lunes, enero 22, 2024

La Rioja es Castilla 4. Del Cid a Sagasta ((por José María Codón, de la R. A. H.)

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La Rioja es Castilla (por José María Codón, de la R. A. H.)

3. Del Cid a Sagasta


Desde las lejanías del siglo XI, hasta el día de hoy (1979), la Rioja ha sido, sin solución de continuidad, tierra, pámpano y castillo de Castilla.


1076: Año que debe grabarse en letras de bronce. Alfonso VI consolida la presencia de Castilla en la Rioja para siempre, verdad que reconocen tirios y troyanos. Pero sería una verdad a medias. El arranque de la pertenencia de la tierra logroñesa a Castilla, si bien no tan estabilizada, es un siglo anterior, en tiempos de Fernán González.


No sólo el rey Alfonso VI señoreó a estas tierras. Unos años antes que este Monarca lo hizo el Cid Campeador. Muerto Fernando I, el de Atapuerca, su hijo Sancho II nombró a Ruy Díaz “armiger”, príncipe o alférez del ejército de Castilla, a fin de resolver militarmente la querella que tenía con Navarra sobre ciertos castillos fronterizos, entre los cuales figuraba el de Pazuengos. Los dos ejércitos enfrentados, en vez de luchar, propusieron que se celebrase un duelo o juicio de Dios entre dos campeones. Lo describe minuciosamente Menéndez Pidal, sobre la base del “Carmen Campidoctoris”, y también lo relata el escritor local Alfredo Gil del Río. El Cid mató, en noble lucha, a Gimeno Garcés, campeón de los navarros. Por ello, en el lugar de la pelea, ribera del Najerilla, recibió el paladín burgalés el título de “Campidoctor” o Campeador.


Cuando ascendió el Rey Alfonso VI al trono, muerto Sancho II en Zamora, el Cid le tomó previamente el celebérrimo juramento de Santa Gadea, y por eso fue desterrado. El Cid, desligado del vínculo del vasallaje, penetró en tierra riojana, conquistó Alfaro, que fue llamada “la puerta de Castilla”, y luego Logroño, como se acredita en el Cronicón de Cardeña. En el año 1092, por rivalidades con el conde de Nájera, su constante enemigo, prohombre de Alfonso VI, el Cid entró en Logroño, Calahorra, Nájera, y Alberite.


Las teorías secesionistas de un pequeño grupo actual (1979) especulan con las incursiones que Navarra y Aragón (política fronteriza medieval) hicieron en determinadas ocasiones sobre la tierra siempre castellana de la Rioja.


Ya queda dicho que desde la Reconquista, Rioja fue pre-castellana y luego castellana. Pero no nos duelen prendas al afirmar que la concreta ciudad de Logroño fue atacada algunas veces por los navarros; sobre todo (primer tercio del siglo XII), por Alfonso el Batallador de Aragón, que la perdió al disputársela Navarra en 1135; pero la recobró Castilla inmediatamente en 1136, implantándose en Logroño una gran institución castellana, “La primera de las iglesias del Santo Sepulcro en Castilla”, en el año 1155. Y si bien, en 1160, Logroño es expugnada por Sancho IV de Navarra, en 1174 volvería a Castilla por la invicta espada de un rey riojano, de Nájera, Alfonso VIII, el de las Navas, esta vez para siempre.


También fue riojana Doña Berenguela, la madre de Castilla, esposa de Alfonso IX de León. Como un espejo de la labor de esta Reina, la Rioja conserva en el pedestal de la Virgen de Valbanera al escudo -rojo carmesí, no se olvide- de Castilla al lado del de León.


Desde el siglo XII, conservó celosamente de hecho y de derecho la Rioja, la soberanía de Castilla. A nadie se le ocurrió empequeñecer a la región madre con disputas comarcales o locales.


Cuando la Rioja depende de los nobles castellanos, del Corregidor o los Intendentes de Burgos o de los Jefes Políticos del siglo XIX, que ordenaron la desamortización; cuando en los organismos de Burgos se discutían problemas de Briones o Ezcaray, existía una conciencia general castellana, sin perjuicio del sentimiento riojano, que sabía coordinar el vínculo patriótico con el Reino y el amor a la tierra vernácula.


Esto lo afirma la historia constante desde el Cid a Sagasta y la prospectiva riojana actual (1979).

Hombre en su siglo. Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos aunque lo tuvieron, no acertaron a lograrlo. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso, pero lleva una ventaja lo sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, muchos otros lo serán. (Gracián)

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