martes, mayo 29, 2007

Miscelanea abulensica 1. Avila gallega. RES

Con motivo de la publicación del libro ‘Ávila “gallega” ‘ de Emilio Rodríguez Almeida, (Serie Minor nº7 de la Institución Cultural Gran Duque de Alba de la Diputación Provincial de Ávila, Ávila 2002), se plantean una serie de cuestiones acerca de la verdadera ubicación de la Gallecia romana que pesar del remoto pasado considerado tienen “ au rebours” una actualidad insospechada para el moderno debate delimitador de Castilla., término confuso que puede designar prácticamente cualquier extensión que se desee, un topónimo a la carta, si es que tal cosa existe. José Antonio nos obsequia periódicamente con unos recuentos de opinión de unas combinaciones algebraicas sin repetición más bien asimilables a quinielas que no a diferenciaciones esclarecedoras.

Ya desde el primer momento advierte el autor la transcendencia del asunto y las implicaciones que puede tener en el moderno micronacionalismo, nada menos mentar los nombres de las patrias sagradas, algo bastante peor en ciertos ambientes que mencionar a la santa madre.

Así comienza con el exordio:

“Las reflexiones que a continuación voy a hacer parten de una figura histórica y se van a centrar pronto, van a tomar cuerpo y tratar de llegar a un resultado, en un campo completamente diverso: el de un territorio igualmente histórico, ligado a la figura de que partiremos. Podrá parecer, a primera vista, un proyecto tortuoso y, para alguno, incluso desproporcionado; pero no lo es, y demostrarlo no será difícil ya desde estas primeras líneas.

La pervivencia actual de definiciones geográficas nomi­nalmente idénticas a las antiguas es un hecho incontrovertible, exactamente como incontrovertible resulta que los límites ac­tuales de estos territorios no coincidan jamás con los que en­tendieron o establecieron los antiguos. Bastaría referirse, por ejemplo, al concepto Hispania y a su sólo aparentemente equivalente "España" para darse cuenta de la aporia en que vendríamos a encontrarnos si pretendiéramos retener un total paralelo para entrambas. No sólo: hoy vivimos la extraña pa­radoja política de una región autónoma, Cataluña, que habien­do recibido por primera vez de los romanos la identidad no­minal de la verdadera Hispania, pretende no tener que ver en absoluto con la España que entendemos como unidad territo­rial, étnica y política de los tiempos actuales! Se trata de una paradoja que, llevada a sus últimas consecuencias lógicas, de­bería poner al primer capítulo de la reivindicación autonómica catalana el sacrosanto derecho de impedir al resto de los pueblos de la Península el uso de la definición de `españoles': "Llámense como quieran, señores míos: neocartagineses, tar­tesios, carpetanos, lusitanos..., pero no españoles, porque la primera, primogénita Hispania = España, es la Tarraconense, y, substancialmente, la Cataluña actual!". Brindamos con mu­cho gusto (y gratuitamente) la idea al cada día más inteligen­te y lungimirante Presidente de la Generalitat: quién sabe si no le será útil en el futuro.

En otros casos, los nombres históricos antiguos han sufri­do procesos de reducción, como en el caso de la Cantabria y Asturias, o de ampliación forzada, como en el caso de un Ara­gón que, indicando primariamente la Tarraconense costera y su zona de influencia inmediata, con el tiempo pasa a deno­minar sólo una parte de ésta última (y una parte substancial­mente interna y no costera). ¿Otros casos, otros fenómenos? Si hay una región española cuya substancia territorial haya pa­sado prácticamente indemne todos los avatares de la historia ésta es la antigua Baetica. Pero si guerras y luchas, invasiones y reconquistas, califatos, reinos taifas, señoríos y repúblicas, política y administración de todas formas y colores, no consi­guieron alterar substancialmente la realidad territorial, ¿quién hubiera pensado, durante la Antigüedad clásica, que iba a tener que sacrificar su bello nombre en favor del de un pueblo inva­sor tan insignificante y efimero como el de los Vandali Silingi?

Pues bien, un fenómeno paralelo es el que afecta a Ga­llaecia-Galicia, denominaciones para las que en vano iríamos en busca de una identidad precisa a través de los diversos pe­ríodos históricos, porque el nombre, como veremos, `emigra', se desliza y desplaza paulatinamente de Sur a Norte, hasta co­agular y fijarse en su acepción territorial moderna, en el ex­tremo Noroeste peninsular, la antigua tierra de los Artabri, que, con casi absoluta seguridad, no le perteneció en sus orí­genes. La cosa no tendría nada de particular o de trágico, si no fuera por el hecho de que esta realidad no es absolutamente percibida por los arqueoetnólogos, arqueólogos e historiado­res, que substancialmente no establecen diferencia alguna, al punto que la simple hipótesis de separar ambos conceptos, analizar su devenir histórico, precisar los contornos en suce­sión diacrónica, resulta poco menos que una herejía histórica tan escandalosa como parece fuera a su tiempo la teológica de Prisciliano. Ya, ¡el Priscillianus Avilae episcopus y, para col­mo, Gallaecus, de las fuentes histórico-literarias!

En la infinita, variadísima y pasional bibliografía eclesiás­tica y, en general, historiográfica de la España antigua, que ha ido acumulándose sobre este personaje y su controverso mo­vimiento, permanece un equívoco de fondo que, a cuanto pa­rece, nadie se ha preocupado nunca de disipar: el de la su­puestamente substancial identidad entre la Galicia actual y la Gallaecia histórica. El prejuicio está tan arraigado que en él se fundan (sea para afirmar, sea para negar la `galleguidad' del personaje) muchos de los estudios de autores tan importantes y versados en el problema como Martins, Portela Valladares, Pedrazo, López Ferreiro o López Caneda, por no citar más que algunos. Se llega a centrar la misma figura del hereje (o su­puesto tal, cosa que ahora no nos interesa) en el marco de una ,,antropología céltica" o "gallega"; se apoya su doctrina en un supuesto "panteón céltico del Noroeste peninsular", especial­mente de los cultos astrales; se quiere ver en sus posiciones metafísicas o metateológicas la trasparencia casi folklorística de una antropología de la región. Y, como consecuencia ex­trema, ¡se ve a Prisciliano tan geográficamente "gallego" (en el sentido moderno del término) que se llega a querer ver en la memoria de Santiago de Compostela (siguiendo lo que al­guien propuso casi como una `boutade') no ya la tumba del Apóstol Santiago (cosa, en sí misma, opinable, naturalmente, pero por otros caminos y otras razones), sino la del hereje Prisciliano! “

(Emilio Rodríguez Almeida. Ávila “Gallega”. Serie Minor nº 7. Institución Cultural Gran Duque de Alba. Ávila 2002, pp 9-11).

Los extremos precisados por el autor son bastante conocidos e investigables tanto por la geografía conocida del imperio romano como por los textos de los geógrafos greco-latinos. Básicamente se reduce a afirmar que la primitiva denominación de la Gallecia latina se deriva de la denominación kallaikoi dada por estrabón a las tribus que habitaban desde el Miño hasta la zona sur de la cuenca del Duero, que comprende lo que se denominó Gallecia Bracarense, que en su parte más norteña y occidental comprende las actuales provincias portuguesas de : Minho, Douro, Alto Douro y Tras os Montes y su parte más oriental y meridional la actual provincia de Ávila. En la división provincial de Augusto el territorio de las tribus kallaikoi quedó incorporado a la provincia de Lusitania. La actual Galicia pertenecía entonces a las tribus ártabras, y su territorio incorporado a la Tarraconensis. Esto en principio puede ser algo fuerte para algún furibundo galleguista que ve evaporarse en la nada los supuestos orígenes ancestrales de la galleguidad de la actual Galicia, pero los hechos fueron así.

Todavía hoy cuando los minhotos - portugueses de la provincia de Minho (ValenÇa do Minho, MonÇao, Melgaco...)- van a Lisboa les reconocen un raro acento (un portugués mucho más lento y comprensible que el endemoniado portugués lisboeta) y les llaman con un cierto tonillo de suficiencia gallegos; es decir que los portugueses aún recuerdan en sus usos lingüísticos que el norte del actual Portugal pertenecía a la Gallecia Bracarense..

Siglos más tarde en la época de Diocleciano se realizó una nueva distribución provincial de la diócesis Hispaniarum en seis provincias, desgajando la Gallecia Bracarense de Lusitania e incorporándola a la nueva provincia Gallecia junto con los antiguos territorios de las tribus ártabras (conventus Lucensis) y astures (conventus Asturicensis), anteriormente pertenecientes a la Tarraconensis. En cualquier caso la capital de la nueva provincia Gallecia era Braga y no Lucus (Lugo) o Asturica Augusta (Astorga), lo que de alguna manera reflejaba el hecho de que la ubicación de los antiguos kallaikoi o gallegos era el sur, es decir la Gallecia Bracarense y no la Gallecia Lucense, es decir para aclararnos y provocar reacciones paradójicas y acaso airadas o tal vez infartos fatales: Ávila era la primigeniamente gallega y no la Coruña.

El autor plantea directamente estas cuestiones:


“1. Qué cosa es la Gallecia

EN este punto comenzamos a entrar en el tema que he­mos expuesto en nuestra introducción, porque cues­tión versada es también la del origen natal de Prisci­liano. "Gallego" es llamado por los autores antiguos, lo que ha inducido a la generalidad de los especialistas a considerarlo gallego en el sentido moderno del término. Se trata (lo hemos dicho ya) de un grave error de perspectiva. Para los antiguos, el término tenía un valor diverso ya desde los tiempos de Au­gusto. Basta leer los Hypomnemata geographicá de Estrabón, 111.3 y 111.5, partiendo del hecho de que, etnográficamente ha­blando, los pueblos al sur del Duero que fueron incorporados por Augusto a la provincia Lusitania con capital en Mérida no eran verdaderamente lusitanos: los pueblos lusitanos comen­zaban al norte del Tajo, esto es, bajo las sierras de Estrella, Ga­ta, Béjar y Gredos:
"Siguen (entiéndase `entre los pobladores de la España oc­cidental, en el marco general de los Lusitanos') los kallaikoi (lat. Gallaeci, `galaicos' o `gallegos'), que habitan en gran parte las montañas. Por haber sido dificiles de vencer, dieron su nombre al vencedor de los Lousitanoi (e. e., Décimo Junio Bruto `el Galaico', en el año 138 a. d. C.), tanto que hoy la ma­yoría de los lousitanoi se llaman kallaikoi "...
"Hasta el norte del Tajo se extiende la Lusitania, la más fuerte de las naciones iberas y la que por mayor tiempo resis­tió a los romanos. Los límites son: hacia el Sur, (desde) el Ta­jo; al Norte y Oeste, el océano; al Este los carpetanos, los vet­tones y los galaicos". (Para entender esta descripción hay que tener en cuenta la visión deformada de la Península que ` ven' los antiguos. Fig. 4 ).

Nótese que está hablando un geógrafo de la edad de Au­gusto, que conoce la realidad administrativa del momento (el ordenamiento provincial augusteo); en la cual la Lusitania se extendía del Algarve actual hasta el Duero, y en la que las ac­tuales provincias gallegas aparecían incluídas en la Hispania citerior o Tarraconensis; y en ella continuarán hasta que se re­alice la nueva división diocleciana o de la Tetrarquía, en los fi­nales del s. III. Fig. 5.
Esta nueva división revolucionará todo el panorama admi­nistrativo en modo decisivo. En la Península Ibérica se crea la Dioecesis Hispaniarum, que comprenderá las provinciae nue­vas de la Tarraconensis (capital Tarraco), Carthaginensis (ca­pital Carthago Nova), Gallaecia (capital Bracara), Lusitania (capital Emerita Augusta), Baetica (capital Corduba) e, incor­porada, la Mauritania Tingitana (capital Tingis, Tánger). ¡Se trata, por lo que afecta al territorio que ahora nos interesa, de una revolución total! Fig. 6.
(Op. Cit. Pp 37-38)

“Creo, por consiguiente, que deba considerarse fuera de cualquier duda razonable el hecho de que la Gallaecia origi­nal fuese un territorio comprendido a grandes líneas por los si­guientes extremos; el Miño al Norte, la Sierras de Estrella y de Gata al Sur, el Océano a Occidente y las Sierras de Gredos y Guadarrama en la parte oriental inferior. En estos términos, se comprende fácilmente la razón por la cual Estrabón asegura que "hoy día se llama Gallaeci a la mayoría de los Lusitani:"

Cuestión diversa y para nosotros poco comprensible es la razón que pudo mover a Augusto a ciertos `recortes' fronteri­zos (la zona Segovia-Coca, por ej., estaba originalmente, se­gún Plinio, NH., 111.28, en el conventus Cluniensis de la Ta­rraconense o Citerior, mientras, al menos por lo que afecta a Coca, con la Tetrarquía pasaron a la Gallaecia) y, en concre­to, a separar del resto de la Gallaecia original el territorio sep­tentrional con centro en Bracara. El hecho es que en tal modo creó los presupuestos para la futura confusión de los términos geográficos, pues el territorio noroccidental de la Tarraconen­sis quedó distribuido en los conventus Asturicensis, Lucensis y Bracarensis, pertenecientes a tres etnias completamente di­versas: astur, cántabra y galaica.”

