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jueves, noviembre 30, 2023

ALGUNOS RESQUICIOS DE DEMOCRACIA.

 

            ALGUNOS RESQUICIOS DE DEMOCRACIA.

                                                          

La nostalgia de los tiempos pasados rememora a veces a las antiguas asambleas de vecinos a toque de campana donde discutían acerca de sus asuntos, así se dice, al menos, que ocurría en la vieja Castilla; no nos atrevemos a calificar aquellos usos ni siquiera de paleodemocracia, porque los posteriores avances de los usos políticos lejos de vecinos y ciudadanos llevaron a una configuración política en que los protagonistas llegaron a ser los partidos políticos tanto en consignas, como en develadores de los problemas ciudadanos, instigador de soluciones reales o fantásticas y formulador de  propuestas legales más o menos acordes con las anteriores. A esto se ha reducido la operativa de lo que se ha convenido en llamar democracia pero que se debería llamar con más propiedad partitocracia. Juan pueblo ausente sin paliativos de ese tinglado, es invitado a participar  una vez cada cuatro años para apostar por la yegua-partido que en ese momento le despierte momentáneamente de su desgana, eso es todo lo que se le permite; claro está que durante mucho tiempo no se le permitió ni eso.

Por lo visto la humanidad se libera de manera creciente e imparable con el transcurso del tiempo, caigamos postrados de hinojos ante la partitocracia disfrazada cual camaleón de democracia impoluta. Hoy la democracia adelanta que es una barbaridad, que es una brutalidad. Quedan sin embargo unos resquicios todavía no anulados del todo que se llaman iniciativa legislativa y referéndum que asombrosamente están en manos de los ciudadanos. En principio son posibles en el ámbito estatal y municipal, pero no conviene hacerse muchas ilusiones al respecto, digamos que son más bien unas raras piezas de museo, cuya realidad es más bien virtual que no auténticamente funcional.

Es habitual observar en la prensa bienpensante -y  bien subvencionada- opiniones acerca de  que la democracia directa en su versión de referéndum o iniciativa legislativa  es peligrosa para la estabilidad de la democracia representativa, malicioso subterfugio para evitar decir que es peligrosa para la partitocracia, sus pompas y sus obras. Se la asocia pérfidamente con el asambleísmo y el populismo, cuando no directamente con el franquismo, es decir que la voluntad directa del ciudadano es poco menos que fascista, para dictaduras ya están los partidos no hacen falta ciudadanos.

En otras ocasiones los argumentos cambian de sentido y se simplifican en el sentido de decir que la democracia directa de referéndum e iniciativa legislativa pretende dar soluciones simples a temas complejos, que sin duda podrán resolver mejor diputados semianalfabetos y corruptos obedeciendo al dictado de sus jefes políticos. “Creer que los ciudadanos no están preparados para ello, que no saben lo que quieren porque los asuntos en la actualidad son muy complejos, y que no se les puede dar ese poder porque podrían caer en la demagogia es tan absurdo como lo eran los argumentos similares de los reaccionarios que en los siglos XIX y XX todavía se oponían a la democracia representativa” (Felipe Ureta F.U.).

Estamos pues ante la espantosa pesadilla que horroriza al sistema partitocrático. No es la primera vez que se describe, pero conviene recordarla una y otra vez:  “Frente al ciudadano pasivo que se limita a votar una vez cada 4 años, se propone un ciudadano activo, dispuesto participar en las iniciativas de los órganos representativos dando su opinión, haciendo propuestas y controlando los compromisos asumidos por los electos” (F.U.).

En lo que se refiere al referéndum estatal se puede que al menos en teoría está contemplado en el ordenamiento legal. La autorización del gobierno de la nación está en relación con el art. 149.1.32 de la Constitución, que establece: “El Estado tiene competencia exclusiva sobre las materias siguientes: (…) 32) Autorización para la convocatoria de consultas populares por vía de referéndum”.

De todas formas parte los referéndums que se celebran por estos pagos son escasísimos y generalmente son meros trámites reglamentarios para algún fin político y no demandas de la voluntad popular, como lo fue en su día la entrada en la belicosa OTAN.

Una “Iniciativa Legislativa Popular” o “ILP”, es la herramienta principal y prácticamente única que tienen los ciudadanos españoles para pedir directamente a las Cortes, cambios en las leyes. Pero hasta la fecha TODAS LAS ILP PRESENTADAS DESDE QUE EXISTE LA “DEMOCRACIA” (más de l 67 desde que en 1983 se presentara la primera.), HAN SIDO RECHAZADAS POR EL PARLAMENTO ESPAÑOL. Es más, aunque algunas ILP llegaron a ser “estudiadas” en el parlamento, por supuesto sin que jamás alguna fuese aceptada, la gran mayoría ni siquiera llegó a ser admitida a trámite.

Para poder presentar en el parlamento una iniciativa legislativa es necesario presentar la abultada cantidad de 500.000 firmas y aun quieren endurecerla. En Suíza cualquier ciudadano puede presentar una ILP, con solo recoger 50.000 firmas.

En lo que se refiere a la administración local la Ley de Bases de Régimen Local, en su artículo 70, establece que corresponde al Alcalde convocar la consulta popular previo acuerdo por mayoría absoluta del pleno y autorización del gobierno de la nación. Las pocas veces que se ha conseguido ha sido previo un contencioso judicial ganado.

Legislación española y democracia participativa (Felipe Ureta)

https://www.blogger.com/blog/post/edit/14656270/3102119751402412398

Referendum popular

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Iniciativa legislativa popular I

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Iniciativa legislativa popular II

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Los argumentos contra la expresión directa de la voluntad del ciudadano tienen aún otra versión que podríamos llamar burocrático funcional, y consisten en decir que es engorrosa y cara, con la autocracia partitocrática -de por si carísima- se puede ahorra esos costes. Este es sin duda el camino del futuro que nos propone la agenda 2030; “no tendrás nada y serás feliz”; en realidad tenemos ya bastante poco, pero aún se trata de ir un poco más todavía, en lenguaje taurino se diría: “cargar la suerte”; no tener dinero, no tener voluntad que expresar, no tener donde caerse muerto; el ideal supremo del capitalismo liberal y de la partitocracia política concomitante. No van tan desencaminados, el castellano medio no tiene identidad o la desconoce totalmente, que para el caso es lo mismo, apenas tiene referentes espirituales o religiosos, no tiene o no quiere expresar su voluntad, traga con carros y carretas, incluso no quiere existir, véase la disminución de su población y en aumento de la población alógena, preferiría cualquier cosa antes que ser castellano, que por otra parte ignora lo que es.

Claro que con los avances telemáticos la cosa ha cambiado de forma tan radical que ya no son sostenibles esos argumentos. Para no tener que comentarlos preferimos traer a colación algunos comentarios de Luis Alonso Quijano, que nos trae a la memoria no sé qué reminiscencia de El Quijote.  

“En Europa, las consultas al pueblo (referéndum) parten como iniciativa de la autoridad y están limitadas a determinadas circunstancias especiales. Esto lleva consigo la parafernalia de convocatoria, fecha de celebración, redacción de la consulta, campaña, etc., que la convierte en una práctica ocasional y excepcional”. 

“El desarrollo tecnológico y la revolución de las comunicaciones acontecida en los últimos años (los teléfonos móviles, Internet, la televisión interactiva, etc.), hacen que no sea descabellado pensar en la posibilidad de la decisión directa de los ciudadanos en la política. En España, actualmente hay más teléfonos móviles dados de alta que habitantes. El DNI electrónico de reciente implantación, junto a la integración de las tecnologías de Internet con televisión y la telefonía, hace que sea cuestión de poco tiempo la realidad de que con un simple programa informático, se pueda conocer la voluntad de millones de personas de manera casi instantánea”.

