lunes, febrero 18, 2008

Ser y Razón de lo Castellano (6 de 7): Falseamiento y anulación del ser y la personalidad de Castilla

Nos vamos a referir, seguidamente, al proceso histórico de falseamiento y anulación del ser y la personalidad del pueblo castellano.

La Castilla original y auténtica fue desnaturalizada. A mediados del siglo XIII, concretamente en la unión definitiva de las coronas de Castilla y de León que se produce en 1230 en la persona de Fernando III, se inicia un largo proceso de falseamiento y anulación de la personalidad castellana.

En esa unión de las dos coronas se ha querido ver una afirmación de la primacía de Castilla en la historia de España, una consolidación definitiva del poder castellano frente a los demás pueblos españoles.

La realidad es muy distinta. La nueva monarquía no es ya castellana, aunque comprenda el territorio de Castilla. En la larga relación de reinos que la componen en aquel momento histórico – Castilla (con los Señoríos de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, y Molina de Aragón) León, Galicia, Asturias, Extremadura, Toledo, Córdoba, Jaén, Sevilla, Granada y Murcia – ciertamente Castilla figura en primer lugar, sin duda porque fue la primera corona que heredó Fernando III, pero no hay un predominio de Castilla sino que, por el contrario, son los ideales, instituciones, esquemas sociales y espíritu señorial de la monarquía de León los que imprimen su carácter a todo el conjunto del Estado. Ya lo dijo certeramente el ilustre historiador catalán Bosch-Gimpera: “Aquella monarquía, a pesar de llamarse castellana, era propiamente ajena a Castilla, representaba la tradición visigoda a través de la monarquía leonesa y polarizaba a menudo en torno a empresas extrañas al verdadero espíritu castellano, fuerzas que lo desviaban de la trayectoria de sus raíces”.

La acción de los reyes de la nueva monarquía global se orienta a la descalificación del régimen popular castellano – la primera democracia que se había dado en Europa - , y a su paulatina suplantación por un régimen unitarista y señorial.

El Estado no es castellano ni se castellaniza. Simplemente secuestra el nombre de Castilla, pero su actuación es claramente opuesta al genio castellano. Rebasada la línea del Tajo, las grandes conquistas de Fernando III, la expansión por la Mancha, Extremadura, Andalucía y Murcia y los conflictos sucesorios, determinan la creación de enormes señoríos territoriales concedidos por los reyes en propiedad y jurisdicción a las grandes familias y a las Órdenes Militares, unas veces por vía de recompensa de servicios y otras como precio de su parcialidad en las discordias intestinas. Es decir, justamente el esquema contrario al planteamiento popular de la colonización castellana. La nueva monarquía exporta a esas fronteras – más tarde a América – el sistema feudal propio de las estructuras del reino leonés, e incluso, lo que fue más grave para los castellanos, en el mismo solar y corazón de Castilla – como ha denunciado el maestro Sánchez-Albornoz – llega a otorgar a los nobles sistemáticamente villas, tierras y jurisdicciones, cercenando las comunidades populares, expropiando los poderes concejiles, absorbiendo las propiedades libres y, en suma, destruyendo la sustancia democrática del país.

La política de los reyes de León-Castilla, apoyada en grandes señores, se orienta concienzudamente a restringir los derechos forales y la autonomía tradicional de las comunidades castellanas. Es un largo proceso que concluirá a fines del siglo XV con la destrucción de los concejos y la anulación del estado castellano pluralista, sustituido por la monarquía unitaria y centralizadora. La revolución comunera yugulada en 1521 es, en uno de sus aspectos, el último y desesperado esfuerzo de los castellanos para recuperar los derechos y libertades de la antigua tradición democrática de Castilla.

Un momento clave en este proceso va a ser la entrada de la Casa de Trastámara. En la guerra civil que lleva al trono a Enrique II, el rey Pedro, llamado el Cruel por los vencedores, estuvo apoyado por las Comunidades, mientras que la nobleza apoyó a Enrique, el bastardo. Pues bien, Enrique, que ha pasado a la historia con el título de “el de las Mercedes” repartió las Comunidades de Villa y Tierra entre la Nobleza que le había apoyado. Golpe decisivo contra las Comunidades y las libertades de los Concejos.

Así, Enrique II “el de las Mercedes” entregará Soria, Almazán, Monteagudo, Deza y Atienza, como recompensa, al hombre decisivo que le llevó al trono, Beltrán du Guesclin. La Comunidades de Soria conseguirá pronto liberarse y volver a ser de realengo; pero la mayoría de las Comunidades caerán definitivamente en manos de la Nobleza.

Aunque las Comunidades lucharon por no salir de la jurisdicción real, poco a poco, la Nobleza va imponiéndose a contrafuero sobre la mayoría de los Concejos comuneros. Esto se efectúa en detrimento del señorío de la Corona y daño de las Comunidades que pierden libertades y patrimonio colectivo. En las Cortes celebradas en Burgos el año 1367, el rey otorga algunas peticiones de los representantes que “pedían por merced que diésemos los dichos oficios a hombres buenos de las ciudades e Villa e lugares a pedimento de los Concejos que los pidiesen, y que no las diésemos a hombres poderosos ni que fuesen nuestros privados...”

A ello se acogió el Concejo de Madrid, al año siguiente, logrando que le fuera restituida la dehesa de Tejada y algunas aldeas usurpadas. Dicha dehesa había sido dada por el rey a “Ximén López”, nuestro Montero”. Sin embargo, al año siguiente, el mismo rey Enrique expide carta de donación de los pueblos de Alcobendas, Barajas y Cobeña a favor de Pedro González de Mendoza, mayordomo mayor del infante Don Juan, su hijo.

Como prueba del interés de las Comunidades por conservar su integridad territorial y su libertad bajo la jurisdicción realenga, son especialmente significativas las manifestaciones del Concejo de Madrid en el ayuntamiento celebrado en 1470. Donde afirman que:
“nos serán ni consentirán en que en esta Villa ni en sus términos e lugares e jurisdicción e propios, ni parte de ellos, sea enajenado en ninguna persona que sea por título de donación o merced...” añadiendo que, si por imposición así fuera, prefieren el exilio: “En el caso que tanta fuerza del Rey o de armas les viniere a que no lo puedan resistir, que ellos e cada uno de ellos, dejará la dicha Villa e se saldrá della e de sus arrabales a vivir e morar como hombres que desean vivir en libertad”... ¡He aquí el viejo espíritu castellano que prefiere el destierro a la sumisión desde los lejanos días de Mío Cid!

La imposición de la Nobleza, y posteriormente de los Corregidores, funcionarios que cada vez más van abandonando los fueros propios de las Comunidades para imponer el fuero real, contribuirán decisivamente al proceso centralizador y uniformador. La oposición popular a este extraño órgano de poder, se manifestará en muchas ocasiones, y especialmente con ocasión de la Guerra de los Comuneros. En los capítulos que la Junta Santa de la Comunidad ordena en 1520 y remite a Flandes para que sean confirmados por el rey, reinserta, en el cuadro de derechos y libertades que las comunidades reivindican, la petición de que “de aquí adelante no se provea de Corregidores a las ciudades y villas destos reinos, salvo cuando las ciudades e villas e comunidades de ellos lo pidieren; pues es conforme a lo que disponen las leyes del reino”

La derrota de los Comuneros marca, ciertamente, otro momento muy grave en el declinar del ser de Castilla. Pero, ante todo conviene observar que el nombre con que este acontecimiento político y social ha pasado a la historia es inapropiado y muy confundidor, porque el alzamiento no se limitó a Castilla y a sus tradicionales comunidades de ciudad o villa y tierra, sino que se extendió también por los reinos de León y de Toledo, así como por Extremadura y Murcia, aunque con muy distinto significado e intereses. También en Valencia y en Mallorca, se produjeron profundas conmociones políticas y sociales.

Las consecuencias de la llamada Guerra de las Comunidades fueron especialmente catastróficas para los vencidos de todos los lugares de los reinos de León y de Castilla, donde hubo fuerte oposición al emperador, y especialmente para las auténticas comunidades castellanas de ciudad o villa y tierra.

El movimiento de las “comunidades” se ha interpretado de muy diversas maneras según la época y el pensamiento político de los opinantes. Para unos esta rebelión fue una protesta nacionalista por la entrega del país a intereses extranjeros; para otros, una manifestación del descontento porque el nuevo rey otorgaba los principales cargos y las más jugosas prebendas a los forasteros de su séquito de flamencos; para los de más allá, un estallido de contiendas entre nobles por el predominio de su casa en la respectiva comarca; para la pequeña nobleza, los caballeros y el bajo clero, una reclamación frente a la prepotencia abusiva de los grandes magnates y prelados; para los países de auténtica tradición comunera, un intento de recobrar los viejos derechos y libertades perdidas; para los obreros de los diferentes oficios y las clases oprimidas, una revolución que los libraría de su miserable condición. Y de todo hubo en aquellos complicados acontecimientos políticos y sociales que hoy parecen aún más enredados por la confusión indiscriminada con que se presentan como una sola entidad reinos, países, pueblos e instituciones diferentes.

Para algunos autores el fracaso de los “comuneros” supuso la ruina de las Cortes y de los concejos democráticos; pero ya hemos visto que la consolidación del absolutismo real y la decadencia de las Cortes y de los Concejos ya se había iniciado mucho antes, fue acelerada por los gobernantes de las dinastía de los Trastámara y de hecho consumada por los Reyes Católicos.

El gran triunfador de aquel 23 de abril de 1521, dice Joseph Pérez, no fue tanto el poder real como la aristocracia, amenazada en su función política y desafiada como potencia económica y social.

Villalar, por todo lo dicho, tiene una significación histórica supranacional, pues afectó a varios reinos o pueblos de España. Por tanto, es una gran manipulación histórica la pretensión de identificar la celebración de Villalar como día de la región del Duero, lo que ahora se llama “Castilla y León”, que si bien incluye todo el antiguo reino de León, no incluye sin embargo toda Castilla.

Continuará, sin embargo, la vida de las Comunidades de Villa y Tierra, sobre todo en el aspecto económico. En la mitad del siglo XVIII, y en un pleito entablado en el lugar de Tarancueña (Soria), donde yo nací, se demuestra que seguía vigente en la Tierra de Caracena a la que pertenecía, el Fuero de Sepúlveda o de Extremadura, aunque, finalmente, se impuso la ley general uniformadora en la Cancillería de Valladolid.

Las leyes desamortizadoras del siglo XIX no alcanzarán solamente a los bienes de la Iglesia, sino también a los bienes comunales (de comunidades y de aldeas), perdiendo las Comunidades de Ciudad o Villa y Tierra , además del poder político y los fueros, el rico patrimonio que aún poseían.

Poco se salvó de aquel general expolio, yendo a parar el patrimonio comunitario a manos de una burguesía extraña al territorio, o al cacique, y siendo en otras ocasiones comprado en fuerte sumas de dinero por la propia Comunidad o la aldea. En ambos casos, el resultado es la ruina de las Comunidades y sus Aldeas.

La división provincial de 1833 y la supresión subsiguiente de las Comunidades de Villa y Tierra acabaron, definitivamente, con esta institución esencial que define el ser y la personalidad del pueblo castellano: Las Comunidades de Ciudad o de Villa y Tierra.