(Op. Cit. P 48)

“1. La diócesis Hispaniarum

En el año 285, tras el traumático período sucesivo a Va­leriano y Galieno (época `de los Treinta Tiranos'), su­be al imperio Diocleciano, el gran reorganizador. Sus reformas cambiarán de la cabeza a los pies el `gigante de ar­cilla' en que se iba transformando el Imperio romano, permi­tiéndole sobrevivirse a sí mismo y re-adquirir una solidez tal que ni siquiera los continuos cambios dinásticos y las fre­cuentísimas conjuras de palacio le habrían afectado. Es una re­forma que toca todos los aspectos del poder público, desde la moneda y los precios hasta el ejército, desde la administración territorial provincial hasta las jerarquías de la corte imperial. No habrá un solo aspecto de la vida pública y de la sociedad romana que no se vea afectado por esta radical transforma­ción.
En la administración territorial del inmenso imperio la re­forma se concretiza en dos aspectos. Por una parte, las pro­vincias multiplican su número; por otra, éstas son agrupadas en 12 territorios administrativos mayores llamados `diócesis' (dioecesis, StockTrn5, `administración', `gobierno'). Uno de ellos es la dioecesis Hispaniarum, dividida en cinco provincias peninsulares (Tarraconenses, Carthaginensis, Baetica, Lusitania y Gallaecia) y una africana (Mauritania Tingitana, Marruecos). No se nos alcanza, naturalmente, la serie de razo­nes en que se basa la definición de las fronteras exactas de ca­da provincia en un ámbito tan drásticamente renovado, pero es probabilísimo que las viejas reivindicaciones territoriales étni­cas sean, si no una exigencia, ciertamente un reclamo válido en muchos casos; y creo que el caso de la nueva provincia de Gallaecia no sea único.
2.- HIDACIO DE LIMIA Y SU CHRONICON.
La nueva situación compensa idealmente esa especie de `injusticia' consumada por la división augustea, que había de­limitado el ámbito territorial un tiempo poseído por los Ga­llaeci, en cuanto se les atribuye de nuevo todo el territorio ori­ginal entre las sierras de la Estrella-Gata-Gredos y el Miño y, ad abundantiam, el de los tres conventus septentrionales árta­bro-galaicos y asturicense, un tiempo atribuidos a la Tarraco­nense, es decir, el bracarense, el lucense y el astur, como ha­bía hecho ya Caracalla. Y si los testimonios directos del pri­mer momento (de Diocleciano a Teodosio) no son explícitos, a partir de Teodosio no nos quedan dudas, gracias a la obra analística del cronista Hidacio de Limia (HYDATIVS LE­MICVS, Continuatio Chronicorum Hieronymianorum, en Migne, Patrologia Latina LI, 873-891), una obra que, dividi­da por olimpiadas, comprende desde el año 379 en que Teo­dosio inicia su imperio hasta el 463, siendo cónsules Flavius Caecina Basilius (en Occidente) y Vvianus (en Oriente) y em­perador en Occidente Libius Severus.
Hidacio dice en su introducción ser nativo de la provincia Gallaecia, Lemica civitate (`de la provincia de Gallaecia y de la ciudad de Lemia'). Puesto que Lemia es identificable con el topónimo actual Limia (río gallego que desemboca en el Océano al Sur del Miño), es posible que la Lemica civitas sea Fo­rum Limicorum (Nocelo da Pena, Orense). Según algunos, la Lemica civitas sería Viana o cualquiera otra de las ciudades portuguesas vecinas a Braga (las muchas e insistentes notas de Hidacio relativas a Bracara concretan, si fuera necesario, que su ciudad natal se encontraba en el viejo conventus de esta ciu­dad); su precisión de que está escribiendo sus notas intra ex­tremas universi orbis Gallaeciam es una pura percepción de la extrema occidentalidad de la provincia y no, como los ga­lleguistas extremos piensan, de la identidad de los conceptos Gallaecia-Galicia actual.”

(Op. Cit. Pp 53-55)

Y ya puestos en plan galaico-cantábrico ¿ quién carayo eran los vetones?; a juzgar por la utilización reciente del adjetivo por parte de algunos parece como si se hiciera referencia a la más rancia castellanidad o incluso paleocastellanidad, a veces combinado en el doblete carpetovetónico, adjetivo que parece aludir algo así como a reciedumbre mesetaria, a España profunda de Solana y Regoyos.

Modernamente en todas las autonomías han surgido partidarios de retrotraer las esencias nacionales o micronacionales a los más inverosímiles fósiles y catacumbas de la prehistoria, lo que al parecer les procura sólidos anclajes genéticos, cimientos de una micronación perdurable y desafiante de las avatares y mudanzas del tiempo. Nada pues de fundamentos en la civilización medieval cristiana que conformó una noción de persona y de orden social de la que aún en parte (cada vez menos) tiramos. Hay que zambullirse en el neolítico a la búsqueda de sólidos fundamentos de delirio. “Blut und boden”, sangre y tierra que decían los nacionalsocialistas de allá o los sabinianos de acá. Aún mejor si se pudiera llegar al Paleozoico inferior.

Hete aquí que los arcaicos anclajes deparan sorpresas cual máscaras de carnaval o mosqueos de travestis, los recios vetones eran ni más ni menos tribus kallaikoi, o para ser más claros eran gallegos. Como lo oyen ustedes, y con esto dejamos la palabra al autor:



“3. El papel de Ávila en el periodo suevo.


Las ciudades `galaicas' más aludidas o citadas por Hida­cio son, naturalmente, las de la zona bracarense, donde vive y escribe: Bracara, Lucus (Augusti), Aquae Flaviae, la civitas Auriensis (Orense). Asturica aparece varias veces, sea por su objetiva importancia de ex-capital administrativa de conven­tus, sea porque se encuentra en la línea de penetración y de co­municación con la Tarraconense y la Galfa. De ciudades 'in­ternas' y poblaciones de la Gallaecia pobre e históricamente ignobilis como los Brigetini de Zamora, de los Vaccaei delmedio Duero, de Segovia, Cauca o Salmantica, no encontra­mos mención alguna. De Ávila-Abula, excepción rarísima, oí­mos hablar sólo gracias a Prisciliano: ¡a no ser por él y su in­trigante historia, probablemente nunca hubiéramos sabido que se trataba de una zona de la provincia Gallaecia... !
Es no sólo posible, sino muy probable, que Ávila haya ju­gado algún papel en luchas de esta naturaleza y duración; es más que probable que ella sea uno de los castella residua a plagis barbarorum que se someten a la servitus (probable­mente vasallaje sin ocupación directa) de los bárbaros ya en el 411. La pobreza misma de su territorio debió constituir una es­pecie de salvoconducto para evitar los males y las vejaciones atroces de otras ciudades más codiciadas por los contendien­tes. Seguramente fue una de las ciudades y castella tutiora (plazas fuertes) que en el 430 resisten a las razias de Ermeri­co el Suevo por las medias partes Galleciae (se recuerde que, al contrario, cuando Hidacio quiere referirse a la zona de la Bracarense, la llamada Gallicia in extremitate Oceani occi­dua, `la Galicia extrema y más occidental, junto al Océano'; o, refiriéndose al lugar en que vive y escribe, extrema univer­si orbis Gallecia, `en Gallecia, extremo rincón del mundo'; cuando habla de la primera, está refiriéndose a la realidad ad­ministrativa y jurídica de la provincia; cuando alude a la se­gunda, está hablando del horizonte inmediato, fisico, que tie­ne a la vista).
Hasta ahora, ni la documentación escrita ni los testimonios arqueológicos han evidenciado en Ávila un solo reflejo de la situación que Hidacio describe entre el 383 y el 468 (véase, sin embargo, el cap. 8). Es un capítulo que está aún por escri­bir. En fin, una consideración marginal que se deduce de todos los avatares históricos que afectan a la Gallaecia: si bien Es­trabón no lo precise, es evidente que los Vettones del territorio originario de Ávila-Salamanca pertenecían a la más amplia et­nia de los Gallaeci; y es por ello que con la administración romana no solamente siguen el destino del pueblo, sino que pier­den paulatinamente su propia entidad y su nombre `menor' en favor del general y mayor (cfr. infra, cap. 7).”

(Op. Cit. Pp 63-64)


“CapítuloVIIi ¿y qué es `Vettonia'?

1. Vettonia, en su contexto

En todo nuestro razonar sobre la Gallaecia antigua he­mos dejado de lado hasta ahora un aspecto apenas ci­tado de paso más arriba: el hecho de que la etnia de los Vettones o Véttones sea una etnia afin a la galaica, si no del mismo tronco. El primer dato de carácter geográfico que pro­porciona Estrabón (H. G., 111.3.1) es que "su territorio es, con el de los Vacceos y los Lusitanos, atravesado por el Tagus (Ta­jo) ". El segundo, en 111.3.3, es que "los Lusitanos confinan a Oriente (recuérdese que la visión de España en Estrabón apa­rece deformada, hasta decir que el Tajo desemboca en el Océ­ano `al Sur', confundiéndolo con el Anas o Guadiana) con los Carpetanos, Véttones, Vacceos y Galaicos".

En 111.4.20, Estrabón afronta el tema de la división territo­rial augustea en esta forma:
"Ahora se han distribuido las provincias entre el Pueblo y el Senado romanos por una parte y el Príncipe (el emperador) por la otra. La Bética es del Pueblo (provincia senatoria) y a ella se envía un pretor asistido por un questor y un legado... El resto de Iberia se ha atribuido al César que envía a ella en su representación a dos legados, uno `pretorio' y otro `consular' (dos diversas proveniencias sociales). El pretorio, asistido a su vez por un legado, administra la justicia a los Lusitanos, es de­cir, a la provincia comprendida entre los cursos del Baetis y el Durius (Guadalquivir-Duero) hasta su desembocadura. El res­to (de Iberia, esto es, la Provincia Carthaginensis) queda bajo la autoridad del `legado consular' con fuerzas considerables: cerca de tres legiones y otros tantos legados de legión. De ellos, uno, con dos legiones, vigila la zona del Durius al nor­te, una zona que antes se decía `lusitana' y ahora `gallega"(es evidente que se refiere a los conventus Bracarense, Lucense y Astur).

Por lo que hace a la Galicia actual, Estrabón es preciso, subrayando en dos lugares diversos (sobre todo en 111.3.5) que "los Ártabros son últimos que habitan cerca del cabo Nérion (Finisterre), donde se unen los lados occidental y septentrional de Iberia".

Es en 111.3.5 donde Estrabón precisa mejor su pensamien­to relativo al territorio galaico como distinto del lusitano y del ártabro: "Unas treinta tribus habitan la zona entre el Ta­gus y el país ártabro..." Se trata del famoso paso en que el ge­ógrafo afronta la descripción de estas `tribus de montaña', `tri­bus de bandidos, insociables e inhumanas' que con gran difi­cultad han sido reducidas por los romanos a la vida civil. Y no hay duda alguna de que está hablando, sobre todo del pueblo vettón, el verdadero nervio y espina dorsal de la resistencia lusitana. Y vale la pena recordar la anécdota que él mismo na­rra en 111.4.16, a propósito de las costumbres `espartanas' de estos pueblos: "Los vettones, que fueron los primeros en com­partir con los romanos la vida de campamento, viendo que los centuriones, mientras estaban de guardia, iban y venían como si anduvieran de paseo, los creyeron locos y querían llevarlos a sus tiendas (para curarlos), porque no podían concebir otra forma de vida que la de combatir o estar en perfecto reposo".

(Op. Cit. Pp 69-70)

Son muy ilustradoras estas líneas para tanto necio que trata de buscar antecesores ilustres para las naderías de su identidad regional o micronacional. Recuerdan aquellos hidalgüelos de antaño incapaces de andar por la vida sin referencias a ilustres antepasados que confirmaran su dignidad estamental de muerto de hambre con pedigree. Más vale no buscar demasiados orígenes porque como dice la sentencia despiadada y cruel: ” nunca digas de esta agua no beberé y este cura no es mi padre”.

En cualquier caso conviene mencionar de pasada al menos que ‘Vettonia’ es también un restaurante situado en la carretera de Ávila a Cebreros dentro del complejo Naturávila , en el que además de aceptable condumio se pueden degustar en temporada boletus, macrolepiota procera y otras setas deliciosas que hacen muy aconsejable alguna visita en otoño (no llevo comisión, ¡palabra!).

Parece así cuanto menos dudosa aquella aserción tan antinominalista de Borges que afirmaba que toda palabra contiene lo que es esa palabra. La actual Galicia no contiene lo que fue la Galicia de los orígenes y desde luego no contiene Ávila. Todo para no hablar de Castilla, porque entonces la cosa es la berza. En cualquier caso si hay paralelismos: la Galicia Bracarense era la originaria Galicia de la era augusta, a la que pertenecía Ávila, y los que vivían entonces en la actual Galicia eran tarraconenses; posteriormente en la época diocleciana eran gallegos tanto los bracarenses o gallegos originarios (incluidos abulicas) como los ártabros del Conventus Lucensis, y finalmente acabó siendo Galicia solo los ártabros, es decir precisamente los que no eran gallegos originarios. Espacios el antiguo y el moderno separados por el río Miño.