Hacia la democracia directa (El rincón del ciudadano. Luis Alonso Quijano)

https://breviariocastellano.blogspot.com/2023/08/hacia-la-democracia-directa-el-rincon.html

No podría dejar de traer a este propósito una manifestación nostálgica de Suiza, la denostada nación que aún conserva resquicios de libertad heredados de viejas costumbres medievales, último baluarte, parece, de resistencia a la esclavitud de la modernidad.

En la práctica constituyen un elemento de contención del poder, sobre todo en el terreno económico, pero no tanto por esas funciones limitativas como por los contrapoderes que representan, esto es el conjunto institucionalizado y autónomo de sociedades y co­munidades políticas independientes del poder público. Es por aquí donde podría esperarse una vuelta a las libertades políticas en Castilla, pero hoy por hoy no es el caso; ¡quien hubiera nacido lejos de la leonera en que el destino nos ha confinado a vivir!.

 

 

Los suizos saben bien que no se hace marchar un reloj con argumentos sonoros, sino al precio de una aplicación sostenida y de finos retoques. Ahora las ruedas de su Estado, bizarramente ajustadas según las reglas de eficacia y no de la lógica abstracta, sugieren la imagen de un reloj de precisión, justamente con toda la tolerancia precisa para que el mecanismo marche. Esta tolerancia no es solamente moral, este “juego” está previsto por las leyes. Son los derechos de iniciativa y sobre todo de referéndum quienes lo rigen. Gracias a ellos, el pueblo suizo tiene menos que otros la impresión de que los poderes delegados a sus elegidos se le escapan. “El se reserva siempre para decir la última palabra por el referéndum, y eventualmente el primero por la iniciativa”(André Siegfried La Suisse démocratie témoin). Nada de lo que pasa en Berna es irremediable. Es por el recurso frecuente a estos derechos populares que el régimen suizo debe ser calificado de democracia semidirecta.

(Denis de Rougemont, La Suisse ou la histoire d’un peuple heureux, libraire Hachette, 1965 (  P124)

https://www.blogger.com/blog/post/edit/14656270/113473865171714879

https://www.blogger.com/blog/post/edit/14656270/5817283242496532248

 

Después del exordio y el incordio cabe esperar la crítica: todo esto está muy bien, pero es teórico, adjetivo que viene del griego theoria cuyo significado verdadero está muy lejos de lo que dicen despectivamente los modernos diccionarios; significa verdaderamente “contemplación”; fuera de ella es imposible aproximarse a la verdad. En medio del derrumbe general al que estamos asistiendo, limitarse deliberadamente a fragmentos históricos, lingüísticos, folklóricos o nostálgicos es algo así como la táctica de la avestruz que esconde la cabeza en la tierra ante el peligro. Reconozco que tal actitud es mucho más tranquila y apacible, pero para eso ya hay montones de instituciones, con medios financieros nada despreciables, que ya se dedican a eso. Si algo especial puede caracterizar a una asociación de estudios no convencional es estar en la brecha, donde nadie quiere estar. ¿Hay algo más práctico que empezar a abrir los ojos, o es mejor seguir amodorrado con divertimentos varios?

Me llamó la atención, a este respecto, un poema de Juan Pablo Mañueco Martínez, cuya noción de Castilla y de lo castellano no comparto en absoluto, pero que se atreve a transitar por senderos peligrosos y no recomendables. Si es práctico o no lo dejo a la opinión del lector,

Joven Castilla o señora Castillesquieu

 

https://breviariocastellano.blogspot.com/2014/03/joven-castilla-o-senora-castillesquieu.html

 

Llega el momento de hablar en positivo, no de advertir de las limitaciones peligrosas en que puede caer una asociación por timidez de sus metas, se podría decir con otras palabras la hora de ser práctico. Como decía Don Juan de Austria antes de la batalla de Lepanto; Señores es la hora de pelear no de discutir.

La cosa no es excesivamente original, se trata de organizar redes de sostén, de protección, de información y de orientación en todas las escalas posibles. Esto no era tan sencillo hace 40 años, en la época de CC, pero los medios técnicos disponibles nos sitúan en otro universo, no todas las cosas caminan a peor. Hablando con un toque pedante, es el tiempo de los modelos en red. Ya algunos miembros de la asociación se han dado cuenta de ellos. Como no se trata de descubrir el Mediterráneo, adjuntamos unos comentarios de Ernest Milá que están dedicados a la participación en la administración municipal, pero que son perfectamente aplicables a las tareas de la asociación:   

-         Es el tiempo de los grupos de afinidad, de las asociaciones y las ONG´s, de los grupos de opinión, de las iniciativas locales, de las plataformas cívicas, de los blogs y los medios de comunicación independientes.

-          Es el momento de que la sociedad civil vuelva a tener protagonismo y peso y es bueno que así sea, porque de ella derivarán las posibilidades de reforma en el futuro.

-          Por todo ello creemos que el modelo organizativo de los próximos años es el modelo en red, en el que los distintos grupos, plataformas, iniciativas, blogs, asociaciones, ONG´s, se unen para proyectos políticos concretos.

-          Una red no implica una estricta uniformidad ideológica, ni una disciplina rígida de partido, sino una comunidad de intereses, de fines y de metas; y una estrategia unitaria para marchar a su conquista a través de tácticas distintas.

-          El modelo de organización en red es el primer nivel de aproximación entre átomos que inicialmente han tenido pocos contactos, e introduce solamente la sensación de que pueden trabajar y colaborar juntos en función de objetivos mínimos y respuestas comunes ante temas complejos.

-          Así pues, la “organización en red” es el primer nivel de aproximación en los momentos de despegue, al que debería seguir un segundo nivel de integración y complejidad: el “movimiento de defensa cívica”.

La cristalización de la organización en red debe proyectarse en el futuro en forma de “movimiento” (conjunto de unidades, grupos, asociaciones, revistas, plataformas, iniciativas, publicaciones, Web, etc.) que, una vez superada su colaboración inorgánica y espontánea, tomen conciencia de que “se mueven” en una dirección concreta de reforma del sistema para alcanzar más altas cotas de democracia y participación.

-          Y ese movimiento debe ser un movimiento de “defensa”, en tanto que sus intereses y derechos fundamentales, son atacados por la partitocracia y la plutocracia.

Desmenuzar estas propuestas es la responsabilidad de cada uno de los miembros de la asociación

Hacia un Nuevo Poder Municipal en defensa de la comunidad (I parte)

Ernest Mila

https://www.blogger.com/blog/post/edit/14656270/1500653840118210990

 

Hacia un Nuevo Poder Municipal en defensa de la comunidad (y II Parte) Ernest Mila

https://www.blogger.com/blog/post/edit/14656270/1811889995834928427

 

 

 

 


miércoles, agosto 30, 2023

REFERÉNDUM POPULAR

 

REFERENDUM POPULAR

 

Los referéndum que se celebran por estos pagos son escasísimos y  generalmente  son meros trámites reglamentarios y no demandas de la voluntad popular, los últimos resultados en Cataluña y Andalucía prueban bastante bien esto último. Muy distinto del imperativo legal a cumplir en determinadas situaciones, hay otro concepto muy distinto del referéndum popular como instrumento de oposición contra una mayoría política y las autoridades de las que se desconfía, cuya utilización paradigmática por excelencia es la realizada en Suiza en los diversos escalones comunal, cantonal o confederal.  El referéndum popular es un derecho gracias al cual el pueblo suizo tiene mucho  menos que otros pueblos  la impresión de que los poderes delegados a sus representantes elegidos se le escapan.  Habida cuenta de que la representación es la mayor parte de los casos no es tal  sino  un enrarecido sofisma con el que se trata de encubrir un teatro de suplantación, no es nada raro que entre los españoles  la sensación de que el poder, no ya es que se escape de las manos, sino que les es absolutamente ajeno es rotunda y  total.

