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EL ARCHIVO GENERAL MILITAR DE ÁVILA E IRLANDA
E-mail: archivomilitaravila@et.mde.es
Ávila en la Guerra Civil. José Belmonte Díaz
12924
Ávila en la Guerra Civil. José Belmonte Díaz
288 páginas 15 x 22 cms.
18,00 euros
Beta III Milenio
En Ávila en la Guerra Civil se relatan, por el historiador José Belmonte Díaz autor de diversas obras sobre Ávila, los hechos, acontecimientos y sucesos vividos en la ciudad durante la Guerra Civil (1936-1939).
Su autor ha sido testigo directo de los mismos, por ello su obra constituye una valiosa aportación, la primera que se escribe referente a la contienda bélica vista desde la ciudad de Ávila. En ella se incluye un apéndice documental y fotográfico, en su mayor parte inédito, sobre aspectos referentes a la Guerra Civil en Ávila.
José Belmonte Díaz
Doctor en Derecho por la Universidad de Deusto. Ha sido profesor de Historia Contemporánea de Iberoamérica y de cursos monográficos del doctorado en dicha Universidad. Es autor, entre otras, de las siguientes obras:
"Leyendas de Ávila", 7ª ed. Ed. Beta, Bilbao, 2004; "Defensa y Responsabilidad Civil", en colaboración con Luis Belmonte, 2ª ed. Bosch, Barcelona, 1956; "Historia Contemporánea de Iberoamérica", 3 vols. Ed. Guadarrama, Madrid, 1971; "La Constitución Española. Texto y Contexto". Ed. Prensa Española, Madrid, 1979; "Las Leyes de Burgos y el Constitucionalismo Social Iberoamericano". Inst. Fernán González, Burgos, núm. 192, 1979; "La calle de la Muerte y la Vida", Ed. Beitia, Bilbao, 1999; "Los Comuneros de la Santa Junta: La Constitución de Ávila". C. A. de Ávila, Ávila, 1986; "Judíos e Inquisición en Ávila", C. A. de Ávila, Ávila, 1989; "Ávila Contemporánea, 1800-2000", Ed. Beta, Bilbao, 2001; "La Ciudad de Ávila. Estudio histórico". Ávila (Ed. de 1986-87 y 1997); "Godoy. Historia documentada de un expolio". Ed. Beta, Bilbao, 2004 (en colaboración con Pilar Leseduarte Gil); "La Expulsión de los Judíos. Auge y ocaso del Judaísmo en Sefarad". Ed. Beta, Bilbao, 2007 (en colaboración con Pilar Leseduarte Gil); "Judeoconversos hispanos. La Cultura". Ed. Beta, Bilbao, 2010; "Ávila en mis ojos", Ed. Beta, Bilbao, 2011; "Ávila mágica", Ed. Beta, Bilbao, 2012; "Ávila eterna", Ed. Beta, en preparación. "Principios socioeconómicos del Constitucionalismo iberoamericano". Tesis doctoral. Univ. Deusto (inédita). Sobre el autor se ha publicado: "Ávila de Memoria. Conversaciones con José Belmonte", de Jesús Arribas. Ediciones Caldandrín, Ávila, 2009.
Fundador y primer director del Festival Internacional de Cine Documental de Bilbao (Zinebi). Es miembro de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País; Miembro de honor de la Institución Gran Duque de Alba; Académico correspondiente de la Academia Burguense y de la Historia de Burgos y miembro de la Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo; Premio Pablo Iglesias de Castilla y León en V. Edición. UGT. Ávila, 2009.
Reseña en Diario de Ávila (20/01/2013)
El historiador abulense José Belmonte acaba de editar el libro Ávila en la Guerra Civil (Ediciones Beta), una elaborada narración de cómo se vivió en la capital abulense y en parte de la provincia el cruel conflicto bélico que rompió España entre los años 1936 y 1939, un trabajo en el que se alían memoria e investigación y en el que destacan ante todo, y esos son sus principales valores y señas de identidad, la fuerza y el interés de encontrarse ante un relato en primera persona firmado por un testigo directo de un puñado de hechos relevantes, algunos de los cuales «son narrados por primera vez», porque – afirma– «lo que yo cuento en este libro es lo que vi palpitando en la ciudad en aquellas terribles fechas».