El itinerario histórico de Castilla presenta analogías sorprendentes, el primer territorio al que se llamó Castilla fue el pequeño rincón del poema de Fernán Gonzalez, entonces diferenciado en lengua, jurisdicción y costumbres de otros reinos peninsulares, particularmente con el reino leonés del cual se desgajó en rapto independentista. Posteriores metamorfosis de condado a reino mantuvieron las características originarias aunque en algunos casos ya con mixturas alógenas que las arbitrarias herencias reales imponían a sus retoños, así el famoso baile de los territorios entre en Cea y Pisuerga, que originariamente leoneses, pasaron en ocasiones a Castilla por disposición testamentaria, sin que su lengua, ni su usos jurídicos se convirtieran en castellanos. En aquellos tiempos naturalmente las disposiciones testamentarias de los reyes era algo bastante serio y no se lo saltaba un gitano.

Al final de las intermitencias señaladas, final también de la Castilla originaria y diversa de su medio entorno, vino lo que alborozadamente describen muchos intérpretes de la historia como la unificación, que encima se realizó en la persona de un santo rey canonizado, algo así como si hubiera sido la unificación de falangistas y requetés en la época de Franco. En realidad se trató de una unión personal de distintos reinos que durante siglos aún mantuvieron cortes separadas, legislaciones separadas, monedas separadas y lenguas distintas, aunque se siga vendiendo la moto de que todo pasó a ser Castilla, por el hecho de que al abreviar la retahíla de reinos se simplificaba con el nombre del cabeza de serie como diría el Marca . La reducción es tanto más chocante cuanto la propia nomenclatura de las nombre reales seguía la serie leonesa de los reyes y no la castellana. Naturalmente que en aquellos tiempos se tenía más claro que ahora lo que era y lo que no era Castilla, y desde luego no se confundía corona de Castilla con el reino de Castilla, pero ya estaban puestas las raíces de la sorprendente polisemia posterior del nombre, ya se utilizaba convencionalmente el nombre para llamar Castilla a lo que no era Castilla y castellano a lo que no era castellano.

En la época de los Reyes Católicos se bautizó al reino de Toledo, con el nombre Castilla la Nueva y a Andalucía con el nombre de Castilla la Novísima , no tanto porque las consideraran Castilla como hacen algunos modernos intérpretes sino precisamente porque se reconocía algo distinto y diferente de la Castilla originaria. Un poco después se bautizó como Nueva Castilla al virreinato del Perú, Nueva España al virreinato de México, Nueva Granada al la actual Colombia, Nueva Andalucía al sur de Venezuela, Nuevo León y Nueva Galicia a territorios mejicanos, Nuevo Toledo a un territorio venezolano. Entonces se entendían bien los adjetivos: lo nuevo no era lo mismo que lo antiguo; felices tiempos de diversidad ajena al estándar uniforme.

¿ Y de la lengua qué? Dirá alguno retador y unificante .Antes que hoy el inglés se extendió bastante el castellano ,en el otoño de la Edad Media, como lengua común de comunicación por la península ibérica, el término griego de la época helenística es koiné, así que la lengua castellana vino a ser un poco la koiné ibérica, lo que no quiere decir que los que hablaran esa koiné fueran castellanos. Tampoco hoy un hindú que hable inglés aunque halla olvidado o tal vez nunca halla conocido la lengua de sus ancestros, no se convierte por eso en inglés. Es una temeridad pretender usar lo común para caracterizar lo diferente.

Son conocidos los eventos posteriores: unificación de los reinos peninsulares, en nomenclatura abreviada: corona de Castilla y corona de Aragón, por cierto una federación de reinos; dinastías extranjeras, régimen liberal centralista con desaparición de los viejos reinos –entre ellos el reino de Castilla- y aparición de la provincia como delimitación territorial. Aún se conservaba entonces, al menos a nivel escolar, el recuerdo territorial del antiguo Reino de León y de la antigua Castilla la Vieja, que en vano se buscará en los escolares de hoy día. Así como en el caso de Galicia la denominación se mantuvo aunque aplicada a un territorio distinto del originario, en el caso de Castilla se ha perdido prácticamente hasta la memoria de lo que fue Castilla. O peor aún el único recuerdo que queda es la identificación culpable e Castilla con la singladura belicosa y opresora de España, como por tipifican los ejemplos de Portugal o Cataluña en el siglo XVII, por ejemplo se dice con frecuencia que Portugal se liberó no de la férula patrimonial de los Habsburgo sino de Castilla, idem en el caso de Cataluña, tanto más chocante cuanto que apenas había castellanos en los ejércitos invasores.

Nombre comodín, impreciso y deslizante o metonímico donde los halla, Castilla es más que nada un sinónimo de meseta reseca, fundamentalmente llana y retrógrada, cuyos territorios paradigmáticos (Tierra de Campos, Campos Charros, Campo de Montiel.......), están en general fuera de los límites de la Castilla de los orígenes forales. Sin singularidad reseñable alguna y más bien apta para superficiales descripciones meteorológicas. Aunque naturalmente esta moderna insignificancia, en el más pleno sentido de expresión, ha tenido también sus bardos llaneros: Unamuno, Ortega y Gasset, Julio Senador y demás.

En estas condiciones llegó la división autonómica en que la parte más importante del “pequeño rincón” (Cantabria, Rioja) dejo nominalmente de ser Castilla, una antigua tierra castellana si no como corte si como villa -Madrid- dejó de ser oficialmente Castilla, y el resto quedo en extrañas e imprecisas mixturas: Castilla y León, con una y inclusiva de unión de conjuntos pero sin especificar lo que es Castilla ni lo que es León, es decir los conjuntos a unir; y ya para rematar la guinda Castilla-La Mancha, mucho más enigmático por ese guión que lo mismo puede ser un menos, que una yuxtaposición territorial al estilo “belle époque” tal como Austria-Hungría o Alsacia-Lorena, o tal vez una denominación imperativa un tanto teutónica y prusiana al estilo de Nordrhein-Westfallen , Baden-Würtemberg o Schleswig-Holstein, que adolece al igual que en la vecina autonomía del norte de la imprecisa delimitación de los términos a ambos lados del guión; probablemente porque de lo que se trataba no era tanto de delimitar territorios históricos como de imponer una disciplina ordenancista: ¡a formar por orden alfabético!, Castilla-La Mancha.

Así pues Castilla enigma existencial: separación de territorio originarios, indefinición de los subconjuntos parciales y yuxtaposición con territorios alógenos; he aquí lo que devino el “pequeño rincón”; comparado con esto la Galicia metamorfoseada es una maravilla de precisión definitoria.

Poco o nada hay que rascar investigando el territorio o continente, salvo dolores de cabeza y pesadillas recurrentes en las que a manera de ectoplasma espiritista León, antiguo antagonista de Castilla, se convierte por arte mediúmnico orteguiano o unamunesco en la esencia inmaculada de los castellano y otras condensaciones oníricas más propias de delirium tremens que de eventos históricos reales.

Acaso el contenido pudiera ser menos camaleónico y engañoso proporcionar alguna luz. Pero todo parece indicar que nos movemos en el terreno de las vanas ilusiones, el contenido son nada menos que los pueblos varios que habitan y han habitado ese puzzle geográfico impreciso a que hace referencia vaga el nombre de Castilla. En cualquier caso esta ha sido la apuesta de muchos: retrotraerse a las brumas arcanas de la prehistoria y el origen prístino y genuino; así unos nos dicen que al margen de su efímera y casual pertenencia a Castilla (más de 10 siglos) ellos son fundamentalmente cántabros o berones, otros desconfiados de la historia que fue testigo de vecindades comprometedoras, cargan la suerte en la etnografía y la cultura de cisastures y transastures , como si la historia no fuera cultura o como si la etnografía no estuviera transida hasta los tuétanos de geografía e historia.

¿Castilla?, ¿León?, ¿Toledo?, ¡hombre de Dios no venga usted con esas antiguallas!. Lo sólido , lo científico, lo verdaderamente firme es asentarse en la sangre y tierra, en la “blut und boden” de cántabros, berones, vacceos, vetones y demás tribus como bien nos enseñó Sabino, Chamberlain y Gobineau. Ya de entrada las definiciones usuales de pueblo encierran en si una petición de principio: el territorio geográfico. En este sentido nada significa en sentido riguroso hablar de pueblo castellano si no está previamente delimitado lo que es Castilla, lo que no precisamente el caso en el tiempo presente. Claro está que se puede salir por el registro emocional de considerar pueblo como dice el DRAE en una de sus posibles acepciones como la gente común y humilde de una población, o como dice María Moliner al conjunto de personas que viven modestamente de su trabajo generalmente corporal (Pascasio).

Esta pretendido asentarse en las constantes ancestrales y ahistóricas del pueblo es una vieja aspiración romántica que procede de las brumas enervantes y oníricas norte y centroeuropeas, de las que fueron destacados portavoces Fichte y Herder, con algún sarpullido maligno posterior en el síndrome nacionalsocialista. Por nuestros lares una de los exponentes más destacados fue el gallego Vicente Risco, más leído y escribido que Sabino Arana, aunque fundamentalmente análogo en lo esencial. Sus opiniones, verdadera antología del género volkisch, merece la pena reproducirlas por lo orientadoras e ilustrativas que resultan al respecto; así nos dice acerca de la etnografía lo siguiente:

“ Determina el alma de un pueblo en sus formas culturales características (enxebre), es lo que llamamos interpretación fisionómica de la historia. En realidad este concepto le viene a la historia de la etnografía y de ahí la importancia capital que hoy tiene esta ciencia”.

Respecto a lo que es cultura popular -folk lore en su sentido originario- afirma:

“Entendemos por cultura popular el conjunto de aquellas creencias , conocimientos, ritos, usos sociales, métodos de trabajo y producciones útiles, literarias y artísticas que un pueblo determinado posee en común, y que no se aprenden en la escuela ni en los libros , sino que lo recibe una generación de otra por tradición, cualquiera que sea la camada, clase o estrato social en que se encuentran”.

Por si fuera preciso apostillarlo estas afirmaciones se hicieron teniendo como referencia primaria al pueblo gallego, al que el autor idealiza como una comunidad intereses espirituales y materiales, con vínculos de habla, historia, tradiciones , coincidencias psicológicas –psicología del pueblo (las siete clases de gallegos)- , y geografía, sin olvidar algún coqueteo con las características raciales. Muy al contrario que en el caso castellano, se parte de una delimitación previa del pueblo gallego convencionalmente admitida de manera universal y que destaca en primer lugar por un “acentazo do carayo”. Cuanta desazón entre los gallegos –el primero de todos Xosé Manuel Beiras- entre la admisión de Vicente Risco como patriarca y pionero de la galleguidad esencial y su rechazo como reaccionario peligrosos.

Es impresionante el oscuro potaje de la moderna antropología de la que la etnografía es una destacada rama; inmenso batiburrillo de datos reducidos a phisys o naturaleza que menos aclaran cuanto más intentan explicar. En pleno acuerdo con la noción griega de phisys se incluye la psique como parte de ella, y así el propio V. Risco , que seguramente no leyó a su ilustre contemporáneo Don Ramón del Valle Inclán, se atreve a caracterizar psicológicamente al pueblo gallego de la siguiente forma:

Sereidade de xuicio
Dureza pro traballo
Cachaza para sufrir as penas
Boa airanza natural
Prudencia.

Estas caracterizaciones emocionales e interesadas, como nos recuerda Caro Baroja, están descritas para todos los pueblos. En este orden de cosas se podría intentar caracterizar al pueblo castellano como pueblo de hombres valientes y mujeres hermosas, descripción psicológica tan ejemplar como inútil, pues los variados biotipos humanos (Kretschmer, Jung, ...) escapan a cualquier adscripción popular o geográfica que intente atraparlos en sus contornos.

Falta a la antropología moderna el verdadero nexo vertical o tradición metafísica o espiritual que finalmente de su verdadero sentido cualitativo y ordenado de todos los materiales disponibles cuya mero aumento cuantitativo jamás conseguirá. Claro que por los métodos empleados y por la mentalidad de la inmensa mayoría de sus cultivadores esto es casi imposible, la sola idea de salirse del surco académico espanta. Hay razones para suponer que muchos de las antiguas tribus a las que el nuevo impulso romántico, para no emplear palabras más fuertes, de los micronacionalismos emergentes trata de erigir en fundamento vital de su andadura, son pueblos indoeuropeos celtas o celtizados. Relataba a este respecto Christian J. Guyenbarc’h bretón y una de las máximas eminencias en Francia, Europa y el mundo entero en lenguas y cultura céltica y a la vez enormemente crítico con las limitaciones académicas de la antropología, nos contaba ,digo, varias cosas:

1º La tradición celta es una tradición muerta desde hace más quince siglos. Al hablar de tradición se refiere a la conexión vertical o metafísica de que antes hablábamos y no a la mera transmisión de aspectos físicos exteriores cuyo último y auténtico significado solo se puede aprehender en esa verticalidad.

2º Los escasos textos que se refieren a la tradición celta en el sentido más auténtico, vg. el druidismo, nos son perfectamente extraños y tan solo reciben alguna luz con remotas analogías con sociedades indoeuropeas perfectamente ajenas hoy día a la mentalidad occidental. En el caso comentado las druidas como casta sacerdotal solo pueden encontrar cierta analogía con la casta brahamánica hindú.

3º La última lengua que conservó restos de la antigua tradición céltica es el irlandés medieval. Guyenbarc’h nos refiere que los especialistas en irlandés medieval en todo el mundo se pueden contar con los dedos de las manos,: dos en Francia y en España ¡ninguno!.