 

La realidad no es exactamente que los suizos tengan un gen especial que les condiciona con fatalidad biológica para la práctica del referéndum, su decantación legal ha tenido sucesivas etapas que fueron precedidas por un uso masivo y decisivo de peticiones que preludió la Regeneración.  Muy al contrario que en Suiza se pudiera pensar que acaso los españoles tengan genes caciquiles, pucheriles, y dictatoriales,  pero no, se trató más bien de unos usos perversos que en principio no tienen porqué transmitirse somáticamente de manera lamarckiana –esperemos-. No se diga pues que en España no está prevista en la ley la realización de consultas populares, y por lo tanto no se hacen: en Suiza tampoco había ley de referéndum en los comienzos, sencillamente se practicaba o se usaba, la regulación legal vino después.

 

Las últimas disposiciones legales suizas del año 2000 han fijado el nivel mínimo de recogidas  de firmas para un referéndum en un 2,1%. La frecuencia de consultas populares helvéticas  ha sido tanta   que se aprovechaba muchas veces a la salida de los colegios electorales para recogida firmas para la próxima consulta. La introducción del voto por correspondencia en los años noventa parece que ha introducido dificultades suplementarias a la recogida de firmas. Es de suponer que la generalización de Internet en la actualidad pueda ayudar en un sentido favorable.

 

Como derecho de participación popular se denomina a veces un mecanismo de democracia semidirecta, claro que en cuanto instrumento de oposición lo menos que desean los partidos mayoritarios es precisamente  la instauración de ese mecanismo de democracia semidirecta que es el referéndum popular, en principio bastante más incontrolable por los poderes establecidos que el raro referéndum reglamentario. En la Confederación Helvética es tan importante el refrendo popular en cualquiera de sus niveles que condiciona de manera decisiva el funcionamiento del ejecutivo; la posibilidad de que la oposición tenga capacidad de movilizar la opinión ciudadana con vistas a un referéndum en un tema concreto – muy diferente de los juegos de prestidigitación de una campaña electoral ordinaria-  implica la necesidad de hacer y rehacer constantemente pactos de gobernación, lo que a menudo redunda en favor de don Juan pueblo. Porque, esa es otra, a todos los niveles los gobiernos helvéticos son colegiados, es decir que participan proporcionalmente a los organizaciones políticas en liza, y no solo eso sino que los cargos son rotativos, nada estridente desde el momento en que la responsabilidad es colegial, y la presidencia de los consejos también, habitualmente rotan anualmente por orden de antigüedad.

 

El derecho de referéndum popular tiene diversas modalidades, la más importante de las cuales es el referéndum financiero que somete a la decisión del pueblo los gastos públicos importantes; está también el referéndum contra el otorgamiento de concesiones, referéndum de revocación de un parlamento o asamblea, referéndum de revocación de un gobierno, o de una manera más general de cualquiera de las autoridades elegidas por el pueblo o de otros poderes (v.g. jueces).

 

 Para dar una pequeña ilustración y tomando solo el cantón de Ginebra en el periodo de 1975 a 1980 hubo referéndum acerca de: crédito de participación cantonal en la construcción de autopistas, acerca de un crédito para el Palacio de Exposiciones, acerca de Impuestos sobre vehículos a motor y remolques, acerca de la concesión y utilización de un dominio público en la plaza de Cornavin, acerca de la subvención de cajas de  enfermedad, acerca de una carretera nacional hasta la frontera francesa.

 

Todo esto recuerda claramente el caso abulense donde el ayuntamiento decide por su cuenta y riesgo subidas y bajadas de tributos, obras donde y cuando le place, tira edificios del patrimonio, edifica abortos al lado de joyas arquitectónicas del pasado y otras atrocidades. Y el buen pueblo no dice esta boca es mía, ni la oposición organiza fenomenales zapatiestas azuzando al primero a manifestar su opinión con recogidas de firmas y otras posibles trifulcas.  Y no se diga que la ley no contempla la figura del referéndum en  la ley de régimen local – tampoco estaba contemplada en la Suiza de hace 150 años; con los medios hoy existentes se puede consultar  perfectamente la opinión del vecindario eso no lo impide nadie, salvo la desidia, incuria y vagancia de los políticos y del propio pueblo: Una cosa es que en principio un referéndum popular no tenga una consideración legal vinculante y otra cosa muy distinta es que no se haga. Un referéndum con resultado adverso al gobierno puede que no importe mucho, pero si en vez de uno es una docena otro gallo nos cantara, las buenas prácticas valen más que las malas leyes. El uso y la costumbre es una de las fuentes de la ley, comiéncese con aquellas y ya acabarán decantándose en estas.

 

Otra cuestión acerca del referéndum que empezó siendo uso o práctica pero que acabó recogida en ley muchos años después, es el derecho a contra-propuesta, que incluye entre otros: la facultad de negociar los compromisos, modificar el proyecto del texto a refrendar y el derecho a desconvocar el referéndum en caso de satisfacción entre las partes. De manera que puede presentarse simultáneamente una propuesta de referéndum y una contra-proyecto, de manera que puede darse el caso de que  aparecezcan al final dos proposiciones concurrentes. En Ávila se ha  tenido la oportunidad de asomarse a estas cuestiones en los artículos periodísticos del abulense afincado en Ginebra Gaudencio Hernández

 

Cuesta imaginar un ayuntamiento de Ávila funcionando en régimen colegial, con los carguitos rotativos y el alcalde más rotativo todavía, y con el agua al cuello por si el pueble reclama refrendo de sus decisiones.  Difícil imaginar el fin del eterno dominio de un solo partido, y de las quejas plañideras de la oposición acerca de la maldad infinita de esos eternos reaccionarios; obligados a mojarse todos en las tareas de gobierno con el riesgo de que los colegas del partido los llamen traidores; el  cargo de alcalde no es prebenda y canonjía de la que disfrutar todo un periodo electoral, no es una especie de espada taurino con cartel y público entregado, sino mero testimonio honorífico anual de un  consejo colegiado rector, entre cuyas obligaciones debería figurar sin dilaciones que en el ejercicio de su mandato llevara siempre consigo la vara de mando, ir vestido con capa castellana, faja morada  y sombrero antiguo de campesino en el caso de ser hombre y  sombrero campesino al estilo del valle Amblés , pendientes de plata, vistoso pañolón y falda recamada de lentejuelas en caso de ser mujer; no se arguya que a lo mejor le da vergüenza al máximo edil ir vestido de ese jaez , si se avergüenza de los símbolos avileses no debe siquiera intentar representarlos. Otrosí deberíase realizar un concejo abierto anual en recuerdo del viejo concejo de la comunidad de ciudad y tierra abulense presidido por el alcalde en sitios tale como el atrio porticado de San Vicente, galería porticada de la Iglesia de San Juan, patio delantero de la Iglesia de San Pedro, plaza de Santo Tomé el Viejo, a plaza de San Andrés, entre otros sitios posibles.  

 

Es bastante cierto que el nuevo estilo de gobierno propugnado implicaría un duro golpe al divismo al estilo de artistas de revista de peluquería que exhibe tanto político o aspirante a tal por nuestros pagos; de vez en cuando surge algún pretendiente a genial gestor de la cosa pública, quien de tal talento presuma que lo pruebe en el foro del gobierno colegiado; magnífica sala donde exhibir la más fina esgrima política en directo, críticas y a ataques en vivo, argumentos y réplicas sin doblez,  estocadas agudas, defensas en caliente, soluciones en frío.    

