelectual, por amplias facilidades que se den para la pertenencia a ese conjunto. De una manera general acusa a las agrupaciones políticas castellanistas de historicistas; lo que hace sospechar que o bien no valora mucho la historia auténticamente castellana, o desconoce en profundidad el confuso potaje de lo que llaman Castilla los grupos políticos que menciona, que además poseen en efecto una ignorancia enciclopédica sobre lo que con cierto rigor se podría denominar castellano. Concluye que estos partidos o son una variante indistinguible de los partidos sucursalistas – ¿que diferencia existe hoy entre izquierda y derecha?-, o una repetición mimética de la logorrea progresista -¿qué partido no acude a ella cuando interesa?-, amen de las acusaciones de utopía - ¿que programa político no es una utopía o más sencillamente una trola?-; además de la clásica denuncia del apego romanticón e infantiloide a los buenos tiempos del pasado: fueros, consejos, mandato imperativo, juicios de residencia y demás antiguallas que al parecer hay que superar.

¿Cual es la alternativa sugerida frente a tanto desmán político nostálgico?: nación, pueblo, poder, biología, genes, sustancia étnica, instintos de pertenencia, destino, etc., etc. Es inevitable acordarse del doctor Rosemberg, pero no basta con aplicar un adjetivo bastante adecuado al contexto, es preferible, aunque sea someramente, mencionar los desvíos incursos en tales posiciones, desde un punto de vista de la Tradición.

1. La noción de pueblo en sentido radical solo la capta la palabra sánscrita “Jana” cuya posible traducción es pueblo unánime donde castas altas y bajas participan de una cultura unánime basad en una concepción metafísica de carácter sagrado, que es la que verdaderamente da lugar a los pueblos y a las culturas . Muy diferente de la noción biológica que pretende que lo alto viene de lo bajo, o sea el espíritu de la materia (ver el artículo “Cultura popular castellana” de este Breviario).

2. La Nación moderna está exenta de principios fundamentales metapolíticos, su fundamento es el conjunto de población con caracteres de pertenencia externos; lengua, espacio, organización política ciudadana, sistema legal, predominancia de fenotipos o genotipos según algunos y otros etc.; básicamente organizado en forma coercitiva de estado como manera de superar el caos. Las naciones modernas dieron buena muestra de lo que pueden dar de si con las millonarias matanzas del siglo XX (véase en este Breviario: “Más allá de la política” y “Unidad y diversidad”).

3. El poder temporal cuando no emana de la autoridad espiritual da lugar al fenómeno de la coerción y la violencia tan características del mundo moderno. Eso hace cuanto menos dudosas las acumulaciones de poder temporal como fundamento de cualquier despliegue de la libertad humana (véase en este Breviario: ”Miscelanea abulénsica 4…y libertad”).

4. El nombre originario de Castilla como condado y luego reino, posteriormente ampliado a los territorios de una corona y posteriormente –siglo XVI- confundido con la misma España, hacen difícil que el castellano tenga algo más que una vaga noción de español. Históricamente verdadera adscripción castellana no fue a una región sino a comunidades libres, imposible inventar ahora nacionalidades a la periférica (ver en este Breviario: “Fijando principios, en torno al federalismo castellano, Luis Carretero Nieva”, “Comunidades castellanas, Joaquim Pedro Oliveira Martins”, “Entrevista a Alfredo Hernández Sánchez”, “La concepción castellana de España. Manuel González Herrero”).

5. La liquidación progresiva de fueros y libertades castellanas ha llevado al actual estado de vaciamiento de lo que en otro tiempo fueron características peculiares castellanas, con la tentación de identificar a Castilla con grandes extensiones –igualmente vaciadas de de sus libertades históricas- en modernas y amplias entidades abstractas, artificialmente unidas en torno a criterios tecnocráticos que no históricos -Cuenca del Duero- o incluso una numerosa cantidad de provincias mesetarias. Caso justamente del articulista aquí comentado, con su característica castellanidad de Zamora, o sus amigas manchegas que claman por su castellanidad prístina, en definitiva la extensión vacía de caracteres diferenciadores como característica de Castilla, eso si con pretensiones de acumulación de poder, gran número de escaños parlamentarios y cosas de ese jaez (ver en este Breviario: “El engendro de Castilla y León. Manuel González Herrero”. “La personalidad de Castilla. Manual González Herrero”, “Reunificaciones temibles”, “La extensión”).

6. El caso particular del actual resurgir del regionalismo o nacionalismo leonés, mucho más pujante que el correspondiente castellano –por razones no resumibles en unas líneas-, lo despacha Olegario en unas palabras descalificadoras, diciendo que no buscan más que una mera táctica de aritmética parlamentaria; juicio bastante contradictorio con la proclamada exaltación de la búsqueda de poder, una de cuyas tácticas es justamente la aritmética parlamentaria. (Ver en este Breviario: “El Reino de León tras el año 1230. Ramón Chao Prieto”, “El regionalismo en tierras de León, Castilla y Toledo. Anselmo Carretero Jiménez).

7. Sorprende finalmente la creencia de Olegario en las virtudes del micronacionalismo -bien conocidas en España por su estilo preferente por la discordia- como fundamento de una futura Europa poderosa, al parecer con fundamentos biológicos y no metapolíticos. De su eficacia identitaria nos da muestra la predominantemente nacionalista Cataluña con la mayor tasa de inmigrantes islámicos, o ¿es que la futura Europa tendrá identidad islámica? (Ver en este Breviario: “Sacrilegios ante el altar del nacionalismo”).

8. Probablemente ante las crisis de todo tipo que se avecinan parece llegada la hora de la micropolítica, mucho más que de las peligrosas acumulaciones de poder, no parece haber otra fórmula para la “restitución” –como llamanen la tercera vía- de los poderes que asumió el estado nacional. Sin duda la más identitaria de las políticas actuales es la de una Suiza con ancestrales y medievales instituciones políticas –tan parecidas a las de la Castilla medieval- que ha afirmado claramente la preferencia nacional y no lo Francia de Gillaume Fayé (ver en este Breviario: “Las leyes sobre inmigración en Suiza. Gaudencio Hernández”. “La hora de la micropolítica de Robert de Herte”, “Miscelanea abulénsica 1. Ávila gallega”, “Manifestaciones evidentes e inconvenientes”).

9 El destino al que está llamado todo hombre es alcanzar el estado de perfecta iluminación – que diría un budista-, la divinización o theosis –que diría un cristiano ortodoxo-, la liberación –que diría un hindú-, u otras expresiones análogas de otras Tradiciones; pero no parece que en ninguna de ellas se proponga la conquista del poder .



*************************************************
CONSIDERACIONES SOBRE EL NACIONALISMO
CASTELLANO

Volumen I, nº 3
El e-zine identitario de
Asambleaidentitaria.com
Noviembre-Diciembre ’08



Abordar la cuestión del «castellanismo político»,término ambiguo y seguramente poco acertado, pero con el que quisiéramos abarcar el conjunto de movimientos, grupos, autores, e iniciativas de todo tipo que plantean o defienden propuestas o proyectos nacionalistas o regionalistas para Castilla en cualquiera de las concepciones que se tenga de ésta, es en los tiempos actuales una labor ingrata. Pero necesaria. Ingrata por lo infecundo de tantos esfuerzos de definición del llamado «hecho castellano». Necesaria porque la realidad castellana (de cualquiera de las Castillas que se tenga en mente) no es precisamente halagüeña. Hace algunos años, comenzábamos un muy modesto artículo sobre esta misma cuestión, constatando el enorme grado de indefinición del propio concepto de Castilla y llamando la atención con algo de ironía sobre lo estéril de los enfrentamientos que esta situación provoca entre los castellanos (pocos) conscientes de serlo. Todo sigue igual. Y seguiría probablemente igual durante largo tiempo si es que a este pedazo de Europa que todavía responde al nombre de Castilla (y cuya extensión y definición dejo al gusto del lector) le quedase mucho tiempo. La sentencia de Drieu La Rochelle sobre una Europa que acabará siendo devorada con la que finalizaba el artículo comienza a prefigurarse en el horizonte de nuestros pueblos.

Nacionalistas sin nación

«Nacionalistas sin nación y tradicionalistas sin tradición». Con esta certera fórmula definía un intelectual italiano a varias generaciones de militantes políticos cuyo discurso había girado alrededor del mito nacional pero que sentían insuficiente bajo todo punto de vista el marco nacional en el seno del que desarrollaron su acción política. Un sentimiento difuso de pertenencia, una voluntad de arraigo, un ansia de preservación en la historia que se siente como un oscuro mandato interior ha empujado a generaciones de europeos a luchar más por la «nación ideal» por la «nación mito» que por las naciones «reales» a la que cada uno pertenecía. En cierto sentido, y salvadas las distancias, sería el caso de Castilla. Basta leer la literatura regionalista o nacionalista, basta conversar con cualquiera que se identifique con un ideario castellanista para constatarlo. El «castellanismo político» posee una concepción de Castilla que se podría calificar de historicista. Su esencia se entiende como una secuencia. Las más de las veces en retro-proyección. Las menos como utopía a (re-)construir. Inacabables (y casi siempre muy escasamente documentados) debates sobre el Medioevo y la Modernidad, especialmente entre el castellanismo moderado, se alternan con proyecciones hacia el futuro de una sociedad sin clases (y casi sin géneros) entre el más radical. Es éste un planteamiento propio de nuestros tiempos: fascinados por el devenir, ignoramos lo estable. Y una nación, efectivamente, deviene. Pero sobre todo, es. Y éste es el primer pecado capital del nacionalismo castellano. Se ha debatido hasta la saciedad sobre qué era (es) y qué no era (es) Castilla, quién era (es) y no era (es) castellano, dónde da comienzo Castilla y hasta dónde alcanza, sin haber perdido un solo instante en intentar entender la categoría del objeto de ese debate, a saber, entender qué son un pueblo y una nación, entender cómo se formula la ecuación biología-cultura para dar a luz un ethnos productor de una firme autoconciencia y capaz de perdurar en la historia como sujeto (o objeto algunas veces) de lo Político. Mucho Fernán González, mucho Pacto Federal, mucha María Pacheco, (o mucho «todos y todas») pero apenas intentos de elaboración de un discurso teórico sobre los conceptos claves sobre los que se debe cimentar un proyecto político nacionalista: los conceptos de nación, de pueblo, de comunidad étnica. Una clarificación de esta naturaleza allanaría el camino de una alternativa política verdaderamente castellana. En realidad estos conceptos son molestos. Desazonan. Ahondar en su realidad aboca a horizontes» que la mayoría de «castellanistas» desconocen y algunos quisieran que continuasen «perdidos». Horizontes biológicos, etológicos, que dan razón de los instintos de pertenencia, de diferenciación, estructuración y cooperación social, que dan cuenta de la necesidad biológica de de estructuras familiares y clánicas sobre las que descansa la renovación y preservación del grupo, que explican los instintos territoriales que hacen connaturales al hombre realidades como el territorio propio y la frontera. Pero horizontes biológicos sobre los que descansa en última instancia el particular e irrepetible modo de manifestarse de un grupo humano dado. En el detalle, en el matiz está la peculiaridad. La diferencia. Pertenecer a un pueblo, a un grupo humano biológica y culturalmente homogéneo (independientemente de las condiciones de su formación, de los componentes sobre los que se ha construido en su proceso de etnogénesis), supone para un individuo actuar en el mundo a partir de unos parámetros determinados que en última instancia descansan sobre lo que el hombre en verdad es. Y el hombre es una realidad biológica, un ser que sólo puede aparecer en el seno de un pueblo determinado. El hombre en sí sólo es una entelequia. Comprender y situar en el centro del discurso ideológico y de la acción política la preservación de la sustancia étnica, es decir la coherencia y la cohesión genética, antropológica si se quiere, de un pueblo debe ser el primer de todo nacionalista. Y establecer, como insiste la antropóloga I. Schwidetzky, qué grupos humanos están en condiciones de integrarse, sin alterarlo, en su círculo reproductivo. Si cualquier nacionalismo cierra los ojos ante esta realidad sólo caben dos opciones. O es suicida o, simplemente, no es nacionalismo. Plantearse el problema étnico implica mirar a la Biología y a la Antropología. Y a la Psicología. Y a la Geopolítica. No sólo a la Historia. Que también. Para hablar del sexo de los ángeles es preciso saber qué son los ángeles por lo que es preciso dominar las Teologías cristiana, hebrea y mazdea. Y para hablar de sexo es preciso saber qué diablos es el sexo, para lo que es conveniente tener conocimientos de Biología, e incluso resultaría conveniente haber practicado un poco. Lo demás es, literalmente, construir castillos en el aire.