Mientras tanto para ir tirando con la sabiduría tribal, bien conocida y firme en nuestros pagos, se puede arrobar al personal con éxtasis de sabiduría transcendente como que celtíbero se refiere a las tribus celtas del Ebro y que la marca de cigarros celtas cortos es una franquicia cuyo origen se remonta a Vercingetorix.

De los iberos se sabe aun menos, es decir que incluso lo poco que se conoce y algo de lo que se intuye es todavía más oscuro y digno de ocultarse.

Por otra parte los firmes cimientos del volkgeist o espíritu del pueblo tribal , da igual cántabro, que vetón que cisastur, corresponden a civilizaciones agrícolas y pastoriles perfectamente ajenas a la moderna civilización urbana. Por si algún cisastur o pelendón moderno no se ha enterado todavía nos recordaba Alfredo Hernández en El Mundo de Castilla y León del 9 de Marzo de 2003, que en la autonomía de Castilla y León el número de pueblos y aldeas despoblados total o casi totalmente va en cadencia vertiginosa, por el momento más de 400 pueblos de la autonomía tienen menos de 2 habitantes y la cosa va a más. Por tanto ahondemos en el paleolítico rupestre y cazador para encontrar una base firme ante el caos que se avecina.

Guste o no guste la única referencia real de la actual organización política occidental es la civilización cristiana medieval, aunque en muchas ocasiones sea una referencia “ a contario” o por contraste. Incluso la herencia griega está fuertemente condicionada en su interpretación histórica por la patrística greco-ortodoxa y por la escolástica occidental.

En su fundamento último los reinos cristianos peninsulares medievales no eran sociedades tribales, independientemente del substrato que aportara la ya desvaída cultura tribal del bajo Imperio Romano. Se trataba de sociedades estamentales bastante dinámicas tanto en lo geográfico como en la población, en las que la lógica de la guerra y repoblación llevaba consigo una mezcla de gentes cuyo nexo de unión no era precisamente las regularidades y analogías etnográficas. En ese sentido Edad Media no era políticamente correcta, ni tampoco Castilla lógicamente; en su atraso acientífico digno de conmiseración el fundamento de la sociedad era entonces la condición de cristianos de sus miembros, partícipes del cuerpo místico de la Iglesia, más allá del espacio y del tiempo. El dato importante en la Edad Media era la sociedad cristiana, la Universitas Cristiana, no León, ni Castilla, ni Lombardía, ni Borgoña, lo importante era la unidad interna y no las diversidades externas, que no se traban de sofocar . Hasta hace algunos años aún se oía en los púlpitos de las iglesias, es decir oíamos los que tenemos ya añitos y canas, hablar del pueblo de Dios. Ese pueblo cristiano o pueblo de Dios, es el pueblo unánime o jana en sánscrito, más allá de las caracterizaciones naturales de antropología moderna, y que por supuesto no figura en los actuales diccionarios ni en las disciplinas académicas como definición o caracterización de pueblo; sería precisa una antropología espiritual más profunda y radical que la transitada por José Jiménez Lozano

La noción vertical o metafísica de jana, es lo que explica la noción de Baratta o constelación de pueblos hindúes, diversos en sus razas, lenguas y costumbres pero únicos en su concepción metafísica y cosmovisón. Algo análogo se podía decir de la Hélade antigua, conscientes de su identidad espiritual pese a su divergencia lingüística, artística o política, que les llevaba incluso a la guerra sin menoscabo alguno de la identidad helena de los contendientes. Algo similar eran los pueblos peninsulares en la Edad Media un microcosmos dentro de la Universitas Cristiana, que no precisaba de código penal, impuestos y policía para mantener la unión invisible en la divergencia visible.

No se puede ocultar sin embargo que la división estamental tripartita del estado medieval es una componente cuyo origen es muy anterior al cristianismo, como de manera exhaustiva y ejemplar ha estudiado Georges Dumezil; es una herencia ancestral indoeuropea en que se suman de manera convergente el aporte, celta, romano y germano. Es en este aspecto secundario de la densidad estamental donde había diferencias entre los diversos reinos de la cristiandad; así por ejemplo el peso estamental era diferente en el Reino de León y en la primera Castilla, heredero especial el primero de la tradición guerrera germanico visgótica, conservó una fuerza enorme el estamento guerrero-nobiliario de la segunda función que con el tiempo copó por parentesco también el estamento sacerdotal o clerical de la primera función.

La primitiva Castilla fue una estado medieval estamental con un carácter excepcional en la Europa del tiempo en virtud, por decirlo así, de su retraso con relación a los tiempos que corrían. Una menor impronta guerrera visigótica que los otros reinos peninsulares, se tradujo en una menor preponderancia del estamento guerrero y sobre todo, perdonen la osadía herético-cismática, el fundamento cristiano altomedieval, distinto en muchos aspectos del actual, todavía con parecidos y reminiscencias al cristianismo primitivo y al cristianismo ortodoxo bizantino; la representación de Cristo era la Iglesia y el pueblo cristiano, aún no se habían producido las anomalías doctrinales de considerar al Obispo de Roma como Vicario, ni la acaparamiento de los obispados por la nobleza guerrera, no se había llegado a la burocratización y militarización de la iglesia occidental, derivada entre otras cosas del rápido declive del Sacro Imperio Romano-Germánico, y la ocupación del obispado de Roma por familias nobles guerreras de origen franco, y las posteriores secuelas de luchas entre el Emperador y el Papa. El pueblo cristiano aún contaba, y aún se consideraba que por él hablaba la voz del espíritu. El delicado equilibrio del Imperio de Bizancio desapareció pronto en occidente, suponiendo que alguna vez hubiera llegado a existir incluso con Carlomagno. Desde épocas muy tempranas el estamento guerrero-nobiliario tomó las riendas de la gigantesca inversión de valores en occidente. La manera en que se efectuó este proceso en el ámbito que nos concierne se ha llamado en alguna ocasión la leonesización de Castilla (Menéndez Pidal ): aumento de la marea señorial, feudalización a la occidental de la iglesia castellana, desaparición progresiva de autonomías forales y judiciales, supresión progresiva de las autoridades comunitarias por funcionarios reales, despojos progresivos de las propiedades comunitarias, absolutismo rampante, el fiel cristiano reducido paulatinamente de templo del espíritu, microtheos e imago Dei a sujeto pasivo de magia y mecánica sacramental institucionalizada y burocratizada. Leonesizada Castilla se hizo moderna de acuerdo a los parámetros del tiempo, o de otra manera dejó de ser Castilla. Los campeones de una Castilla moderna y actual no saben propiamente de lo que hablan ni lo que dicen, o si lo saben confunden desvergonzadamente.

Se oye, con demasiada insistencia a veces, como se puede recuperar el posible contenido original de lo castellano, con el espejismo presente de lo que está ocurriendo en territorios geográficos vecinos en el tiempo y en el espacio: vascos, catalanes, gallegos,.....; se fuerzan las analogías: se intenta que sea un hecho diferencial una lengua común, se postulan identidades etnográficas para extensos espacios como estrategia alternativa a polos de poder periféricos, olvidando que las aparentes identidades etnográficas son un residuo empobrecido de un despojo secular de pueblos de tierras tanto castellanas como no castellanas; en algunos casos con una imitativa claramente simiesca, se propone una micronación fieramente independiente, olvidando que el estado y la nación moderna son el origen de la uniformidad universal, primer ensayo triunfante de la globalización total y de la liquidación de los particularismos y de las libertades tras las declaraciones formales de igualdad en abstracto. Más nación ha sido siempre acompañada de más poder y más violencia interna y externa, no de más libertad; la historia reciente ejemplifica de manera pavorosa el aserto, siempre cuidadosamente ocultado por la propaganda. La nación moderna, el temible Leviatán, es un corolario de violencia enunciado con variantes por muchos pensadores desde Maquiavelo y Hobbes hasta Carl Smitt , la reyerta y la confrontación de los nuestros contra los otros, de los amigos contra el enemigo.

Otra modalidad al acecho es el fundamentalismo tribal que ya vimos prepara sorpresas morrocotudas a sus adeptos: vetones berroqueños eterno fundamento de la raza – ahora escriben algunos el término wettones con amaneramiento celtizante y feminoide- resultan al final gallegos. No se puede dejar de mencionar la escasamente tentadora oferta de algunos partidos nacionalistas que simplifican los problemas en consignas, las dudas en eslóganes vulgares y la labor profunda en activismo emocional, con los vivas y mueran de rigor, símbolos dudosos si no erróneos, exigencia de un extenso lebensraum o espacio vital para el pueblo imaginario que dicen defender, búsqueda indisimulada del poder y si pudieran de un nuevo Leviatán estatal del que apoderase a la manera que vemos en latitudes muy cercanas.

Seguramente que es una buena cosa delimitar geográficamente lo que fue en su origen peculiarmente castellano y lo que no lo es, y digo en los orígenes porque modernamente el adjetivo castellano es totalmente polisémico y viene en significar lo que se quiera, es decir absolutamente nada. El problema viene a continuación de haber dilucidado académicamente el tema con más o menos acierto; la primera tentación en los tiempos que vivimos es rediseñar fronteras y proponer un nuevo centro de poder o capitalidad, evidentemente nos movemos en terreno de la phisys y lo pragmático, no es fácil salir de ahí; ya todo directa o indirectamente se mide en términos de acumulación de poder bien sea económico, político, técnico o coercitivo. En este terreno ya hay muchas ofertas más o menos ilusorias y engañosas, como siempre en la política, y es difícil que nunca se encuentre un acuerdo por ese camino.

Si no se quiere agotarse en una estéril e ineficiente lucha con los delirios y pesadillas adjuntos, convendría admitir de principio que en el ámbito de lo que con más o menos propiedad se puede considerar castellano no existe en absoluta la sensación de nacionalidad postergada; independientemente del hecho de que el prestigio de lo español y la propia posibilidad de supervivencia de España se encuentran hoy día bajo mínimos el personal se considera de nacionalidad española; decepcionante y vulgar acaso pero real como la vida misma.

Si hubiera que sintetizar con lenguaje actual algunas potencialidades del viejo legado castellano, acaso se podría decir:

Biodiversidad. El mundo actual se encuentra amenazado por la desaparición de la vida física y cultural. Mantener y legar las diferencias actuales y si es posible enriquecer la diversidad cultural es luchar a favor de la vida. No va a favor de este principio propugnar la unificación reductora lo leonés y lo manchego con lo castellano por aquello de que son muy parecidas ( a veces).

Pertenencias múltiples. No es ningún menoscabo ser de una comunidad local que a su vez esté incluido en otra más grande, las condiciones de pertenencia son , o deberían ser, distintas. El castellano actual desconoce mayoritariamente que su condición de castellano no es idéntica a su condición de español, entre otras cosas porque se refieren a ámbitos distintos, pero de ninguna manera excluyentes o contradictorios. Algo similar cabe decir con relación a lo europeo o al propio mundo.


Comunión. Lo que verdaderamente une pertenece a un ámbito interno difícil de expresar en palabras sin caer en una retórica ritual, y desde luego más difícil cada día en una sociedad profana, cuyos males no desaparecerán con una advocación confesional. En su manifestación externa esta unidad puede dar lugar al consejo (deliberativo o decisorio) en que la libertad de fondo reconocida se refleja en la hermandad de hecho de los miembros de la comunidad. Está pendiente todavía la libertad de consejo de abajo -municipio o pedanía-, su transformación de último apéndice de la administración en comunidad originaria de verdad, con libertad de iniciativa, de refrendo, de participación directa o con compromisarios. Un estado o aprendiz de estado con su correspondiente acumulación de poder y capital concentrativa de poder no es una comunidad originaria y sus decisiones son mucho más imposiciones que consejos surgidos de la sabiduría del común.

Proximidad. Agrupación de dimensiones humanas, el prójmo es el próximo no un miembro genérico de un conjunto. Así por ejemplo la provincia castellana heredera más o menos fiel según los casos de las antiguas comunidades es previa a Castilla. Hoy que se habla con horror de las pervivencias provincianas ancestrales, conviene recordar sin comunidades primarias y próximas no cabe hablar de Castilla en sentido originario

Presencia intermedia. La tamización de la voluntad popular mediante las opciones partidarias, la delegación de poderes en un representante soberano irresponsable y de ubicación lejana son el camino allanador de la uniformidad que acaban con las particularidades de las comunidades sea de vecinos, de profesionales, de artesanos, o de ciudadanos en un sentido más amplio (comunidades familiares, vecinales, provinciales, asociaciones, colegios, mutuas..). La distancia elimina el sentido de comunidad, la empatía y confianza social. Esta confianza es la que permite la colegiación de las decisiones y la rotación de cargos ( las siete veces al día de las behetrías de mar a mar) y su reducción en lo posible a cargos cuasi honoríficos. Esta función de presencia de los cuerpos intermedios es una delimitación entre el poder político y el poder social, es decir el presupuesto necesario de la restitución de la soberanía social, que poco tiene que ver con los alevines de estado que son las actuales autonomías. La dimensión múltiple de lo comunitario permite concebir una resistencia frente a la situación desvalidez del ciudadano inerme frente la estado potentísimo, cuyo ideal de poder cómodamente arrollador, confesado o no , es siempre una societas sin socii.