  

miércoles, mayo 20, 2015

Viejas reflexiones sobre elecciones y política (Ávila 1995)

OTEANDO OTROS HORIZONTES 

El largo periodo de campaña preelectoral en que vive el país desde hace varios meses suscita la inquietud de que es lo que se debe hacer ante un nuevo encuentro con las urnas.  Ante los previsibles carteles de la feria política surge la fuerte tentación de abstenerse de todo, pero también apetece plantearse, antes de adoptar una decisión definitiva en ese sentido, una pregunta acuciante ¿Realmente se puede intentar hacer algo para que cambien las cosas?. 


Las masas de electores a semejanza de las cofradías de admiradores de los artistas del celuloide, hablan a veces acerca de la listeza, del estilo, del carisma o de la guapura de los candidatos a los que piensan someterse o acatar obediencia durante el próximo periodo legislativo.


Alguien a llamado a este sistema una democracia de behetría, en recuerdo de las prerrogativas que tenían en la Edad Media los pueblos castellanos de elegir a su señor, si bien la sustitución de tal señor era más fácil entonces que ahora, no existía un periodo fijo por el que tuvieran que estar sometidos.  Además la jerarquía tenía una aureola de origen religioso que en el mundo secularizado actual sería vano buscar.  Era natural entonces que los vasallos juraran fidelidad y pusieran en prenda de tal juramento su honor, pues la autoridad se consideraba en último extremo de origen divino, pero ¿cómo es posible atribuir algún tipo de sacralidad a las pretensiones, intenciones o promesas de los modernos políticos?.  Pues en vista de eso los políticos actuales cuando llegan al mando pueden llegar a tener un poder que era difícil de concebir en tiempos pasados, y sin mediaciones morales o religiosas que hagan lícito su poder.  El buen ciudadano calla y otorga y cuando lo exigen las leyes acude a votar a sus mandatarios. 


Un historiador muy ligado a Ávila contaba que eran dos casi-fatalidades las inherentes al carácter hispano: por un lado el individualismo atroz que desdeña todo tipo de sociabilidad política y del que es buena muestra el anarquismo de principios de siglo, aunque no faltan tampoco actualmente muestras de procederes políticos similares en muchos ciudadanas, desde fontaneros hasta toreros ; el otro extremo lo representa el caudillismo, sin que sea necesario acudir al invicto para ver excelentes muestras de ello. Este extremo parece ligado además de una manera turbadora a los caracteres sexuales varoniles primarios hasta tal punto que los comentaristas políticos aparentemente más equilibrados y neutros no tienen empacho alguno en desdeñar a un político diciendo que no tiene carisma , como si dijeran: no es torero, no tiene majeza y en definitiva es poco macho.  Cuanto voto se deberá en este país a estremecimientos inconfesables de las vísceras más secretas. 


Con todo no habría nada que objetar si sus obras desmintieran la vulgaridad de su extracción, pero no es este el caso precisamente, a medida que el siglo llega a su terminación los disparates aumentan de forma alarmante; el país se ve definitivamente condicionado a los intereses de la política mundialista lacayunamente seguidos por los dirigentes políticos sin diferencia de ubicación diestra o siniestra. Los resultados están a la vista desmantelamiento no ya de fábricas sino de sectores industriales, agrarios y pesquemos nteros aumento del paro hasta límites hasta ahora no conocidos, aunque evidentemente esto aún se puede considerar Jauja comparado con las tasa de para de muchos países subdesarrollados a las que si Dios no lo remedia estamos abocados.  Claro que de momento se va tirando sin problemas de vida o muerte debido al fabuloso sistema de financiación de prestaciones sociales que consiste en generar déficits presupuestarios y una gigantesca deuda pública, sistema que en principio traslada los gastos actuales al futuro, y que los políticos de derechas y sobre todo los de izquierdas están dispuestos a proseguir sin desmayo, pues va en ello los votos de pensionistas, parados y demás subvencionados.  Lo que no está tan claro es lo que pasará en el futuro si las futuras generaciones no se hacen responsables de los gastos de ahora. 


De la madre tierra más vale no hablar, se destruye la atmósfera que respiramos, se contamina el agua que bebemos, cuando la hay; se envenenan los alimentos que sembramos y comemos, los que pueden; se despilfarran sin remedio las materias primas más importantes (quedan 50 años de petróleo para el mundo según la British Petroleum) amen de propiciar la desertificación de la tierra, el cambio de Clima y otras fruslerías que la buena educación aconseja callar discretamente Todo ello debido a un avanzado sistema de producción industrial y consumo masivo, que por otra parte ha producido más millones de muertes por hambre que ningún otro siglo en gentes cuyo consumo no es precisamente tan masivo Aunque si alguna ventaja ha aportado los modernos avances de la ciencia a la industria no se puede dejar de señalar que nunca en las historia del género humano se disfrutaron guerras más sangrientas que en el presente siglo, gracias precisamente a la industria militar, aunque tampoco faltan guerras de carácter más ancestral con aromas de fanatismo religiosos en la Europa de ahora.  Y no se diga que esos son efectos perversos del capitalismo, pues en los países que hasta hace poco formaban el mosaico de lo que se podría llamar el paraíso soviético las cosas eran sencillamente espeluznantes. 


Naturalmente que estas cosas no son patrimonio del conocimiento de unos grupos exiguos y pesimistas como ecologistas y demás rarezas humanas; hoy día todo esto es prácticamente del dominio público.  Otra cosa es si realmente se puede poner remedio a esto estado de cosas o si alguna fatalidad nos arrastra a lo peor.  Por el momento se puede constatar que los intereses por mantener las cosas más o menos como están son de tal calibre, que los políticos se apuntan con mucho más frecuencia al carro frenético del caos en que se alimentan tales intereses que a intentar frenarlo.  Es incluso bastante improbable que se puedan rectificar las cosas desde un punto vista exclusivamente humano.  Como botón de muestra de tales dificultades se puede señalar la extraña coyunda entre grupos políticos de izquierda habituales defensores del mantenimiento y ampliación del sistema industrial, cuyos correligionarios de otras latitudes cuando han estado en el poder han causado auténticos destrozos en la naturaleza, y los llamados verdes, e los que se esperaba un comportamiento menos ambicioso de escaños y cargos.  Al fin y al cabo, como dice la popular jota segoviana: 'a vivir que son dos días y de aquí a cien años todos calvos' , aunque al paso que vamos es dudoso lo que va a quedar dentro de cien años.  Hablando de futurología dicen algunos que los partidos de las actuales democracias occidentales desaparecerán en el futuro o al menos su papel se reducirá mucho. Es de esperar que no produzcan cosas peores, aunque siempre hay que temerse lo peor.  Lo que parece cierto es que son ya los humanos en su sentido más original y no solamente en su aspecto de ciudadanos los que tienen que hacer algo antes de que sea demasiado tarde.  No es muy agradable imaginar una situación en la que los habitantes de los países occidentales se dejen llevar pasivamente por las circunstancias , a veces favoreciéndolas a veces consintiéndolas, hasta el extremo de morir de inanición, como se ve con alguna frecuencia por televisión en los países más subdesarrollados.  Un anticipo de lo que puede ser se puede ver ya en las grandes ciudades de nuestro país en donde un número cada vez más grande habitantes, cada vez más jóvenes, se dedican a una mendicidad digna de los pobres de solemnidad de tiempos más viejos pero sin ningún tipo de solemnidad.  Aunque bien pensado con una tasa de paro más elevada se podría conseguir una sociedad aún más moderna con niños abandonados por las calles y otros tipismos que hoy día existen en muchos países iberoamericanos o en la India.  Hasta es posible adivinar situaciones de violencia. y terror comparada con las cuales las más brutales tribus  urbanas actuales serían chiquilladas sin importancia. 