Las aldeas quedaron, así, recluidas en su individualidad, sin defensa ninguna ante el centralismo estatal y provincial, y a merced del cacique más fuerte. Faltas de comunicaciones y perdidos todos los servicios, mal pagados los productos del campo y faltas de unidad para la defensa de sus intereses, las aldeas se han ido muriendo en su soledad.

Inocente García de Andrés
Socio fundador de tierra CASTELLANA
Miembro fundador de Comunidad Castellana.

jueves, enero 31, 2008

domingo, enero 27, 2008

Jovenes Salmantinos


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sábado, enero 26, 2008

Ser y Razón de lo Castellano (5 de 7): La división provincial del siglo XIX

Las Merindades y las Comunidades de Villa y Tierra pervivieron, como estructura socio-política y administrativa hasta la moderna división provincial de 1833.

Lo malo de la reforma de 1833 es que prescindió totalmente de la historia y tuvo su particular visión de la geografía, La reforma de 1833 varía profundamente la organización territorial de la España tradicional. En razón de favorecer la instrumentalización centralista, y al servicio de este objetivo, por preocupaciones pragmáticas de unificar en lo posible las provincias en extensión y población, rectificar límites, suprimir trazados sinuosos y eliminar enclaves, dibuja sobre el mapa nacional unas líneas divisorias provinciales en gran parte arbitrarias, sin respaldo alguno histórico ni geopolítico, que muchas veces separan, a uno y otro lado de la raya, poblaciones que desde hacia muchos siglos habían estado y vivido unidas en las mismas Comunidades de Villa o Ciudad y Tierra.

Lo peor, pues, fue que se suprimió lo que quedaba de algunas instituciones, sobre todo las Comunidades de Villa y Tierra, que debieron subsistir, como entidades intermedias entre la provincia y el municipio y forma de protagonismo y participación popular. Se acabó, así, con la poca autonomía comarcal y local, quedando las provincias como parcelas controladas y al servicio del centralismo, preparando el camino a la desamortización a favor de la burguesía y el caciquismo, rotos los lazos comunitarios y abandonadas las aldeas a su propia suerte.

Al quedar desprovistas de su genuino carácter de instituciones territoriales de derecho público y político de Castilla, las viejas comunidades dejaron realmente de ser. Consiguientemente, las extensas y ricas propiedades comuneras, por las voraces vías de la intrusión privada y de la desamortización liberal, se transfirieron en su mayor parte a la propiedad particular de los sectores sociales más poderosos; lo que acarreó, inexorablemente, el empobrecimiento y ruina general de los pueblos y una gran atonía colectiva en la vida rural. Sólo algunas Comunidades lograron mantener algo de su patrimonio económico.

Las Comunidades debieron ser respetadas en su territorio, jurisdicción y patrimonio. Toda reforma pública ha de cimentarse en un presupuesto, tan necesario como generalmente incumplido: el conocimiento completo de lo que se quiere reformar y la participación de quienes van a sufrir o gozar sus consecuencias de forma más directa.

Inocente García de Andrés
Socio fundador de tierra CASTELLANA
Miembro fundador de Comunidad Castellana.

Ser y Razón de lo Castellano (4 de 7): Las Comunidades de Villa y Tierra

Las Comunidades de Villa y Tierra eran repúblicas populares que, dentro del reino de Castilla, poseían los atributos de los estados autónomos de una federación. Castilla, el viejo reino de Castilla, era, a grandes rasgos, un estado federal, un conjunto de comunidades autónomas.

La Comunidad tenía soberanía y jurisdicción sobre un territorio muy variable que comprendía varios pueblos (a veces más de cien y aun de doscientos), teniendo cada aldea, a su vez, una cierta autonomía local y vida propia dentro de la Comunidad.
El poder emanaba del pueblo y era ejercido en el Concejo de la aldea o de la Comunidad. Alcaldes y regidores son de elección democrática. Los concejos son abiertos, y en ellos participa todo hijo de vecino, cuando son convocados a campana tañida y repicada, en el pórtico exterior de la iglesia y a la sombra de viejos olmos plantados junto a ella.

La Tierra (así se llama el territorio comunero fuera de la villa o ciudad cabeza) está dividida en distritos administrativos que abarcan varios pueblos. Estos distritos se llaman sexmos, ochavos, cuartos o quintos, según hemos señalado anteriormente. Cada uno de ellos nombra sus procuradores-representantes en el Concejo de la Comunidad.
Las Comunidades tienen fuero y jurisdicción únicos para todo el territorio. Los ciudadanos son todos iguales en derechos.

Las fuentes naturales de producción son patrimonio de la Comunidad, principalmente los bosques, aguas, pastos, dehesas ... coexistiendo, con esa propiedad colectiva, la propiedad privada de casa y tierras de labor y huertas. Era también de propiedad colectiva el subsuelo – minas y canteras – y, en muchas ocasiones, ciertas industrias de interés general como fraguas, molinos y otras.

Como el suelo es propiedad de la Comunidad, ésta puede repoblarlo haciendo surgir nuevas aldeas. Estas aldeas se extienden por la Tierra de una Comunidad, y sus alcaldes sólo pueden juzgar en causas menores; para asuntos de mayor importancia están el concejo comunero y los jueces de la Villa, quienes deciden, teniendo poder incluso para condenar a la pena capital, en las circunstancias especificadas en los Fueros.

La suprema autoridad del estado castellano residía en el Rey, que debía ejercerla con sujeción a los Fueros. La justicia correspondía al Monarca, pero en suprema instancia y con arreglo al “fuero de la Tierra” respectiva. Los reyes debían juzgar los Fueros; bastando para ello el juramento de los Fueros de cualquiera de las Comunidades. Las demás, por su parte, se aprestaban a acudir al rey para que les confirmara en su fueros, usos y privilegios. Recordemos, por ejemplo, cómo la propia reina Isabel la Católica bajó desde el Alcázar a la Iglesia segoviana de San Miguel, lugar donde se reunía el concejo de la Ciudad y Tierra, para jurar allí los fueros de esa Comunidad y, en ellos, los de Castilla en general; siendo, tras este requisito, proclamada reina de Castilla.

Las Comunidades poseían ejércitos con enseña propia y capitanes designados por ellas; milicias concejiles que seguían el pendón propio del Concejo. Naturalmente que el jefe supremo de los ejércitos era el Rey, a cuyas órdenes, o de la persona en quien delegara su mando, actuaban los capitanes de las milicias concejiles. Muy importante fue el papel de las mismas en la lucha de la Reconquista y destacado el que desempeñaron en aquella decisiva batalla de las Navas de Tolosa y conquistas andaluzas. Por último, los Concejos tenían una ciudad o villa como capital: centro jurídico - administrativo, económico y social de la Tierra.

Sánchez Albornoz, en repetidos textos, ha escrito también con su característica brillantez, la grandeza histórica de la Extremadura castellana y de sus comunidades concejiles: “La repoblación de entre Duero y Tajo – dice – facilitó el nacimiento de una red fortísima de pequeños y grandes Concejos que se dividieron toda esa basta zona, no menos extensa que la comprendida entre el Duero y las Sierras cantábricas. Las comunidades contrapesaron la potencia económica y política de los magnates y de la clerecía; los núcleos urbanos que les sirvieron de centro vital fueron cada vez más populosos y se hallaron al frente de extensísimos términos municipales, poblados de aldeas; y ningún señorío del Reino se les pudo equiparar en población y en fuerza militar y económica ni logró organizar una milicia capaz de acometer las aventuras heroicas que llevaron a cabo, hasta en Andalucía. En Castilla esa apretada red de grandes concejos vino a sumar nuevas y poderosas masas de hombres libres y propietarios a los que habían surgido al norte del Duero a raíz de la primera repoblación de los siglos IX y X. Y así se constituyó una extraña comunidad histórica alzada sobre una amplia base democrática, un pueblo único en Europa y en España. Sí, también en España. León tenía el terrible peso muerto de la Galicia señorial y el señorío había triunfado, así mismo, en Asturias y hasta en los llanos leoneses situados al norte del Duero. En Aragón, las zonas comuneras no lograron superar a las zonas señoriales en que las masas labradoras se hallaban en condición servil. Y en la Cataluña feudal era aún menor que en Aragón la población no sojuzgada por la dura garra de los señoríos laicos y eclesiásticos. Sólo el País Vasco, tan unido a Castilla por lazos de sangre y de historia, se hallaba, también, organizado democráticamente”.

Inocente García de Andrés
Socio fundador de tierra CASTELLANA
Miembro fundador de Comunidad Castellana.

Ser y Razón de lo Castellano (3 de 7): La personalidad del pueblo castellano

La personalidad de un pueblo se expresa en sus instituciones y formas de vida. Castilla ha sido definida como comunera, democrática y foral. Esto se hace palpable en sus instituciones socio-políticas esenciales que son las Merindades y las Comunidades de Ciudad o de Villa y Tierra, de las que hablaremos seguidamente.

Al norte del Duero, los castellanos de la Castilla condal vivían una vida comunal en su Merindades y Behetrías, en aldeas libres, comunidades locales autonómicas con personalidad jurídica propia indudable, expresada en sus concejos abiertos, que poseían colectivamente los prados, montes, aguas, etc.

Naturalmente, la Castilla norteña del siglo X llevo este modelo a los vastos territorios de la Extremadura – al sur del Duero -, pero modificándolos por razones espacio-temporales y creando, a su vez, nuevas instituciones populares que reproducen, en muchos aspectos, lo que fueron sus viejas estructuras celtibéricas sobre ese mismo territorio: las Comunidades de Villa y Tierra o Concejos de Villa y Aldeas.

Efectivamente, superada por Castilla la vieja frontera del Duero y encontrándose al sur de dicha frontera otras circunstancias socio-políticas y espaciales, comienza la tarea de asentamiento y repoblación que queda reflejada en los Fueros de los siglos XI y XII.


En esos cien años se rompe definitivamente la dualidad urbano-rústica y acaba implantándose con éxito el modelo concejil más evolucionado, que tiene su origen y sus raíces en la Castilla norteña de las Merindades: El Concejo de Villa y Aldeas o Comunidad de Villa y Tierra.

Ciudades o Villa – cabezas – se ensamblan con las aldeas y lugares de sus respectivos territorios jurisdiccionales (alfóz, término, tierra) y se funden en un todo orgánico. La integración entre lo rural y lo urbano se hace a través de las colaciones o parroquias de la capital, vertebrándose el territorio en demarcaciones administrativas a modo de distritos urbano-rústicos.

Este es el origen y significado de las circunscripciones territoriales conocidas con la denominación más corriente de sexmos, y otras más singulares de cuartos (Buitrago), quintos (calatañazor), sexmas (Molina de Aragón), ochavos (Sepúlveda).

Esta peculiar organización administrativa del territorio municipal, primero en distritos urbano-rústicos y, después, desdoblados en las componente urbana y rural, aparecen en las Extremaduras de León y sobre todo de Castilla, al sur del Duero y hasta el Tajo.

Es sobre todo en la Extremadura castellana – provincias actuales de Soria, Segovia, Ávila, Madrid, Guadalajara y Cuenca (en su zona serrana y alcarreña), donde los Concejos o Comunidad de Villa y Aldeas o Tierra, adquieren su particular significado y protagonismo.