Federación o pacto. Del pacto interior vitalmente mantenido por la comunidad y su consejo, puede surgir el pacto exterior o federación con las comunidades próximas más o menos afines. De una uniformidad extensa impuesta , vg. de la Castilla Total o la Gran Castilla, que no es un pacto interno sino un delirio político surgido de la confusión histórica asociada a la palabra Castilla, no surgirá nunca un verdadero pacto o federación exterior. De por si la nación o estado moderno es cimiento menos adecuado para edificar una federación y menos cuando se trata de viejos pueblos europeos con culturas diferenciadas.

Subsidiaridad. Las instancias sociales y políticas de abajo son las que voluntariamente ceden por acuerdo o pacto competencias a las instancias intermedias y superiores, sin que nunca una instancia secundaria tenga competencias propias de una instancia primaria. Lo primario antes que lo secundario, el hombre –ciudadano, vecino, colega, familiar- antes que el partido (incluso antes que el partido de fútbol, si los forofos futboleros dedicaran la misma pasión y entrega a su familia, a su profesión, o a su entorno social que dedican al fútbol, otro gallo nos cantara)). Justamente al revés de lo que ocurre ahora. Hay que recordar a los neocastellanista que Castilla en su origen era una instancia secundaria con relación a las comunidades que la componían. La delirada micronación fieramente independiente es preferible no mencionarla por el momento. Una compensación del fuerte poder estatal y de las cada vez más poderosas corporaciones transnacionales (verdaderos árbitros de los estados) sería más probable en la medida que se aplicara a fondo este principio.

Actualización de potencialidades. Las libertades formales se diluyen generalmente en la irresponsabilidad de la representación soberana, que recae normalmente en máquinas de poder partidarias, mucho más difícil de prosperar dado el caso con el tradicional mandato imperativo que hace responsable ante los elegidos y sus consejos y con la vieja institución del pase foral, verdadera actualización del derecho de resistencia. La educación convencional genera expectativas ilusorias y frustrantes de promoción competitiva en la sociedad de los tres tercios ( un tercio con trabajo relativamente decente, un tercio con trabajo ocasional, un tercio excluido del trabajo o con trabajo en la economía sumergida y criminal). La educación comunitaria en conocimiento y sabiduría de la comunidad que nos da y permite la vida, que hoy día no realizan las instituciones educativas y probablemente no realice nunca afondo ningún aparato institucional; es la posibilidad abierta a los que quieren mantener viva la vieja herencia castellana: biodiversidad cultural, etnografía, historia, sabiduría popular, transmisión a niños y adolescentes, arte popular, narrativa, música, danza, parques naturales, entornos populares a punto de desaparecer, monumentos a punto de arruinarse, destrozos ambientales en aumento, campos abandonados a la espera de agricultura alternativa, sociedades sin ánimo de lucro pro preservación cultura vernácula, recomposición de la ayuda a los ancianos en una sociedad con pérdida acelerada de valores familiares......Además en todos estos campos es donde se puede ensayar y profundizar la comunidad, el consejo, la rotación de cargos, la colegialidad de las decisiones, el pacto o federación, las pertenencias múltiples y la subsidiaridad. Todo este ámbito social y cultural es precisamente lo que Jeremy Rifkin llama el tercer sector (7% población activa en EE.UU.), y de su desarrollo, recursos y apoyos depende de que no se desarrolle en la era del fin del trabajo un cuarto sector de economía sumergida, criminal y mafiosa como en Rusia y países del este y más con una inmigración ilegal, descontrolada y galopante como la ahora existente.

La lista no está cerrada y se invita a otros a corregirla, ampliarla, enriquecerla y mejorarla; con lo anterior cabe intentar el desarrollo de una herencia castellana no limitada a la gaitilla, la morcilla y la rosquilla de feria, a exhibir una banderita o pendón, a gritar con histeria de menopáusica vivas o mueran, a extasiarse ante la extensión geográfica de la región (¡ que ancha es Castilla!), o a la obediencia y admiración microcéfala a un líder.

Como conclusión final una frase de Mahatma Ghandi:

“No quiero que tapien las puertas y ventanas de mi casa. Quiero que las culturas de todo el mundo se pasen por mi casa con la mayor libertad posible, pero no que me saquen a mi”.

RES

sábado, mayo 26, 2007

Madrid, el sur de Segovia (En torno a la región centro propuesta por Félix Ortiz)

Joaquín González

"Segovia debe mirar a Madrid, que representa para nosotros lo cotidiano, la continuación natural de nuestra historia, el gran mercado para la economía de nuestra provincia y el potencial cultural y universitario, tan cercano, del que tenemos la tangible posibilidad de beneficiarnos y con el que es preciso conectar cada día más estrechamente". Con estas palabras afirmaba en 1983 Manuel González Herrero la natural vocación madrileña de Segovia. Apenas un cuarto de siglo más tarde, Félix Ortiz, en un interesante artículo publicado en estas páginas, viene a proponer la creación de una región centro; una federación, diría yo, con los territorios allende sierra, hoy en la provincia de Madrid.

Tiene razón Ortiz, Segovia mira al Sur, busca la luz del mediodía, y recuerda los tiempos en que aquellas tierras fueron segovianas. Y Madrid debe mucho a Segovia, desde su conquista en 1083 por los capitanes Día Sanz de Quesada y Fernán García de la Torre, reinando Alfonso VI, para incorporarla de manera definitiva al reino de Castilla. Fue un 9 de noviembre, festividad de nuestra Señora de la Almudena, cuando las milicias segovianas escalaron la muralla por la puerta de Guadalajara, que los árabes decían de Alberga; y resistiendo el empuje de los moros, forzaron la puerta para dar entrada al ejército cristiano. Y el estandarte rojo carmesí, con el escudo de Segovia, acueducto de plata en campo azul celeste, ondeó en lo alto de la fortaleza.

En los dos siglos que siguieron a la proeza, haciendo gala de su energía y espíritu indómito, se derramaron los segovianos por la vertiente meridional de la sierra. Consumaron así el sentido histórico del pueblo de Segovia, la culminación de la epopeya que nació con la repoblación de la Extremadura de Castilla, y que se prolongará por las cuencas del Lozoya y Guadarrama, el Tajo y el Jarama, hasta llegar a la cabecera del Júcar y las serranías ibéricas. Es la aventura de transierra o allendesierra, esplendor y gloria de un grupo de hombres y mujeres en verdad extraordinario.

De esta manera Segovia contribuyó destacadamente a forjar la Castilla del Sur, a transmitir al otro lado de la sierra las formas de vida, las instituciones y el derecho, la lengua, las tradiciones culturales y la manera de ser de Castilla. Segovia se convierte en la transición entre ambas mesetas, puente o bisagra entre Castilla de la Vieja y la nueva Castilla del Sur.

Madrid es en gran medida segoviana, como lo atestiguan los escudos de los pueblos que un día fueron de nuestra comunidad, de donde le fueron arrebatados en nombre de la razón y un mal entendido progresismo, tan dañino para nuestra tierra. Hoy llevan esos pueblos con toda justicia el título de fidelidad a la tierra, al que da su nombre Manuel González Herrero. Los homenajea nuestro Centro en Madrid, que sabiamente preside ese gran segoviano que es Antonio Horcajo.

Nos une a Madrid la sierra, nuestra sierra, imponente macizo de roca gneis cubierto de formidables bosques de pino silvestre, escoltados por los robledales y las matas que lo ciñen. Es la sierra de Guadarrama, cuya vertiente norte da vida a Segovia, mientras su faz templada alimenta los valles del mediodía. La sierra, con su elegante y serena belleza, no es frontera sino vínculo, centro de un universo armónico y lleno de sentido. Nos separa el llano de lo que no somos, los "campus gothorum", las tierras de León, región vecina tan distinta de nosotros, como nos enseña Anselmo Carretero. El Guadarrama, la vieja dama carpetana, nos acerca a lo que sí somos, a nosotros mismos; es el verdadero corazón de Segovia.

Imagina Félix Ortiz una región centro y su propuesta tiene tanto de futuro cuanto que seamos capaces de recuperar, superando falaces e interesados planteamientos economocistas, el sentido de la historia, lo que fuimos y seguimos siendo. Nos permite rememorar la antigua provincia de Segovia, integrada por los territorios de las comunidades de Aza, Fuentidueña, Fresno de Cantespino, Riaza, Peñaranda, Maderuelo, Ayllón, Sepúlveda, Cuéllar, Íscar, Coca, Pedraza y Segovia. Y esta última, desbordando la sierra -como lo hacía la comunidad de Ayllón- en sus sexmos de Valdelozoya, Manzanares, Casarrubios, Valdemoro y Tajuña, se llegaba en su territorio histórico hasta el mismo Tajo. Un importante territorio de 8.949 kilómetros cuadrados, con tres enclaves: el condado de Chinchón, entre Madrid y Toledo; el partido de Peñaranda, entre Burgos y Soria; y la villa de Castrejón y su término, en Valladolid.

Esta realidad territorial segoviana quedó deshecha como consecuencia de malhadadas decisiones, obra de la nueva planta provincial decretada el 17 de abril de 1810 por el gobierno del impuesto José Bonaparte. Inspirada en el Estado jacobino, la República "única e indivisible", arrasó con las divisiones producto de la historia y la realidad social. España pasó a dividirse en 38 prefecturas y 111 subprefecturas. Y Segovia fue desmembrada, arrojados sus pedazos ya a Valladolid ya a Soria.

En 1833 se implantó la actual división administrativa, en plena regencia de María Cristina, siendo ministro de Fomento Cea Bermúdez. Es su autor el afrancesado Javier de Burgos, que consumó en gran parte, en lo que afecta a Segovia, el atentado bonapartiano, tanto en su extensión como en el trazado de sus fronteras. Pierde nuestra provincia dos mil kilómetros cuadrados, es decir el 18 por ciento de su anterior superficie; y en particular, todos los territorios situados allende sierra.

Segovia mira al Sur y se ve en Madrid, como su gran logro, su natural prolongación, su referencia cultural y económica. Diáspora de nuestra tierra, Madrid es la otra Segovia, a la que volvemos una y otra vez. Tiene razón Félix Ortiz, el futuro de Segovia comporta el liberarnos del híbrido de Castilla y León, horizontal y douriforme, contrario al espíritu vertical castellano, que busca el Sur, con el ariete de los segovianos.

El proyecto de Ortiz se alimenta de no pocos elementos del movimiento regionalista segoviano, que vislumbra el resurgir de nuestra identidad, frente a la imposición y el desafuero, sin incurrir en los extremos tan perniciosos del nacionalismo, de radical incompatibilidad con la ideología liberal.

Algo se remueve en el interior de la conciencia segoviana, que parece resuelta a sacudirse el yugo partitocrático, a dejar de ser el disputado voto del Señor Cayo, para reclamar el derecho a decidir y construir su futuro. Y así, del hartazgo de la clase política se llega al resurgir de la conciencia regional segoviana, impulsado por el amor a la tierra y el sentido de la dignidad, que nos hace rebelarnos frente a la injusticia que se cometió con Segovia. No podemos olvidar que se nos incorporó a Castilla y León de manera profundamente injusta y antidemocrática, por imposición estatal, en contra de nuestra voluntad. Esto es a lo que llamo, en recuerdo a la gesta de nuestra fallida autonomía provincial, el espíritu del 31 de julio. Quizás haya llegado el momento de comenzar a dar forma a la protesta.

miércoles, mayo 23, 2007

La posible emancipación de Segovia por Luis Ortiz

La separación de Segovia de Castilla León y su posible incorporación a Madrid parece muy difícil, por no decir imposible, en términos jurídicos. Si se decidiera ir por esta vía, sería necesario, una argumentación técnico-jurídica extraordinariamente complicada y con pocas posibilidades de prosperar. Porque, en términos políticos, ello supondría la más que probable disolución de Castilla León, por la posible actitud refleja de León y Salamanca, cuando menos y el posible replanteamiento del mapa autonómico español. Semejante horizonte de inestabilidad que, sin duda no cabe excluir, no beneficiaría la actitud de moderación que ASI quiere representar.

La primera dificultad para la secesión de CyL y la incorporación a Madrid de la Provincia de Segovia resulta que el Estatuto de CyL, que prevé la posibilidad de incorporación de nuevos territorios a su Comunidad, NO prevé la secesión de ninguno de los que abarca, y el Estatuto de Madrid NO prevé la alteración de su territorio. En consecuencia, se requeriría un complicado proceso de modificación estatutaria en una y otra Comunidad. En ambos casos, propuesta autonómica, aprobación de la Asamblea en Madrid y de las Cortes en Castilla, por mayoría cualificada, y aprobación mediante Ley orgánica por las Cortes Generales.

Si la aprobación castellana resultaría difícil, la madrileña no lo sería menos, entre otras razones, porque supondría convertir a Madrid en Comunidad pluriprovincial, con la reaparición de la Diputación Provincial de Madrid como instancia competitiva con la Autonomía y mayorías políticas eventualmente diferentes.

La segunda dificultad consiste en que el caso segoviano es ya cosa juzgada y sentencia da por el Tribunal Constitucional (STC 100/1984, de 8 de noviembre, siendo Ponente el Magistrado don Francisco Tomás y Valiente). (Ver textos íntegros de Jesús Leguina Villa del libro "El Acceso forzoso a la Autonomía Política", pgs. 184 y siguientes).