Se abre el libro con una introducción que sirve para situar al lector en la «agitada vida política» que se dio ya en los conflictivos años de la Segunda República, y así ayudarle a entender mejor todo lo que aconteció después, para desarrollar luego su contenido a lo largo de 24 capítulos que reparten su afán entre el deseo de exhaustividad en los acontecimientos y la honradez intelectual de un narrador que, aclara, «fui testigo presencial de esos tiempos, y como testigo voy a ser implacablemente neutral, relatando fielmente lo que mis ojos vieron». Ese deseo de no tomar partido por ninguno de los dos bandos, porque «los dos cometieron barbaridades por igual», le ha servido para ahuyentar con éxito cualquier tentación de «tapar hechos» o caer en «las peligrosas mentiras de la memoria histórica oficial», algo también especialmente interesante en un libro de historia.
Cierto es que algo de lo contado en Ávila en la Guerra Civil ya había sido apuntado antes por Belmonte en otros libros suyos, especialmente lo referido a la II República (adelantado en su Ávila contemporánea 1800-2000), como también lo es que buena parte de este nuevo trabajo, lo más sustancial, es información nueva que ayuda mucho a entender mejor aquel convulso periodo y, también, la idiosincrasia abulense.
Para redactar este libro José Belmonte volvió a convertirse en el niño de la guerra que fue, un joven inteligente y lleno de inquietudes que asistió entre sus 14 y 17 años de edad a la transformación de una ciudad por y para la guerra, una capital que, asegura, «fue fundamentalmente un cuartel general, un lugar de paso incesante de tropas y mandos, un lugar de entrenamiento para las cruentas batallas que se libraban en otros lugares del país», circunstancia que hizo posible que los abulenses «viviesen en una relativa tranquilidad durante la mayor parte del conflicto», sosiego que llegó «después de los días de verdadero pánico que se vivieron en los meses de julio, agosto y septiembre del 36».
Todo lo que cuenta Belmonte, dueño de una memoria prodigiosa que es un privilegio compartir, lo hace desde la visión sosegada y escéptica de quien asistió asombrado y atento al devenir de unos hechos «que entonces se nos vendieron desde la exaltación y a través de unos himnos y desfiles que nos impresionaban, pero a los que el paso del tiempo limpió de lo que tenían de celebración para mostrar la realidad de una guerra cruel que fue una auténtica aberración», en la cual «la manipulación informativa fue enorme».
En ese dar fe de lo que significó la Guerra Civil «sin querer ocultar nada», José Belmonte asegura, demostrando esa neutralidad que anuncia en el prólogo, que «hubo crueldad por parte de ambos bandos allí donde dominaban el terreno, tanto en el ‘rojo’ al sur de la provincia como en el ‘nacional’, por mucho que de los ‘paseos’ que estos últimos hicieron en Ávila nadie haya querido hablar nada hasta ahora, igual que cuando sucedían nadie quería saber nada por miedo». Y añade que «si duros, trágicos y sin sentido fueron los fusilamientos en la capital de ‘elementos izquierdistas o rojos’ (así se hablaba), también fueron abundantes y sangrientos los fusilamientos en localidades de la provincia de la Ávila no ‘nacional’, que hasta su ‘liberación’ se produjeron en gran escala».