Es verdad que no hay una delimitación tajante y que existen zonas de transición e influencia, al menos las colindantes, como la Extremadura leonesa, algunas zonas de Aragón y del reino de Toledo. Se puede hablar, sin embargo, de las Comunidades de Villa y Tierra como algo propio y peculiar de Castilla, ya que es en su área donde cuaja este tipo de institución con más perfección y amplitud; pudiéndose afirmar, igualmente, que es desde Castilla de donde se lleva a estas otras zonas de los reinos de León y Toledo.

Ello nos permite, así mismo, hablar de las Comunidades de Villa y Tierra como de instituciones fundamentales que, juntamente con las Merindades de la Castilla norteña, conforman y expresan la personalidad del pueblo castellano.

Inocente García de Andrés
Socio fundador de tierra CASTELLANA
Miembro fundador de Comunidad Castellana.

Ser y Razón de lo Castellano (2 de 7): El espacio físico castellano

Ser y Razón de lo Castellano (2 de 7): El espacio físico castellano


No se puede confundir a Castilla con la Tierra de Campos o con la llanura Manchega. El tópico de la inmensa llanura castellana carece de sentido real; esas llanuras no son castellanas. La Tierra de Campos - como dijera el historiador portugués Oliveira Martins- es la base geográfica del reino de León. La llanura manchega, pertenece al reino de Toledo. Castilla no es la meseta o la llanura inacabable y monótona, sino una tierra primordialmente montañosa y serrana, quebrada y diversa.

El país que en los viejos romances se canta como Castilla la gentil y que alienta en la literatura genuinamente castellana, como el poema de Mío Cid, el de Fernán González, las estrofas de Gonzalo de Berceo, el Libro del Buen Amor o la serranillas del Marqués de Santillana.

En efecto, el suelo de Castilla la dista mucho de ser una dilatada e interminable planicie, y es éste uno de los más altos falsos conceptos que sobre nuestra región se están continuamente propagando. Castilla encierra en su seno varios de los nudos montañosos más abruptos de la Península ibérica y en nuestro territorio se hallan las altas fuentes del Ebro y del Duero. A manera de espina dorsal cruza toda la superficie de la región la cordillera ibérica, que la atraviesa de norte a sur incluidas las serranías de Cuenca, y penetran en ella las otras dos cadenas montañosas, cantábrica y carpetana, ocupando la primera terrenos de las provincias de Santander y Burgos y atravesando la segunda la parte meridional de las de Segovia y Ávila. El territorio ofrece, como consecuencia de esta variedad de montañas, un relieve bastante complejo, comprendiendo abruptos nudos de cordilleras, una red de barrancos y cañones por la que, entre altos páramos, circulan los afluentes del Ebro y el Duero, valles profundos de altas y verdes praderas y hondonadas peladas abiertas entre las peñas. Los páramos se superponen unos a otros, como los peldaños de una escalera; son, a veces, de algunos kilómetros de extensión; pero hasta en los parajes más llanos hay siempre una colina, una escarpada o un valle inmediatos. Es decir, no hay grandes llanuras en Castilla, como ocurre en el reino de León y en la Mancha, pues en cualquiera de los lugares de Castilla se halla presente la correspondiente cordillera, alzando sobre el país sus cumbres.

Altas cumbres de los picos de Europa, en Santander. Altas cumbres en el macizo montañoso entre las provincias de Burgos, Logroño y Soria, en la zona que se puede considerar el corazón de Castilla la Vieja: Picos de San Millán, de San Lorenzo o Picos de Urbión, algunos de los cuales superan los dos mil metros de altura, Sierras de los Siete Infantes de Lara, de la Demanda, de Neila, de Cebollera, del Almuerzo.

El tercer grupo de montañas de nuestra región se halla en la provincia de Ávila, de la que ocupa la parte meridional. El núcleo principal en la sierra de Gredos, de la que derivan la sierra de Ávila y las Parameras, con cumbres que superan igualmente los dos mil metros, entre los que destaca Pico Almanzor.

Aun hemos de hablar del Sistema montañoso central: Sierras de Guadarrama, Ayllón y Pela, en las provincias de Segovia, Madrid, Soria y Guadalajara, con altas cumbres como Peñalara, Pico Lobos, Ocejón o Alto Rey.

La cordillera ibérica, finalmente, con cumbres como el Moncayo al norte, y Serranías de Tierra de Molina o de Cuenca al Sur.

Concluyendo podemos decir que Castilla es fundamentalmente un país montañoso, donde nacen los ríos: Ebro, Duero, Tajo, Júcar. Castilla no es la cuenca del Duero, como algunos pretenden. Hay un viejo dicho de la Castilla norteña que dice: ¡Ay, Ebro ladrón, que naces en Castilla y riegas Aragón! Efectivamente, el Ebro nace en tierra castellana, la Montaña de Santander, y recorre el norte de la provincia de Burgos y atraviesa la provincia de Logroño; un total de más de ciento ochenta kilómetros de recorrido por tierra castellana, antes de entrar en Aragón.

Inocente García de Andrés
Socio fundador de tierra CASTELLANA
Miembro fundador de Comunidad Castellana.

miércoles, enero 16, 2008

Ser y Razón de lo Castellano (1 de 7): Introducción

El pueblo castellano ha perdido la memoria de su verdadero pasado y la conciencia de su personalidad, e ignorándose a sí mismo permanece enajenado, a disposición de todos los expoliadores, entre los que ha ocupado un lugar preferente el Estado español en sus diversas versiones históricas. Finalmente, hemos asistido a su desmembración en siete trozos en estos años de la democracia y las comunidades autónomas: La Montaña Cantábrica; el territorio castellano de Castilla y León, de Castilla La Mancha, de Cáceres; la provincia de Madrid, La Rioja, y la comarca de Requena-Utiel en la actual Valencia.

No faltó una fuerte oposición, especialmente en la provincia de León y también en la de Segovia, que fue ignorada en los últimos días de la UCD en el caso de León. En el caso de Segovia, fue más grave. A pesar de que el pronunciamiento de los ayuntamientos fue contrario a su integración en la Preautonomía de Castilla y León, fue integrada en dicha autonomía por Real Decreto de Felipe González apenas tomó posesión del Gobierno por el Partido Socialista, alegando el interés del Estado: Había que cerrar, de la forma que fuera, el proceso de la configuración autonómica.

La voz de movimientos castellanistas, especialmente de Comunidad Castellana, se levantó clara y diáfana reclamando tiempo para la recuperación de la conciencia, sin que las prisas por solucionar el problema Vasco y Catalán tuvieran que precipitar las cosas. Para que un pueblo viva es necesario que recupere la conciencia histórica, base de su identidad.

Una constante básica del pensamiento de tierra CASTELLANA, siguiendo a los más clarividentes regionalistas castellanos representados por Luis Carretero Nieva y su hijo Anselmo Carretero Jiménez, es la tesis de que León y Castilla son dos identidades diferentes. No hay que olvidar nunca que Castilla es la palabra que surgió para dar nombre a una nación engendrada en el seno del reino de León y emancipada después de su poder. No hay que olvidar que Castilla se agregó nuevamente al reino leonés y que volvió a separarse de él varias veces. No hay que olvidar que Castilla es la palabra que sirvió posteriormente para designar a un conjunto de pueblos y reinos agregados, pero cometiendo la impropiedad de aplicar al todo el nombre de una parte, cuando se llama Castilla a la Corona de Castilla que abarcaba el reino de León, con Asturias y Galicia y Extremadura; el reino de Castilla con los Señoríos de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava; así como los reinos de Toledo, Murcia, Jaén, Granada y Sevilla, etc. A todo estos territorios y pueblos se llama frecuentemente Castilla, sin embargo se está hablando de la Corona que los engloba a todos (las Coronas unidas de Castilla y León).

Castilla necesita descubrir su ser y razón. Despertar al conocimiento de nosotros mismos, de nuestra identidad de pueblo. Rescatar nuestra genuina tradición popular y democrática; recuperar la Castilla auténtica y promover su desarrollo cultural y vital. Y, además, desde esa posición, en conjunción igual y fraterna con los otros pueblos de España, llevar a efecto la construcción de una comunidad nacional española cada vez más libre, progresiva, fecunda y solidaria.

La actual división autonómica ha negado a Castilla lo que le correspondía por la Constitución, formar su propia comunidad autónoma, toda y sola Castilla, sin mezclas ni confusiones, con el mismo derecho que las demás Comunidades históricas. Tenía, y tiene derecho, a que se cumpla el precepto constitucional que habla de “proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, culturas y tradiciones, lenguas e instituciones”, como reza la Constitución en su preámbulo; idea reiterada en el artículo 2 que reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que integran España.

La campaña publicitaria en pro de la autonomía de las nuevas regiones castellano-leonesa, Castellano-Manchega, etc. se hizo sin respetar ese mandato constitucional, pues no reconoce el derecho de Castilla a formar su propia Comunidad autónoma, so pretexto de la necesidad de modernizar el país sin perder tiempo en “vanos historicismos”. En tales circunstancias, argumentaban estos modernizadores, la definición de la identidad histórica y del territorio geográfico de la región debía excluirse en aras del progreso ante las necesidades urgentes del desarrollo de la economía regional a nivel europeo.

Sin embargo, la defensa de Castilla – como la de cualquier otra nacionalidad o región histórica- en cuanto entidad autónoma en el conjunto de los pueblos de España, no puede plantearse en términos exclusivamente económicos, presentándola con las ventajas y los inconvenientes de un proyecto financiero. No se puede negociar la identidad y los sentimientos regionales en el mercado político. Los castellanos tenemos derecho a amar nuestra región, y a trabajar por un progreso y desarrollo manteniendo nuestra propia personalidad y cultura.

