jueves, marzo 08, 2007

La llamada tercera edad

TERCERA EDAD

Parece que es una reverencia al uso hablar de la tercera edad, cada día más numerosa pero siempre como algo ajeno de la que no es nadie que está en el barullo habitual de la vida. ¿Porqué son tres las edades de la vida y no una docena? Eso es un misterio que nadie ha resuelto pero que probablemente escritores y pintores a lo largo de los siglos han decidido esa división tripartita.

La tercera de edad en los discursos sociales es objeto de atención como lejano tema referido a las pensiones de jubilación de la seguridad social, del sistema de salud o más recientemente de la llamada dependencia. La sociedad moderna ha dispuesto que la más importante tarea que pueden cumplir los viejos es recluirse en centros de la tercera edad, residencias o el pijama de madera -con o sin muerte intervenida-, reclusión que tampoco es exclusiva edad puesto que a otra edad muy distinta de esta como es la primera infancia, cada vez más escasa en lo que a producto nacional se refiere, se la aparca en guarderías para que moleste lo menos posible a la familia, en especial a la madre moderna que al parecer se realiza mucho más realizando cualquier vil trabajo mercenario por cuenta ajena que ejerciendo en plenitud su papel de madre, elección que hoy se intitula con el pomposo nombre de liberación de la mujer. Los hijos ya se encargan de producirlos en el tercer mundo para luego importarlos vía inmigración masiva.

El problema político convencional al hablar de tercera edad consiste fundamentalmente en las pensiones de vejez, tema en el que no compete en absoluto a la administración local, pero que solo para mencionarlo de pasada debido a su sistema de financiación en reparto y al vertiginoso envejecimiento de las poblaciones occidentales –pequeña factura a pagar por liberaciones de diverso tipo- tiene un pronóstico financiero no muy brillante, habida cuenta que si las viejas poblaciones europeas serán minoría dentro de muy pocos decenios y no está claro si las nueva población mayoritariamente foránea e islámica querrá asumir el pesado fardo financiero del pasado y no más bien sustituirlo por la limosna del Ramadán, naturalmente solo para musulmanes y no para cristianos cruzados. Ligeros problemas no previstos de una civilización que creía tener ya resueltos algunos problemas de libertad individual y de seguridad vital.

Pero resulta que esa tercera edad acumula una cantidad extrema de experiencia vital en todas sus variantes, y además el ordinal tercero oculta el hecho de que también hay viejos de primera que no aprovecha la sociedad en la mayoría de los casos. Es curioso como una de las políticas sociales más activas de los últimos años ha sido buscar unos huecos para aparcar a la llamada tercera edad en centros de la tercera edad, donde se dedican fundamentalmente a unas actividades no siempre sublimes como son jugar a las cartas o bailar pasodobles los domingos. La cadencia de construcción e inauguraciones recuerda la época de un espadón gallego del pasado con los pantanos, aunque no se pretende en absoluto comparar la utilidad social de los pantanos con la de los centros de la tercera edad.

Ha habido ciertamente iniciativas para aprovechar esa experiencia acumulada de los jubilados, desde la golfería de seguirles empleando bajo cuerda y ahorrándose el pago de las cuotas de seguridad social, pasando por sustituir el papel de las madres, o hacer turismo insersial en autobuses de dudosa revisión técnica, con percances lamentables en ocasiones. En cualquier caso hay que reconocer que la vieja dignidad senatorial – de los ancianos- del imperio romano ha desaparecido en nuestros días, quizá sea en Italia, como heredera remota de Roma, donde algo de eso se ha conservado, de hecho sus políticos son los más viejos de Europa.

Ante una institución familiar lábil y cada vez más inestable donde apenas conviven no ya tres generaciones como en las antiguas familias extensas sino ni tan siquiera los padres con los hijos, se podría fomentar la transmisión de la experiencia de los jubilados a niños y adolescentes, de oficios y trabajos que han sido arrinconados por la mecanización e informatización de la sociedad y que probablemente desaparecerán con los actuales jubilados. Solo por poner un ejemplo, como se fabrica una vela, o el jabón, como se trillaba y se molía el trigo, en que consiste un yunque o un fuelle y como se trabajaba el hierro, como se pone una suela a un zapato, como se curte una piel, como se carda la lana, como se teje el lino, como se hace mermelada o encaje de bolillos, como se maneja un torno, como se da forma a una piedra, como trascurre un juicio, que papel juega el abogado, el fiscal, el juez, como se hace una casa, que son los cimientos, como se maneja la paleta catalana y otras miles de cuestiones que no tiene cabida hoy por hoy en la enseñanza regular y de paso permite a la gente menuda ver de cerca de un viejo. Organizar periodos de exposición de estas actividades, coordinarse con escuelas e institutos si es una tarea que cae de pleno en el ámbito de la administración local.

Otra tarea muy importante sería ayudar a la enseñanza en familia, en cuya coordinación si puede ayudar la administración local.

En algunas ciudades se han organizado grupos de jubilados par enseñar la ciudad a los foráneos, tarea que la masiva afluencia de turistas a Ávila los fines de semana podría redundar en el buen recuerdo que se llevaran de la ciudad. Sin interferencias claro está con los profesionales del turismo, se trataría de cubrir los flancos que nadie atiende, ¿ Alguien lleva a los turistas al Soto, o al jardín de la Viña, a la ermita de Sonsoles , al pantano de las Cogotas o al cerro Hervero?.

No menos importante es la tarea que los jubilados pueden realizar en lo que se refiere a soberanía social, tienen abundante, tiempo, conocen muchas personas, son idóneos par buscar contactos cuando se precise realizar las tareas inherentes a la democracia directa – referéndum e iniciativa legislativa popular-, tienen por tanto un papel senatorial que recuperar en la ciudad de Ávila, mucho más importante que envilecerse con los naipes en los centros de la tercera edad. Claro está que este papel senatorial ala par que popular es justamente el que no interesa mucho que ejerzan los actuales poderes establecidos. Naipes, tabaco, pasodobles, viajes del Imserso, todo antes que eso. Además se dirá ¿que pintan en política?, son viejos, pelos grises, escasos dientes, algunos inteligentes e incluso sabios, la política precisa jóvenes de buen aspecto, analfabetos, ignorantes enciclopédicos, sonrisas profidén , hablar majaderías sin límite, cerebros de mosquito, (bambis) ¡ Vamos hombre! Que se habrán creído estos viejos





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