Lamenta también Belmonte que «en Ávila hemos siempre muy timoratos a la hora de hablar de la Guerra Civil», quizás porque hay episodios ocultos en los que «quienes aparentemente eran los buenos» demostraron no serlo tanto. Uno de esos «momentos vergonzantes», relata en el capítulo 7 del libro, se produjo a raíz del bombardeo que sufrió la ciudad el 31 de agosto de 1936, tras el cual «un grupo numeroso de abulenses excitados, vociferantes y cargados de odio» se dirigieron «hasta la cárcel provincial, llenos de furia y con intención de matar a los presos políticos que allí se encontraban». De no haber sido por la «decidida oposición» de las fuerzas militares que custodiaban la prisión, apunta Belmonte con una pena vieja pero aún viva, «aquellos abulenses se hubiesen convertido en auténticos matarifes y aquel hubiese sido el día más nefasto y triste en la historia de la ciudad».
Sin perder nunca de vista el horizonte de que la principal riqueza de este libro está en que los hechos históricos que relata, a grandes rasgos conocidos por todos, llegan enriquecidos por el aporte de datos y detalles cercanos que regala un testigo presencial de los hechos, el lector se da un festín de anécdotas que recrean muy gráficamente esa intrahistoria que es siempre más elocuente (a veces también más cierta) que la Historia en mayúsculas. Su letra pequeña aporta mucho más para entender cómo vivió y sufrió Ávila aquellos terribles años que las grandes y hueras frases con las que luego se intenta resumir el mundo.
Y así da cuenta el historiador abulense de la intensa actividad en el campo de aviación que instalaron los soldados alemanes de la Legión Cóndor a los pies de Sonsoles (aeródromo que visitó José Belmonte en varias ocasiones por curiosidad), de cómo la violenta acción de los requetés en el funeral del capitán Peñas (5 de agosto del 36) rompiendo la bandera republicana llevó a la recuperación de la rojigualda como enseña oficial, de los muchos fracasos de los ‘nacionales’ en sus intentos de tomar Navalperal de Pinares hasta que finalmente lo lograron en octubre de 1936, de la conversión del monasterio de Santo Tomás en una academia de formación de militares «en la que mandaban los alemanes» o de la quema de libros ‘sospechosos’ de ideología marxista.
También relata cómo la Legión Cóndor tuvo su principal lugar de alojamiento en el Monasterio de Santo Tomás, «en cuyo recinto y para uso de los legionarios alemanes se instaló, en una de las aulas del Claustro de los Reyes, una capilla protestante»; y añade, con humor: «los de la ‘Cruzada’ y los propios dominicos, todos, hicieron oídos sordos a la instalación de esa capilla luterana; tanta lucha antiluterana comandada casi siempre por la orden de Predicadores, para ahora (entonces, me refiero) en su mismo templo dominicano tolerar y soportar el montaje de una capilla protestante».
Al campo de aviación que la tristemente célebre Legión Cóndor tuvo en la Cruz de los Llanos, entre el santuario de Sonsoles y el río Chico, dedica Belmonte un largo capítulo, por entender que la relevancia que para la guerra significó su larga y destacada presencia en nuestra ciudad tuvo mucha más importancia de la que se la ha dado habitualmente. Allí, explica, se llegaron a reunir hasta un centenar de aviones de guerra alemanes, desplazados por Hitler para «poner a prueba a su joven fuerza aérea y para que sus hombres adquiriesen experiencia» a modo de ‘tubo de ensayo’ de cara a la brutal ofensiva que estaba preparando en toda Europa..., e incluso deja caer la insinuación de que posiblemente desde aquí despegasen algunos de los aviones que el 26 de abril de 1937 bombardearon la localidad de Gernika.
Sin querer culpar ni exculpar a nadie de la tragedia de aquellos años, porque su objetivo no es juzgar sino contar con la máxima objetividad posible un relato que bien podría ser «una charla entre amigos contada con los ojos el alma», sí critica en varias ocasiones José Belmonte el «claro partido» que la Iglesia tomó por el bando franquista, «enrolándose a lo loco en una guerra que elevó nada menos que a Cruzada y permitiendo la mezcla de religiosidad y guerra» en vez de «al menos decir que había que parar aquella catástrofe», aunque asimismo quiere dejar claro que «aquellos hechos hay que verlos no en nuestros días, sino en los momentos en que se produjeron, y despojar así con buena voluntad de sus errores».