Nacionalismo como regeneración

Es una paradoja grotesca que un fenómeno tan extendido a nivel europeo como el nacionalismo se desarrolle dando la espalda a la realidad de la comunidad étnica, y a veces, incluso, contra ella. Si no se conoce en realidad qué es una nación, qué es un pueblo ¿Por qué (¿Por quién?) luchan los nacionalistas? A veces parece misterio un insondable. En realidad, no lo es tanto. Lo cierto es que se están utilizando algunos recursos vinculados al campo de lo instintivo para actuar más allá (o en contra) de la realidad biológica sobre la que descansa la realidad que conforma el pueblo. En efecto, los nacionalismos, y en esto el caso de «castellanismo político» sería paradigmático. En la actualidad, y en consonancia con el discurso de valores dominante, los dos grupos políticos «castellanistas» de mayor implantación (que, reconozcámoslo, no es demasiada), Tierra Comunera e Izquierda Castellana, que han hecho un mínimo intento de elaborar un planteamiento ideológico, están lastrados en su imposible acción nacionalista por la enorme dificultad (imposibilidad en verdad) de conjugar ideologías políticas centradas en el eje Individuo-Humanidad con la realidad del ethnos. Por un lado, Tierra Comunera, ha descendido prácticamente al ámbito de la reivindicación local o regional, ofreciendo unas alternativas, de apariencia más o menos socialdemócrata, intercambiables según la coyuntura con las de cualquier grupo de izquierda o derecha. Practica un discurso que oscila entre un sector regeneracionista bienintencionado (centrado en conseguir que el pueblo castellano tome conciencia de sí mismo y, dentro del marco sociopolítico vigente, se logre una mayor tasa de bienestar y desarrollo) y otro, más joven, pero más alejado de las posibilidades municipales de acción, y más radical en su modo de expresarse y, en realidad, más cercana al mundo de los anhelos que al de la política real. A nuestro juicio, y dejando aparte las reformulaciones ideológicas que consideramos esenciales y que hoy por hoy no vemos posibles en esta formación, Tierra Comunera precisa de una renovación táctica y estratégica que implique destacarse nítidamente de las sucursales locales de los partidos estatales si no quiere seguir languideciendo.

Nacionalismo como coartada

Por su parte, las propuestas de Izquierda Castellana, son, simplemente, propuestas de Izquierda. Muy respetables, loables en algún (escaso) caso, pero radicalmente ajenas a la reconstrucción, defensa y al desarrollo en términos globales del pueblo y la nación castellanos: multiculturalismo, denuncia del capitalismo, del sexismo, de la xenofobia, del racismo, del fascismo... constatar que el discurso político que se levanta a partir de todos estos «contras» difícilmente puede basarse en una idea tan diferencialista, tan orgánica, tan supra-individual y ajena al concepto abstracto de humanidad como la de «pueblo» sería algo evidente si, como se ha dicho arriba, en Izquierda Castellana se hubiese meditado en serio sobre ella. En realidad, el nacionalismo castellano se utiliza como bandera de enganche, más o menos atractiva para la gente joven (¡Ay! ¡Ese melancólico apegarse al terruño oprimido, olvidado e injustamente calumniado como opresor!), encuadrada para una acción política cuyos objetivos trascienden varias galaxias el hecho nacional castellano. De hecho, no es más que una propuesta política mimética a la izquierda radical nacionalista vasca y catalana. Con sus mismos planteamientos contradictorios, sus mismos defectos y sus mismos problemas incapacitantes (¿Pero alguien en su sano juicio puede creer que el «antifascismo» es una prioridad hoy para la reconstrucción nacional castellana?) constituye una alternativa política que sigue de lejos a la realidad y que, incapaz de entenderla, asume nuevas posiciones a medida que los procesos y fenómenos sociales se van produciendo, fenómeno incomprensibles e inesperados desde sus planteamientos doctrinarios (como, sin ir más lejos, el propio nacionalismo, ese último refugio de los canallas, instrumento de alienación del capitalismo). Aun no entrando en absoluto en la categoría «nacionalista», cabría mencionar aquí a Unión del Pueblo Leonés. Bajo la coartada de la recuperación de la identidad leonesa (un fin, por lo demás absolutamente necesario para todo proyecto castellanista, tanto los que incluyen las tierras del viejo reino como los que las excluyen en sus propuestas) se ha levantado una aventura política análoga a cualquiera de los grupos regionalistas cuya relevancia política no va más allá de la aritmética del parlamento correspondiente. La incapacidad (en realidad la falta de voluntad) de UPL de poner las bases para una reconstrucción étnica (ni siquiera regional) leonesa, con las armas que le proporciona su representación política es la mejor prueba de los horizontes «políticos» de dicha formación. El victimismo anti-vallisoletano es suficiente para que vivan de él unos cuantos políticos y otros cuantos leoneses se acuesten todas las noches con una sonrisa en los labios.

Nacionalismo como fósil

Quizás el mejor ejemplo de la inadecuación a la política real de los planteamientos castellanistas lo ofrezcan los grupos que promueven el renacimiento de la Castilla condal (o real, que para eso se reunifica con León como reino). Más allá de la justicia de la argumentación histórica, más allá de constituir el mejor marco para el empleo de la táctica del victimismo anti-estatal y más allá de la vehemencia de don Anselmo Carretero y sus epígonos, lo que a priori supondría la gran baza (supuestamente) de esta propuesta, a saber, su clara definición de la esencia de lo castellano y de sus límites humanos y geográficos constituye a la vez su mayor hándicap antipolítico. Repartir credenciales de castellanía en virtud de un argumento geográfico-arqueo-institucional (usted es castellano porque vive en una comarca donde hace de medio siglo funcionaba una Comunidad de Villa y Tierra), puede ser romántico y dar argumentos para darle a la húmeda o a la tecla. Pero en absoluto político. Aparte de remitir a las consideraciones del inicio del artículo sobre la naturaleza de un pueblo, bastaría mirar al hoy de Castilla. Alguien con quien me une una relación muy especial, Teresa Inmaculada Cuenca Cabañas, lo decía hace años en un artículo: a día de hoy considerar que un señor deTarancón es castellano pero no lo es uno de Utiel, no es serio.

Qué hacer

A pesar de lo que pueda sugerir el encabezamiento del parágrafo, no voy a remedar a Lenin. Es imposible saber qué hacer si no se tiene absolutamente claro quien lo tiene que hacer. Éste es el primer paso. El nacionalismo castellano debe repensar los conceptos claves: el pueblo y la nación. Sin complejos y sin prejuicios. Sin esta clarificación sólo cabe irse a casa a ver pasar la Historia. Pero una vez establecido, cada nacionalista castellano deberá ser consciente de que elegir su nación es, precisamente eso: una elección, y por tanto una discriminación. Para un nacionalista su pueblo debe estar por encima de todo. No caben «solidaridades» que enturbien su acción. Ni compromisos con estructuras ajenas, y por tanto dañinas, para la nación. Ni monsergas sobre la humanidad. Si no se es capaz de asumir esto hasta las últimas consecuencias, no se es nacionalista. En política, como en la vida, la esquizofrenia es una patología devastadora. Tras clarificar el quién, es necesario definir lo más claramente posible el cómo. Las armas de la reconstrucción nacional. Y lo primero construir un discurso de la «no-escisión»: un pueblo es un ente biológico, es decir, orgánico. Una estructura compleja polifuncional y jerarquizada. El marxismo es inútil como andamiaje ideológico para la cohesión de un pueblo. Un marxista inteligente es consciente de ello. Un nacionalista debería serlo también.

Pero la lucha por la existencia de un pueblo, del pueblo castellano, exige que las construcciones ideológicas deriven en hechos políticos, y la política es poder. El discurso ideológico debe verse acompañado de un planteamiento estratégico encaminado alcanzar las mayores cuotas de poder y cuanto antes. El discurso ideológico debe haber identificado los enemigos del pueblo. Schmitt lo dejó claro hace ya largo tiempo: la política es la identificación del enemigo. Y si esto es muy criticable hacia el interior, es una realidad inapelable hacia el exterior. Y el pueblo implica frontera. Y la frontera, exterior. Hemos dicho arriba que no caben solidaridades. En política, sencillamente, no existen. Sólo existen alianzas. Y Castilla en la hora de la geopolítica global sólo puede aliarse con los pueblos con los que lo comparte todo: los Pueblos de Europa. Pero lo fundamental sigue siendo mirarse a sí mismo. Contemplarse con la mirada clara y comprender que es en la energía latente es en su propia composición étnica donde se encuentra la raíz de la voluntad mediante la que un pueblo puede conquistarse un destino. Y en la hora presente, conquistarse un destino equivale a sobrevivir.

Olegario de las Eras

http://www.asambleaidentitaria.com/,

domingo, noviembre 30, 2008

Todos con boina




El pasado día 30, en la sección Plaza Mayor de este periódico, Juan Manuel Pérez arremetía, con diversos y desiguales razonamientos, contra los que rechazamos la integración/fusión de las cajas de ahorro y vamos a ir a la manifestación del 4 de diciembre. En su primer argumento, afirma que el debate tiene que llevarse a cabo entre expertos, supongo que se referirá a banqueros, economistas y otros profesionales del sector financiero; el papel de los ciudadanos de esta provincia sería el de guardar silencio, para no turbar la reflexión de los especialistas, y acatar pasivamente lo que se disponga.

En este punto, no estaría mal recordar que la idea de la integración/fusión ha surgido de los políticos autonómicos, profanos en cuestiones financieras; y a partir de este momento se ha producido el clamor contrario al proyecto. También me parece oportuno recordar que es consustancial a cualquier régimen democrático la participación de los ciudadanos en los asuntos que les conciernen, así que estamos haciendo uso de uno de los derechos civiles y políticos más elementales. Las experiencias de gobiernos de expertos y técnicos pertenecen a un pasado ya superado e incluyen desde el despotismo ilustrado del siglo XVIII, pasando por los gobiernos moderados del siglo XIX, hasta los gobiernos tecnocráticos de la dictadura franquista.

Después nos acusa de emprender una guerra entre provincias; y eso no es cierto, nuestro enfrentamiento no es con ninguna provincia sino contra las intenciones explícitas de los dos partidos mayoritarios de acabar con la independencia de las cajas de Burgos; y si antes el centralismo se representaba en la ciudad de Madrid, ahora la mayoría de los burgaleses lo vemos representado por Valladolid. Por último, nos atribuye el uso de una prenda castellana tradicional como la boina, la cual era imprescindible en el atuendo de nuestros abuelos; pues bien, nos sentimos muy orgullosos de ella y lamentamos que haya caído en desuso. A este respecto le digo, Sr. Pérez, que ojalá nuestros representantes electos y políticos hubieran tirado más de boina en defensa de los intereses burgaleses; estoy seguro que este asunto de las cajas no hubiera tenido lugar y hubiéramos avanzado hacia una sociedad burgalesa culta, próspera y bien posicionada para hacer frente a los desafíos del siglo XXI.

Así que, el día 4 de diciembre, todos con boina.