Tal vez no faltasen buenas razones a Segovia y, desde luego, como algunas otras sentencias de dicho Tribunal, la citada no es precisamente un modelo, pero resulta poco acertado y realista replantear hoy la cuestión (¿pero... y pasado mañana?).

Como alternativa, no fácil, pero más practicable, que puede abrir horizontes de futuro si se maneja con prudencia, podría contemplarse la posibilidad de convenios de cooperación entre CyL y Madrid, relativos a Segovia, previa autorización de las Cortes Generales. Ello es posible sobre la base del art. 145,2 CE y hay al respecto previsiones en los Estatutos de CYL y de Madrid.

De cualquier forma, Alternativa Segoviana Independiente (ASI) podría impulsar este proceso si, llegado el caso, los segovianos expresaran mayoritariamente, de nuevo, su deseo de abandonar la Comunidad Autónoma de CyL, reabriendo un ya casi olvidado proceso en el que cualquier observador puede advertir que hubo algunas lagunas, hoy, inexplicables.

Por otro lado, como ya hemos expresado en otros documentos publicados, es nuestra voluntad, agotar todas las posibilidades de cooperación con Madrid, por el mejor futuro de Segovia y de todos los segovianos.

El futuro de Segovia está... ¿con Madrid? por Luis Ortiz

Hace más de un cuarto de siglo, Segovia planteó su exclusión, o no inclusión, en Castilla y León. Esta es la breve historia de aquella fallida aspiración, cuando se comienzan a oír, en la actualidad, nuevos ecos y voces en ese sentido. Es cierto, o podría serlo, que abandonar la Autonomía que la tiene poco menos que relegada a una estéril atadura convencional, no es tarea fácil ni factible sin remover los cimientos del ordenamiento estatutario, debido a la complicación técnico-jurídica que su secesión de CyL, y posible incorporación a Madrid, supondría.

Según datos y textos recogidos del libro "El acceso forzoso a la autonomía política" de Jesús Leguina Villa, en 1978, por Real Decreto-Ley 20/1978 de 13 de junio, se creó el Consejo General de CyL que incluía Segovia, junto a otras diez provincias, en el régimen preautonómico castellano-leonés. La integración de las provincias quedaba condicionada al acuerdo positivo de los parlamentarios de cada una de ellas. Acuerdo que debía ser adoptado por mayoría cualificada de dos tercios, según disposición transitoria del citado Real Decreto.

Santander (luego Cantabria) y Logroño (luego Rioja) rehusaron su incorporación, pero Segovia se integró en el mismo. A los pocos meses, octubre de 1979, los parlamentarios segovianos decidieron suspender la integración e iniciar un proceso similar al de las otras dos provincias que se autoexcluyeron. Pero el Consejo General inició el proceso autonómico de CyL incluyendo Segovia.

La Diputación segoviana, en abril de 1980, se opuso a esa iniciativa por acuerdo mayoritario de sus propios municipios. Pero esto no paralizó el proceso autonómico global y, fracasado el intento segoviano de permanecer como provincia autónoma de derecho común, los parlamentarios y diputados segovianos quedaron excluidos de los trámites de elaboración del proyecto del estatuto de autonomía que ya no contemplaba la inclusión de Segovia y quedaba reducido a la integración de ocho provincias en el territorio de la futura Comunidad autónoma.

La provincia de Segovia quedó formalmente desligada y en libertad de elegir alguna de las alternativas constitucionalmente posibles: permanecer en régimen de centralización, repetir la iniciativa frustrada hacía cinco años, o impulsar un proceso de autonomía política uniprovincial.

El 31 de julio de 1981 se dan dos hechos contradictorios. Por un lado UCD, en el gobierno, y el PSOE firman los "Acuerdos Autonómicos" que contemplan la incorporación de Segovia a CyL y, por otro lado, la Diputación segoviana inicia un proceso estatutario de autonomía propia, aduciendo su condición de provincia con entidad regional histórica, a juicio de la Corporación Local.

La iniciativa segoviana encuentra el respaldo mayoritario de sus municipios (87,7%) y de su población (56,69%) que cumple los requisitos del artículo 143.2 de la Constitución. No obstante, el Ayuntamiento de Cuellar revoca su anterior decisión y se opone a la autonomía uniprovincial. La impugnación a ese cambio de postura no fue sentenciada a tiempo.

Sin embargo, el proyecto de Ley Orgánica remitida por el Gobierno al Congreso, en enero de 1983, encontró el apoyo parlamentario de las dos cámaras y se decide la incorporación de Segovia "al proceso de Castilla-León, actualmente en curso".

El Grupo Popular del Senado presentó recurso de inconstitucionalidad contra las leyes orgánicas 4/1983 de 25 de febrero que aprobaba el Estatuto de autonomía de CyL, incorporando Segovia, y la 5/1983, de 1 de marzo, por la que se aplicaba el artículo 144,c), de la Constitución a la provincia de Segovia. La Respuesta del Tribunal Constitucional fue negativa por STC 100/1984, de 8 de noviembre, siendo ponente el Magistrado don Francisco Tomás y Valiente.

Se ha escrito mucho sobre el acierto y calidad de la citada sentencia del alto tribunal, pero fue acatada y Segovia quedó incorporada a CyL como novena provincia de la Comunidad autónoma.

viernes, mayo 11, 2007

CIBU presenta sus candidatos a las Cortes y al Ayto

Ciudadanos de Burgos presenta a Gregorio Sancho como candidato a las Cortes regionales por este partido de vocación municipal. Hace cinco meses que nació esta formación local, sin intención de presentar lista al Gobierno de Castilla y León. Sin embargo, el apoyo que han recibido y la unión de muchas personas al partido han provocado que CIBU presente una lista que concurrirá a las elecciones regionales.



El objetivo fundamental es conseguir el traspaso de competencias de la Junta de Castilla y León a la Diputación de Burgos, con el fin de controlar mejor el destino de los impuestos y mejorar su distribución. De momento, la Administración no se ha acercado a los administrados, según afirma Lesmes Peña, candidato a la alcaldía de Burgos.
CIBU presenta unas listas, tanto municipales como autonómicas, formadas por ciudadanos muy heterogéneos, de diversas profesiones, edades e incluso, de distintos países. En las Cortes regionales se toman las principales decisiones para Burgos y su provincia. Por ello, desde Ciudadanos de Burgos consideran que es existencial que estén también presentes en las Cortes. De esta forma, "la voz de los burgaleses se oirá en las Cortes", señala Gregorio Sancho, candidato a las Cortes regionales.

jueves, mayo 10, 2007

“Ciudadanos de Burgos” denuncia el intento de obstaculización de un homenaje al nacimiento de Castilla

Burgos, 28 de abril de 2007/. Ciudadanos de Burgos (CIBU) denuncia que el Ayuntamiento de Burgos ha intentado obstaculizar su acto de homenaje al nacimiento de Castilla, exigiendo la contratación de un seguro de 150.000€ para la quema de 3 folios en la orilla del río Arlanzón. Con este acto simbólico, CIBU pretendía rememorar la protesta que en su día hicieron los burgaleses contra el dominio leonés. “Quisimos rememorar la quema del Fuero Juzgo, tal y como hicieron nuestros antepasados para liberarse de la legislación que les encadenaba a León, simbolizada hoy contra la Comunidad Autónoma de Castilla y León, pero el Ayuntamiento nos puso unos condicionantes que pretendían la anulación del acto”, dice Lesmes Peña, presidente de CIBU.

Con la firme intención de, pese a las trabas del gobierno municipal, conmemorar el nacimiento de Castilla y protestar contra la Autonomía de Castilla y León, la Junta Directiva de CIBU tomó la decisión de reducir el homenaje a una ofrenda floral ante el Arco de Fernán González en recuerdo al primer Conde de Castilla, acto que no precisaba de “fianza económica” alguna.

Según Lesmes, “el esplendor regio leonés y el empuje imperial castellano, ganados a pulso en la palestra de la historia, son pasto ahora mismo del enorme aparato provincialista centralista, absorbente e insolidario en que se ha convertido Valladolid”.

viernes, mayo 04, 2007

Presentan en Burgos un nuevo partido que en su ideario no descarta un referéndum sobre la segregación de la provincia

Ciudadanos a palo seco

Con un primer compromiso, «no pretendemos gobernar, tampoco cobrar», se presentó ayer en sociedad la formación Ciudadanos de Burgos, una «plataforma ciudadana» reconvertida en partido político al comprobar sus miembros el poco eco que tenían sus reivindicaciones.

Su presidente, Lesmes Peña, de 73 años, rechazó que esta nueva formación tenga una ideología definida y afirmó que, en caso de lograr representación en el Ayuntamiento de Burgos, apoyarían a cualquier partido que garantice sus peticiones. «Somos ciudadanos a palo seco», aseguró Lesmes Peña.

Entre los objetivos básicos que se plantea la formación -a cuya presentación acudieron una veintena de simpatizantes- está el traspaso de competencias de la Junta de Castilla y León a la Diputación, el aumento «inmediato» de la plantilla y servicios de la Guardia Civil y la «atención prioritaria» a las infraestructuras de Burgos.

Decepción con la región

Pero el más llamativo es el último punto de su ideario, en el que afirman que «a más largo plazo, no renunciamos a la petición de un referéndum en la provincia de Burgos sobre nuestra permanencia o no, en esta comunidad autónoma». Sobre este asunto, Lesmes Peña aseguró que han llevado a cabo encuestas que les dicen que «hay una gran decepción con la comunidad autónoma».

Sobre la coincidencia de su nombre con el del partido que recientemente logró tres escaños al Parlamento de Cataluña, Peña quiso puntualizar que no van «a rebufo» de la formación catalana. «El proyecto nació a primeros de año», añade el presidente de Ciudadanos de Burgos quien, por cierto, tuvo que lidiar antes de la presentación pública de su partido con los primeros disidentes, dos ex miembros que mostraron su desacuerdo con el acto.

Según Peña, una reacción al no haber conseguido «la ubicación que les hubiera gustado en el partido».

jueves, mayo 03, 2007

El Centro Segoviano en Madrid recordará a González Herrero

El próximo 14 de febrero se fallará un premio en memoria del abogado y escritor, además de celebrarse un acto de homenaje e inaugurarse una exposición sobre su vida y obra

A.S.R. - Segovia

El próximo miércoles, 14 de febrero, se cumplirá un año del fallecimiento del abogado e historiador segoviano Manuel González Herrero y el Centro Segoviano en Madrid ha querido recordar su figura en esa fecha, con la organización de varios actos, incluyendo un acto en su memoria y la inauguración de una exposición.

Según adelantó ayer a este periódico el presidente del Centro Segoviano, Antonio Horcajo, los actos previstos se iniciarán a las siete de la tarde del día 14 con la reunión del jurado que fallará el primer Premio Manuel González Herrero a la fidelidad a la tierra, presidido por uno de los hijos del abogado, Juan Pablo, e integrado por diversas personalidades de la sociedad segoviana.

Según dijo Horcajo, el premio, destinado a reconocer a aquellas personas, empresas o instituciones que destaquen por su fidelidad a Segovia, “la fidelidad que don Manuel mostró hacia su tierra”, se entregará junto al resto de los Premios Tierra, ya que a partir de ahora quedará integrado en las convocatorias anuales de estos galardones, fallándose junto al resto de los premios en años venideros.

Una vez fallado el premio, el Centro Segoviano acogerá un acto en memoria de Manuel González Herrero, que comenzará con el anuncio del ganador del galardón y contará con la participación del historiador Antonio Linage, del propio Antonio Horcajo y de otro de los hijos de González Herrero, Joaquín, que estrenará una pieza para dulzaina, dedicada a su padre y titulada “Oración castellana”. Están previstas asimismo unas palabras del alcalde de Segovia, Pedro Arahuetes.

Finalmente, se procederá a la inauguración de una exposición sobre la vida y la obra de Manuel González Herrero, quien fuera decano del Colegio de Abogados y director de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, que podrá verse en Madrid hasta el día 3 de marzo. No obstante Antonio Horcajo no descarta la posibilidad de que posteriormente se exhiba en la capital segoviana.

Manuel González Herrero, fallecido en la madrugada del 14 de febrero de 2006 en el Hospital General de Segovia, cuando contaba 82 años de edad, nació el 12 de noviembre de 1923. Nombrado Hijo Predilecto de la provincia de Segovia por la Diputación Provincial en mayo de 2004, era doctor en Derecho, tras licenciarse en la Universidad Central de Madrid. Al margen de su tarea profesional, González Herrero destacó como historiador e investigador de las tierras y las gentes de Segovia, dejando una veintena de libros y cientos de artículos y conferencias.

jueves, abril 26, 2007

OTEANDO OTROS HORIZONTES

OTEANDO OTROS HORIZONTES


El largo periodo de campaña preelectoral en que vive el país desde hace varios meses suscita la inquietud de que es lo que se debe hacer ante un nuevo encuentro con las urnas. Ante los previsibles carteles de la feria política surge la fuerte tentación de abstenerse de todo, pero también apetece plantearse, antes de adoptar una decisión definitiva en ese sentido, una pregunta acuciante ¿Realmente se puede intentar hacer algo para que cambien las cosas?.