Inocente García de Andrés
Socio fundador de tierra CASTELLANA
Miembro fundador de Comunidad Castellana.

martes, enero 15, 2008

PRO DERECHOS CONSTITUCIONALES DEL REINO LEONÉS Y DE CASTILLA LA VIEJA

Desde los entornos de convivencia próximos, en las Regiones constitucionales (de la Nación Española y de la Unión Europea) del Reino Leonés (el País de los Leoneses) y de Castilla La Vieja( el País de los Castellanos)manifestamos:

a) El mantenimiento del irrenunciable derecho constitucional que la Voluntad Soberana de la Nación Española nos manifestó, de forma expresa el día 6-12-1978, en el Referendúm Constitucional, en orden a la categorización del Reino Leonés (con sus provincias) y de Castilla La Vieja (con sus provincias), como Regiones de España, con la plena asunción de sus respectivos reconocimientos, de forma plena, y en atención a sus correspondientes garantías de formalización en sendas comunidades autónomas para el Pueblo Leonés y para el Pueblo Castellano.

b) La validez de los votos emitidos, tanto por el Pueblo Leonés como el Pueblo Castellano, en la fecha del 6-12-1978, en y para la aprobación de la Constitución Española, marcan el más amplio respaldo democrático (efectuado de forma totalmente libre), a las Regiones Históricas del Reino Leonés y de Castilla La Vieja.

c) El compromiso público, desde la total y plena vigencia del Reino Leonés y de Castilla La Vieja el día 6-12-1978, en pleno parangón al resto de las Regiones de España, en tan especial, crucial y significativo momento del proceso histórico de España, por mantener nuestros correspondientes apoyos, sin ningún tipo de fisuras, a todo el articulado de la Constitución Española.

d) Nuestra voluntad de hacer presente en ambas Regiones Históricas de España, como son tanto el Reino Leonés como Castilla La Vieja, la plena aplicación del Artículo 2 de la Constitución Española.

e) La constitucionalidad de las provincias leonesas y de las provincias castellanas, que se da por asumida por todos, también implica, la de sus respectivas y correspondientes Regiones matrices, que para el Pueblo Leonés es el Reino Leonés y para el Pueblo Castellano es Castilla La Vieja, tal y como acontece con el resto de las Regiones de España.

f) La Constitución Española en ningún apartado de todo su articulado, tiene manifestación o traba alguna que impida o prohíba la plenitud constitucional del Reino Leonés y de Castilla La Vieja, en tanto y cuanto son Regiones de España y de la Unión Europea.

g) Vamos a actuar, en todo momento, ocasión y lugar, en pro de los derechos constitucionales del Pueblo Leonés y del Pueblo Castellano, y frente a cualquier coyuntura ocasional, cambalache político o menoscabo, en cualquier forma que fuere, del Reino Leonés o de Castilla La Vieja, alzaremos nuestras voces y exigiremos el total cumplimiento de nuestros derechos constitucionales.



Francisco Iglesias Carreño
Partido Regionalista del País Leonés
PREPAL

José Peñacoba Arroyo
Partido Regionalista Castellano
PREC

18 de abril de 2001

jueves, enero 10, 2008

Volveremos a ser campesinos 4

VIAJE AL ABSURDO

La división del trabajo y las producciones hizo nacer grandes regiones especializadas, los cerdos en Bretaña, los cereales en Beauce, la concentración de las ganaderías y el alejamiento de las zonas de producción vegetal que hacen imposible la complementariedad beneficiosa de estos producciones así como su alta rentabilidad.

El ganadero bretón solo sabe hacer montañas de estiércol líquido que producen sus fábricas cerdos. Este " oro negro" podría fertilizar las tierras agrícolas de la cuenda parisina en lugar de los abonos químicos, y recibir a cambio las producciones vegetales para 1a alimentación animal, en vez de las hogazas exóticas y otros P.S.C. que componen un 80% de nuestras importaciones (55 millones de toneladas al año para los ganaderos europeos). Pero los transportes serían, parece, demasiado costosos. Esta es la razón por la que el ganadero bretón utiliza las proteínas de soja de Brasil o la mandioca de Tailandia, a cambio de las cuales el cerealista beauceron (de Beauce) expide a países alejados los contingentes de cereales de los sabe que hacer. Es mucho más complicado, es preciso pensar, pero no se pagan a los tecnócratas para hacer cosas simples, y sobre todo es mucho más rentable para algunas sociedades anónimas que regulan el juego de los intercambios haciendo pagar el altos precios a los protagonistas ciegos de la comedia y prorrogando los desórdenes y los costos sociales, paro, escasez, excedentes, contaminaciones, déficit de la balanza comercial, sobre la colectividad de los contribuyentes. Sin olvidar las campañas de caridad pública para volver a dar algunas migajas a los que han organizado tan bien la penuria.

A parte de eso, nuestra alimentación no es cara, como lo dicen con un tan bonito coro los "observadores" económicos y políticos. Lo que es muy costoso en cambio, son las medidas de apoyo de sistema, que afortunadamente no figuran en los mismas estadísticas...

El GATT (6) vela para que esta maravillosa máquina fabricar rehenes económicos pueda seguir funcionando, guardando bien seguro la mejor parte para el Tío Sam, como lo ilustran sus tentativas actuales de hegemonía sobre el sistema alimentario mundial por medio de 1a Ronda de Uruguay. Por ello se impusieron progresivamente < circuitos largos >, devastadores de espacio y entorno, donde se ve a los alimentos hacer tres veces la vuelta de la Tierra antes de llegar al plato del consumidor europeo (espárragos de Perú, pepinillos de Sri Lanka, zanahorias de Turquía, soja de Brasil, judías de la Africa subsahariana, miel de China...) Esta situación es explosiva ya que debilita exceso los sistemas alimentarios de todos los países, del nuestro incluso. No solamente dependemos de una única energía, el petróleo, sino comprometemos o abandonamos progresivamente nuestras herramientas de producción en favor de países alejados que pueden dejar de la noche a la mañana de abastecerlos. ¿Cuánto tiempo será preciso para reconstituir las explotaciones agrarias necesarias, y lo que es que costará si de un único golpe debemos encontrar nuestra autonomía de subsistencia?

Es a la vez la seguridad alimentaria y la paz civil que se cuestiona en tales derivas, si continuamos a mecernos en ilusiones en cuanto a la infalibilidad de nuestro sistema. Sin olvidar el número creciente de los excluidos del progreso, que hacen que pronto las muchedumbres sin rentas bordearan montañas de mercancías sin mercado. Es la parada inevitable delante de la cual se romperán las locas ambiciones de la minoría egoísta de los especuladores financieros.

En una economía agrícola respetuosa de los hombres y territorios, la política urgente sería reconstituir los circuitos cortos, al menos para lo esencial de nuestras necesidades. El sistema de aprovisionamiento actual es una aberración consecuencia de una competición internacional suicida. Es incontrolable y perjudicial para los recursos energéticos del planeta. Su costo social es insoportable: energía, transportes, conservación, largos almacenamientos, embalajes especiales, alteración de la calidad, contaminaciones múltiples... En Francia se pudo medir su vulnerabilidad. ¡La huelga de los camioneros en el verano de 1992 ha estado a punto de instaurar el hambre en ocho días, en un mundo reputado de abundancia! No es normal que nuestros productos alimenticios, nuestros bienes esenciales, estén producidos al otro extremo del mundo, cuando podemos y debemos producirlos en casa, en condiciones económicas y ecológicas bien más satisfactorias, mientras que ponemos las tierras en erial y los hombres dejan en barbecho... Una región debe poder producir lo esencial de las necesidades de su población, sin ir a expoliar, por multinacionales interpuestas, los recursos vitales del pueblo del Tercer mundo, del que las mejores tierras sirven fabricar nuestros excedentes, mientras que dejamos los nuestras en barbecho.

Podríamos así encontrar un equilibrio y una seguridad, mucho mejor que en objetivos obsesionales de monocultivo e importaciones. Estas orientaciones conducen uniformar los sistemas destruyendo todo el tejido microactividades necesarias la vida de una región, no promover más que algunas grandes producciones especializadas que no solamente absorben la mayor parte de las ayudas públicas (subvenciones), pero que, bajo el pretexto de ser competitivas, suprimen al mismo tiempo los empleos. Lo que no les impide ser rápidamente fragilizados y desestabilizados por la competencia mundial, como fue el caso de la metalurgia, de la viticultura en otro tiempo, el pastoreo y los cereales hoy día... En lengua campesina, se llamaba a esto " poner todos los huevos en la misma cesta".

Esta cesta, los campesinos de hoy, hiperespecializados y tan dependientes como los urbanícolas, van a llenarlo al supermercado de la ciudad, con quizá los espárragos de Perú, la miel de México, la mantequilla de palma tailandesa, los fresas de Chile, las judías de la África subsahariana, el leche en polvo y la oveja neozelandesa, etiquetada " cordero de Sisteron".
La historia que me dijo el profesor Mathé ilustra con humor las absurdidades de la situación. Hace algún tiempo, un accidente banal causó de importantes desgastes y un bloqueo prolongado de la circulación en la región parisiense. Un semirremolque procedente de Holanda, cargado de tomates para España, tomó en contrasentido un ramal de la autopista del Sur. Entró en colisión con un semirremolque español, cargado de tomates para Holanda... ¿Quién gana en esta persecución cruzada, esta noria de camiones, que unas veces transportan sobre millares de kilómetros géneros que pueden ser producidos localmente, y que otras veces los retoman para retransportarlos lejos, en forma de basuras domésticas, en vez de reciclarlos in situ?

Este sistema antieconómico, antiecológico e antisocial subsiste porque la sociedad prefiere cerrar los ojos sobre las consecuencias de estas prácticas, que vamos a deber pagar mañana a alto precio después de haberse negado a asumirlos hoy a su costo real. Y también porque no tenemos el valor de reformar prácticas altamente nocivas e inútiles, que hipotecan nuestro futuro y el de nuestros niños.

Es una verdadera carrera contra el reloj que es necesario comprometer, en el momento en que constatamos sobre los grandes relojes de la Historia que la deforestación avanza al ritmo de 25 hectáreas al minutos, que el desierto absorbe una hectárea cada cuatro segundos, o sea el equivalente anual de un territorio como Bélgica, que los campesinos desaparecen por millones cada año, una explotación cada treinta segundos en el mundo, todos los cuartos de hora en Francia, mientras que en el mismo tiempo la población mundial aumenta en tres individuos todos los segundos... una China cada diez años (según Cousteau).

Por supuesto este catálogo de desórdenes no tiene solamente por respuestas las soluciones técnicas. Si bastara con remediar técnicamente los males que nos abruman, seríamos muy eficaces y muy felices hoy. Pero la crisis hunde sus raíces en el alma humana, y son en primer lugar los desórdenes del corazón del hombre, y su cabeza lo que es preciso cuidar. Rehabilitar la función de campesino, cesar de vaciar los campos para llenar suburbios superpoblados, donde se desarrollará pronto un nuevo terror de los bárbaros a imagen de la sociedad americana, donde la coronación del progreso será a fin de cuentas <>; ¡sublime éxito de lo que se denomina aún la civilización!... " los hombres son como las manzanas, cuando se los apila, se pudren... ", decía Mirabeau. Es una reflexión a meditar.

Parece en cualquier caso indispensable proponer otros objetivos que la carrera por la posesión y el consumo de bienes materiales. Puesto que el hombre, se dice, es un animal social capaz vivir y morir como héroe por el reconocimiento social, mostrémosle que existen otros elementos de valorización personal a través de bienes inmateriales como la belleza de una obra, la calidad de la vida, el respeto de otros, la amistad, la solidaridad, la fiesta, la felicidad de ser útil... Todos estos valores antes vinculados tradicionalmente a la tierra pueden reconquistar juventud incapacitada, mayoritariamente en busca de absoluto, de ideal y de hazañas.

Quizá podemos proponerle el nuevo concepto de 1ª < Inteligencia verde (7) > como horizonte ampliado de creatividad, acción humanitaria, protección de la naturaleza, de gestión de los recursos... La Inteligencia verde, es la vez 1a inteligencia de lo viviente, gran motor universal que manifiesta la planta verde, con los todos recursos inexplorados e inexplotados que nos ofrece de manera duradera y reproductible. A título de ejemplo, a penas se conoce el 10% de las especies vegetales del planeta , muchas de las cuales poseen aptitudes y virtudes incomparables para el progreso y el bienestar de 1a humanidad, así como nos lo demuestren magistralmente los investigadores inspirados como Jean-Marie Pelt, Michel Bounias, Rémy Chauvin, Jacqueline Bousquet... La " inteligencia verde", es también la de los agri -innovadores y de todos los que sabrán trabajar de acuerdo con la naturaleza " sol-agua-suelo-plantas - microorganismos ", los que sabrán descubrir y valorizar los recursos renovables de nuestro medio ambiente, los que sabrán transformar la tierra en un jardín inagotable, como, quizá, el de los orígenes de los que nos hablan con delicias todos los cuentos, las leyendas y las religiones.