Especial mención merece la última parte del libro, una colección de fotografías de singular fuerza informativa –muchas de ellas, inéditas hasta ahora; todas, imágenes que concentran en su instante una historia magistralmente contada– que dejan constancia de cómo se vivía la Guerra Civil en la capital abulense, tanto entre la población civil (vida cotidiana, fiestas, mercado, procesiones, meteorología…) como entre la concurrida presencia de militares (por Ávila pasaron, entre otros, Franco, Mola, el «multimutilado Millán Astray» y José Antonio Primo de Rivera), colectivo entre el que destacó la presencia durante muchos meses de la Legión Cóndor.
En resumen, un libro muy interesante que aporta al general conocimiento sobre la Guerra Civil gran cantidad de particularidades de Ávila que ayudan a conocer mejor lo que sucedió durante aquellos años en los que el veneno, la estupidez y la ambición que se les fue de las manos a unos pocos acabó destrozando a todo un país. Y lo que a veces por miedo, a veces por intención de ocultar, a veces por ignorancia mal entendida, no se había podido o querido contar antes lo despliega ahora con gran lujo de detalles José Belmonte.
CASTELLANISTA QUE VIENES AL MUNDO (Juan Pablo Mañueco)
TODA FECHA QUE SE ESCOJA COMO "DÍA O FIESTA NACIONAL DE ESPAÑA" tiene mi repeto y celebración, pero ello no es óbice para no decir probadamente esta serie de verdades que aquí recojo...
miércoles, abril 21, 2021
V centenario de la derrota comunera en Villalar: la falsificación
Agencia FARO <agenciafaro@carlismo.es>
Para:Agencia FARO
mar, 20 abr a las 21:30
- V centenario de la derrota comunera en Villalar:
la falsificación
- Agenda: Celebración en honor de Ntra. Sra. de
Montserrat
- Gran Bretaña: Un pésame masónico
Valladolid, abril 2021. (Comunión Tradicionalista). El 23 de
abril de 2021 se cumple el V centenario de la derrota de
los Comuneros en la localidad vallisoletana de Villalar.
La denominada Comunidad Autónoma de Castilla y León ha organizado una serie de
conmemoraciones de dicha efeméride. Más allá de la exorbitante cantidad inicial
(alrededor de un millón de euros, según determinadas fuentes mediáticas) que
supone para las arcas públicas, puesta a disposición de un comité formado por
los paniaguados académicos de siempre, en el marco de una renqueante Fundación
(antes Fundación Villalar), a fin de sufragar proyectos de dudosa relevancia
(murales, cómics, teatro y hasta una ópera, incluido el obligado
congreso internacional), nos preocupa el sesgo ideológico de progenie liberal
(como ya se hizo en la conmemoración de las Cortes Leonesas, vinculándolas al
parlamentarismo liberal) en el cual se van a enmarcar las conmemoraciones (que
sin duda serán además escasas e irrelevantes por las limitaciones originadas
por la pandemia). Los carlistas de Castilla y de las
Españas, agrupados en torno a la Comunión Tradicionalista y sus círculos, por
el contrario, manifestamos hace unos meses la realidad y la verdad de aquel
acontecimiento histórico, que ahora resumimos como recordatorio.