Las masas de electores a semejanza de las cofradías de admiradores de los artistas del celuloide, hablan a veces acerca de la listeza, del estilo, del carisma o de la guapura de los candidatos a los que piensan someterse o acatar obediencia durante el próximo periodo legislativo. Alguien a llamado a este sistema una democracia de behetría, en recuerdo de las prerrogativas que tenían en la Edad Media los pueblos castellanos de elegir a su señor, si bien la sustitución de tal señor era más fácil entonces que ahora , no existía un periodo fijo por el que tuvieran que estar sometidos. Además la jerarquía tenía una aureola de origen religioso que en el mundo secularizado actual sería vano buscar. Era natural entonces que los vasallos juraran fidelidad y pusieran en prenda de tal juramento su honor, pues la autoridad se consideraba en último extremo de origen divino, pero como es posible atribuir algún tipo de sacralidad a las pretensiones, intenciones o promesas de los modernos políticos. Pues en vista de eso los políticos actuales cuando llegan al mando pueden llegar a tener un poder que era difícil de concebir en tiempos pasados, y sin mediaciones morales o religiosas que hagan lícito su poder. El buen ciudadano calla y otorga y cuando lo exigen las leyes acude a votar a sus mandatarios.

Un historiador muy ligado a Ávila contaba que eran dos casifatalidades las inherentes al carácter hispano: por un lado el individualismo atroz que desdeña todo tipo de sociabilidad política y del que es buena muestra el anarquismo de principios de siglo, aunque no faltan tampoco actualmente muestras de procederes políticos similares en muchos ciudadanas, desde fontaneros hasta toreros ; el otro extremo lo representa el caudillismo, sin que sea necesario acudir al invicto para ver excelentes muestras de ello. Este extremo parece ligado además de una manera turbadora a los caracteres sexuales varoniles primarios hasta tal punto que los comentaristas políticos aparentemente más equilibrados y neutros no tienen empacho alguno en desdeñar a un político diciendo que no tiene carisma , como si dijeran: no es torero, no tiene majeza y en definitiva es poco macho. Cuanto voto se deberá en este país a estremecimientos inconfesables de las vísceras más secretas.

Con todo no habría nada que objetar si sus obras desmintieran la vulgaridad de su extracción , pero no es este el caso precisamente, a medida que el siglo llega a su terminación los disparates aumentan de forma alarmante; el país se ve definitivamente condicionado a los intereses de la política mundialista lacayunamente seguidos por los dirigentes políticos sin diferencia de ubicación diestra o siniestra . Los resultados están a la vista desmantelamiento no ya de fábricas sino de sectores industriales, agrarios y pesquemos enteros aumento del paro hasta límites hasta ahora no conocidos ,aunque evidentemente esto aún se puede considerar Jauja comparado con las tasa de para de muchos países subdesarrollados a las que si Dios no lo remedia estamos abocados. Claro que de momento se va tirando sin problemas de vida o muerte debido al fabuloso sistema de financiación de prestaciones sociales que consiste en generar déficits presupuestarios y una gigantesca deuda pública, sistema que en principio traslada los gastos actuales al futuro, y que los políticos de derechas y sobre todo los de izquierdas están dispuestos a proseguir sin desmayo, pues va en ello los votos de pensionistas , parados y demás subvencionados. Lo que no está tan claro es lo que pasará en el futuro si las futuras generaciones no se hacen responsables de los gastos de ahora.

De la madre tierra más vale no hablar, se destruye la atmósfera que respiramos, se contamina el agua que bebemos, cuando la hay; se envenenan los alimentos que sembramos y comemos, los que pueden; se despilfarran sin remedio las materias primas más importantes (quedan 50 años de petróleo para el mundo según la British Petroleum) amen de propiciar la desertificación de la tierra, el cambio de Clima y otras fruslerías que la buena educación aconseja callar discretamente Todo ello debido a un avanzado sistema de producción industrial y consumo masivo, que por otra parte ha producido más millones de muertes por hambre que ningún otro siglo en gentes cuyo consumo no es precisamente tan masivo Aunque si alguna ventaja ha aportado los modernos avances de la ciencia a la industria no se puede dejar de señalar que nunca en las historia del género humano se disfrutaron guerras más sangrientas que en el presente siglo, gracias precisamente a la industria militar, aunque tampoco faltan guerras de carácter más ancestral con aromas de fanatismo religiosos en la Europa de ahora. Y no se diga que esos son efectos perversos del capitalismo, pues en los países que hasta hace poco formaban el mosaico de lo que se podría llamar el paraíso soviético las cosas eran sencillamente espeluznantes.

Naturalmente que estas cosas no son patrimonio del conocimiento de unos grupos exiguos y pesimistas como ecologistas y demás rarezas humanas; hoy día todo esto es prácticamente del dominio público. Otra cosa es si realmente se puede poner remedio a esto estado de cosas o si alguna fatalidad nos arrastra a lo peor. Por el momento se puede constatar que los intereses por mantener las cosas más o menos como están son de tal calibre, que los políticos se apuntan con mucho más frecuencia al carro frenético del caos en que se alimentan tales intereses que a intentar frenarlo. Es incluso bastante improbable que se puedan rectificar las cosas desde un punto vista exclusivamente humano. Como botón de muestra de tales dificultades se puede señalar la extraña coyunda entre grupos políticos de izquierda habituales defensores del mantenimiento y ampliación del sistema industrial, cuyos correligionarios de otras latitudes cuando han estado en el poder han causado auténticos destrozos en la naturaleza, y los llamados verdes, de los que se esperaba un comportamiento menos ambicioso de escaños y cargos. Al fin y al cabo, como dice la popular jota segoviana : 'a vivir que son dos días y de aquí a cien años todos calvos' , aunque al paso que vamos es dudoso lo que va a quedar dentro de cien años.

Hablando de futurología dicen algunos que los partidos de las actuales democracias occidentales desaparecerán en el futuro o al menos su papel se reducirá mucho . Es de esperar que no produzcan cosas peores, aunque siempre hay que temerse lo peor. Lo que parece cierto es que son ya los humanos en su sentido más original y no solamente en su aspecto de ciudadanos los que tienen que hacer algo antes de que sea demasiado tarde. No es muy agradable imaginar una situación en la que los habitantes de los países occidentales se dejen llevar pasivamente por las circunstancias, a veces favoreciéndolas a veces consintiéndolas, hasta el extremo de morir de inanición, como se ve con alguna frecuencia por televisión en los países más subdesarrollados. Un anticipo de lo que puede ser se puede ver ya en las grandes ciudades de nuestro país en donde un número cada vez más grande habitantes, cada vez más jóvenes, se dedican a una mendicidad digna de los pobres de solemnidad de tiempos más viejos pero sin ningún tipo de solemnidad. Aunque bien pensado con una tasa de paro más elevada se podría conseguir una sociedad aún más moderna con niños abandonados por las calles y otros tipismos que hoy día existen en muchos países iberoamericanos o en la India. Hasta es posible adivinar situaciones de violencia.y terror comparada con las cuales las más brutales tribus urbanas actuales serían chiquilladas sin importancia.

Por de pronto asombra ver la cantidad de gente que aún se cree las diatribas electorales donde los partidos se acusan mutuamente de fecharías sin cuento, proponen todo clase de maravillosas recetas curalotodo y lo que es más asombroso manadas de millones van y los votan. Dentro de este conjunto tan singular se encuentran los que favorecen el actual estado de cosas, aunque no hay que olvidar otros elementos que son los que pasan, que también se cuentan por millones y que parecen ir constantemente en aumento. Estos últimos elementos son los que consienten , y entre los que favorecen y los que consienten se está creando una siniestra armonía contrapuntística que llevará a una mala resolución.

Así puestas las cosas no está mal volver a los orígenes para repasar una andadura equivocada. Retrocediendo en este sentido a la Edad Media asombra ver el funcionamiento popular de los concejos castellanos y la actuación de sus jueces de acuerdo con el derecho consuetudinario, progresivamente aplastados por las ambiciones aristocráticas y reales, los caudillos,carismáticos de entonces. No fue tan feroz el aplastamiento de las instituciones populares medievales en otras zonas de Europa por lo que aún es posible examinar lo que pudieron dar de sí . Vaya aquí un reconocimiento al suizo Dénis de Rougemont que fue capaz de transmitir que Suiza , que irónicamente no pertenece a la Comunidad Europea, tiene algo más que relojes, quesos, secretos bancarios o colegios de señoritas cursis y pijas, refiriéndose a su secular sistema político de consejos tanto a nivel de comuna ,como de cantón , como de confederación, muy anterior al moderno sistema de partidos políticos. Desde luego que se ha considerado que Suiza es un país sin grandeza política , sin un gran imperio ni sin las atrocidades anexas a tal empresa, pero en vista de los resultados que se están obteniendo de la mundialización de la política y de la economía se empieza a fascinar uno por aquello de 'lo pequeño es bello'. Otra objeción clásica es que a las instituciones suizas son poco caudillistas y taurinas para los hispanos, aunque a este respecto cabe argüir que en la Castilla medieval el funcionamiento de los concejos era más popular y el toreo más recio que hoy día. Si es cierto aquello de que lo que no es tradición es plagio, probablemente el sistema político suizo está más cerca de nuestros orígenes políticos que el sistema anglosajón de partidos turnantes que ya ha traído unos cuantos quebraderos de cabeza al país.

El consejo federal suizo, máxima autoridad ejecutiva , funciona de una forma colegiada donde se integran de forma equilibrada las diversas opciones políticas, las confesiones religiosas y las lenguas, de manera que a todos alcanza la responsabilidad de gobierno y las tensiones que día a día hay que resolver, difíciles pero claras . De estos consejeros federales se ha probado sobradamente que su dedicación a la cosa pública les ha hecho perder dinero y ventajas, y pasado su mandato desaparecen de la vida política sin formar esa nube de pretendientes a cargos y sinecuras tan típica de los exmandatarios de nuestro país. La presidencia de la Confederación Helvética se realiza durante un año y por orden de antigüedad entre los consejeros federales, lo que sin duda hará pensar a la mayoría de los españoles que con ese sistema no da tiempo para enriquecerse. No es raro ver viajar el los tranvías y autobuses urbanos de Berna al presidente del país. Por si fuera poco para resistir popularmente a tal poder ejecutivo que representa ampliamente a la sociedad suiza, existen dos mecanismos de utilización frecuentísima que son el referendum y la iniciativa legislativa, muy distintos de los que figuran en la constitución española que son más bien de uso hipotético. Naturalmente que estos sistemas de consejos colegiados, con preponderancia del consejo sobre el individuo, y de iniciativas populares existen también a nivel de cantones y comunas, que equivalen más o menos a provincias y ayuntamientos. Todas estas instituciones son el resultado de la aversión secular de los suizos por las imposiciones de la autoridad civil y de su preferencia por las decisiones en asambleas populares. Algo bien distinto del nutrido muestrario de gobernantes autoritarios , cerriles o simplemente chulos que constan en el haber de nuestra historia, y que han hecho la delicia de este país durante siglos.

Algo han recogido los suizos actuales de su historia medieval y es que todo sociedad empieza en los escalones más pequeños y humildes, los que están más próximos al hombre. Una sociedad sin socios de verdad elimina lo más auténtico de la sociedad y del hombre y acaba manteniéndose solo por la ideología y por la policía. Algo de esa situación puede contemplarse cuando el funcionamiento de una sociedad se delega en unos cuantos partidos de escasa implantación, y estos a su vez delegan en sus dirigentes políticos que reducen la justificación de su política al número de millones de votos que han votado su programa teórico en una consulta electoral, programa, que dicho sea de paso, no compromete a nada legalmente vinculante. El magro contenido de las ideologías de los partidos políticos , único ingrediente con el que se pretende que subsista el país, da para poco. De seguir las cosas como van es dudoso que la próxima generación no conozca una balcanización en el extremo suroccidental europeo. Cierto que se arguye que algo pesará la historia para que tal no suceda. Otros insisten en la variante sentimental , si los españoles amamos la patria, o bien a los ciudadanos de otras regiones, o tal vez su fuéramos justos y benéficos como decía la famosa Pepa o Constitución Doceañista, tal vez, dicen, algo quedaría.

En realidad no se trata de amarse, ni siquiera de conocerse, es algo bastante más directo: son necesarias unas instituciones que permitan que cada persona con su cultura , su religión , su lengua y su opinión política y social propia se encuentre a gusto. Esto lo podría expresar bien un suizo diciendo :'soy suizo no porque hable la misma lengua, ni tenga la misma religión , ni la misma opinión política y social que los demás suizos, ni tampoco porque los ame, ni tan siquiera porque los conozca o les entienda, sino porque pertenezco a un país llamado Suiza que me permite a la vez ser suizo y como yo quiero ser' que también podría resumiese en el lema 'cada uno para sí y la Confederación para todos'. Pues bien, solo en la medida que las cosas cambien de tal manera que todos los españoles, con las naturales diferencias de tiempo, lugar y gente, pudieran definirse aproximadamente así, podrá subsistir el país, de lo contrario tendremos en fechas no muy lejanas nuevos reinos taifo-balcánicos, a saber si seguidos por nuevos caudillos carismáticosalvadores de diverso pelaje.