La primera condición, es que todos los adultos conscientes de las amenazas que pesan sobre la vida terrestre estén animados por el mismo sentimiento de responsabilidad colectiva y se unan para participar en una obra pedagógica de reconciliación con la naturaleza, con la vida, con el orden cósmico... Un reto que coloca el amor en el centro de toda realización y ambición humana. Una clase de desafío donde se haría jugar de alguna manera el poder del amor contra amor del poder (8).

Este término de amor en el sentido de compasión parece muy ingenuo, o incluso pasado de moda, en el mundo de 1a eficacia tecnológica, del arma nuclear, de la competición de los tipos de cambio. No tengo aquí el discurso de una noticia lección de moral ni de una generosidad decente, sino solamente creo tener un razonamiento lúcido.

Los profetas bíblicos no han inventado nada. Ellos no han hecho más que observar 1a historia humana de su época, que se repite invariablemente como una serie de hipos. Mi convicción profunda es que si queremos salvarnos y salvar el frágil esquife sobre el cual estamos embarcados, debemos actuar todos juntos, los unos para los otros, y no en una confrontación fratricida de todos contra todos, como los marineros de un buque que pronto habría hecho ir al naufragio. Con todo estamos en esta situación paradójica: más va mal esto, más nuestro instinto egoísta nos arrastra a una fuga ciega y prepara nuestra pérdida creyendo sacar partido del asunto en detrimento de nuestros semejantes.

Sin hacer referencia a la sabiduría innata de las comunidades primitivas, cuya cohesión reflejaba la solidaridad del grupo, interroguémonos sobre la salida de nuestra guerra económica que sacrifica caiga quien caiga todos los recursos vitales del planeta para 1a instauración o el mantenimiento de los poderes efímeros de algunos grandes primates retrasados. Las reflexiones más pertinentes, los esquemas más rigurosos, los programas más brillantes de 1a inteligencia humana para solucionar la crisis actual no pueden conseguir sin una condición esencial, es que cada uno respeta las reglas del juego. Ahora bien esta es precisamente la causa principal de las crisis y el mal profundo de los que sufre la sociedad moderna: 1a ausencia de solidaridad nos inclina no jugar el juego y, situación agravante, cuando todo el mundo engaña, se puede esperar a que el juego se convierta en un juego de masacre.

Esta es la razón por la que no hay otra salida que de encontrar estos valores que hacían antes la cohesión espontánea de las comunidades campesinas y su sentido común del interés general: solidaridad, responsabilidad, cooperación, respeto del próximo como de si mismo. ¡He ahí porqué volveremos a ser campesinos!

(6). General Agreement on Tariffs and Trade, conjunto de acuerdos interacciónales impuestos por los países ricos para la libre circulación de mercancías, cuyas consecuencias son desastrosas sobre el conjunto del plan. En realidad, se trata de la más formidable empresa de exacción contra los derechos del hombre, bajo 1a apariencia virtuosa de la libertad de los intercambios. Es la destrucción de las economías locales para 1a extensión incontrolada de las multinacionales. Una red internacional de resistencia se constituyó bajo la sigla de la ALIANZA, cuya side para Francia es: la Alianza Campesinos, Ecologistas, Consumidores, 53, calle de Renaudes 75017 París - telf.: (1) 42.67.04.11.
(7) Ideas desarrollada por primera vez por F. Plassard en las Conversaciones de Millangay, coloquio sobre e1 futuro del mundo rural, en septiembre de 1992.(8). Fórmula muy bonita de Nicou Leclercq para la edad de Acuario.

PHILIPPE DESBROSSES,NOUS REDEVIENDRONS PAYSANS,Editions du Rocher 1993

ISBN 2-268-01569-6

Pp 222-227

Volveremos a ser campesinos 3

LA TIERRA

Para la tercera edición de este libro, cuya escritura me ha sido inspirada al final de los años setenta y cuya presentación he madurado hasta 1987, quiero añadir de manera más precisa lo que es mi convicción profunda, y que compruebo cada día el sentido premonitorio.


En la actualidad, en julio de 1993, constato que no tengo nada que cambiar, a los pronosticos del texto original. Las derivas anunciadas se han amplificado y vuelven más evidente esta necesidad: volver a ser campesinos, si queremos evitar el Apocalipsis alimentario.

El futuro de la tierra, y por consiguiente el porvenir del mundo vivo, dependen de la capacidad de los ecosistemas para producir, manera duradera, los flujos de energía necesarios la alimentación de las especies, de 1o infinitamente pequeño al más grande de los mamíferos. La primera necesidad es la nutrición, de la que el agua potable es un elemento mayor. La calidad de la comida y la calidad del agua deben responder a las exigencias fisiológicas y biológicas de los seres vivos. Ellas dependen de nuestras aptitudes para preservar los recursos, en primer lugar de nuestros métodos de producción agrícola. Ahora bien no sabemos más que muy pocas cosas del medio en el cual vivimos y de sus interacciones. En lengua sabia se llama eso <> Nosotros no conocemos casi nada de las relaciones de la planta con suelo. Conocemos menos aún las relaciones de las plantas entre ellas. Solo tenemos algunos conceptos insignificantes sobre la sociología de los insectos, sus relaciones con las plantas y con los pájaros. Comenzamos solamente e enfocar el concepto de equilibrio de los agro-sistemas y las relaciones de causa efecto entre las calidades de un suelo y salud de los seres que lleva. En esta interdependencia, ¿es el suelo el que hace la planta o la planta la que hace el suelo, o quizá los dos la vez? ¿Es que una planta empuja bien porque no está enferma... o es que no está enferma porque empuja bien ? (3)En otros términos, ¿es necesario rodearla permanentemente con un arsenal medicamentoso con carácter preventivo? ¿O es necesario más bien aumentar su resistencia natural por un equilibrio alimenticio conforme sus necesidades? Tantas cuestiones que requieren otro enfoque, otra manera de administrar tierra, otra agricultura.

La agricultura es la más importante de las actividades del hombre sobre la tierra, incluso si la confusión intelectual de nuestro tiempo conducido a esta, por ignorancia o por codicia, arruinar esta base esencial de su existencia. Toda vida sobre tierra se basa en la planta verde (4), que es de 1a energía solar condensada. Pero en realidad la planta verde tiene también otras funciones vitales que 1a alimentación de las otras especies. Juega de un papel entre las sustancias minerales groseras de la tierra y los mecanismos sutiles de la atmósfera. Liberación de oxigeno, fijación y almacenamiento del carbono libre (CO2), reglamento hídrico del entorno por evapotranspiración, proteosíntesis, fijación del nitrógeno atmosférico, formación del humus, verdadera piel viva del suelo... La planta verde juega un papel purificador en el ciclo del agua y en la calidad del aire que respiramos. Participa en la regulación del clima: higrometría, régimen de vientos, erosión, desertización.

En efecto, se observa desde hace treinta años: todos los esfuerzos tendieron disociar las plantas cultivadas de la naturaleza, hasta el paroxismo del cultivo hidropónico o " cultivo sin tierra", que es un despilfarro organizado. Con medios desproporcionados: se produce una caloría de energía consumible gastando 500 calorías de energía fósil. Y la cima de la absurdidad reside en el hecho de que se ponen, al mismo tiempo, millones de hectáreas de tierras fértiles al paro a causa de excedentes. ¿Quién paga para estas inconsistencias, si no la colectividad?
Todas estas divergencias traducen perfectamente el mal de nuestra sociedad moderna, librada a la economía mercantil, completamente dominada por la especulación donde el único valor contabilizable es el dinero. El dinero considerado por la moral burguesa como elemento esencial de respetabilidad, cualquiera que sea la manera de ganarlo. A esta perversión se añade la confusión intelectual resultante de los conceptos de la ciencia analítica que solo conoce lo que es mensurable y disociable respecto a estos instrumentos. Eso nos da una especialización exceso y la disociación de producciones antes complementarias, como la agricultura y 1a ganadería, los cereales y las leguminosas, las producciones de víveres y el equilibran demográfico de los territorios...

La llegada del tractor sonó el tañido del equilibra agro-silvo-pastoral, conduciendo al matadero contingentes de millones de caballos a partir de la Segunda Guerra Mundial. La desaparición de estos animales liberó de un único golpe 38% de las superficies cultivadas, más de un tercio del territorio, antes consagrado la producción de energía para la tracción animal (heno, avena, paja)... " Es como si, explica Jean-Pierre Berlan (5), se hubiera de un solo golpe descubierto un continente entero en la segunda mitad del siglo XX, explotable inmediatamente..."

En los Estados Unidos (nuestro modelo ideal), se buscó rentabilizar estas superficies disponibles estableciendo un nuevo cultivo que no entraba en competencia con las producciones tradicionales de cereales (trigo, maíz). Fue la llegada de la soja, planta resultante del continente asiático que tomó un desarrollo considerable, al punto convertirse en indispensable allí donde algunos años ella era aún desconocida.

El éxito de la soja no es el fruto de la casualidad. Esta planta rica en aceite es una leguminosa que se integra perfectamente en las rotaciones de cultivos, sin perturbar las cosechas, puesto que los períodos de madurez son diferentes, y sobre todo sin competir con el mercado de los cereales, puesto que la vocación de la soja era en primer lugar producir materias grasas vegetales alimentarias. La naturaleza de los métodos de extracción necesarios su utilización hizo una planta privilegiada de la industria, su paso obligado por tecnologías costosas hizo un instrumento de soberanía del sector industrial. Lo que aumentó su poder y permitió el desarrollo de verdaderos imperios. Muy rápidamente, la presión de estos grupos de presión ante el Congreso y el Gobierno de Washington entrama una serie de decretos, de medidas de desgravación, que privilegiaron la utilización de las materias grasas de origen vegetal en detrimento de los materias grasas animales tradicionales, leche, mantequilla, crema...

Pequeña anécdota: una información ampliamente recogida por la prensa mundial especializada, bajo la tutela de los industriales del aceite, fue el <> de un investigador soviético que denunciaba la responsabilidad de la mantequilla y la leche en la formación del colesterol. Hoy sus afirmaciones se baten en retirada por los científicos independientes de los grupos de presión aceiteros, que aconsejan al contrario consumir razonablemente mantequilla para favorecer el buen colesterol, pero la publicidad funcionó a manera de un lavado de cerebro para varias generaciones.