Por de pronto asombra ver la cantidad de gente que aún se cree las diatribas electorales donde los partidos se acusan mutuamente de fechorías sin cuento, proponen todo clase de maravillosas recetas curalotodo y lo que es más asombroso manadas de millones van y los votan.  Dentro de este conjunto tan singular se encuentran los que favorecen el actual estado de cosas, aunque no hay que olvidar otros elementos que son los que pasan, que también se cuentan por millones y que parecen ir constantemente en aumento. Estos últimos elementos son los que consienten , y entre los que favorecen y los que consienten se está creando una siniestra armonía contrapuntística que llevará a una mala resolución. 


Así puestas las cosas no está mal volver a los orígenes para repasar una andadura equivocada.  Retrocediendo en este sentido a la Edad Media asombra ver el funcionamiento popular de los concejos castellanos y la actuación  de sus jueces de acuerdo con el derecho consuetudinario, progresivamente aplastados por las ambiciones aristocráticas y reales, los caudillos carismáticos de entonces.  No fue tan feroz el aplastamiento de las instituciones populares medievales en otras zonas de Europa por lo que aún es posible examinar lo que pudieron dar de sí. Vaya aquí un reconocimiento al suizo Dénis de Rougemont que fue capaz de transmitir que Suiza , que irónicamente no pertenece a la Comunidad Europea, tiene algo más que relojes, quesos, secretos bancarios o colegios de señoritas cursis y pijas, refiriéndose a su secular sistema político de consejos tanto a nivel de comuna ,como de cantón , como de confederación, muy anterior al moderno sistema de partidos políticos.  Desde luego que se ha considerado que Suiza es un país sin grandeza política, sin un gran imperio ni sin las atrocidades anexas a tal empresa, pero en vista de los resultados que se están obteniendo de la mundialización de la política y de la economía se empieza a fascinar uno por aquello de 'lo pequeño es bello'.  Otra objeción clásica es que a las instituciones suizas son poco caudillistas y taurinas para los hispanos, aunque a este respecto cabe argüir que en la Castilla medieval el funcionamiento de los concejos era más popular y el toreo más recio que hoy día.  Si es cierto aquello de que lo que no es tradición es plagio, probablemente el sistema político suizo está más cerca de nuestros orígenes políticos que el sistema anglosajón de partidos turnantes que ya ha traído unos cuantos quebraderos de cabeza al país. 


El consejo federal suizo, máxima autoridad ejecutiva , funciona de una forma colegiada donde se integran de forma equilibrada las diversas opciones políticas, las confesiones religiosas y las lenguas, de manera que a todos alcanza la responsabilidad de gobierno y las tensiones que día a día hay que resolver, difíciles pero claras . De estos consejeros federales se ha probado sobradamente que su dedicación a la cosa pública les ha hecho perder dinero y ventajas, y pasado su mandato desaparecen de la vida política sin formar esa nube de pretendientes a cargos y sinecuras tan típica de los ex-mandatarios de nuestro país.  La presidencia de la Confederación Helvética se realiza durante un año y por orden de antigüedad entre los consejeros federales, lo que sin duda hará pensar a la mayoría de los españoles que con ese sistema no da tiempo para enriquecerse.  No es raro ver viajar el los tranvías y autobuses urbanos de Berna al presidente del país.  Por si fuera poco para resistir popularmente a tal poder ejecutivo que representa ampliamente a la sociedad suiza, existen dos mecanismos de utilización frecuentísima que son el referéndum y la iniciativa legislativa, muy distintos de los que figuran en la constitución española que son más bien de uso hipotético.  Naturalmente que estos sistemas de consejos colegiados, con preponderancia del consejo sobre el individuo, y de iniciativas populares existen también a nivel de cantones y comunas, que equivalen más o menos a provincias y ayuntamientos.  Todas estas instituciones son el resultado de la aversión secular de los suizos por las imposiciones de la autoridad civil y de su preferencia por las decisiones en asambleas populares.  Algo bien distinto del nutrido muestrario de gobernantes autoritarios , cerriles o simplemente chulos que constan en el haber de nuestra historia, y que han hecho la delicia de este país durante siglos. 


Algo han recogido los suizos actuales de su historia medieval y es que todo sociedad empieza en los escalones más pequeños y humildes, los que están más próximos al hombre.  Una sociedad sin socios de verdad elimina lo más auténtico de la sociedad y del hombre y acaba manteniéndose solo por la ideología y por la policía.  Algo de esa situación puede contemplarse cuando el funcionamiento de una sociedad se delega en unos cuantos partidos de escasa implantación, y estos a su vez delegan en sus dirigentes políticos que reducen la justificación de su política al número de millones de votos que han votado su programa teórico en una consulta electoral, programa, que dicho sea de paso, no compromete a nada legalmente vinculante.  El magro contenido de las ideologías de los partidos políticos , único ingrediente con el que se pretende que subsista el país, da para poco.  De seguir las cosas como van es dudoso que la próxima generación no conozca una balcanización en el extremo suroccidental europeo.  Cierto que se arguye que algo pesará la historia para que tal no suceda.  Otros insisten en la variante sentimental, si los españoles amamos la patria, o bien a los ciudadanos de otras regiones, o tal vez su fuéramos justos y benéficos como decía la famosa Pepa o Constitución Doceañista, tal vez, dicen, algo quedaría. 


En realidad no se trata de amarse, ni siquiera de conocerse, es algo bastante más directo: son necesarias unas instituciones que permitan que cada persona con su cultura , su religión , su lengua y su opinión política y social propia se encuentre a gusto.  Esto lo podría expresar bien un suizo diciendo: 'soy suizo no porque hable la misma lengua, ni tenga la misma religión , ni la misma opinión política y social que los demás suizos, ni tampoco porque los ame, ni tan siquiera porque los conozca o les entienda, sino porque pertenezco a un país llamado Suiza que me permite a la vez ser suizo y como yo quiero ser' que también podría resumiese en el lema 'cada uno para sí y la Confederación para todos'.  Pues bien, solo en la medida que las cosas cambien de tal manera que todos los españoles, con las naturales diferencias de tiempo, lugar y gente, pudieran definirse aproximadamente así, podrá subsistir el país, de lo contrario tendremos en fechas no muy lejanas nuevos reinos taifo-balcánicos, a saber si seguidos por nuevos caudillos carismático-salvadores de diverso pelaje. 


Ya puestos a hablar a niveles cantonales y de taifas alguna consideración hay que hacer de la ancha Castilla, tan ancha que no se sabe dónde empieza y acaba, ni casi donde está , ni siquiera si existe.  Aún se pueden recordar los tiempos de la llamada transición en los que tal vez por mimetismo de las periferias se trató de inventar una especie de nacionalismo castellano cuyo bastión eran unos pequeños grupos políticos y un escasísimo número de escritores, historiadores artistas y perceptores del vago título de intelectual. Dado el carácter de lengua mundial del castellano era difícil hacer simplismos lingüístico-nacionalistas fáciles en otras regiones.  De los textos que sobre este asunto se sacaron era muy difícil saber que se pretendía, unas veces se reivindicaba una mayor justicia económico-distributiva para Castilla, en otros casos se trataba de meras lamentaciones sobre la postración demográfica y económica o sobre la marginación de sus emigrantes en otras zonas más prósperas. Las jeremiadas eran muy abundantes, aunque no faltaban en ocasiones rememoraciones afirmativas de un pasado popular más pleno que el actual, pero salvo las referencias a un pasado comunero, que las más de las veces denotaban crasa ignorancia del mismo, todo se diluía en vagos emocionalismos por símbolos y hazañas del pasado, cosa bastante común por otra parte en todos los nacionalismos.  No faltaron opiniones que consideraban la extensión territorial como base de no se sabe bien que política regional.  En uno de los libros de aquel entonces se trató de hacer una encuesta entre diversos personajes de las artes y de las ciencias acerca del significado de lo castellano, término vago donde los haya, las respuestas eran curiosas en el sentido de que lo que podía significar lo castellano se subsumía sin más en lo español, término mucho más vago todavía que lo castellano, aunque vivimos ciertamente en un mundo que ama la abstracción, por tanto cuanto más abstractos los términos mucho mejor.  De hecho algunos respondían que lo castellano no era nada y a su vez era fundamento de lo español.  Había también personajes que se negaron a responder a la encuesta por considerar que la mera referencia a lo castellano era reaccionaria, cavernícola y poco progre.  Curiosamente fueron algunos partidos estatales de izquierda los que más fuertemente arremetieron contra el simpático intento se secesión segoviana , de la artificial región de Castilla y León diseñada en Madrid.  Aquello fue en realidad una manera de intentar revivir el viejo sentido comunero y foral de Castilla que nunca tuvo capitales administrativas ni Valladolides . 