PIOZ


PIOZ
Un castillo de llanura

La historia de Pioz es muy escasa en acontecimientos. Perteneció esta
pequeña aldea, desde los años finales del siglo XI en que posiblemente se fundó
tras las iniciativas castellanas de repoblación, al Común de Villa y Tierra de
Guadalajara. El de Pioz es un castillo de llanura, dominante de amplios
horizontes y visto a su vez desde lejanas posiciones en la plana meseta de la
Alcarria. Se encuentra rodeado de un hondo foso que los siglos han ido
rellenando. Por la parte meridional, tenía la entrada habitual y principesca: dos
machones cilíndricos fuera del foso servían para que apoyara el puente de
madera, levadizo, que se dejaba caer desde el correspondiente hueco abierto en
la barbacana de la fortaleza. Por la parte septentrional, una estrecha puertecilla
a modo de poterna permitía la entrada, o salida, del castillo directamente sobre
la profundidad del foso. Es el mejor acceso hoy para entrar a la fortaleza. El
muro externo de la fortaleza es enormemente grueso, construído en escarpa
poco pronunciada, que ha sufrido con mayor crudeza el expolio de sus piedras.
Culmina en muralla poco elevada, con almenas y adarve al que se accedía por
escalerillas desde el camino de ronda. Se completa con torreones esquineros
cilíndricos en los que podían albergarse piezas de artillería. El recinto interior es
de planta cuadrada, con altos muros lisos en los que, a la altura de los pisos
interiores, se abren algunos ventanales amplios. El resto del paramento solo
tiene estrechas saeteras. En las esquinas del castillo se alzan torreones de
planta cilíndrica, rematados en leve moldura. En la esquina noroeste se alza la
torre del homenaje, de irregular planta, cuadrada por un lado y circular por otro.
Para entrar en esta torre, debía hacerse a través de otro puente levadizo, de los
de tipo de brazo con contrapeso y eje central, complicado sistema que hacía
muy segura la torre, a la que luego debía aún ascenderse a través de escalera
de caracol interior.

HISTORIA

Siendo de señorío real, hasta que mediado el siglo XV, el rey Juan II de Castilla
entregó el lugar en dote a su hermana Catalina, cuando ésta casó con su primo,
el infante de Aragón don Enrique. Pero este mismo Rey, pocos años después,
se lo quitó alegando que su cuñado le movía guerra, y lo entregó en donación
generosa a su afecto cortesano don Iñigo Lopez de Mendoza, primer marqués
de Santillana. A la muerte de éste en 1458, pasó a su hijo predilecto, el que
fuera gran Cardenal de España, don Pedro Gonzalez de Mendoza, quien
enseguida inició la construcción de un castillo, en el que muy posiblemente
deseaba plasmar las ideas que sobre castillos palacios tenía recibidas de Italia.
En 1469 el entonces obispo de Sigüenza propuso al noble castellano Alvar
Gomez de Ciudad Real un trato, consistente en el cambio de su villa de Pioz
con el iniciado castillo, los lugares de El Pozo, los Yélamos y algunos otros
enclaves de la Alcarria, por la fortaleza y villa amurallada de Maqueda. Aceptado
en trato Pioz pasó a las manos de la familia de los Gomez de Ciudad Real, que
continuaron la construccion del castillo, completándole tal como hoy lo vemos
en los años finales del siglo XV. Ruinoso después, hoy ha sido adquirido por el
pueblo para proceder a su restauración y uso público.

martes, noviembre 25, 2008

Burgos despierta por José Á. Amo (CIBUCV)

Burgos despierta

Con motivo del tema de la fusión/integración de las cajas, mueve a reflexión un hecho significativo. Casi todos los burgaleses coinciden, y razón no les falta, en que la operación no supone ningún beneficio para la provincia, sino todo lo contrario. Nadie, ni siquiera los políticos del PP y del PSOE que la patrocinan, se han atrevido a defenderla con un argumento que, creo, sería válido en la mayoría de las comunidades autónomas de España: a saber, que aunque la fusión no tiene beneficios o incluso puede suponer algún pequeño perjuicio para alguna de las provincias, al menos es útil y provechoso para el futuro de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. ¿Por qué no se utiliza este argumento?. Primero, porque eso no se lo cree nadie, la experiencia nos dice que aquí habrá como siempre una provincia claramente beneficiada y para las demás migajas; y, en segundo lugar, porque nadie apuesta por esta Comunidad Autónoma, ni siquiera los políticos de la Junta. Si en algo todos coincidimos es que Castilla y León no es más que un grupo de nueve provincias mal soldadas, pertenecientes a dos regiones históricas claramente diferentes. El resultado no puede ser más evidente, como no hay identidad común, no hay finalidades ni objetivos comunes, cada provincia va a lo suyo y de lo que se trata es de ver quien se lleva más o que provincia resulta más beneficiada en cualquier reparto, sean sedes o capitalidad, sean inversiones o sean instituciones. Burgos, en consecuencia, debería replantearse su ubicación en esta Autonomía y poner fin a una farsa que se prolonga durante más de veinticinco años, durante los cuales no sólo no hemos progresado sino que, en términos relativos, hemos retrocedido. En este sentido, el tema de las cajas de ahorro está contribuyendo a despertar los sentidos adormecidos de muchos burgaleses, que están pidiendo a gritos la separación respecto a la Comunidad Autónoma de Castilla y León y la constitución de una Comunidad Autónoma de Castilla La Vieja, uniprovincial (sólo Burgos) o pluriprovincial.

José Á. Amo
Ciudadanos de Burgos
por Castilla La Vieja

domingo, noviembre 23, 2008

El OLMO, SÍMBOLO DE CASTILLA




Por su notable longevidad, el olmo simboliza en el lenguaje de las plantas el "amor fiel".


Tal vez debido a ello existía antiguamente la costumbre de plantar una hilera de estas
plantas junto a la entrada de los conventos y en las plazas situadas delante de las Iglesias,
como signo de devoción y de sumisión.


El nombre científico "Ulmus" toma exactamente la antigua denominación latina de esta planta.
En otros tiempos se atribuían al olmo los simbolismos más sugestivos y se definía a menudo
como "sostén de la planta que proporciona el licor de la vida", o sea la vid. En aquellos
tiempos eran empleados los olmos como armadura para los viñedos, en cuanto que se consideraba
que la uva producida por vides sostenidas por olmos eran más azucaradas y, por tanto, de más
agradable sabor.


En Castilla el culto al árbol se relaciona con los usos y costumbres de las tribus
celtibéricas y su religiosidad telúrica; así en una de las antiguas Merindades de Castilla,
en la Merindad del Valle de Valdivieso, aún se conserva hoy una encina en la capital de la
Merindad (Quecedo) que es considerada sagrada por los naturales.


CARACTERISTICAS DEL OLMO


NOMBRE CIENTIFICO: UImus.
FAMILIA: Ulmáceas.
Género: Comprende unas 35 especies.
Origen: Asia, Europa y Norteamérica.
NOMBRES VULGARES: Olmo, olmo común, álamo negro, Negrillo. Om (Cataluña). Llameda, lamera
(Asturias). Llamageiro (Galicia), Zumarr, Escurr (Vasconia).
Aspecto: Plantas arbóreas, generalmente de gran desarrollo.
Hojas: Caducas, de borde aserrado y limbo asimétrico en la base.
Flores: Aparecen antes que las hojas y son insignificantes.
Frutos: En sámaras.
Exposición: A pleno sol o a media sombra.
Terreno: Debe ser fresco, fértil, profundo y poco arcilloso.


El Olmo común (Ulmus campestris) presenta un tronco que puede alcanzar gran diámetro y
alturas de 30-35 metros, por ser, en general, longevos. Es un árbol de ribera, que forma
pequeños bosques, denominados Olmedas, aunque frecuentemente se encuentra aislado, en lugares
frescos y húmedos. Arbol antropócoro, resulta difícil saber su primitiva área de
localizaclón, ya que se adapta a climas diversos, siempre que no sean extremados y el suelo
no muy seco. En la Península Ibérica existe también el olmo de montaña ( U. montana) ,
característico de barrancos y zonas húmedas de las montañas, que se diferencia del olmo
común por su madera más clara y hojas y sámara de mayor tamaño. Otros olmos, como U. Pumila, de
origen siberiano, y U. americana, americano, han sido introducidos en España por ser más
resistentes a las plagas.


La madera del olmo es pesada, de textura compacta y color pardo oscuro.


SIMBOLOGIA


Cada región ha protagonizado una experiencia histórica que la singulariza. Cada pueblo posee
su propia estructura soclo-económica y sus miembros son herederos de un patrimonio colectivo
de formas mentales, cuadros de valores peculiares, imágenes, vivencias, prejuicios, mitos,
costumbres, tradiciones y leyendas.


Cada región o nacionalidad, cada pueblo expresa su propia personalidad cultural en un cuadro
de símbolos: marcan su vida y su acontecer histórico toda una serie de fechas, personas y
lugares especialmente significativos, surcan su geografía rutas y caminos que adquieren,
igualmente, valor de símbolo; como lo adquieren todas aquellas instituciones que configuran
el patrimonio colectivo de un pueblo.Todo ello nos permite profundizar en el conocimiento de
la personalidad de nuestra tierra.


El Concejo de la Comunidad o de la aldea castellana, es la reunión "de todo hijo de vecino"
convocado a "campana teñida y repicada". Estos concejos se reunieron durante siglos, y aún en
la actualidad, a la puerta de las iglesias y a la sombra de viejos olmos.


Este uso y costumbre de reunirse en los pórticos de las Iglesias, es el más importante motivo
del grande y característico desarrollo que adquiere la galería porticada en el románico
castellano, el arte esencial de la repoblación y constitución de la sociedad castellana.
Queremos, por tanto, destacar la galería porticada como símbolo del Concejo; y, asimismo,
como expresión de una Iglesia plenamente identificada y solidaria con el pueblo castellano y
su lucha por la tierra y la libertad.


Símbolo, igualmente, del Concejo es el árbol que crece en tantas plazas o atrios
parroquiales. Se trata de un olmo (en algunos lugares llamado también álamo y olma), rodeado
en su tronco por diversos círculos de piedra que sirven de asiento a la reunión. Son olmos
carcomidos y huecos por los años.


Hemos de conservar los viejos y venerables olmos, símbolos de esa institución esencial de la
democracia popular castellana, y plantar otros nuevos allá donde un último viento derribó los
viejos, o donde la última plaga obligó a la tala.


Miles de olmos de toda Castilla, se encuentran al borde de la extinción, en lo que podríamos
señalar como el mayor desastre ecológico que amenaza nuestra región, debido a una enfermedad,
provocada por el hongo "ceratocystls ulmis" conocida como grafosis, que bloquea los vasos
circulatorios de la savia.


Animamos a los Ayuntamientos afectados por la plaga a que sigan con atención las normas
preventivas dictadas por las autoridades competentes a la vez que les instamos a la
plantación de nuevos ejemplares allí donde se produzca la muerte de los árboles, esperando
que los más viejos y significativos olmos sean respetados en las talas de las partes que
presenten síntomas de la enfermedad.

viernes, noviembre 21, 2008

viernes, noviembre 14, 2008

martes, noviembre 11, 2008

Presentación de "La lenta agonía de la identidad leonesa"

Opciones autonómicas de Burgos ante la nueva situación autonómica española.J.M. Moreno Jiménez 1981

Opciones autonómicas de Burgos ante la nueva situación autonómica española

«La vanguardia es el reencuentro con la propia tradición en el momento presente».

Aunque parece deseable el que toda Castilla constituyese una sola Comunidad Autónoma. Esto hoy no parece posible, al menos a corto plazo. Probablemente tampoco resuitaría práctico. Pues teniendo en cuenta que la tradición administrativa castellana es «policéntríca e intra-autonómíce, es desde todo punto de vista desaconsejable el imitar los esquemas de centralización regional (a costa sobre todo de las diputaciones) en que se están organizando Cataluña, Vasconia, ete. en cuanto tales Comunidades Autónomas, pues cuentan de partida con unas condiciones que aún no se producen en Castilla: Una fuerte integración en base a un profundo sentimiento de saberse «Un pueblo, con caracteres propios y definidos» al encontrarse a caballo entre Francia y España; todo lo cual además de otras circunstancias han inducido un notable protagonismo de autogobierno.

