martes, noviembre 29, 2005

LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA CASTELLANAS, PASADO Y PRESENTE

LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA CASTELLANAS, PASADO Y PRESENTE
Félix Javier MARTINEZ LLORENTE
(Cuadernos Abulenses Num 10 Julio-Diciembre 1988.Institución Gran Duque de Alba.Excma Diputación Provincial de Ávila)

A) LAS COMUNIDADES DE VILLA Y TIERRA EN LA HISTORIA

Pocas instituciones de derecho público han tenido un origen más oscuro y controvertido para la doctrina histórica en general que aquella agrupación de mu­nicipios conocida en la actualidad bajo el nombre de Comunidad de Ciudad/Villa y Tierra.
Dejando de lado aquellas opiniones que veían en ellas unos claros vestigios de sociedades gentilicias prerromanas (1), la mayor parte de los autores que han abordado de una u otra forma el tema han venido a coincidir en el hecho de que estas singulares organizaciones municipales, surgidas en los albores de la Edad Media como una pieza más dentro de la mecánica repobladora, desarrollada por la corte castellano-leonesa en aquellas tierras fronterizas con el mundo musul­mán, situadas entre el río Duero y la Cordillera Central, disponen por sí solas de las suficientes originalidades, por lo que a su estructura, competencias funciona­les y organización interna se refiere, como para merecer un trato diferenciado y diferenciable dentro del conjunto de los municipios del reino (2).
Los concejos o Comunidades de Villa y Tierra son una creación fundamental­mente medieval. Los monarcas castellano-leoneses, preocupados, sobre todo a partir del reinado del emperador Alfonso VII (1126-1157), por asegurar eficazmente aquellas tierras fronterizas que, como la Extremadura castellana, constituían un fuerte baluarte logístico de apoyo en la defensa del reino toledano procederán a una reestructuración general de carácter administrativo de dicho territorio, ex­perimentando en el mismo una nueva figura de ordenación territorial. Para ello se va a acudir al progresivo abandono del viejo sistema de alfoces militares que tan buenos resultados había ofrecido en esos primeros años colonizadores, sobre todo en aquellas plazas que, como Sepúlveda, San Esteban de Gormaz, Osma, Roa o Peñafiel, se encontraban próximas al Duero, al objeto de instaurar para lo sucesivo aquel nuevo sis

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