A este nivel de 1a historia de la agricultura moderna, el lector va a comenzar comprender 1a amplitud de las metamorfosis de nuestro sistema alimentario y la increíble dependencia y vulnerabilidad de la cual es objeto. Ante esta competencia insoportable de los potentes fabricantes de margarinas, mantequillas vegetales y otros sustitutos de la verdadera mantequilla, la verdadera leche y el verdadero queso, el último eslabón de independencia y autonomía se pasó de rosca. Los rebaños lecheros de rumiantes pastando y valorizando aún las fibras de los prados desaparecieron, encadenando la desaparición de la fertilización natural de los suelos y la reconversión de los prados en tierras desnudas libradas a la intensificación y a 1a erosión. Como se puede comprender, los campesinos no dudaron demasiado en abandonar las ganaderías que quedaron poco rentables y extremadamente vinculantes para sustituirlos por monocultivos estacionarios, que tienen la ventaja de no ocuparlos sino tres meses en al año. En Francia, antes de la crisis, se ironizaba sobre el ciclo de las <> , Mégéve-Mais-Méditerranée, modelo favorito de las grandes explotaciones cerealistas de la cuenca parisina, que transponían así el modelo americano importado en Europa después de la guerra por el plan Marshall...

La ruptura total del ciclo natural y la división de las producciones como tantas funciones extrañas las unas a las otras no dejaron de desarrollarse desde esta revolución silenciosa de la colonización de la agricultura por la industria.

Fue necesario comprar a1 exterior el carburante para abastecer las máquinas, esto fue la primera etapa del sometimiento de la agricultura. Fue necesario comprar simultáneamente los abonos industriales para sustituir al abono de los animales ausentes, fue la segunda etapa de esta dependencia... el otros se encadenaron en consecuencia. Estas modificaciones de las prácticas culturales acarrearon un debilitamiento de los sistemas, con la aparición de mayores parasitismos que, su vuelta, necesitaron el uso sistemático de un arsenal de pesticidas cada vez más sofisticados. Y, hoy, la apropiación de las semillas de la tierra, patrimonio público transformado en bien privado por un puñado de multinacionales, completa la obra de dominación adoptada desde la llegada de la agricultura industrial.

(3) F.Chaboussou. Santé des cultures, Éditions Flammarion, Paris.

(4) J.-M Gatheron. Servitude et grandeur paysanne, Éditions Jeheber, Genève, Paris
(5). Ingeniero, encargado de investigaciones la sección socioeconómica de 1' INRA.

PHILIPPE DESBROSSES,NOUS REDEVIENDRONS PAYSANS,Editions du Rocher 1993

ISBN 2-268-01569-6


Pp 219-222

Escudos de los Reinos de Castilla y Toledo

martes, enero 01, 2008

LA CASTELLANIA DE SANTANDER

La publicación del proyecto de Estatuto de autonomía para Cantabria aconseja una nueva reflexión sobre aquella cuestión de si la provincia de Santander es, en sí misma, un territorio histórico diferenciado o, por el contrario, es nada más y nada menos que una parte integrante, y fundamental, de Castilla, vieja nación, hoy nacionalidad o región histórica, de acusada personalidad en el conjunto de los pueblos que forman España.

El proyecto de Estatuto, para acoger a la provincia de Santander, con sus propios límites administrativos, dentro del ámbito del artículo 143 de la Constitución, se ve obligado a proclamar, en su articulo 1.0, en relación con el 2.11, que «Cantabria es una entidad regional histórica». Lo cual, Indudablemente, no es cierto. La provincia de Santander carece, a todas luces, de una significación histórica diferenciado que lo permita, constitucionalmente, instituirse por sí sola en comunidad autónoma.

El territorio que ocuparon en la España prerromana las tribus cántabras no es identificable con la actual provincia de Santander, sino que abarcaba, además, importantes extensiones geográficas de las de Asturias, Palencia, Burgos y Vizcaya. Estas tribus no constituyeron nunca una entidad política ni dieron lugar a una conciencia nacional, que sólo aparece, desde los albores del siglo IX, cuando en ese territorio nace el núcleo originario de Castilla, la Castilla Vieja, la tierra de las Merindades,hasta el mar Cantábrico; en una palabra, la cuna de Castilla.

Desde entonces se denomina la Montaña y, todo a lo largo de la historia, es parte esencial y descollante del condado y del reino de Castillo, y de su acervo histórico y cultural. La provincia de Santander no aparece, como circunscripción administrativa, hasta 1833, por efecto de la división provincial de España, ordenada por el arbitrio del poder central. No puede hablarse, seriamente, de que esta provincia, configurada artificiosamente en 1833, sea una «entidad regional histórica».

No obstante, comprendemos que los montañeses sientan el orgullo de sus remotos antepasados cántabros y quieran que su tierra se llame Cantabria. También entendemos su rechazo a ese ente de Castilla-León, de corte isabelino e Imperial, ligado al diseño tecnocrático de la cuenca del Duero, y en el que se sienten naturalmente extraños.

Mejor es que Santander, la Montaña o Cantabria se administre y gobierno con autonomía provincial, que no entrar en ese ente, a ver disuelta su personalidad.

Pero, una vez más, atendamos a la auténtica Castilla; no al híbrido Imperial castellano-leonés. En la Castilla genuina y castellana, los montañeses o cántabros se sentirán en su propia casa. Su misma actitud actual de reclamar la autonomía para su tierra y no dejarse absorber, es típicamente castellana y da fe de su castellanía esencial. Están demostrando que son más castellanos que otros. Porque Castilla no es un país uniforme y centralizador, sino una unión de pueblos y tierras con características propias, con Identidades que a todos los han de ser respetadas.

En esa Castillo plural y diversa, pero solidaria y fecunda, tiene su sitio, por derecho propio, la Montaña de Santander. Cantabria autónoma en Castilla autónoma.

Informativo Castilla nº 8. Abril 1980

domingo, diciembre 30, 2007

EL CASTELLANO EN CATALUÑA

Hecho penoso, y preocupante, es el que se ha producido en la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que parece se pretende la supresión del departamento de castellano y se ha dado lugar a que un grupo de estudiantes de periodismo hayan tenido que formular recurso legal para que se les reconozca el derecho a recibir la enseñanza en lengua castellana.

Lamentable seria que, ahora que nos movemos en una atmósfera de libertad y tanto se habla de solidaridad entre los pueblos de España, nos dedicáramos a ponernos dificultades los unos a los otros.

El catalán es una lengua que merece todo nuestro aprecio y afecto, una riqueza cultural de las Españas; y es justo naturalmente que, superadas las viejas incomprensiones, se impartan enseñanzas en catalán, a los catalanes y a cuantos lo deseen en Cataluña, conforme a los derechos instituidos en la Constitución y en el Estatuto de autonomía.

Pero no por eso hemos de negar ese mismo derecho a los demás: concretamente, el derecho de los castellanoparlantes a estudiar y aprender en su propia lengua. No salgamos de una discriminación para caer en la contraria.

Si nos quejamos, con razón, de antiguas arbitrariedades y abusos contra la utilización del idioma catalán, no vayamos a someter ahora a análogas opresiones o restricciones a los que hablan en castellano.

De los agravios sufridos en el pasado por Cataluña no es responsable Castilla ni los castellanos ni la lengua de los castellanos. Totalmente falsa, no nos cansaremos de repetirlo, es esa imagen y ese prejuicio, tan extendidos, que nos presentan a Castilla como pueblo dominante e imperialista que ha sojuzgado a los demás de España, imponiéndoles por la fuerza su idioma, su ley y su cultura.

La realidad es bien distinta. No ha habido una hegemonía castellana ni un absolutismo o centralismo de Castilla. El centralismo de las superestructuras del Estado español ha oprimido a todos los pueblos de España; y Castilla no ha sido culpable sino víctima: La primera y más perjudicada víctima del centralismo español.

Ya lo reconoció Rovira y Virgili, ese gran catalán: «No fue Castilla la que oprimió a Cataluña, sino la Casa de Austria».

De la marginación sufrida por Castilla dan testimonio, vivo y más bien dramático, los miles y miles de castellanos que se han visto forzados a emigrar a Cataluña, desterrándose, para encontrar el trabajo y los medios de vida que no había en su tierra; y no los había porque los que tenían el poder decidieron que, en lugar de procurar el desarrollo de los pueblos castellanos, era preferible expoliarlos.

Esos castellanos en Cataluña merecen el mínimo respeto de que no se les arrebate su lengua y su cultura. De que, en un marco de verdadera solidaridad española, puedan seguir hablando, pensando y recibiendo la enseñanza en la lengua de sus padres, en el idioma del pueblo a que pertenecen.

Informativo Castilla nº 9. Julio 1980

martes, diciembre 18, 2007

Las dos Castillas y León. Teoría de una nación. (Antonio Hernández Pérez)

Las dos Castillas y León. Teoría de una nación.
Antonio Hernández Pérez.
Editorial Riodelaire . Guadalajara 1982.

En el último número de la revista Pueblo y Tierra ha aparecido una apartado publicitario de este libro, cuyos últimos ejemplares facilita la agrupación nacionalsocialista probablemente conocida por sus tendencias de aquellos que en algún momento se hayan interesados por temas castellanos. Digamos que se trata de una pequeña publicación que contiene una serie de opiniones, elucubraciones y suposiciones difícilmente conciliables con la información histórica disponible sobre el pasado de Castilla, a menos que se hagan verdaderas contorsiones mentales, que es justamente lo que hace el autor desde la primera a la última página.

Intenta el autor fundamentar la tesis pancastellanista - expuesta pero pésimamente argumentada- hoy extendida en pequeños grupúsculos de que Castilla es una nación formada por Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y León, curiosa nación donde el todo coincide con una de las partes. Como es habitual en los partidarios de esta tesis León su cultura, su lengua histórica y otras muchas cosas son negadas y reducidas a un mero apéndice de Castilla. En lo referente al Reino de Toledo, jamás mencionado con ese nombre, sino con la denominación geográfica de La Mancha o de manera más extensa como Castilla la Nueva, sus argumentes y la exposición de motivos es aún mucho más menesterosa y carente de convicción, sin duda el autor, zamorano de nacimiento aunque autoproclamándose castellano, vive muy lejos de allí.

El autor del panfleto pretende argumentar en la línea de una comunidad culturalmente homogénea y etnológicamente idéntica, con explicaciones más bien contradictorias acerca de lo que entiende por homogeneidad e identidad, términos por otra parte bastante difíciles de definir. No escasean las apelaciones de tipo cuartelario al deber de marchar unificados, algo así como los exabruptos de un sargento a los reclutas para que marchen a su voz.

Maneja el autor un concepto de nación basado en principio biológico y racial, que a poco de profundizar quizá se hubiera retrotraído al estilo darwinista, a las hordas de simios; Castilla resultado de la evolución chimpancé. Como gran cosa avanza unas extrañas logomaquias acerca de una contextura temporal y psicológica que no explicita en absoluto. Intenta eso si hacer una clasificación jerárquica de un totum revolutum de genotipo, fenotipo, raza, lengua, tradiciones, religión, instituciones, temperamento, territorio, voluntad y conciencia de singularidad y otra serie expresiones, donde hace primar la raza – a veces púdicamente llamada origen-, y la lengua y según él las tradiciones históricas; en segundo lugar pone instituciones , religión , territorio y un misterioso etc.; clasificación jerárquica tanto más chocante cuanto que lo que considera secundario puede en principio encajar en lo que denomina tradiciones históricas que considera dentro de las características primarias o esenciales; o sea un discurso de titiritero circense.