Centrándonos en el caso particular de Burgos; estudiaremos a continuación las distintas alternativas de la Cabeza de Castilla con las respectivas ventajas y desventajas de cada una de ellas:

1.- Seguir la dinámica actual del proceso autonómico de la región Castellano-Leonesa, en la que no figuran ya; las Provincias castellanas de Santander o Cantabria y Logroño o La Rioja, al haber optado por autonomías uniprovinciales, ni muy probablemente, Segovia, que se encuentra en camino de obtener su autonomía uniprovincial.

Por otra parte, está el hecho de la reaparición de la conciencia histórica del gran y desmembrado reino leonés, como se deduce de la reciente creación del «Partido Regionalista del País Leonés», que reivindica como País Leonés las provincias de León, Zamora y Salamanca; además de defender la unión del País Leonés al margen de Castilla.

De todo lo dicho se desprende, que el futuro de la región Castellano-Leonesa es muy poco prometedor. Sobre todo para Burgos, que al encontrarse en medio de la ya mencionada dinámica de flujos centrifugos, por su Proximidad a varias Comunidades Autónomas; de no conseguir una estructuración acorde con la tradición administrativa castellana es previsible, que los acuciantes problemas que tienen Planteadas las diversas comarcas burgalesas en lo referente a su promoción integral, vean su solución una vez más pospuesta, por intereses ajenos al propio Burgos.

2.- La opción alternativa a la anterior para Burgos, podría ser, adelantándose a los previsibles acontecimientos; el alentar la Comunidad Autónoma de Castilla la Vieja, con objeto de afirmar la identidad regional de Castilla en su territorio básico. Ocupando Burgos el protagonismo indiscutible que le corresponde como Cabeza de Castilla.

Esta opción es presumiblemente poco factible en cuanto que, de las seis provincias que tradicionalmente formaban Castilla la Vieja, dos han optado ya por autonomias uniprovinciales (Santander y Logroño) y otra (Segovia) se encuentra en camino de la obtención de su autonomía uniprovincial.

3.- Otra opción posible es, que Burgos, como Cabeza de Castílla se constituyese en Comunidad Autónoma Uniprovincial (a través de su Diputación). Contando desde entonces con una base de iniciativa propia y autónoma, desde la que propiciar el resurgir de las comarcas.

Además, desde esta sítuación autonómica, podría Burgos tomar la iniciativa en la creación de la «MANCOMUNIDAD DE COMUNIDADES AUTONOMAS DE CASTLLA ».

Según mi criterio es esta última, la alternativa óptima para la estructuración de el territorío castellano de cara al futuro, al respetar la ancestral y secular tradición organizativa castellana (policéntrica, etc.) y hacer que sean respetadas las iniciativas particulares de cada Comunidad Autónoma sin menosprecio de la contribución de cada una de ellas al bien general de Castilla y por tanto al de España.

La Constitución Española en su artículo 143 dice:

1. En el ejercicio del derecho a la autonomía reconocido en el artículo 2 de la Constitución..................................

y las provincias con entidad regional histórica podrán acceder a su autogobierno y constituirse en Comunidad Autónoma con arreglo a lo previsto en este título y en los respectivos estatutos.

Si otras provincias, con una entidad regional histórica dudosa, han accedido a su autonomía uniprovincial. ¿Porqué no, Burgos como Cabeza de Castilla que fue históricamente?

JOSE M. a MORENO JIMENEZ

Castilla nº 13 Mayo-junio 1981

sábado, noviembre 08, 2008

¿ QUÉ ES Y POR QUÉ TRABAJA COMUNIDAD CASTELLANA ?



El Manifiesto de Covarrubias, documento fundacional de Comunidad Castellana, proclama con
valor permanente los ideales y propósitos de la entidad.


El objetivo esencial de Comunidad Castellana es la restauración cultural, cívica y material
del pueblo castellano; el reconocimiento, afirmación y desarrollo de la personalidad de
Castilla como entidad colectiva en el conjunto de los pueblos españoles y la promoción de
los intereses y valores de Castilla y de las comarcas y tierras que la integran.


Comunidad Castellana, por definición de sus estatutos, es independiente de toda organización
politica. La adscripción de sus mienbros se realiza por el ánimo común de afección a la
tierra castellana y la conciencía de que para levantar a Castilla de su postración, se
precisa la colaboración solidaria de todos los castellanos. Ante la dramática gravedad de la
decadencia en que se encuentra sumida Castilla, es evidente que necesitamos no un
regionalismo partidista o de facción, sino una movilización del conjunto del pueblo.


Por ello, Comunidad Castellana no es de derechas ni de izquierdas ni de centro; es,
sencillamente, del pueblo castellano, en sus distintos estamentos, clases y tendencias; y en
su seno caben todos los castellanos, todos los que amen a Castilla y todas las ideologías
políticas democráticas.


Para Comunidad Castellana España es una comunidad de pueblos, cada uno de los cuales
ha de tener reconocido el mismo derecho a una organización regional autonómica.


Las regiones no deben ser simples divisiones territoriales inspiradas en criterios económicos
o administrativos, sino comunidades populares definidas por factores fundamentalmente
humanos, culturales, geográficos e históricos, que permitan a las gentes de cada comunidad
reconocerse como una identidad, precisamente por la concurrencia de esos factores comunes.


La autonomía ha de concebirse como una aspiración o meta hacia la que tenderá el pueblo, a
través de un proceso responsable de renovación cultural que le conduzca a la madurez, a la
recuperación de la conciencia de su personalidad colectiva yde sus señas de identidad.


El propio pueblo, por voluntad mayoritaria, es el que ha de reivindicar sus instituciones
autonómicas. Esto es lo auténtico. Por el contrario, el supuesto autonomismo al uso,
otorgado, sin base popular, mimético e improvisado, simple y deleznable montaje de la clase
política, es falso y Comunidad Castellana lo rechaza.


Particularmente, Comunidad Castellana repudía las dos invenciones híbridas, pseudoregionales,
en las que, sin comerlo ni beberlo, se encuentra implicado el pueblo castellano:
"Castilla-León" y "Castilla-Mancha". Montajes que desmembran y trocean a Castilla, desconocen
arbitrariamente la identidad del Pueblo Leonés y del Pueblo Manchego, y contribuyen a
disolver la identidad de cada una de esas tres regiones, leonesa, castellana y manchega, y a
dificultar el despertar de su respectiva conciencia colectiva.


Como en estos momentos, y por ahora, no es posible el restablecimiento y la organización
institucional de la Castilla entera y auténtica, Comunidad Castellana apoya la consecución de
la autonomía de las provincias castellanas; con mayor motivo cuando la autonomía que para
Castilla propugnamos preservará su estructura tradicional como conjunto o federación de
tierras y comarcas, o si se quiere, hoy día, provincias; autónomas en el gobierno de sus
propios asuntos.


Por ello, Comunidad Castellana comprende las aspiraciones autonómicas de Cantabria y Rioja
-sin perjuicio de considerarlas cumo tierras esenciales de Castilla-, y promueve
decididamente la autonomia uniprovincial, conforme al derecho que reconoce la Constitución,
para Segovia y Guadalajara, como para todas y cada una de las demás provincias
castellanas.


Este será el primer paso hacia el rescate de Castilla. Después, las provincias castellanas
autónomas podrán establecer entre sí los convenios y relaciones de coordinación que
libremente acuerden, y crearán, en un proceso que tiene que desarrollarse de abajo a arriba,
con seriedad y sin apresuramíentos, las condiciones necesarias para la reconstrucción de
Castilla.

lunes, noviembre 03, 2008

Comunicado de Ciudadanos de Burgos por Castilla La Vieja en contra de la integración de las cajas de ahorro

Desde el partido Ciudadanos de Burgos por Castilla La Vieja queremos manifestar, en primer lugar, nuestro rechazo a la intromisión de los políticos autonómicos en las cajas de ahorro; en segundo lugar, creemos que no existe ninguna necesidad objetiva de acometer operación alguna de integración de las mismas; ello no se justifica por ninguna razón, tal como se demuestra por la cuenta de resultados, o por las declaraciones de expertos, que recomiendan un modelo de cajas locales o no llevar a cabo grandes cambios en periodos de dificultades en el sistema financiero. Creemos que la verdadera razón es el interés de los políticos de los grandes partidos por disponer de cuantiosos recursos para favorecer su propio poder y el de sus camarillas, nada que redunde en un mayor bienestar de los ciudadanos. Centralizar las decisiones estratégicas en Valladolid, como pretenden, no supone más que perjuicios para la provincia de Burgos, que verá como decisiones importantes desde el punto de vista económico se toman por unos políticos ajenos, por no decir hostiles, a los intereses de esta provincia. Uno de los puntales de la identidad y del progreso económico de Burgos han sido unas cajas de ahorro (Caja de Burgos y Caja Círculo) con un fuerte arraigo en esta tierra, que, con la operación prevista, perderán su poder de decisión y cualquier margen de maniobra. Recordemos que esta Comunidad Autónoma es más grande que la mayoría de los países europeos y que la estructura económica y, por consiguiente, las necesidades financieras de cada una de las provincias son diferentes; dado que Burgos ocupa la primera posición en la mayoría de los indicadores económicos y financieros, por fuerza sus intereses serán sacrificados por el, mal llamado interés regional. Insistimos en que la provincia de Burgos no tiene nada que ganar y si mucho que perder con esta operación, concebida en los cenáculos vallisoletanos, a espaldas de los impositores y de la mayoría social afectada.


Lesmes Peña
José A. Amo
Ciudadanos de Burgos por Castilla La Vieja

domingo, octubre 26, 2008

Mensaje de Breviario Castellano a la Asamblea de CIBU

Breviario Castellano



Como colaboradores de un pequeño púlpito que recuerda la memoria castellana no podemos sino alegrarnos del nacimiento de una nueva agrupación que propugna el reconocimiento de Castilla la Vieja entre cuyos fines se encuentra la consecución de una democracia más plena y participativa de la que existe actualmente.

No podemos sino recordar que la actual democracia es meramente representativa, y que reduce la participación al mínimo de introducir una papeleta cada cuatro años, sin duda una plenitud bastante menesterosa y lamentable.

El ámbito local en que se plantea vuestra iniciativa es muy acorde con el viejo sentido castellano de comunidad y no de la abstracta extensión territorial administrativa, si bien antes y más allá de la participación en las instituciones y la prioridad de los intereses provinciales, el bien común parece que debe ser el del propio pueblo burgalés del que a fin de cuentas emanan instituciones e intereses.

Brindaríamos gustosos porque el nuevo grupo sea antes creación, ideas , nuevos hábitos y costumbres, memoria, lucha tenaz y paciencia antes que reglamentos, ordenancismo y corrección; así nos gustaría ver el nacimiento de un nuevo estilo de prácticas y costumbres que briosas relegaran el reglamento para el último extremo. Como decía el dicho: lo mejor es que no haya leyes, y si hay leyes vivir como si no existieran y si finalmente hacen falta leyes que sean buenas leyes. En ese espíritu sugerimos una posible actualización del viejo estilo popular castellano de hacer política que se traduciría entre otras en : predominancia de los consejos; la rotación de los cargos; listas abiertas; responsabilidad de los elegidos en la línea del mandato imperativo; una democracia operativa en torno a la iniciativa popular y el referéndum a todos los niveles, al estilo helvético; juicio de residencia y otras viejas prácticas que aniquiló la moderna partitocracia y que contribuyan a restituir la soberanía arrebatada al pueblo; en definitiva que sea el ciudadano y no los partidos los que tengan la primera y la última palabra en lo que atañe al bien común. Una trasformación tal no será en ningún caso un camino de rosas.

Burgos Caput Castellae ¡Empiece el pueblo burgalés!

¡Suerte!