1. Los hitos fundamentales del levantamiento contra Carlos I no sólo se
produjeron en ciudades y villas de la Meseta, lo cual induce a no poca
confusión sobre el alcance de la revuelta cuando, para su comprensión, se
aplican categorías modernas. Y es que la misma no se limitó ni geográfica ni
políticamente al territorio que hoy, tras dos siglos de revolución liberal,
identificamos con Castilla, sino que se extendió a lo largo y ancho de la
Península, como un movimiento patriótico, incluso cabría decir que nacional si
aplicamos este término en un sentido premoderno, de reacción contra las
directrices que los consejeros flamencos del joven Rey impusieron en la
gobernación de los diferentes reinos hispánicos, que entonces empezaban a
amalgamarse en torno a la Corona de Castilla. Produce lástima, por ello, que la
conmemoración de una efeméride como la batalla de Villalar se encuentre hoy
vinculada a la exaltación de un sentimiento regional, el castellano --es
"el día", la fiesta mayor, de la "comunidad autónoma" a la
que pertenece esta localidad castellana--, y que, al mismo tiempo, suscite el
rechazo, con igual ceguera localista, de buena parte de los ciudadanos que
viven en dicha "comunidad autónoma" --en este caso leoneses--,
desconociendo, los unos y los otros, que el significado de la revuelta comunera
les trasciende y se proyecta sobre todos los reinos de la antigua Monarquía
hispánica.
2. Un significado que no es el que le atribuyeron los historiadores
decimonónicos, para quienes se trató de una lucha --la primera-- contra el
absolutismo y en favor de la democracia, ni el que, ya en pleno siglo XX y como
antítesis de la interpretación liberal hasta entonces dominante, le asignaron
los ideólogos del franquismo, tan preocupados por exaltar una idea imperial que
creían realizada en la figura del Emperador Carlos V.
3. Los comuneros se levantaron contra una forma de gobierno que, con un marcado
sesgo personalista, amenazaba con violentar el esquema institucional de la
Monarquía hispánica. La revuelta constituyó la ocasión propicia para reclamar
una serie de reformas plasmadas en los "capítulos" comuneros que,
respetando la arquitectura institucional de los reinos, aspiraban a mejorarla.
No existe en tales capítulos una vindicación de derechos individuales como la
que, tres siglos más tarde, alumbrarían las revoluciones modernas. Por supuesto
que defendieron las libertades de su comunidad, pero sin convertirlas en
instancia de legitimación del poder político. La libertad defendida por los
comuneros se identificaba así con el bien común de los súbditos, que ellos
veían en peligro por los designios de quien precisamente tenía la función de
protegerlos.
4. Los éxitos militares y políticos del Emperador Carlos V --el Rey Carlos I--,
para los que siempre recabó y obtuvo el apoyo de los españoles, han sido
habitualmente esgrimidos, desde posiciones pretendidamente antiliberales, para
descalificar la oportunidad y justificación de la revuelta cuando, bien mirado,
son los mejores frutos de ésta. Tras la derrota de las Comunidades, el
emperador tomó plena conciencia de la importancia de los reinos peninsulares y
de la necesidad de contar con naturales de estos reinos para la gobernación de
sus dominios, comenzando un proceso de hispanización, no sólo personal, del que
luego sacaría provecho la Monarquía Católica de su hijo Felipe II.
5. En realidad, las glorias de la época carolina prueban la inconsistencia de
las interpretaciones habituales de la guerra de las Comunidades y, sobre todo,
de la ideología que las anima. Desmienten a los liberales que ven en ella una
primera revolución moderna, al quedar demostrado que la monarquía tradicional
hispánica contaba con contrapesos suficientes para corregir los excesos de sus
reyes --no en vano, la revuelta comunera fue uno de tales contrapesos, que
entronca con el derecho de resistencia al que tantas veces alude la literatura
política medieval-- y convertirse en la mejor de las formas de gobierno. Y
desmienten a los conservadores que atacan a los comuneros por haberse alzado
contra el orden establecido y que, al mismo tiempo, defienden una
"monarquía" parlamentaria o, en épocas pasadas, otras formas de
gobierno monocrático que son el resultado de la destrucción y disolución de
dicho orden.
6. En definitiva, el levantamiento de las Comunidades de Castilla sólo puede
ser comprendido y recordado cinco siglos después dentro de la lógica política
del régimen monárquico, del régimen que, para diferenciarlo de las formas
"monárquicas" de jefatura del Estado características de las democracias
liberales, denominamos monarquía tradicional.