De aquellos entonces subsisten unos cuantos exiguos partidos regionalistas, partidos en el sentido más convencional de la palabra, que varían entre la envidia a otros partidos nacionalistas periféricos de sólida implantación, pero basados en supuestos sociales de imposible analogía con lo castellano, y la exhibición de ideologías revolucionarias perentorias acompañadas con viejos símbolos del comunismo soviético, fáciles de encontrar en los mercados de baratillo de muchas ciudades.  Algunos de ellos con claro mimetismo del lenguaje político de otras regiones han legado incluso a hablar de la necesidad de que haya castellanistas, estrafalario adjetivo del que no se sabe en absoluto su significado. 


A lo mejor la negación de las características de modernidad y progreso pueden ser la base de partida para intentar una manera de hacer las cosas que se aleje un poco de la modernidad y sus siniestras perspectivas, a menos que se concluya que el mesetario castellano está destinado fatalmente a ser vulgar masa de maniobra de los intereses emanados desde el centralismo madrileño, en sus diversas variantes partidistas.  No faltan razones tampoco para pensar que así sea , no es difícil toparse entre los propios castellanos personas que no quieren saber nada de su propia condición de tales, puesto que sencillamente no quieren ser nada ni quieren hacer nada.  Y esto no tanto como loable camino de interna espiritualidad y perfección sino más bien como berroqueña dureza de mollera a la que tanto el paisaje como la sucesión de seculares sometimientos han contribuido.  No faltan voces últimamente que señalan que el progresivo deterioro y discriminación económica y social de la región haga saltar algún resorte hasta ahora dormido, aunque desde luego el comportamiento gregario en las consultas electorales no prueba que las cosas hayan cambiado mucho. 


No está claro cual sería el elemento humano base de una posible transformación del pensamiento y de la sociedad, la población agraria envejece más y más, y los pocos activos que quedan ven reducidos el número de hectáreas que pueden sembrar, el número de vacas que pueden tener y el número de vides que pueden podar, en nombre de unas directivas comunitarias emanadas no de Madrid sino de Bruselas.  No todo es malo sin embargo, puesto que alguna subvención se recibe para reforestar la región, que además del papel que puede representar para conservación ecológica del medio, puede tener la importante misión de suministrar sombra en verano para que sesteen los sufridos parados que no tienen otra cosa que hacer.  La industria si bien no ha experimentado el desmantelamiento de sectores industriales enteros como en otras regiones, no deja de haber fundadas esperanzas de que así suceda, basta pensar en la industria de extracción del carbón o en el sector del automóvil que depende de empresas multinacionales.  En lo que se refiere a captación de inversiones industriales extranjeras la cosa no va mejor, por muchos intentos que se hacen hoy día se prefiere invertir en Marruecos, en Tailandia o en Taiwan.  De los servicios, en especial el turismo, última esperanza que vocean los políticos que amañaron acuerdos con la Unión Europea, su importancia no puede compararse ni de lejos con las regiones costeras.  El más sólido bastión de subsistencia son las pensiones y subsidios públicos cuyo sistema de financiación digan lo que digan los políticos en sus discursos electorales está destinado al colapso por razones económicas y demográficas, no solo en nuestro país sino en la mayor parte de Europa, aunque las cosas no sean allí tan graves como aquí.  Queda por fin considerar la gran masa de parados, cuya excelente cosecha augura un gran porvenir.  Aunque conviene aquí distinguir los adultos, que en algunos casos pueden llegar a percibir algún subsidio e incluso con suerte jubilarse con la pensión mínima , de los jóvenes en los cuales, independientemente de algunos parches de contratos de aprendizaje, las tasas de paro son tan altas que incluso con los contratos basuras que el futuro les promete, y aún dispuestos a trabajar con la dignidad de los parias de la India o de los coolíes de la antigua China, es probable que cuatro o cinco de cada diez jóvenes no tenga trabajo a lo largo de su vida, cifra tal vez un poco menor si se consideran los posibles destinos en la economía sumergida y la delincuencia en sus múltiples variantes.  No sería cuestión entrar en la desprestigiada formación profesional impartida, mucho más preocupada en formar trabajadores por cuenta ajena que trabajadores autónomos o de cooperativas. 


El panorama descrito no es precisamente un inmejorable punto de partida para confiar en un esfuerzo de mejoramiento de las cosas, pero ahondando en el tipo humano que ha condicionado el mundo actual, hay que tener en cuenta además unas características mentales muy poco favorables, así por ejemplo la postura victimista de trabajadores y sindicatos que consideran que los que disponen de capital deben invertir para crear trabajo, olvidando el derecho de uso y abuso que pese a todo la ley consagra a la propiedad. 0 también la reivindicación de que en caso de no tener trabajo se tiene derecho a un subsidio, derecho afeado por tanto desaprensivo que conjuga dicha subvención con un trabajo clandestino, o bien evitando cuidadosamente trabajar para cobrar.  Por no hablar de la actitud ciudadana del que pasa ampliamente de política y considera que lo mejor es no hacer nada, caso en el que se encuentra buena parte de la juventud actual.  Siempre son responsables los demás, bien de crear empleo, bien de dar subsidios o bien de ejercer una buena política ciudadana, en definitiva 'que hagan los demás porque a mí no me da la gana de hacer nada'.  Y una vez que se ha hecho dejación de la responsabilidad individual, y habida cuenta de que la moral religiosa tradicional se ha debilitado mucho, los corolarios que se siguen no son nada extraños, tales las escasísimas iniciativas de cooperativas, de sociedades anónimas laborales o de cajas laborales que en otras regiones han dado espléndidos frutos, también la dificultad de encontrar trabajadores especializados que atiendan a precios no abusivos los servicios domésticos de reparación, o de encontrar los buenos albañiles, artesanos y mecánicos que antiguamente creaba la enseñanza directa de maestro y oficial a aprendiz.  Sin olvidar el notorio el aumento de alcoholización y drogodependencia de la juventud que cantan odas las estadísticas, o la perpetuación del viejo caciquismo provinciano a través de los partidos políticos de derecha, de centro y de izquierda.


Así las cosas es ciertamente difícil iniciar los caminos de la rectificación que pasarían por empezar a reanimar iniciativas dispersas que se han realizado en diversos terrenos, tales como bancos o cajas que funcionen sin o casi sin intereses, que a su vez fueran una fuente de financiación de cooperativas y sociedades anónimas laborales, fomento del consumo local y regional antes incluso que el nacional con el fin de mantener el trabajo en la región, sin duda ligado a la recuperación de industrias y oficios artesanos tradicionales. ¿ No sería posible que el castellano llevara en determinadas ocasiones las tradicionales capa y sombrero de labrador que aún se veían en las fotos de principio de siglo, como lleva pantalones de cuero el bávaro, faldas el escocés, sombrero cordobés el andaluz o boina el vasco?.  Si aprendiera a ser el mismo tal vez pudiera superar la inmensa vergüenza que le produce la  sola proposición de llevar tales prendas.  No se debe pasar por alto la necesidad de replantear la necesidad de algunos aspectos del mutualismo gremial como se practicaba desde los tiempos medievales en Castilla, a la vista del problemático sostenimiento de la seguridad social gubernamental que amenaza el futuro de los actuales pensionistas y asegura a muchos jóvenes unas arcas vacías y unas prestaciones nulas. 