Consejo de Redacción Breviario Castellano

sábado, octubre 25, 2008

Milenario de la Lengua Castellana

Luis Carretero y Nieva

Fernán González

Comunidad Castellana

¡ Castilla entera !

Comunidad Castellana

Castilla Vieja

Rollo Jurisdiccional

Comunidad Castellana - Consejo de Madrid

San Millán de la Cogolla, Patrón de Castilla

PENSANDO ,EN CASTILLA

La creación de la híbrida y artificioso entidad regional de Castilla-León, así como la de Castilla-La Mancha, son de políticas gravemente erróneas por muchas razones.

La sola enunciación de los nombres, de estas dos nuevas entidades: Castilla-León y Castilla-La Mancha, pone de manifiesto que Castilla ha sido mutilada y que importantes porciones de ella han sido anexionadas a sus vecinos, los antiguos reinos de León y Toledo. Hecho que tan escuetamente aseverado, resulta a primera vista inexplicable, dada la destacada personalidad de Castilla en la historia, la cultura y el conjunto todo de la nación española.

Ni el pueblo de León ni el de Castilla han manifestado espontánea, explícita y conscientemente su voluntad de liquidar estas dos milenarias regiones o nacionalidades históricas para aglomerar ambas en otra de nueva creación. Al contrario, se les está empujando a ello contra una gran inercia Popular, cuando no manifiesta oposición, que los promotores del proyecto tratan de ocultar o superar.

En las provincias de Santander, Logroño y Segovia, la oposición al híbrido conglomerado castellano-leonés ha sido tan grande que, por no ingresar en él, han preferido recabar la autonomía uniprovincial de Cantabria, la Rioja y Segovia, para salvar así su comarcal personalidad castellana.

En muchos aspectos se está procediendo con injustificada prisa, como si se quisiera llevar a cabo la fusión castellano-leonesa antes de que los pueblos de Castilla y León, mejor informados, puedan recobrar respectivamente su conciencia comunitaria.

Se intenta convencer a los leoneses y a los castellanos de que deben propugnar la autonomía de tal conglomerado para despertar la conciencia de su personalidad regional y defender ésta. Es decir, que el mejor porvenir regional de Castillo y de León está en que ambos pueblos renuncien a sus respectivos orígenes, historias y futuros en el conjunto español en aras de una nueva, inventado y confusa región.¡Peregrina manera ésta de «recuperar la identidad Perdida»! Y se procede así, contra un verdadero renacer de los pueblos de León y Castilla, precisamente cuando a todas las demás regiones o nacionalidades de España se les reconoce el derecho a defender y desarrollar su personalidad colectiva y se ponen en marcha con tal fin los correspondientes procesos autonómicos.

Si estos proyectos se llevaran a cabo, en el mapa de las nacionalidades o regiones de España dejarían de existir, como tales y con personalidad propia, León y Castilla (y también, el antiguo reino de Toledo o País Toledano), entidades histórico-políticas de las más antiguas e ilustres del pasado nacional hispano, surgidas hace más de mil años y vivas hasta la Guerra Civil en la memoria de los españoles, no obstante la presión cultural y política ejercida durante siglos sobre ellos por regímenes unitarios y centralistas. Y todo por resolución del gobierno y de unos cuantos parlamentarios, más interesados en urdir maniobras politiqueras que en respetar la diversidad interior de la nación española; no por iniciativa de los respectivos pueblos, que no fueron consultados, ni siquiera previamente informados, sobre las consecuencias de tan trascendental decisión, y aun con la oposición de sus más conscientes ciudadanos.

No son consecuentes, además, con uno de los propósitos más democráticos de la regionalizaci6n: el de reforzar la democracia acercando el gobierno a los gobernados. Esa proyectada gran región castellano-leonesa (vasta en su extensión geográfica y una en su estructura, no obstante su heterogeneidad natural), resabio del centralismo unitario, agarra tanto a los leoneses como a los castellanos del gobierno de sus respectivas regiones, para someter el conjunto a un nuevo unitarismo centralista que, por más estrecho y concentrado, resultaría más absorbente que el hasta ahora ejercido sobre toda España desde Madrid.

Castilla nº 10. Octubre 1980

martes, octubre 21, 2008

Segovia por la autonomía - 1981 (El Adelantado de Segovia)

Marcar a sangre y fuego (José A. Amo - Ciudadanos de Burgos por Castilla la Vieja)

Marcar a sangre y fuego

Este es el título del artículo que publica el Sr. Losada el pasado día 13 de octubre y que no tiene desperdicio; más o menos, propone señalar, como se hace con el ganado, a todos los ciudadanos que viven en esta Comunidad Autónoma, con la marca de castellano y leonés. Me imagino la escena: todos en fila y el Sr. Herrera o el Sr. Villanueva, o algún funcionario en su nombre, aplicando en la piel, de cada uno de los desafortunados habitantes de las nueve provincias, una placa al rojo vivo. El artículo produce sonrojo por lo ridículo del asunto y por el grado de servilismo y/o papanatismo del autor. Nadie puede imaginar publicado este escrito en cualquier otra Comunidad Autónoma: en Cataluña, en Aragón, en Andalucía o en Canarias esto no hubiera sido posible; ¿por qué?, pues porque las demás comunidades fueron diseñadas a medida de las regiones históricas y en ellas no hay ningún problema de identidad. Aquí, para nuestra desgracia, aunque nada es irreversible, eso no sucedió así y la identificación de los habitantes de las nueve provincias con esta Comunidad Autónoma anda por los suelos. Muy pocos, tras veinticinco años, se identifican con Castilla y León; al contrario, nos definimos como españoles, burgaleses, castella. Esto nos o varias cosas a la vez, pero no como castellano-leoneses. Como dijo Anselmo Carretero, nuestra Comunidad Autónoma ni es Castilla ni es León ni tampoco es Castilla más Leónes un auténtico problema para nuestros gobernantes autonómicos que se ven así impedidos de utilizar el resorte emocional que supone la identificación del ciudadano con el ámbito político de decisión. La manipulación de la historia de Burgos y Castilla La Vieja, el falseamiento de la realidad, la actuación de comisarios políticos, la propaganda de los medios y el adoctrinamiento en los centros educativos, de poco han servido frente a la tradición, la historia y el apego a la tierra; así que, para resolver la cuestión, un iluminado propone marcarnos como reses.

lunes, octubre 20, 2008

Asamblea de Ciudadanos de Burgos


El pasado sábado (día 18 de octubre) se celebró la Asamblea de Ciudadanos de Burgos (CiBu); entre los principales acuerdos adoptados se decidió el cambio de nombre del partido por el de CIUDADANOS DE BURGOS POR CASTILLA LA VIEJA (CiBu) para destacar su carácter provincialista y regionalista; se acordó un Programa Político que tiene dos ejes fundamentales: en primer lugar, la defensa de los intereses de la provincia de Burgos frente al centralismo asfixiante y estéril de la Junta de Castilla y León y también la recuperación de la identidad castellano-vieja que ha sido ninguneada en el actual Estado de las Autonomías; en segundo lugar, la personalización de la política con una serie de medidas que buscan, en última instancia, devolver el protagonismo a los ciudadanos frente a los partidos políticos.

Además, se llevó a cabo la elección de los dirigentes del partido y se adoptó un pronunciamiento en contra de la fusión de la cajas de ahorro, que busca únicamente su mayor control por los políticos de la Junta y centralizar en Valladolid la gestión de unos ahorros que se han generado en otras provincias, muy especialmente en Burgos.

sábado, octubre 18, 2008

Las autonomíasDe UCD a Felipe González

El documento aprobado Por el comité ejecutivo nacional de UCD, sobre racionalización de los procesos autonómícos, es justo reconocer que debe ser valorado como un acto serio y responsable, una declaración rigurosa, verdadera y acorde con los intereses nacionales.

Es cierto -como señala el documento- que el proceso autonómico debe realizarse sin improvisaciones, gradualmente y con sentido de la responsabilidad. No es posible, sin altos costes económicos y sociales, efectuar aceleradamente la complejísima transformación de un Estado fuertemente centralizado en otro. autonómico; y sólo por vías razonables y mesuradas el proyecto autonómico puede llegar a alcanzar la honda dimensión creadora que permitirá la progresiva institucionalización del autogobierho de cada comunidad en el seno de la unidad de España.

Estamos de acuerdo, y es lo que Comunidad Castellana ha venido predicando machaconamente desde hace tres años. Celebramos que, aunque tarde, el Gobierno empiece a rectificar los errores cometidos en el pasado, cuando de la mano del señor Clavero, ministro para las Regiones, inauguró a bombo y platillo el gran circo autonómíco, repartiendo "preautonomías" a voleo, nerviosamente, como esos caramelos que los charlatanes arrojan a puñados a los muchachos para atraerse a la clientela.

La clase política, tanto del partido en el poder como da los de la oposición, ofreció entonces un fantástico espectáculo de prestidigitación. De la chistera nacional surgieron, como por arte de magia, entes y preautonomías vertiginosas, regiones, presidentes, consejeros y directores regionales, presupuestos. Espléndidos juegos malabares. Había que coger rápidamente, artículo 151 en ristre, el "tren de las autonomías", ese convoy de la Ilusión que nos conduciría por lo derecho a la solución de todos los problemas de las provincias deprimidas: el desempleo, el atraso cultural, la emigración.

Infinitas banderas y soflamas al viento, se inflaron globos, se suscitaron emociones, se utilizó el ideal autonómico, por unos y otros, cada uno en la medida de su conveniencia, sin autenticidad alguna, al servicio de las respectivas y particulares apetencias de poder. Flaco servicio al pueblo y a la democracia.

No era verdad. Un proyecto autonómico auténtico debe ser popular no mera gestación de la clase política espoleada por afanes electorales, sino obra de la conciencia y el impulso de los ciudadanos. La autonomía es una reivindicación cívica que ha de crecer de abajo a arriba, al ritmo y con la presión que marque el propio pueblo, como efecto natural de su nivel de cultura y de conciencia colectiva. No puede ser una invención artificial ideada y otorgada por los políticos, sino el resultado de un proceso de renovación cultural de una colectívidad, a la que, entonces sí, los políticos -en cumplimiento de su noble oficio- deberán servir para !a adecuada realización de sus aspiraciones.

Por la historia y la realidad presente de nuestro país, ese proceso se tiene que desarrollar despacio, sin improvisaciones, sin intercalar ambiciones personales, trabajando por la información y elevación cultural de los ciudadanos. Eso es: trabajando.

Ahora que se trata de rectificar errores y traer las cosas al camino de la razón, nos parece necesario, una vez más, recordar el Gobierno y a la oposición la grave equivocación y el daño que causa la inicial planificación de esas dos "regiones", y posibles comunidades autónomas, tituladas "Castilla-León" y "Castílla-Mancha".

Su artítíciosídad y el revoltijo que en esos entes se hace de tres pueblos -el leonés, el castellano y el manchego- son escandalosos. Así, tales regiones devienen de inmediato problemáticas y conflictivas y suscitan múltíples contestaciones, por unos u otros motivos. Gregorío Peces-Barba, del PSOE, partido que propugna ese erróneo planteamiento, en un reciente artículo viene a reconocer que son regiones que "no están claramente establecidas y que tienen varias opciones". Las provincias de León, Santander, Logroño y Madrid no encajan. y tampoco, es preciso añadirlo, la de Segovia, que se resiste a entrar en el engendro Castilla-León. Los parlamentarios segovianos de UCD se mantienen fuera en base a unos criterios de prudencia, sensatez y realismo que se les debe reconocer y apoyar, conscientes de la falsedad del invento castellano-leonés.

Felipe González, en la conferencia de prensa subsiguiente a la última reunión del comité federal del PSOE, acaba de decir que la actuación autonómica de los socialistas se concreta "en el respeto de la identidad de los diferentes pueblos de España".