No obstante lo insólito del librejo es la predominancia de los argumentos racistas; también en Castilla hay racistas, de todo hay en la viña del Señor. En breves palabras desbarra el autor en el sentido de afirmar que la componente humana básica de lo que el dice ser Castilla –que desborda ampliamente lo que con mínimos conocimientos históricos fue Castilla en sentido estricto- es la componente germánica visigoda. Y digo que desbarra porque semejante ocurrencia no merece siquiera el nombre de tesis. Los datos que se poseen sobre los invasores godos son escasísimos y bordean más bien la conjetura que la documentación histórica. El número de invasores visigodos probablemente no llegó al cinco por ciento de la población hispanorromana, se carece de cualquier documento escrito en lengua gótica, ni siquiera se sabe la medida efectiva en que usaban esa lengua después de su secular periplo por Ecandinavia, Báltico, estepas ruso-asiáticas, Imperio Romano, la Galia e Hispania, eso no obsta para que el autor elucubre acerca de las diferencias lingüísticas entre los visigodos de Tierra de Campos y los de Toledo; poco le falta para asegurar que el castellano es básicamente una lengua de origen gótico.

Otrosí aplica la moderna noción de clase social a los visigodos, sociedad trifuncional - como el resto de las sociedades indoeuropeas- a la que conviene más el nombre de estamento o de casta que no la de clase; sociedades por otra parte jerárquicas en donde no es posible considerar la separación estamental sin que desaparezca la organización social. Eso no obsta para que confunda la monarquía neogótica leonesa con el condado y luego reino de Castilla; según el autor la clase alta visigoda fue a León y la clase baja a Castilla, así se despacha tan ricamente y todos visigodos, arios y rubios, vamos que ni Hitler soñó tal paraíso ario.

Entre los recuentos de investigación racista no falta la investigación de nombres de origen gótico, lo que le lleva a conclusiones gozosas de arianidad. Algo así como si hoy día se hiciera una investigación de nombre de origen anglosajón en iberoamérica; en base a tales resultados se concluiría la enorme proporción de población blanca, sajona y protestante, donde efectivamente no hay sino, cholos, mestizos,mulatos, cuarterones, indios y negros.

Como buen racista no deja de abordar el tema de la complexión corporal visigótica, que supone, como no, blanca, grande, rubia de ojos azules y otros tópicos bien conocidos. El problema surge cuando se compara con los tamaños efectivos comprobados en las necrópolis y sepulturas visigodas o supuestas tales, que no responde al tipo previsto; pero todo admite una explicación; nuestro autor afirma que los visigodos perdieron estatura debido al duro clima de la meseta. Según ese razonamiento a su paso por las estepas ruso-asiáticas, de clima mucho más duro y extremado que la meseta ibérica les debió de haber encogido hasta el extremo de acabar siendo liliputienses a pesar de su origen germánico.

Luego se toca el tema de las costumbres de carácter penal como la venganza, la satisfacción del honor mancillado y otras, que supone rápidamente de origen visigodo, pero que los tratadistas de primera línea de derecho medieval, como Galo Sánchez, pone en tela de juicio, en el sentido de que tales prácticas son verosímilmente muy anteriores a la llegada de los godos y tienen un origen no tanto ario como reciamente indígena. Claro que incluso esto no sería totalmente desfavorables a las fantasías del autor, cuando afirma explícitamente que los iberos son de origen nórdico.

Como el panfleto toca todo, no falta una alusión al folklore, concretamente a las danzas guerreras, ampliamente extendidas por toda la península, que, como no, solo pueden tener su origen en el pueblo ario y guerrero visigodo, los demás pueblos de la vieja piel de toro eran pueblos pacifistas e indolentes a los que se las daba un ardite inflarse a bofetadas; aunque sabemos que había hispanos en las legiones imperiales romanas. Muy al revés de lo que supone el autor, de todas las tribus bárbaras de la época de las grandes invasiones la más romanizada de todas eran precisamente la de los visigodos; habían pasado por el Imperio de Oriente, por Italia, por la Galia, y luego por Hispania, durante tres siglos apenas combatieron, eso si los cascaron a base de bien los francos, y luego los sarracenos, y en vista de eso nos cuenta el autor salmodias acerca de su ardor guerrero vibra en nuestras almas. La explicación es clara como el agua, los genes visigodos portaban en si una virtualidad guerrera que los hizo protagonistas de la reconquista, a pesar de su temporal sopor de tres siglos de romanización, epicureísmo hispanorromano, cierto mariconismo soterrado y calma relativa.

De acuerdo a esta explicación genética y racial fueron los visigodos y sus descendientes los héroes de la lucha contra la morisma, los repobladores de las tierras reconquistadas y misioneros de la arianidad. Como la ignorancia es muy atrevida no duda en afirmar que en pleno siglo VIII, época bien conocida por sus estadísticas demográficas, la población cristiana de Cantabria era en un 75% de visigodos, pero no unos visigodos cualesquiera, sino visigodos “puros”, y en Asturias rebaja la cifra al 30 %, al fin y al cabo como dice el autor la raza es una realidad insoslayable; probablemente se refiere a la raza visigoda. Posteriormente nos cuenta el autor que solamente los visigodos tenían empuje para ser repobladores, independientemente de las presuras, las cartas pueblas, las exenciones jurisdiccionales o el botín puro y duro. Lo que no deja de sorprender como un escaso cinco por ciento de la población visigoda que llegó a la península dio para tanto – al menos en la fantasía del autor- guerreros numerosos , repobladores sin límites, que misterios encierran los genes arios.

Si acaso conviene notar que el autor propugna para España un pacto federal, es curioso notar como la ideología liberal del pacto de Rousseau, se da la mano con la ideología racista. Ambas, aunque parezca sorprendente a primera vista, son consecuencias de la Ilustración descreída y racional.

Las restantes suposiciones y cábalas son del mismo o parecido tenor aunque estas son ya confusiones compartidas por otros no necesariamente raceros, así:

* La institución castellana por excelencia: la comunidad de villa y tierra, no coincide con el municipio leonés.

* El Fuero Juzgo visigótico aplicado en el reino de León no era la ley consuetudinaria de Castilla

* Aunque la ignorancia o la indocumentación del autor lo desconozcan, existe una lengua leonesa, minoritariamente hablada hoy día.

* Lo que denomínale autor reino de Castilla y León, es en realidad un conjunto de reinos los que ostentaba su corona un solo monarca : Rey de Castilla, de León, de Granada, de Toledo, de Galicia, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, de las Islas Canarias, Señor de Vizcaya.., de una manera genérica y abreviada conocido como corona de Castilla, a no confundir con el reino de Castilla.

* Fernando III el Santo llega a ser rey de Castilla y de León, lo que no supuso que hubiera ninguna fusión de pueblos, León siguió durante siglos con sus cortes propias, sus leyes, su moneda, su lengua etc.

* El reino de Toledo lo conquista y forma parte de él en sus comienzos el reino de León. El reino de Toledo tenía como legua propia el mozárabe, que como nos recuerda Manuel Criado del Val, influyó decisivamente en la factura del castellano moderno, que tiene enormes diferencias con el castellano original del norte.

* El reino de Toledo, Andalucía y Murcia fueron reconquistados al estilo leonés. Incluso las iniciales y poco duraderas comunidades toledanas eran distintas en aspectos esenciales de las comunidades de villa y tierra castellanas.

* Una lengua castellana cada vez más modernizada –que algunos denominan español- desplazó al leonés en León y al genuino castellano de los orígenes en Castilla.

* Zamora jamás perteneció al reino de Castilla, otra cosa es que perteneciera a la corona de Castilla. Si de una manera muy genérica, lata y desvaída se denomina castellano a lo perteneciente a la corona de Castilla , se podría decir que un zamorano es tan castellano, como un almeriense o un pontevedrés.

* La Castilla total, unificada, racialmente homogénea de 19 o 38 provincias –según los gustos- tiene un sabor de imposición ordenancista y prusiano muy poco simpático..

Solo queda decir que el libro aquí comentado es –no por casualidad- uno de los libros de cabecera de una organización de ideología nazi

lunes, diciembre 10, 2007

FUTURO IMPERFECTO 5. Cont (La Tradición)

El final de la humanidad actual, predicha por la Tradición

La convergencia de las catástrofes y el final brutal de la presente civilización puede deducid irse de la observación experimental de distintos fenómenos, como acabamos de hacerlo. Pero sería deshonesto no mencionar que varias Tradiciones, de los Druidas a los Tibetanos pasando por la India, parecen haber predicho un hundimiento similar, a escala de la humanidad, y que se había ya visto antes, sin que la historia oficial lo mencione. En todas las antiguas tradiciones, vuelve de nuevo la idea que la humanidad conocía edades sucesivas, marcados por catástrofes. Pero la que corremos el riesgo de vivir sería la más grande.
El indianista Alain Daniélou en El destino del mundo según de la tradición shivaita (Alain Michel, 1985) escribe: "Según la tradición shivaita, desde que la Tierra es habitable, ya existieron varias humanidades. Cada una tuvo su período de gloria, de desarrollo técnico, de saber, luego de decadencia, y encontró su final en un cataclismo. Formamos parte de la séptima humanidad. La Tierra ya conoció a seis humanidades sucesivas que desaparecieron, dejando a la humanidad siguiente algunos rastros de su conocimiento y a veces el recuerdo de su gloria. Después del final de la humanidad actual, la Tierra conocerá siete veces aún especies humanas o similares antes de convertirse en inhabitables. Los todos las especies vivas evolucionan como entidades, individualidades. Tienen su gestación, su infancia, su adolescente, su edad madura, su decadencia. ".

Daniélou marca bien la diferencia entre las humanidades que se suceden, y las civilizaciones sucesivas que cada una conoce en su seno. Cree descifrar en los relatos consagrados de los Puranas, la descripción del final de una humanidad que precedió la nuestra, la los Asuras, de hace 60.000 años, y que se asemeja sorprendentemente lo que la tradición shivaita denomina el Kali- Yuga, esto es la Edad Oscura en la cual estamos y que concluirá en la fase terminal de la humanidad presente. No escaparemos la ley de los ciclos, y la visión lineal y ascendente que la modernidad posee de la historia humana, heredada del cristianismo, no tiene razón de ser.

Daniélou escribió: "la historia de los Asuras es a la vez un relato del pasado y una predicción del futuro. Existe un paralelismo evidente entre los acontecimientos, las concepciones religiosas, las ideologías, las teorías sociales y morales que provocaron la destrucción del Asuras y las que, desde el principio del Kali-Yuga, caracterizan a la humanidad actual y parecen deber conseguir la" catástrofe provocada "que, eventualmente les espera". Daniélou considera que las minorías, hoy, pueden rechazar los antivalores que están perdiendo la humanidad actual, y preparar el renacimiento de nuevos valores vitales "lo que podría permitir algunos cruzar el cataclismo y de participen Edad de Oro de la humanidad futura".