Más allá de cualquier consideración política o económica, a nivel sencillamente humano, no sería malo recordar que conformándose a vivir con menos las cosas costarían menos, tal vez seria más fácil crear trabajo para más personas y por tanto menos paro, a lo mejor también habría menos diferencias de riqueza entre los pueblos, la importación de tanto artículo innecesario sería menos y el expolio de la naturaleza sería menos.  Inútil decir que toda la política del gobierno, de los empresarios o los sindicatos conspiran por el más: más renta nacional o per capital, más deuda pública, más beneficios, más salarios, más agotamiento de materias primas, más agresión a la naturaleza y por supuesto más parados. 


A nivel social tal vez se podría intentar helvetizar un pelín a los castellanos, ya demasiado americanizados, aunque solo fuera para intentar recuperar un poco sus orígenes.  Por poner un ejemplo y remontándose a la popular institución del concejo se la podría proponer como modelo para un nuevo tipo de asociación de ciudadanos que bien se podría adornar, a manera de sugerencia, con las notas de: predominio del consejo frente al individuo, por carismático que sea; actuación en el espacio local más inmediato de la existencia ciudadana ; no solo elección sino turnos rigurosamente rotatorios para cargos y cargitos; participación abierta a todos los ciudadanos no restringida por afinidad a credos políticos, sociales o religiosos; proporcionalidad de acuerdo con las tendencias y las procedencias; articulación de las diversas organizaciones locales en base a consejos confederales y lo más lejos posible de las organizaciones piramidales de los partidos estatales. Todo ello con el sano intento de que en los consejos estén los mejores pero evitando cuidadosamente los divos, los vivales y los cucos. 


Hablando del más próximo ámbito local y siendo en la pequeña ciudad de Ávila donde han surgido muchas de estas reflexiones, es justo que se trate de poner en práctica aquí , ciudad con más contrastes de los que se quisiera reconocer, desde Santa Teresa mística doctora y gloria de la Iglesia ,hasta Prisciliano obispo de Ávila y quemado vivo para vergüenza de la Iglesia , pasando por el cosmopolita y escéptico Jorge Santayana.  Mención aparte merece Torquemada aquí enterrado y que aún merece para algunos el apelativo de justo y piadoso.  Al no tener ninguna ideología que propagar, ninguna consigna con la que seducir, ni ningún caudillo a quien admirar solo es posible que del fondo del pueblo surjan las iniciativas que hagan suyas las sugerencias aquí contenidas.  Ya se sabe que la voz del pueblo la voz de Dios, y aunque suene extraño por estas latitudes tan papistas es tradición en la Iglesia Ortodoxa que ninguna verdad puede tener carácter de dogma si el pueblo fiel no la admite. 


Cuentan que los comuneros reunidos en la Santa Junta de Ávila estaban sorprendidos al ver como las reuniones donde había tantos burgueses  y miembros de la pequeña nobleza eran dirigidas por una persona que vestía el sombrero y la capa de labrador.  Esta misma sorpresa puede surgir hoy si los partidos políticos estatales vieran como surge en su pequeña sucursal abulense algo que, sin pedirles permiso, busca un espacio nuevo en las relaciones de los ciudadanos, en la cultura, en el trabajo, en la juventud, en el urbanismo, en la naturaleza, en la prensa y si se tercia también en las urnas.  Tales iniciativas están en manos de todas las asociaciones culturales, ecológicas, juveniles, ciudadanas, de trabajadores o de parados, y de todos los ciudadanos que nada encuentran de fascinante en las actuales instituciones políticas que tan fácilmente se convierten en nido de engaños y ambiciones, cuando no de crímenes.  Todos pueden aportar algo, pues aunque un grano no haga el granero, ayuda al compañero.  Muy diferente de la imposición de mayorías mecánicas de partidos compactos, solo en las tensiones que surgen entre los distintos intereses, compromisos e intenciones se puede aprender lo que es federalismo.  Es conveniente recordar que el más largo y arduo de los viajes comienza por el primer paso, sin él no se llegará nunca a ningún sitio.


 RES


Ávila 18 de noviembre de 1995

sábado, marzo 08, 2014

Joven Castilla o señora Castillesquieu


 

 

Un poema que, a la vez, es todo un programa electoral atractivo, basado en la ideología de las Comunidades de Villa y Tierra castellanas.

 

 

CANCIÓN DE LA JOVEN CASTILLA ó SEÑORA CASTILLESQUIEU (Son versos, pero también habla de la Revolución que enseñó Castilla al mundo, y de la esperanza que aporta para todos los pueblos del planeta)

 

 

 

 

 



Señora doña Castilla,
que brilla
en tu lengua y en tu Historia:
gavilla
a tu gente y dales gloria

de verte de nuevo unida.
La vida
de todos los castellanos,
mentida
por políticos insanos,

paracaidistas lejanos
que ignoran
tu menester, y devoran
los granos
de tierra que no valoran

debe cambiar. Sólo imploran
confianza
que luego traicionan. Lanza
contra ellos no la venganza:
desdén.

Y ven
a ti misma, democracia
organizada, no acracia
ni edén
en tu lar hay almacén.

Evoca
alguna de las medidas
que, unidas,
o sólo con la primera
ya diera
democracia verdadera,
y cuya ausencia coloca
a quienes no las tuvieran
en rumbo que la sofoca.

¿Primera?
Que el programa electoral
sumiera
al diputado social
en obligado cumplimiento
o se fuera,
dimitido
o suspendido
por juicio revocatorio al momento.

Sólo con esto, gobierno
actual,
incumplidor y mendaz
-cualquiera-,
iríase al bien ganado averno
ante el primer incumplimiento,
esencial.

Sólo con esto
ya empezaría a haber
veraz, concreta y leal
con su gente, electorado y pueblo
democracia real.

Mandaría el mandante
que es el pueblo soberano
y obedecería el mandatario
que es el representante,
por lo cual cobra, sirve y es pagado,
en puesto que habría de ser secundario
y según lo que se le haya mandado.

¿Segunda?
Limitación del tiempo del encargo.
Un año duraban tus electos cargos.
Pongamos ocho o cuatro
y ya no habría profunda
casta política que en el presupuesto hunda
a él y a toda su fecunda
familia política y natural.

¿Tercera?
Deposición inmediata
del diputado incumplidor o perezoso,
de sueldo, dieta, prebenda, pensión, tarjeta, becaria y momio sólo ansioso.

Nada de "señorías" irresponsables en su mandato.
Inamovibles, hagan lo que hagan o no hagan, de su escaño.
¿Del pueblo mercenarios?
Del pueblo subordinados
durante esos cuatro u ocho años,
a él y al programa supeditados.

¿Cuarta?
Todo ello implica un "poder" estable
que al diputado le impida ser inviolable
ante su cuerpo electoral.

Ni un sólo día.
Si fuese inmune durante cuatro años
ante sus electores,
en cuatro años se corrompería
de mil amores,
en más, en menos o en todo en sí mismo pensaría
-y en hacerse favores
de todos los colores,
y a sus valedores
y a sus seguidores-
y sólo ulteriormente se acordaría del electorado,
impotente, sin recursos, desarmado,
pasivo y depuesto de su presunta soberanía,
desde el mismo momento de haber votado
a sus señores,
prometedores,
pero incumplidores,
emperadores
y no servidores.

Anulado por el Sistema durante los cuatro años,
hasta que de nuevo le invite a ejercer un voto... dimisionario.