Ya puestos a hablar a niveles cantonales y de taifas alguna consideración hay que hacer de la ancha Castilla, tan ancha que no se sabe donde empieza y acaba, ni casi donde está , ni siquiera si existe. Aún se pueden recordar los tiempos de la llamada transición en los que tal vez por mimetismo de las periferias se trató de inventar una especie de nacionalismo castellano cuyo bastión eran unos pequeños grupos políticos y un escasísimo número de escritores, historiadores artistas y perceptores del vago título de intelectual. Dado el carácter de lengua mundial del castellano era difícil hacer simplismos lingüístico-nacionalistas fáciles en otras regiones. De los textos que sobre este asunto se sacaron era muy dificil saber que se pretendía, unas veces se reivindicaba una mayor justicia económico-distributiva para Castilla, en otros casos se trataba de meras lamentaciones sobre la postración demográfica y económica o sobre la marginación de sus emigrantes en otras zonas más prósperas. Las jeremiadas eran muy abundantes, aunque no faltaban en ocasiones rememoraciones afirmativas de un pasado popular más pleno que el actual, pero salvo las referencias a un pasado comunero, que las más de las veces denotaban crasa ignorancia del mismo, todo se diluía en vagos emocionalismos por símbolos y hazañas del pasado, cosa bastante común por otra parte en todos los nacionalismos. No faltaron opiniones que consideraban la extensión territorial como base de no se sabe bien que política regional. En uno de los libros de aquel entonces se trató de hacer una encuesta entre diversos personajes de las artes y de las ciencias acerca del significado de lo castellano, término vago donde los halla, las respuestas eran curiosas en el sentido de que lo que podía significar lo castellano se subsumía sin más en lo español, término mucho más vago todavía que lo castellano, aunque vivimos ciertamente en un mundo que ama la abstracción , por tanto cuanto más abstractos los términos mucho mejor. De hecho algunos respondían que lo castellano no era nada y a su vez era fundamento de lo español. Había también personajes que se negaron a responder a la encuesta por considerar que la mera referencia a lo castellano era reaccionaria, cavernícola y poco progre. Curiosamente fueron algunos partidos estatales de izquierda los que más fuertemente arremetieron contra el simpático intento se secesión segoviana , de la artificial región de Castilla-Leon diseñada en Madrid. Aquello fue en realidad una manera de intentar revivir el viejo sentido comunero y foral de Castilla que nunca tuvo capitales administrativas ni Valladolides.

De aquellos entonces subsisten unos cuantos exiguos partidos regionalistas, partidos en el sentido más convencional de la palabra, que varían entre la envidia a otros partidos nacionalistas periféricos de sólida implantación, pero basados en supuestos sociales de imposible analogía con lo castellano, y la exhibición de ideologías revolucionarias perentorias acompañadas con viejos símbolos del comunismo soviético, fáciles de encontrar en los mercados de baratillo de muchas ciudades. Algunos de ellos con claro mimetismo del lenguaje político de otras regiones han llegado incluso a hablar de la necesidad de que haya castellanistas, estrafalario adjetivo del que no se sabe en absoluto su significado.

A lo mejor la negación de las características de modernidad y progreso pueden ser la base de partida para intentar una manera de hacer las cosas que se aleje un poco de la modernidad y sus siniestras perspectivas, a menos que se concluya que el mesetario castellano está destinado fatalmente a ser vulgar masa de maniobra de los intereses emanados desde el centralismo madrileño, en sus diversas variantes partidistas. No faltan razones tampoco para pensar que así sea , no es difícil toparse entre los propios castellanos personas que no quieren saber nada de su propia condición de tales, puesto que sencillamente no quieren ser nada ni quieren hacer nada. Y ésto no tanto como loable camino de interna espiritualidad y perfección sino más bien como berroqueña dureza de mollera a la que tanto el paisaje como la sucesión de seculares sometimientos han contribuido. No faltan voces últimamente que señalan que el progresivo deterioro y discriminación económica y social de la región haga saltar algún resorte hasta ahora dormido, aunque desde luego el comportamiento gregario en las consultas electorales no prueba que las cosas hayan cambiado mucho.

No está claro cual sería el elemento humano base de una posible transformación del pensamiento y de la sociedad, la población agraria envejece más y más, y los pocos activos que quedan ven reducidos el número de hectáreas que pueden sembrar, el número de vacas que pueden tener y el número de vides que pueden podar, en nombre de unas directivas comunitarias emanadas no de Madrid sino de Bruselas. No todo es malo sin embargo, puesto que alguna subvención se recibe para reforestar la región , que además del papel que puede representar para conservación ecológica del medio, puede tener la importante misión de suministrar sombra en verano para que sesteen los sufridos parados que no tienen otra cosa que hacer. La industria si bien no ha experimentado el desmantelamiento de sectores industriales enteros como en otras regiones, no deja de haber fundadas esperanzas de que así suceda, basta pensar en la industria de extracción del carbón o en el sector de¡ automóvil que depende de empresas multinacionales. En lo que se refiere a captación de inversiones industriales extranjeras la cosa no va mejor, por muchos intentos que se hacen hoy día se prefiere invertir en Marruecos, en Tailandia o en Taiwan. De los servicios, en especial el turismo, última esperanza que vocean los políticos que amañaron acuerdos con la Unión Europea, su importancia no puede compararse ni de lejos con las regiones costeras. El más sólido bastión de subsistencia son las pensiones y subsidios públicos cuyo sistema de financiación digan lo que digan los políticos en sus discursos electorales está destinado al colapso por razones económicas y demográficas, no solo en nuestro país sino en la mayor parte de Europa, aunque las cosas no sean allí tan graves como aquí. Queda por fin considerar la gran masa de parados, cuya excelente cosecha augura un gran porvenir. Aunque conviene aquí distinguir los adultos, que en algunos casos pueden llegar a percibir algún subsidío e incluso con suerte jubilarse con la pensión mínima , de los jóvenes en los cuales, independientemente de algunos parches de contratos de aprendizaje, las tasas de paro son tan altas que incluso con los contratos basuras que el futuro les promete, y aún dispuestos a trabajar con la dignidad de los parias de la India o de los coolíes de la antigua China, es probable que cuatro o cinco de cada diez jóvenes no tenga trabajo a lo largo de su vida, cifra tal vez un poco menor si se consideran los posibles destinos en la economía sumergida y la delincuencia en sus múltiples variantes. No sería cuestión entrar en la desprestigiado formación profesional impartida, mucho más preocupada en formar trabajadores por cuenta ajena que trabajadores autónomos o de cooperativas.

El panorama descrito no es precisamente un inmejorable punto de partida para confiar en un esfuerzo de mejoramiento de las cosas, pero ahondando en el tipo humano que ha condicionado el mundo actual, hay que tener en cuenta además unas características mentales muy poco favorables, así por ejemplo la postura victimista de trabajadores y sindicatos que consideran que los que disponen de capital deben invertir para crear trabajo, olvidando el derecho de uso y abuso que pese a todo la ley consagra a la propiedad. 0 también la reivindicación de que en caso de no tener trabajo se tiene derecho a un subsidio, derecho afeado por tanto desaprensivo que conjuga dicha subvención con un trabajo clandestino, o bien evitando cuidadosamente trabajar para cobrar. Por no hablar de la actitud ciudadana del que pasa ampliamente de política y considera que lo mejor es no hacer nada, caso en el que se encuentra buena parte de la juventud actual. Siempre son responsables los demás, bien de crear empleo, bien de dar subsidios o bien de ejercer una buena política ciudadana, en definitiva 'que hagan los demás porque a mi no me da la gana de hacer nada'. Y una vez que se ha hecho dejación de la responsabilidad individual, y habida cuenta de que la moral religiosa tradicional se ha debilitado mucho, los corolarios que se siguen no son nada extraños, tales las escasísimas iniciativas de cooperativas, de sociedades anónimas laborales o de cajas laborales que en otras regiones han dado espléndidos frutos, también la dificultad de encontrar trabajadores especializados que atiendan a precios no abusivos los servicios domésticos de reparación, o de encontrar los buenos albañiles, artesanos y mecánicos que antiguamente creaba la enseñanza directa de oficial a aprendiz. Sin olvidar el notorio el aumento de alcoholización y drogodependencia de la juventud que cantan todas las estadísticas, o la perpetuación del viejo caciquismo provinciano a través de los partidos políticos de derecha, de centro y de izquierda.

Así las cosas es ciertamente difícil iniciar los caminos de la rectificación que pasarían por empezar a reanimar iniciativas dispersas que se han realizado en diversos terrenos, tales como bancos o cajas que funcionen sin o casi sin intereses, que a su vez fueran una fuente de financiación de cooperativas y sociedades anónimas laborales, fomento del consumo local y regional antes incluso que el nacional con el fin de mantener el trabajo en la región, sin duda ligado a la recuperación de industrias y oficios artesanos tradicionales. ¿ No sería posible que el castellano llevara en determinadas ocasiones las tradicionales capa y sombrero de labrador que aún se veían en las fotos de principio de siglo, como lleva pantalones de cuero el bávaro, faldas el escocés, sombrero cordobés el andaluz o boina el vasco?. Si aprendiera a ser el mismo tal vez pudiera superar la inmensa vergüenza que le produce la sola proposición de llevar tales prendas. No se debe pasar por alto la necesidad de replantear la necesidad de algunos aspectos de¡ mutualismo gremial como se practicaba desde los tiempos medievales en Castilla, a la vista del problemático sostenimiento de la seguridad social gubernamental que amenaza el futuro de los actuales pensionistas y asegura a muchos jóvenes unas arcas vacías y unas prestaciones nulas.

Más allá de cualquier consideración política o económica, a nivel sencillamente humano, no sería malo recordar que conformándose a vivir con menos las cosas costarían menos, tal vez seria más fácil crear trabajo para más personas y por tanto menos paro, a lo mejor también habría menos diferencias de riqueza entre los pueblos, la importación de tanto artículo innecesario sería menos y el expolio de la naturaleza sería menos. Inútil decir que toda la política del gobierno, de los empresarios o los sindicatos conspiran por el más: más renta nacional o per capita, más deuda pública, más beneficios, más salarios, más agotamiento de materias primas , más agresión a la naturaleza y por supuesto más parados.

A nivel social tal vez se podría intentar helvetizar un pelín a los castellanos, ya demasiado americanizados, aunque solo fuera para intentar recuperar un poco sus orígenes. Por poner un ejemplo y remontándose a la popular institución del concejo se la podría proponer como modelo para un nuevo tipo de asociación de ciudadanos que bien se podría adornar, a manera de sugerencia, con las notas de: predominio del consejo frente al individuo, por carismático que sea; actuación en el espacio local más inmediato de la existencia ciudadana ; no solo elección sino turnos rigurosamente rotatorios para cargos y cargitos; participación abierta a todos los ciudadanos no restringida por afinidad a credos políticos, sociales o religiosos; proporcionalidad de acuerdo con las tendencias y las procedencias; articulación de las diversas organizaciones locales en base a consejos confederases y lo más lejos posible de las organizaciones piramidales de los partidos estatales. Todo ello con el sano intento de que en los consejos estén los mejores pero evitando cuidadosamente los divos, los vivales y los cucos.

Hablando del más próximo ámbito local y siendo en la pequeña ciudad de Ávila donde han surgido muchas de estas reflexiones, es justo que se trate de poner en práctica aquí , ciudad con más contrastes de los que se quisiera reconocer, desde Santa Teresa mística doctora y gloria de la Iglesia , hasta Prisciliano obispo de Ávila y quemado vivo para vergüenza de la Iglesia , pasando. por el cosmopolita y escéptico Jorge Santayana. Mención aparte merece Torquemada aquí enterrado y que aún merece para algunos el apelativo de justo y piadoso. Al no tener ninguna ideología que propagar, ninguna consigna con la que seducir, ni ningún caudillo a quien admirar solo es posible que del fondo del pueblo surjan las iniciativas que hagan suyas las sugerencias aquí contenidas. Ya se sabe que la voz del pueblo la voz de Dios, y aunque suene extraño por estas latitudes tan papistas es tradición en la Iglesia Ortodoxa que ninguna verdad puede tener carácter de dogma si el pueblo fiel no la admite.

Cuentan que los comuneros reunidos en la Santa Junta de Ávila estaban sorprendidos al ver como las reuniones donde había tantos burgueses y miembros de la pequeña nobleza eran dirigidas por una persona que vestía el sombrero y la capa de labrador. Esta misma sorpresa puede surgir hoy si los partidos políticos estatales vieran como surge en su pequeña sucursal abuiense algo que, sin pedirles permiso, busca un espacio nuevo en las relaciones de los ciudadanos, en la cultura, en el trabajo, en la juventud, en el urbanismos, en la naturaleza, en la prensa y si se tercia también en las urnas. Tales iniciativas están en manos de todas las asociaciones culturales, ecológicas, juveniles, ciudadanas, de trabajadores o de parados, y de todos los ciudadanos que nada encuentran de fascinante en las actuales instituciones políticas que tan fácilmente se convierten en nido de engaños y ambiciones, cuando no de crímenes. Todos pueden aportar algo, pues aunque un grano no haga el granero, ayuda al compañero. Muy diferente de la imposición de mayorías mecánicas de partidos compactos, solo en las tensiones que surgen entre los distintos intereses, compromisos e intenciones se puede aprender lo que es federalismo. Es conveniente recordar que el más largo y arduo de los viajes comienza por el primer paso, sin él no se llegará nunca a ningún sitio.

Ávila 18 de noviembre de 1995

RES