De acuerdo. Pero en este caso, parece necesario recordar al señor González que en las nominaciones "Castilla-León" y "Castilla-Maricha" aparece, en las dos, el nombre de "Castilla". Ello significa, obviamente, que Castilla, el pueblo castellano, uno de los pueblos que integran España, está dividido, fraqmentado, troceado. En una palabra, que no se respeta la identidad de este pueblo.

Y como -debe ser señalado—las comunidades autónomas, según el artículo 143 de la Constitución, han de integrarse por las provincias que tenqan "características históricas, culturales y económicas comunes", y puesto que Castilla es una colectividad histórico-cultural de alguna importancia -creemos nosotros, con independencia del grado de conciencia colectiva que ahora tenga su pueblo-, parece oportuno prequntar al señor González -y del mismo modo al partido del Gobierno-, si en esta hora, en que ya se han aprendido algunas lecciones de la experiencia, no sería razonable y necesario que por parte de todos -por respeto a la identidad de los pueblos, por no acumular más obstáculos a la recuperación de sus personalidades v por deja, la puerta abierta para una futura y armónica España articulada, tanto en la periferia como en el centro, en un mismo sistema autonómico de comunidades populares, basadas primordia!mente en la identidad histórico-cultural-, se procediera a una reconsideración seria y responsable de esta cuestión, tan importante: a un nuevo renplateamiento del área geográfica en la que viven los tres pueblos: León, Castilla y La Mancha.

Es un entuerto que debe enderezarse, es necesario, ante todo, por el bien de España. Hay nacionalidades peritéricas, es cierto; pero también las has, aunque hoy adormecidas, que no muertas, en el corazón de la Península. Todas deben contar para la construcción de la España integral, solidaria y fraterna a que aspiramos.

Informativo Castilla nº 7. Enero 1980

lunes, octubre 13, 2008

Enhorabuena a los socialistas leoneses por José A. Amo

Contra la fusión de las cajas - Ciudadanos de Burgos por Castilla La Vieja

Comunicado de

CIUDADANOS DE BURGOS POR CASTILLA LA VIEJA

Contra la fusión de las cajas

La operación política de fusión de las cajas de ahorro de la bi-región sigue adelante, aunque ahora para suavizar el golpe hablen de integración y sigan, con todo el descaro del mundo, diciendo que lo hacen con pleno respeto a los órganos competentes. A las declaraciones de políticos de la Junta de Valladolid se unen ahora las voces de congresistas del PP que, con el voto de dos representantes burgaleses, han aprobado un documento en este sentido. Esperemos que el pueblo burgalés y castellano, recordemos que en la misma situación que las cajas de Burgos se encuentran las de Ávila y Segovia, pase factura electoral y castigue la postura de traición a los intereses de Burgos de los Sres. Ibáñez y Ariznavarreta. En el mismo día, el Presidente de la CECA afirmaba la salud de las cajas españolas y la necesidad de unas entidades de ahorro de carácter más local y doméstico en sus negocios y operaciones; justo lo contrario de lo que se pretende en esta Comunidad Autónoma. Pero, ¿para que recurrir a declaraciones?, vayamos a los datos: las cajas más pequeñas de esta Autonomía están entre las más eficientes de España (Caja de Burgos, Caja de Ávila y Caja de Segovia); por el contrario, las más grandes, precisamente resultado de fusiones que ahora nos pretenden vender como la panacea, están entre las más ineficientes, Caja España y Caja Duero. ¿Cómo es posible, entonces, que justifiquen la fusión?, simplemente aparte de mucha palabrería, como lo del famoso músculo financiero, se basan en una caída, en el último ejercicio, del 23% en los beneficios. Y todos pensamos que con la que está cayendo encima, quiebra y dificultades de las grandes instituciones financieras mundiales, los datos no son nada negativos. Seamos claros, esta operación con las cajas no tiene más finalidad que centralizar el ahorro de burgaleses, segovianos y abulenses en Valladolid y permitir a los políticos autonómicos financiar sus dudosas operaciones a costa de nuestros esfuerzos y sacrificios.

Lesmes Peña Hurtado
Presidente

domingo, octubre 12, 2008

CONMEMORACIÓN DEL 9º CENTENARIO DE LA BATALLA DE UCLÉS


EXCURSIÓN A RECÓPOLIS - UCLÉS - SICUENDES
sábado 25 de octubre

CONMEMORACIÓN DEL 9º CENTENARIO DE
LA BATALLA DE UCLÉS


Queridos amigos, ya está ultimada la próxima excursión en la que aprenderemos algo más sobre:

La España visigoda.

Alfonso VI y la frontera del Tajo Siglo XII

La batalla de Uclés (1108)

PLAN PREVISTO:

08.00 - Salida desde Madrid, en el lugar habitual ( CASTELLANA 110, junto a la boca de metro de Nuevos Ministerios), hacia el Parque arqueológico de Recópolis (Zorita de los Canes - Guadalajara).

13.15 - Comida en Tarancón.

15.45 - Visita al castillo y Monasterio de Uclés (Uclés - Cuenca).

17.00 - Visita al Campo de Batalla de Uclés.

18.30 Visita a los restos del despoblado de Sicuendes,
donde haremos nuestro tradicional homenaje.

21.15 - Llegada a Madrid.


PRECIO, 50 EUROS QUE INCLUYE:
VIAJE
COMIDA
2 € DE ENTRADA A RECÓPOLIS
2€ DE ENTRADA AL MONASTERIO DE UCLÉS
REMUNERACIÓN DE DOS GUÍAS
DOCUMENTACIÓN.

CAMINAREMOS CERCA DE 3 KM (1'5 IDA + 1'5 VUELTA), POR LO QUE RECOMENDAMOS LLEVAR CALZADO APROPIADO.

Como siempre, iremos contactando con vosotros durante los próximos días. Los que no sean avisados, serán llamados para el siguiente grupo.
Si alguien quiere unirse a nuestro grupo de excursiones, que contacte con nosotros.

Delta Ediciones - Apartado de Correos 24071, Madrid 28080 - deltaediciones@deltaediciones.com - 687 57 60 62

domingo, septiembre 21, 2008

Breviario Castellano: III Aniversario

En estos días se cumple el tercer aniversario de nuestra bitácora.

En primer luegar, queremos agradecer a las decenas de lectores que nos acompañan todos los días su continuado apoyo.

En segundo lugar, también nos gustaría hacer un llamamiento a las personas que dispongan de material susceptible de ser publicado para que nos lo envíen a tal fin.

Por último, cualquier pregunta, aclaración etc, que deseen hacernos, estamos a sus disposición en Nuestro Correo

Muchas gracias

El Consejo de Redacción.

jueves, septiembre 11, 2008

ATADOS A VALLADOLID

ATADOS A VALLADOLID

Así es como pretenden mantenernos dentro del invento autonómico de Castilla y León, diseñado por un grupo de personas de la ciudad del Pisuerga y con el objetivo de convertir a Valladolid en el centro de desarrollo de toda la cuenca del Duero.

El PSOE formó parte de los primeros "socios" del invento, y el PP, después de oponerse e ir a los tribunales denunciando el plan, cambió de manera de pensar.
Las personas de a pie, que fuimos testigos de una imposición tan vergonzosa, no podíamos comprender cómo, recién abiertas las puertas de la democracia, se producía semejante desaguisado que:

- Rompía la propia identidad de Castilla la Vieja después de mil doscientos años.
- Ignoraba la voluntad de los ciudadanos.
- Manipulaba el procedimiento previsto para crear el ente
- Expulsaba a Santander, Logroño y Segovia utilizando comportamientos indignos pero imponiendo que Valladolid se convirtiera en el centro de la inventada comunidad autónoma.

Los agravios practicados desde Valladolid permiten a esta provincia un potente desarrollo acaparador y egoísta, mientras las demás provincias conviven a la fuerza y sin futuro.
PP y PSOE nos han hecho trampa y deciden según sus intereses, aunque para ello incumplan la Constitución que nos dimos los ciudadanos.

¡ Ya es hora de rectificar!

Burgos, 03 de septiembre de 2008

¡Vale ya de Marear la Perdiz! por Lesmes Peña Hurtado, de “Ciudadanos de Burgos por Castilla la Vieja”

¡Vale ya de Marear la Perdiz!

Hay momentos en que al leer alguna nueva noticia de los partidos políticos uno tiene la sensación de que los dirigentes nos toman por tontos, y es posible que tengan razón. No tiene otra explicación que después de lo que nos están haciendo –los unos y los otros – la ciudadanía siga votando a los dos partidos mayoritarios.

¿Y a que viene esta reflexión? Pues sencillamente para hacer ver a la población no dogmatizada las “tácticas” que viene utilizando la Junta que nos gobierna, a mayor gloria de Valladolid.

Un ejemplo ha sido las “maniobras de retraso” que venimos viendo desde hace años en el proyectado Parque Tecnológico de San Medel. Todo han sido trabas y excusas durante años y años, pero la terca realidad es que aún no se ha realizado, y todo para evitar una competencia indeseada por “la bota de Valladolid”. ¡Por favor déjennos trabajar por Burgos en paz, libre de interferencias interesadas que estamos sufriendo en todos los campos!.

Otra propuesta torticera de la Junta es sobre nuevo trazado de la autovía a Logroño. Opino que se trata de una simplista táctica dilatoria, tratando de crear un nuevo debate que atrase la decisión final del Gobierno de España. Esta sucia maniobra de la “Corte vallisoletana”, demuestra su preocupación por paralizar las obras que puedan beneficiar a Burgos. Así que, como todos los trazados tendrán argumentos para defensores y detractores, óptese urgentemente, desde el Ministerio de Fomento, por uno u otro y no entremos en más disquisiciones estériles, lo cual sería colaborar con los enemigos de Burgos que pretender seguir paralizando nuestro desarrollo industrial y comercial.

Lesmes Peña Hurtado, de “Ciudadanos de Burgos por Castilla la Vieja”

jueves, agosto 07, 2008

Gracia y desgracias de Castilla la Vieja. Ramón Carnicer (9) Agricultura castellana

Villacastín. La agricultura y la industria castellana de antaño. Los economistas y sus fantasías destructoras

Tras el madrugón consiguiente, desciendo al Azoguejo y tomo el autobús de Ávila, a las ocho. Los pueblos de Madrona, Fuentemilanos y Zarzuela del Monte no despiertan, al paso, especial interés. Sí lo tiene el espectacular contraste de un cielo encapotado -a la derecha, la parte llana- y el sol vertiendo -por la opuesta- su nueva y dorada luz sobre cerros y colinas, separados por encinares y breves barran­cas. Llovizna a ratos. Ya cerca de Villacastín, aparece el poblado de Guijasalbas, donde juguetean unos chicos y chi­cas en espera del autobús de la concentración.

Me apeo en Villacastín y voy a desayunar al Albergue. Des­pués, bajo la llovizna, recorro el pueblo. Las casas son sóli­das, de buena piedra, tallada de las enormes pellas de granito esparcidas por los contornos. Algunas de las casas se adornan con blasones, y en una de ellas se declara: «Soy de Pedro Zúñiga», testimonio de la antigua presencia vasca en estas tierras. Veo el rótulo de una fábrica de embutidos con este virtuoso nombre: «La Prudencia». No parece muy grande el establecimiento, en concordancia con el título. Lo es, en cam­bio, una de harinas, titulada, piadosamente también, de Santa Margarita. Aparte esto, el pueblo vive de la agricultu­ra, y del fondismo y refresquismo resultante de ser impor­tante cruce de carreteras, muy amenazado por la prolonga­ción de la autopista que viene de Madrid. También hay ga­nadería en Villacastín, pero en baja: de las 18.000 ovejas de antaño, quedan sólo 5.000.