Daniélou, al reflejar fielmente los textos consagrados del Shiva, Vishnu y Linga Purana, da del final de los Asuras un relato que se asemeja extrañadamente lo que podría ser el nuestro, en particular, por lo que se refiere a las causas morales de la decadencia.Un falso dios (Aryat, o "destructor de la gente piadoso") comienza por "condenar las castas y los deberes de las diversas edades de la vida". Por todas partes se impone el igualitarismo y la no violencia, este última prohibiendo oponerse a los invasores. La decadencia de esta potente humanidad comenzó así, según este texto que es también una predicción de lo que se repetirá: "el número de príncipes y agricultores declina poco a poco. Las clases obreras quieren asignarse el poder real y compartir el conocimiento, las comidas y las camas de los antiguos príncipes. La mayoría de los nuevos jefes es de origen obrero. Persiguieron a los sacerdotes y a los detentadores del conocimiento ". La función económica y mercantil substituye por todas partes a la función espiritual.
El texto sagrado, citado por Daniélou, prosigue: "se matarán los fetos en el vientre de su madre y se asesinarán a los héroes." Los Shudras podrán comportarse como los Brahmanes y los sacerdotes como los obreros. Los ladrones se convertirán en reyes, los reyes serán ladrones. Los dirigentes confiscarán la propiedad y harán un mal uso de ella. Dejarán de proteger al pueblo. La comida ya cocinada se pondrá en venta [... ] . Grupos de bandidos se organizarán en las ciudades y en los campos. Habrá muchas personas desplazados, errante de un país a otro. Los comerciantes harán operaciones deshonestas. Se rodearán con falsos filósofos pretenciosos [ los que, tranquilizadores y mentirosos, intentan encubrir la decadencia, NDA ]. Todo el mundo empleará palabras duras y groseras y no podrá fiarse de nadie. La gente del Kali- Yuga pretenderá ignorar las diferencias de raza y el carácter sagrado del matrimonio, las relaciones de maestro a discípulo, la importancia de los ritos. Los agricultores abandonarán sus trabajos de labores y cosechas para convertirse en obreros no especializados fuera de casta [ ¿alusión la industria agroalimentaria que sustituye a la agricultura? NDA ]. El agua faltará , los frutos serán poco abundantes. Muchos estarán vestidos de harapos, sin trabajo, durmiendo en la tierra, viviendo como los miserables. La gente creerá en teorías ilusorias. Se venerarán falsos dioses en falsos ashrams en los cuales ahora se decretará arbitrariamente ayunos, peregrinajes, penitencias, donaciones de sus bienes, austeridades, en nombre de pretendidas religiones. "
El texto sagrado precisa a continuación que, constatando esta terrible decadencia de la humanidad de los Asuras, el dios Shiva utilizó un arma de fuego" que destruyó toda vida. Los supervivientes, según del mito, huyeron al "mundo Mahar", es decir al mundo extraterrestre Luego, ellos volvieron de nuevo sobre Tierra, después de haber preservado en secreto ciertos elementos del conocimiento de los Asuras, antes de la trasmitirlos a una nueva humanidad... la nuestra. Que hoy día revive exactamente el mismo fin de ciclo. Todo eso se produjo hace 60.000 años...
Bien seguro, tomamos nuestra distancia con este texto consagrado hindú, que puede dar lugar a locos vaticinios. No obstante, no es ni científico, ni honesto despreciar los textos de las antiguas Tradiciones, y de publicar perentoriamente que "los Asuras no han existido nunca ". Ya que todo mito, como lo mostró Mircea Eliade, se basa en una memoria, en una parte de verdad, incluso transfigurada.
Uno de los discípulos de Daniélou y Eliade, Pierre-Émilie Blairon, dirigente de la muy seria revista tradicionalista Roquefavour, duda de la veracidad de la historia oficial y de su arqueología: "Alain Daniélou retoma la hipótesis de todos los especialistas honestos de las civilizaciones antiguas, es decir que es poco probable, desde que el hombre habita nuestro planeta, que deba ser acreditada la tesis lineal de una única humanidad, que arqueólogos, antropólogos, etnólogos, no dejan de retroceder el nacimiento sin sacar las consecuencias. A saber que las tesis oficiales, en su dogmatismo forzado, se niegan admitir la idea misma que decenas, o incluso cientos de civilizaciones, espiritual o técnicamente tan evolucionadas como la nuestra hayan podido aparecer y desaparecer sin dejar trazas o, cuando estos trazas existen, de negarse a tenerlos en cuenta "(Roquefavour, febrero de 2003)."El mismo autor considera que "la semejanza de las dos decadencias, el de los Asuras y la nuestra, es alucinante. Por ello, podríamos conceder algún crédito a las predicciones de los textos sánscritos que se refieren a la actual humanidad "." Analizando el capítulo 40 del Linga Purana, piensa que esta humanidad actual fallecerá, en tiempo bastante cercano, durante una monstruosa guerra generalizada que no será más que el punto clave de la convergencia de todas las catástrofes en curso, su leitmotiv final. Esta catástrofe terminal será al mismo tiempo una purificación y el tímido principio de una regeneración, según la ley de los ciclos.
He aquí, en efecto, lo que lee en este famoso capítulo 40: "Durante el período de crepúsculo que termina el Kali- Yuga, el justiciero vendrá y matará los malvados. Habrá nacido la dinastía de la Luna. Su nombre es guerra (Samiti). Errará sobre toda la Tierra con un vasto ejército. Destruirá el Mléccha [ Bárbaros de Occidente ] por millares. Destruirá a la gente de baja casta de que se han apoderado del poder real y se exterminará los falsos filósofos, a los criminales y a la gente de sangre mezclada. "

Estos textos sagrados hindúes parecen obviamente que chocan nuestras mentalidades de occidentales." Con todo, no es consecuente silenciarlos.He aquí ahora lo que Daniélou escrito, en su ensayo antes citado. Todo comentario sería superfluo: "Según la teoría de los ciclos que regulan la evolución del mundo, nos acercamos hoy al final del Kali- Yuga, la edad de los conflictos, de la guerras, de los genocidios, de las malversaciones, de los sistemas filosóficos aberrantes, del desarrollo maléfico del conocimiento que cae en manos irresponsables. Las razas, las castas se mezclan. Todo tiende a nivelarse y la nivelación, en todos los dominios, es el preludio de la muerte. Al final del Kali-Yuga, este proceso se acelera. El fenómeno de la aceleración es uno de las señales de la catástrofe que se aproxima. "

Del caos a la luz

Esta "convergencia de las catástrofes" no debe incitarnos al pesimismo, muy al contrario, sino quizá prepararnos a lo que Daniélou, antes citado, nombraba "la edad de oro de una humanidad futura"; incluso si corremos el riesgo de asistir, por primera vez en nuestra historia, al hundimiento global de una civilización planetaria, con todos los dolores y desamparos que eso supone. ¿Pero cómo no alegrarse del final de un mundo detestable a nivel ético, y corroído por su propio menosprecio de la vida?
Toda civilización es un ciclo, que incluye tres partes una lenta subida, un breve apogeo y una caída brutal. Hasta el presente, este modelo se aplicaba civilizaciones geográficamente separadas - los Egipcios, los Romanos, los Amerindios, etc . Hoy día, por primera vez, se refiérela conjunto de la humanidad; por último, "la primera vez" en el tiempo histórico conocido, ya que, como acabamos de verlo, la Tradición precisa que esta metamorfosis cataclísmica de la humanidad no sería la primera.
Dicho de otra manera, hemos llegado quizá al fin de un ciclo general de la historia humana, historia que se había extraviado en un callejón sin salida, el que vivimos hoy. Estamos seguramente el final de la Edad de hierro, la víspera inminente del caos. Pero de este último, surgirá un nuevo período de la humanidad, quizá espiritualmente superior, desembarazado de los pesos materialistas e individualistas; ello corresponderá a Ia emergencia de una "nueva raza" (al sentido metafísico y no biológico), gracias a la cual la civilización volverá a salir, renacerá sobre fundamentos mucho más estables y éticamente más elevados. ¿ Habrán sido entendidas Las lecciones del gran cataclismo del siglo XXI? Mircea Eliade escribía en Simbolismo del diluvio, Tratado de historia religiones (Payot): "la humanidad desaparece periódicamente en el diluvio o de inundación a causa de sus" pecados "." [... ] Nunca perece definitivamente, sino que ella reaparece bajo una nueva forma, reanudando el mismo destino, esperando el retorno de la misma catástrofe que la reabsorberá en las aguas "" Y en La luna y las aguas, anota: "un diluvio solo destruye porque las ` formas" están usados y agotadas, pero siempre va seguido de una nueva humanidad y de una nueva historia ".
Para parafrasear al poeta Hölderlin, un visionario, entramos en la noche, en la "medianoche del mundo". Estamos en el crepúsculo. Pero después de la prueba de la noche, no podrá surgir sino la mañana, puesto que el sol renace siempre. Sol Invictus.Ya que el término "catástrofe" no debe ser percibido en el sentido de "Apocalipsis", sino de "transformación" y de "metamorfosis"." No estamos aún en el tiempo de la Muerte. El sol no está presto a apagarse. Simplemente, la humanidad llega un punto crucial de su milenaria historia y debe esperarse un basculamiento hacia el abismo, pero al mismo tiempo un renacimiento, una regeneración, que estará fundada sobre un nuevo tipo humano.Lo que intenté expresar de manera científica y racional en este libro, es decir esta aceleración objetiva de los síntomas del final de un ciclo, ha sido también percibido por poetas o gente de fe desde hace varios siglos. Aunque estoy muy poco versado en el esoterismo y que mi enfoque de los hechos sea siempre racional y experimental, creo que no es necesario subestimar o descuidar las percepciones intuitivas, las que proceden de un planteamiento irracional, arraigado en otra dimensión.
En todas las grandes "religiones", ya se trate del Islam, del cristianismo, el budismo, los cultos célticos, etc, esta idea, esta intuición difusa que la humanidad iba a dirigirse hacia un cambio global de donde renacería un nuevo ciclo para la entera especie, siempre han estado presentes y profetizadas. Este tiempo, este momento desde tan largo tiempo adivinado, hemos quizá finalmente llegado en el siglo XXI. A una decadencia general, a una tragedia, las que se perfilan hoy día y que habían sido anunciadas desde hace tiempo por lo que se podría llamar las voces de la "tradición", se substituirá otra cosa que es imposible aún describir. Prever la nueva civilización humana es arriesgado y aleatorio; pero lo que es cierto, es que la civilización actual está sobre la pendiente de la muerte y que esta última tomará, antes del medio del siglo XXI, la forma de un cataclismo horrible. Mi diagnóstico es despiadado. Pero cada muerte sucede un nacimiento, una reencarnación.
La desesperación no es de recibo. El final de este mundo es una buena noticia, incluso si se realizará pronto en el desamparo y el dolor. Después de las tinieblas que comienzan, vendrán la luz; la historia humana está lejos terminarse. Prepararse a la catástrofe y al renacimiento, es se transformarse a si mismo desde el interior. La tragedia que se perfila quizá se quiso por lo que se llama Dios o el destino. Nos dominan fuerzas, que no comprendemos y que juegan a los dados con nosotros. Un nuevo mundo arriesga a nacer. El hombre es desesperante, pero desesperar es inhumano. El futuro es apasionante porque es catastrófico. Somos dados en la mano de Dios. ¿Quién es Dios?

Guillame Corvus. La convergence des catastrophes.DIE (Difusión Internacional Edition). Paris 2004. Pp191-218

miércoles, diciembre 05, 2007

Las Noticias de Castilla - Diario



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