¿Y si cambiara entonces de partido y diputado,
única solución que da el Sistema a los desencantados?
El partido y diputado siguiente igual acabaría,
mirando por sus valedores,
favoreciendo a sus finaniadores,
trepando en pos de honores,
medrando para saciar sus personales fervores,
cobrando en plata y en especie por sus favores.

Lo que te he dicho no lo ignores,
que no son rumores,
sino bien exactos rigores.
Y tú mismo ya supones
los restantes pormenores.

El Sistema entero -corrumpente en sí mismo- lo corrompería,
porque está pensado para que hagan su santa voluntad las señorías,
y al poco tiempo también sus propios intereses y los de su partido prevalecerían.

Los próximos diputados -renovadores-, aunque su guía
inicial fuese cumplir -lo que ya es suponer- con la ciudadanía,
su buena voluntad poco a poco se deslizaría
y, al cabo, el mismo camino seguirían.

Son los pastores,
son los señores,
son los actores,
son los tutores
del Niño Pueblo
al que se comen.

Así llevamos, Régimen tras Régimen, en idéntica porfía
de promesas falsas y palabrería.
Pero ¿democracia?, sólo nominal.

Es el Sistema, diseñado entre, por y para las señorías,
y para deponer -deliberadamente- a la ciudadanía
lo que impide toda real democracia
y da paso a una aristocracia
u oligarquía
que gobierna entre, por y para su propia casta política,
por su falacia
y para nuestra desgracia.
Por eso, después de las urnas
se calza las coturnas
y de ti se espacia.

Y también basado en otra -otra más- falsía,
decir que los que se oponen al Sistema aristocrático
son Antisistema, y no Antiaristocráticos,
por democráticos, por verdadera y realmente democráticos.

O siquiera un poquito democráticos.
¡Una brizna de democracia, por favor,
con eso nos conformamos,
hoy por hoy!
Aunque debiéramos quitarle el cayado entero,
al menos es lo que yo considero,
y ponerle a nuestro servicio verdadero,
autonombrado señor pastor.

Humanos:
sed reidores,
sed guiadores,
sed directores,
de democracia posible portadores.
No con tu voto inútil su sistema decores
hasta que no mejore.

Un poquito de democracia además del voto deponente
y, por añadidura, intrascendente,
¡que al menos el
programa sea vinculante,
si no en todo, al menos en alguna cosilla interesante,
y así el voto vivirá más de un instante!

El partido que sólo esto poquito de arriba prometa y haga
te traerá, Democracia,
y además, con ello, ganará las elecciones de forma clara.

Son los albores,
son los primores
son los motores
que a Democracia llevan.
Los que sí renuevan.

Pero ni eso los oligarcas toleran:
no ya otro Sistema, ligeramente, mínimamente democrático,
sino algo brevísimamente democrático.
Ni una pizca de ti toleran, Democracia
real y verdadera.

Sólo permiten la farsa
-y lo llaman "fiesta de la democracia"-
del voto... dimisionario.

Castellano, y tú también Humano,
de país liberal, comunista, socialista o capitalista:
¿Te suena vivir
en esta agonía
de una democracia vacía
regida como antaño
por señorías?

Y en cuanto a ese Poder cuarto,
el revolucionario,
llamémosle, por ejemplo,
el Poder Social,
el más indispensable,
y por encima debe estar
del Ejecutivo, Legislativo y quizá, acaso, tal vez, del Judicial,
que en cualquier caso también
ha de tener
un componente en parte electoral,
y, más aun, en el Ministerio Fiscal.

¿Quinta? Y por no seguir:
Si Defensor del Pueblo hubiera...
que el pueblo lo eligiera
porque, así,
sí que defendería,
al pueblo que lo eligió.
Lo de hoy
nuevamente es... fingir.
Del actual modo, defiende al que lo eligió:
su señorial elector.

¿Habrá mayor sinsentido,
quizá incluso desvergüenza,
que al defensor que nos defiende
de las señorías...
también las señorías
lo eligieran?
¿Quién habrá que nos defienda
de semejante Defendedor?

Un Defensor del Pueblo electoral
sería ya el germen del Poder Social.
Por esta vía, la más asequible e inicial,
habrá algún día democracia
o nunca democracia habrá.

Sino corrupción general,
en menos -que no en poco- y en más,
entre la minoría dirigente notarás.
en Rusia, Ucrania, USA, Cuba, China, España o Portugal,
en Japón y Madagascar,
en Corea -ambas- y en Ceilán.
en Venezuela y en el Chad.

¡Oh, Señora doña Castilla,
que incluso te adelantaste
y superaste
a Montesquieu, presunto divisor final,
del poder político general!

¿Ejecutivo, Legislativo y Judicial?
Señora doña Castilla,
¿y dónde está el que tu aportaste
el más importante y supremo,
el Poder Social,
que también ha de tener órgano electo y el principal?

En las elecciones de este Poder,
yo votara,
en las elecciones a los poderes señoriales que hay,
da igual
que votes o no votes,
ellos gobernarán
y en su provecho de "señorías"
-que ni el nombre ocultan,
con tal nombre a ti y a la democracia insultan-
lo harán.

Deberían llamarte,
Señora Castillesquieu,
pues tu Poder imparte
el que olvidó Montesquieu.

El que hace que la Pirámide,
deje de estar vertical,
como siempre sin él,
estuvo, está y estará:
el Poder Social.

Con esos cinco puntos, ya hay democracia.
Luego, quien más quiera,
que elija, como tú hacías:
el salario de los políticos,
y controle sus regalías,
los jefes de policía,
los impuestos, que tú establecías,
las leyes, pocas y cumplidas,
y en lenguaje común escritas,
consultas y referendas
frecuentes a la demografía,
¡igual que hacías tú
y hacen todavía en Suiza!,
los servicios y servidores
de la ciudadanía
por ella misma los tribunales
de examen los cubriría,
y que ninguno de los servidores públicos
fuese más ni viviera mejor
que la media de aquellos
a quienes servía.

Es de una lógica tan aplastante
que no tenerlo ahora
resulta inquietante.

Pero todo esto último fuera
una democracia plena,
que sólo tú conociste,
Castilla mía.
Ni tan siquiera
la antigua Grecia,
con media población esclava
y la patricia jerarquía.

Confórmese el mundo
con las cinco iniciales medidas,
que ya dan la democracia
a quien la quiera y haga gracia.

Porque sirven para romper
la Ley de Compañerismo que compacta
dentro de ellos
en todo lugar
-y en la atrasada España también
entre ellos-
al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial
-y los convierten en señorial aristocracia,
inmune a la plebe, apretada burocracia,
espesa endocracia-
contra quienes no disfrutan de él.

Y su desagregación o separación ha de hacerse desde un externo Poder,
el Poder Social, que no señaló Montesquieu.

Señora doña Castilla
amada
por tu pueblo. Mas sangrada
tu trilla
por casta oficial aliada.

Comunidades de Villa
y Tierra
tuviste que, en paz y en guerra,
semilla
y ejemplo al planeta encierra.

Democracia cierta y pura
perdura
tu modelo que asegura
comunitario lo común,
privado lo que es de algún.

Ni anarquista,
ni comunista,
ni tampoco plutocrática y capitalista.
Democracia organizada,
estable y asentada,
en la razón y en la veracidad
fundada.

Democracia razonable,
profunda y apreciable,
no superada,
democracia castellana
ventana
a la libertad,
posada
de la Humanidad,

Volverás, doña Castilla
conjunta.
Dejarás de ser difunta.
Chiquilla,
tu Historia al futuro apunta.

Copyright © Juan Pablo Mañueco Martínez.
Derechos de reproducción reservados.
Compártase, que para eso está aquí,
pero indicando esta reserva.