La víspera de Navidad de 1808, con su tropas, Napoleón entró a pie en este pueblo. Llegaba de Madrid, dispuesto a alcanzar y batir a los ingleses de Moore, y había cruzado el Guadarrama en medio de una tempestad. Su gente andaba muy mohína y era forzoso animarla con el ejemplo. Aquí de­bió de hacer alto el general para sacudirse la nieve, bajo los pórticos municipales, formados por trece arcos, cinco de los cuales, los del centro, se adelantan a la línea de la fachada y soportan un balcón corrido. Desde los soportales, al fondo de una calleja se ve la magnífica iglesia mayor, de San Se­bastián. Incompleta en su exterior, al parecer y en parte es obra de fray Antonio de Villacastín, aparejador de Juan de Herrera, tracista, dicen, de las fachadas y torres, una de las cuales no llegó a alzarse. El interior, proyectado por Rodrigo Gil de Hontañón conforme al estilo de la catedral de Segovia, es gótico y tiene un magnífico retablo. Se trata del mejor templo del obispado, excluida la catedral. Desde estos mis­mos soportales, tal vez repararía el emperador en el decla­matorio escudo barroco de una casa de la izquierda; aunque no era momento muy a propósito para semejantes minucias, con la tropa muerta de frío, maldiciendo y acaso blasfeman­do por lo bajo, o por lo alto.

Guarecido de la llovizna bajo los pórticos, donde ahora venden fruta, hortalizas y ropa, converso con unos labrado­res. Están aguardando la hora de subir a los locales del ayun­tamiento para pagar la contribución. A juicio de uno de ellos, Lorenzo, los jóvenes de hoy no tienen la fuerza que ellos tenían a su edad, sudando siempre; no con excesivo daño, deduzco del aspecto de todos. Otro, el más viejo, de ochenta años, aclara:

-Es que ahora, entre la concentración y los tractores, se trabaja mucho menos. ¡Con las mulas y corriendo todo el término de tierra en tierra los quería yo ver!

Cuando iba a hacerse la concentración parcelaria, me con­fiesa Lorenzo, él y otros muchos no la veían con buenos ojos. Ahora se han dado cuenta de sus ventajas. Pero todos se quejan del mal precio del trigo. En cuanto a la merma de los rebaños, dice uno:

-¡Qué remedio! Entre las repoblaciones y los cercados, ya no queda donde pastar. Además, nadie quiere ser pastor. Uno de los presentes, dueño de bastantes ovejas y otros ganados, lamenta las exigencias del peonaje:

-Cuatrocientas o quinientas pesetas quieren, ¿sabe us­ted? Y eso para lujo y caprichos, que no había antes, cuando todos vivíamos mejor. Ahora va una mujer a la carnicería, y si tenía intención de comprar carne corriente y ve a una vecina pedir de la mejor, ella también la pide para no que­dar por debajo.

Asienten todos, y todos se muestran sorprendidos del di­nero que corre.

-Y todavía a muchos les parece poco y van a buscar más por esos mundos.

Tras una pausa, el ganadero dice:

-Bueno, si a alguno de vosotros le va bien, puede llevarse el estiércol de mis cuadras.

-Ese te lo metes por el... -contesta uno de ellos, que sale tras el recaudador escaleras arriba, mientras los demás carcajean y se disponen a seguirlo.

El estiércol lo regalan los ganaderos, pero nadie lo quie­re. Esto me dice Lorenzo, y al preguntarle por qué, responde: -¡Toma! Porque no le echan paja y aquello es como un agua que da asco revolver.

-¿Y por qué no le echan paja?

-Porque ya no se estila en los establos modernos. Entre eso y otras cosas, la paja ya no vale la pena cogerla. No es como antes, cuando a más de usarse en las cuadras se mez­claba con salvado para hacer piensos. Hoy en día, los gana­deros ya no se molestan en preparar los piensos. Les van mejor, y es más cómodo y limpio, los piensos compuestos, que engordan más y más de prisa a los animales. Ahora, los labradores que ya no tenemos animales sacamos el grano con las cosechadoras y allá se queda la paja en las tierras. Unos la dejan sin más y otros, para que no prenda el grano que puede quedar en las espigas y trastorne el de la siem­bra, le pegan fuego.
Tras una pausa, añade:

-Donde esté el abono mineral, limpio y fácil de mover, sin incomodidades de transporte y mano de obra, que se quite el estiércol. Gracias al abono mineral cosechamos lo que nunca habíamos cosechado.

Lorenzo se va tras los otros y me quedo solo. Sigue llo­viendo, y a la espera de que acabe, mientras voy midiendo a trancos los pórticos, pienso en el mundo de nuestros labra­dores, tal vez el más cambiado en los últimos tiempos y sin duda el menos conocido. Unos lo presentan por el lado bucó­lico y otros por el dramático. Los primeros, herederos de un beatus ille a prueba de siglos, nos dan la lata con un ventu­roso mundo rural que nunca existió; los segundos agitan de vez en cuando los escenarios con unos labradores que esgri­men hoces, destrales y batederas para acabar con un tirano o para matarse entre sí por unos bienes en litigio o por una mujer. Nota común a los autores de una u otra de ambas versiones es la de ser gente de ciudad que en su salida anual de vacaciones se empeña en ver el Angelus de Millet entre na­turalezas apacibles o se sobrecoge al ver freírse hombres y mujeres bajo el implacable sol de julio en las eras de las mesetas centrales. Pues bien, ciñéndonos a una de estas me­setas, la del norte, centro de nuestro viaje, y considerando como inicio de aquel cambio la mecanización del trabajo agrícola, que ha arramblado con los Angelus de Millet y con los trillos y sus mulas, veamos cuál era la realidad anterior y cuál es la actual. Nuestras observaciones se refieren al la­brador medio dedicado a la atención de sus propias tierras, cereales en su mayor parte, sin jornaleros a su servicio. El labrador antiguo, el de antes de la mecanización del cam­po, deducidas las semanas y meses de forzosa ociosidad y di­vididos los días de trabajo de sol a sol por los componen­tes del año, salía con un promedio de cuatro a cuatro horas y media de jornada, alteradas en más o en menos en propor­ción a las dimensiones y exigencias del huerto familiar y al cuidado de su mayor o menor número de animales.

Hoy en día, con la economía de movimientos proporcio­nada por la concentración de parcelas, remplazados los ani­males de trabajo por el tractor, que acelera las labores, sus­tituido el abono orgánico por el mineral, suplido el horno doméstico por la panadería comercial y mecánica, vendidos o arrendados los huertos familiares a cultivadores especia­lizados y dejada la cría y venta de cerdos y animales meno­res a granjas y carnicerías, que en tiendas y, en el caso de las aldeas menores, en furgonetas ofrecen a diario sus pro­ductos, conforme hacen también los panaderos y los pesca­deros, la vida de los labradores transcurre con una jornada media de una a dos horas de trabajo. Este labrador, quejoso, con justicia, de la enorme diferencia entre lo cobrado por sus producciones y lo exigido por los tenderos al consumidor -pasado el escalón de los intermediarios-, reducida su jor­nada de trabajo a la mitad, duplicada su producción, con médicos y medicamentos gratis, con unos subsidios de vejez de apariencia precaria pero considerables en el mundo ru­ral, libre de la sujeción impuesta por el cuidado de los ani­males y harto de ver la televisión, muy a menudo decide cerrar su casa y, dejando en ella el tractor, compra un piso en la villa o ciudad próxima (Almazán, Burgo de Osma, Aran­da de Duero, Miranda de Ebro, Vitoria, Peñafiel, Segovia, etc.), y en los días de siembra, excava, recolección y demás faenas se traslada a la aldea, a menudo en su propio coche, para retornar de nuevo a la villa o ciudad, donde puede echar una partida en un bar, ir al cine o a lo que se ofrezca y asistir a los toros y fiestas cuando las hay. Los pueblos abandonados y solitarios, a menudo lo están sólo en aparien­cia. Han pasado a ser lugar de trabajo de una gente cuya vivienda estable se halla en otro lado.

Hace un siglo, antes del comienzo de la gran industriali­zación, y desde aquel punto hacia atrás (de ello dan fe Ma­doz, viajeros como Ponz y Jovellanos y tratadistas modernos, entre otros Solomon a propósito del siglo xvi), los pueblos tenían en mayor o menor grado sus industrias básicas: mo­linos, tenerías, una fábrica de gorras o sombreros, otra de enjalmas, un taller de aperos, unos telares, etc. Entonces, la muy soportable y en nada depauperadora jornada media de cuatro a cuatro horas y media la completaban los labra­dores, sobre todo en las largas épocas del año en que el campo no requería su atención, y más aún los jornaleros, con un quehacer en alguna de aquellas industrias, lo cual les agenciaba un jornal en dinero o una participación en los géneros elaborados. Y lo que la agricultura o la industria local no daba lo hallaban en los mercados o ferias de la ciu­dad o la villa próxima, donde al vender lo sobrante de su labor o mercar lo preciso, entraban en contacto con el mundo y sus novedades. Dinero circulaba poco, y maldita la falta que hacía, como no la hacían, por consiguiente, las preocu­pantes sanguijuelas, los lebreles y las mantis religiosa de la llamada liquidez, es decir, los bancos y cajas de ahorros.

Pero los tiempos cambiaron, y aparecieron los sacerdotes de una nueva religión, los economistas, con unos dogmas más oscuros y apremiantes que los de todas las religiones, vigentes o caducas. Uno de los dogmas de la economía era la concentración de las industrias en Barcelona y Bilbao como lugares más a propósito y, más tímidamente, en otras partes (ahora, Madrid), con lo cual las industrias rurales desapa­recieron para dar paso a los más largos y miserables años, más de un siglo, vividos por los agricultores de la meseta, forzados al ocio de media jornada e imposibilitados de completarla y agenciarse así un suplemento para proveerse de lo que no podían producir; su única esperanza a tal fin era la aparición de unos ingenieros trazando una carretera, un ferrocarril o, más tarde, un salto de agua. Mientras tanto, en torno a las fábricas de las grandes urbes, surgió un prole­tariado mísero, procedente primero de las tierras de jornal intermitente, propiedad de los latifundistas meridionales. Con la industria concentrada, multiplicó sus fuerzas el co­mercio, siempre loado por los economistas, alcahuetes, acólitos e incensadores del capitalismo como motor de su cien­cia. A tenor del desarrollo de la industria y el comercio, se fue produciendo un aumento continuo de los llamados por esos economistas sector secundario (la mano de obra indus­trial) y sector terciario o de servicios, es decir: banqueros (manipuladores de fondos que harían llorar de nostalgia a los más desalmados prestamistas hebreos de la Edad Me­dia), oficinistas y agentes de todo lo agenciable, viajantes de las manufacturas elaboradas, representantes y comisio­nistas de todo lo habido y por haber, barcos, trenes, camiones y ahora aeroplanos para transportar desde la periferia al resto de la península aquellas manufacturas; y más tien­das, y luego gigantescos almacenes y una máquina propa­gandística diabólica, y ventas a plazos, con nuevo circuito por los bancos mediante letras aceptadas que han acabado por hacer de la sedentaria profesión de notario una de las más dinámicas del mundo actual, tanto que, al no poder dar abasto a la ingente tarea del protesto en fecha fija de las letras impagadas, han sido autorizados a invertir el proce­so, o sea, protestar la letra y comunicarlo después, mediante tercera persona, al interesado. Forzosamente, uno ha de re­cordar que cuando en Soto en Cameros, pongo por caso, un labrador quería hacerse una capa, le bastaba con acercarse a los telares de un convecino y mercarle las cinco o seis varas precisas, sin intermediación de toda esa cadena de «servicios» con que los economistas de hoy calibran el pro­greso, en visión muy dispar de la de los revolucionarios de hace unos decenios, que iniciaban su acción al grito de «!Mue­ra la burocracia!».

Pues bien, aquella concentración industrial tan loada y dogmatizada ha dado lugar a estos hechos: primero, la ocio­sidad forzosa y el mortal aburrimiento de, un 25 % de la po­blación nacional, la del sector bautizado por los economistas como primario o agrícola y despreciado por los propios eco­nomistas al no producir más que el 12 % de la renta nacio­nal; segundo, la putrefacción de los centros industriales, con la consiguiente neurosis y degeneración vital de sus pobla­dores, sujetos a continua tensión en un medio insano, cen­tros a los que acuden sin cesar, atraídos por el señuelo de la televisión, la propaganda y los espectáculos multitudina­rios, las últimas generaciones de jóvenes provinciales y ru­rales decididos a no aburrirse más en las ciudades o villas adonde se han trasladado sus padres o en las aldeas donde continúan viviendo.

En la época de mi viaje leí en una revista provincial un artículo cuyo autor deploraba que en aquella provincia el sector primario supusiera el 48'1 % de la población ocupa­da, con aumento de la cifra correspondiente a cuatro años antes, del 45'6 %, datos suministrados por el estudio de una entidad bancaria (*). Ante ello, el autor del artículo se des­garraba el jersey, la camisa y la camiseta recordando este gran dogma de los economistas: si la población dedicada al sector primario en una comunidad excede del tercio de la mano de obra total, esa comunidad ha de clasificarse entre las subdesarrolladas. Días más tarde estuve en una aldea de la desdichada provincia y vi lo siguiente. Contaba la aldea con setenta familias (ocurría esto en setiembre de 1973) de­cididas a no marcharse de allí y a no contribuir como escla­vos urbanos al desarrollo nacional. A tal fin, estas familias, secundando la iniciativa del presidente de su junta vecinal, se embarcaron, mediante dedicación gratuita de su tiempo li­bre, aportación económica de todos ellos y alguna ayuda ofi­cial, al arreglo de los caminos que enlazaban con las carre­teras y las aldeas colindantes, a la pavimentación total del pueblo, a la concentración de manantiales en un gran depó­sito subterráneo, de donde derivaron los canales y conduc­ciones de agua a sus casas, a la obra de alcantarillado y de­sagües pertinentes y a la ordenación del alumbrado público. Habían iniciado ya la construcción de una piscina y un par­que de juegos para los chicos y estaban a la espera del telé­fono, tiempo atrás pedido. Mientras tanto, todos renovaban sus casas, trece de las setenta familias tenían en uso cuarto de baño y otras treinta o cuarenta tenían encargados sus elementos. Disponían de dos coches de alquiler y trece de propiedad particular, y una porción de vecinos estudiaba el reglamento de circulación y esperaba examinarse; había unas cuantas motocicletas y muchas más bicicletas. Hacían bue­nas fiestas patronales y gastronómicas, organizaban confe­rencias agrarias y estimulaban la plantación de árboles fru­tales. Todos ellos tenían televisión o radio, a las que se agarraban en lo más crudo del invierno, no en el resto del año. Iban bien vestidos y calzados, disfrutaban de un aire impoluto, pues los coches y motos sólo eran utilizados para trasladarse a otros lugares. Se alimentaban con los sanos productos de sus huertos y establos y los restantes los ofre­cían a diario en sus furgonetas los vendedores ambulantes forasteros. Y había en el pueblo una porción elevada de es­tudiantes de bachillerato y de escuelas profesionales, con algún graduado universitario. A todo esto, la fuente de in­gresos básica de la aldea era la misma de tiempos inmemo­riales, la resultante del cultivo de la vid, regulada ahora por una cooperativa comarcal. En resumen, y salvo los gradua­dos del sector terciario, con dos o tres metidos en el secun­dario de una fábrica de cementos situada a tres o cuatro quilómetros, todos seguían fieles al sector primario.

Volviendo a lo relatado por los labradores de Villacas­tín, al término de mi viaje conversé con un ingeniero agró­nomo, el cual me dijo respecto de la paja:

-Esa dilapidación, casi general en las comarcas cereale­ras mecanizadas, clama al cielo. Aparte la utilización antigua para cama y alimento del ganado y para otras cosas en mayor o menor decadencia como techumbres de chozas y alpendes, colchones, adornos diversos y sombreros, podría ser hoy de grandísima utilidad para obtener papel basto y cartón, de tanto consumo en la moderna industria del embalaje. En cuanto a su quema sobre las propias tierras de labor, la utilidad de sus cenizas queda anulada, con creces, por la destrucción de una serie de microorganismos necesarios o útiles en el proceso del cultivo.

-Y esa aplicación exclusiva de abonos minerales ¿qué efectos producirá a la larga?

-A la larga, y no demasiado larga si nos atenemos a las características de las tierras peninsulares y a las de la me­seta en particular, la desertización. Deslumbrados por los actuales rendimientos, los labradores se han pasado de la engorrosa fertilización a base de estiércol a la más cómoda, limpia y fácil de los abonos minerales, olvidando, o mejor, ignorando que con ellos la tierra va perdiendo lo que la hace fértil, es decir, el humus o materia orgánica. El con­tenido en humus ha de mantenerse entre ciertos límites, por debajo de los cuales la fertilidad decrece sin remedio. En otros países, y en contadísimos lugares de España, donde por escasez de animales se ha presentado el problema, se recurre al uso de estiércol artificial, hecho con montones de paja, abonos minerales y agua en los que se provoca una fermentación o descomposición. También se practica en aque­llos países el abonado en verde, consistente en sembrar una leguminosa y, poco antes de su floración, enterrarla con una labor de arado, a fin de que se vaya descomponiendo lenta­mente en la tierra, aumentando así la reserva de humus.

(*) ¿Por qué milagroso procedimiento se elaboran las estadísticas, manejadas después litúrgicamente por los economistas y proyectistas del desarrollo?

Ramón Carnicer. Gracia y desgracias de Castilla la Vieja. Pp 486-494

Gracia y desgracias de Castilla la Vieja. Ramón Carnicer (8) Gacería de Cantalejo

Conoce al dedillo los dos cuadrantes superiores de la península y maneja aún la ya decadente gacería, jerga de los vendedo­res ambulantes de Cantalejo. Le interrogo acerca de ella, y mientras Moreno nos va trayendo vino, me explica lo que un pedagogo en estas materias llamaría vocabulario fundamental o básico: ura (agua), bayarte (vino), artón o levan­te (pan), cortoso (cuchillo), cortoso sierte (cuchillo de mesa), trincheiro (tenedor), urdalla (carne), zuzón sierte (jamón), triunfas (patatas), posa o poya (sal), pule urniaco (plato so­cio), pule atrevido (plato limpio), misir (comer), piplar (be­ber), regoso (tabaco), botafumairo (cigarrillo), bayuca (ta­berna).

-¿Y cómo dicen ustedes hombre y mujer?

-Hombre es man; y mujer, siona. Los niños son garcines. Dormir es somiar o soinear; y cama, piltra. En las ca­mas de los tiempos viejos no era raro encontrar alguna pi­cosa pitoche, que es pulga; y menos mal, porque aún eran peores los piojos o guilfos. Pero no había más remedio que pasar por todo para ganarse la peseta, que es bea o pilona; al dinero en general le llamamos moroza o pinarra; y las monedas son las sienas. -Luego, alzando la mano derecha-: Esto es pota, y en vez de dedo decimos potin.

-¿Y cómo se llama a lo bueno y a lo malo?

-Bueno es sierte; y malo, gazo. Al hablar se le puede llamar de dos maneras: falar y garlear, y el teléfono es el sonoso. Al cura le llamamos merche; y al guardia, sinífero. -Bajando la voz y haciendo bocina con la mano-: Y el trabajo que se hace en la cama con una mujer es pinar.

Carcajea fuerte el de Cantalejo, lo cual atrae la atención de los clientes de la mesa contigua, más sosegados ya. Aún le pregunto:

-¿Y cómo son los números?

-Hay pocos números: guaje (uno), arba (cuatro), salva (cinco), guaque (seis), cas (diez), pota (veinticinco), pápiro (mil) y mogullón (cinco mil).

El vocabulario se amplía e ilustra con las explicaciones y cuentos de Antonio de la Flor.

Ramón Carnicer. Gracia y desgracias de Castilla la Vieja .Pp. 392



-Pues esto era la provincia de Segovia en aquellos tiem­pos, una verdadera Cataluña industrial. Si usted la recorre ahora, y veo que lo está haciendo, se dará cuenta de que Cantalejo es lo que más se le aproxima. Trilleros, ganaderos, muleteros y vendedores de todo lo habido y por haber, salían y salen de Cantalejo a las ferias y mercados de toda España. Y si una cosa se viene abajo, los trillos, por ejem­plo, en lugar de ponerse a llorar y a pedir cuartos al Go­bierno, inventan otra cosa, como está pasando con la cría de cerdos y terneros. Aquí no se achica nadie ni nadie emigra para hacerse carne de cañón de los fabricantes de Madrid, Barcelona o Bilbao, respirar basura, vivir en pisos como grilleras, malcomer, maldormir y acabar hechos una porquería, exprimidos como un limón. Bueno, pues para todo aquel trajín de ir y venir por toda España, para comunicarse y animar los tratos sin que los demás se ente­raran, inventaron los de Cantalejo la gacería. La base de ate lenguaje, según parece, y así lo cuenta don Gervasio Manrique, fue obra de los trilleros y ganaderos que acam­paban en las afueras de los pueblos, donde también acampa­ban otros negociantes: gitanos, húngaros, buhoneros, gua­rreros y chalanes, con quienes volvían a encontrarse en otras ferias y mercados. Hay quien sostiene que la gacería es de origen francés, porque, según cuentan, la industria de los trillos y la compraventa de animales las empezaron unos franceses emigrados cuando la revolución de su país, pero esto no tiene mucho fundamento porque, como dice don Gervasio, en la gacería hay pocas palabras francesas. Recuerdo ahora dos: sien, que es perro, y maire, alcalde. Abundan más las palabras del caló, como diñar, que es ma­tar o morir; piltra, cama; pinreles, pies; guilfos, piojos. De lo que llaman germanía, recuerdo man, que significa hom­bre. Del gallego tiene usted botafumairo, cigarrillo; falar, hablar; pousar, que es dejar o prestar; y acaso cedo, tem­prano o pronto, aunque esta palabra se encuentra también en el castellano antiguo. Del catalán dicen que es (usted lo sabrá mejor) monchetas, alubias, y misir, de minchar, co­mer. Hay también palabras del vasco, entre ellas, dicen, mandorro, asno, y ura, agua. Al parecer, los números uno y cuatro, o sea, guaje y arba, son árabes, y también jaima, que quiere decir iglesia. Del griego, según los entendidos, viene artón, con el que nombran el pan, y sinífero, que es tanto como genízaro y significa guardia, pero otros dicen que viene del latín signifer, el que lleva la bandera. Y gente muy entendida asegura que garcía, con que nombran el tato, viene del ibérico. Hay un montón de formas familiares o vulgares castellanas: antiparras, guipar, mollera, piplar, mosco (para decir un duro). Algunas palabras de la gacería son derivaciones arbitrarias de otras castellanas. Por ejem­plo, de «sonar» tiene usted sonaires, narices; sonosa, arma de fuego; sonoso, teléfono; por este estilo, llaman mordiosos a los dientes, tisnera a la sartén, cortosa a la navaja, huese­ra a la fosa del cementerio y picosa a la cebolla. Otras son comparaciones más o menos cómicas. Así, gusanera es la cárcel y carlista el gallo, mamones los labios y redonda la sandía. A veces desfiguran palabras castellanas cambiando el orden de los sonidos; para decir cribas, por ejemplo, dicen brica. Después, por convencionalismo o a cuenta de un hecho del que nadie tiene memoria, pueden decir: «Se ha presentado Casimiro». ¿Qué cree usted que significa esto?

-¡Quién sabe¡

-Pues que se ha echado a perder un plan o proyecto. A menudo, los gestos y guiños de quien habla dan su toque a lo dicho.

-¿Y la morfología y la sintaxis?

-Sigue las del castellano. La gacería se compone sobre todo de sustantivos, con pocos verbos, y pocos adjetivos también. Para que tenga usted una idea le diré dos o tres frases del trabajo de don Gervasio Manrique: La urdalla es sierte (La carne es buena), No garlees, que atervan la prosa (No hables, que entienden la conversación).

Op. Cit. Pp. 438-440