domingo, mayo 24, 2015

sábado, mayo 23, 2015

Hacia una democracia ibérica (Anselmo Carretero 15 abril 1963)

Hacia una democracia ibérica


Anselmo Carretero y Jiménez


Ibérica por la libertad


México, 14 abril 1963








 

Teresa de Jesús tampoco les votaría

Teresa de Jesús tampoco les votaría


Leo en avilared.net un artículo de Luis Represa titulado “Por qué hay que echarlos” en el que aboga por sacar del gobierno de las instituciones abulenses a las personas que han utilizado el poder para medrar en la política en beneficio propio en lugar de ocuparse del bien común.
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http://periodistas-es.com/teresa-de-jesus-tampoco-les-votaria-52975

Rafael Jiménez Claudín
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miércoles, mayo 20, 2015

Viejas reflexiones sobre elecciones y política (Ávila 1995)

OTEANDO OTROS HORIZONTES 

El largo periodo de campaña preelectoral en que vive el país desde hace varios meses suscita la inquietud de que es lo que se debe hacer ante un nuevo encuentro con las urnas.  Ante los previsibles carteles de la feria política surge la fuerte tentación de abstenerse de todo, pero también apetece plantearse, antes de adoptar una decisión definitiva en ese sentido, una pregunta acuciante ¿Realmente se puede intentar hacer algo para que cambien las cosas?. 


Las masas de electores a semejanza de las cofradías de admiradores de los artistas del celuloide, hablan a veces acerca de la listeza, del estilo, del carisma o de la guapura de los candidatos a los que piensan someterse o acatar obediencia durante el próximo periodo legislativo.


Alguien a llamado a este sistema una democracia de behetría, en recuerdo de las prerrogativas que tenían en la Edad Media los pueblos castellanos de elegir a su señor, si bien la sustitución de tal señor era más fácil entonces que ahora, no existía un periodo fijo por el que tuvieran que estar sometidos.  Además la jerarquía tenía una aureola de origen religioso que en el mundo secularizado actual sería vano buscar.  Era natural entonces que los vasallos juraran fidelidad y pusieran en prenda de tal juramento su honor, pues la autoridad se consideraba en último extremo de origen divino, pero ¿cómo es posible atribuir algún tipo de sacralidad a las pretensiones, intenciones o promesas de los modernos políticos?.  Pues en vista de eso los políticos actuales cuando llegan al mando pueden llegar a tener un poder que era difícil de concebir en tiempos pasados, y sin mediaciones morales o religiosas que hagan lícito su poder.  El buen ciudadano calla y otorga y cuando lo exigen las leyes acude a votar a sus mandatarios. 


Un historiador muy ligado a Ávila contaba que eran dos casi-fatalidades las inherentes al carácter hispano: por un lado el individualismo atroz que desdeña todo tipo de sociabilidad política y del que es buena muestra el anarquismo de principios de siglo, aunque no faltan tampoco actualmente muestras de procederes políticos similares en muchos ciudadanas, desde fontaneros hasta toreros ; el otro extremo lo representa el caudillismo, sin que sea necesario acudir al invicto para ver excelentes muestras de ello. Este extremo parece ligado además de una manera turbadora a los caracteres sexuales varoniles primarios hasta tal punto que los comentaristas políticos aparentemente más equilibrados y neutros no tienen empacho alguno en desdeñar a un político diciendo que no tiene carisma , como si dijeran: no es torero, no tiene majeza y en definitiva es poco macho.  Cuanto voto se deberá en este país a estremecimientos inconfesables de las vísceras más secretas. 


Con todo no habría nada que objetar si sus obras desmintieran la vulgaridad de su extracción, pero no es este el caso precisamente, a medida que el siglo llega a su terminación los disparates aumentan de forma alarmante; el país se ve definitivamente condicionado a los intereses de la política mundialista lacayunamente seguidos por los dirigentes políticos sin diferencia de ubicación diestra o siniestra. Los resultados están a la vista desmantelamiento no ya de fábricas sino de sectores industriales, agrarios y pesquemos nteros aumento del paro hasta límites hasta ahora no conocidos, aunque evidentemente esto aún se puede considerar Jauja comparado con las tasa de para de muchos países subdesarrollados a las que si Dios no lo remedia estamos abocados.  Claro que de momento se va tirando sin problemas de vida o muerte debido al fabuloso sistema de financiación de prestaciones sociales que consiste en generar déficits presupuestarios y una gigantesca deuda pública, sistema que en principio traslada los gastos actuales al futuro, y que los políticos de derechas y sobre todo los de izquierdas están dispuestos a proseguir sin desmayo, pues va en ello los votos de pensionistas, parados y demás subvencionados.  Lo que no está tan claro es lo que pasará en el futuro si las futuras generaciones no se hacen responsables de los gastos de ahora. 


De la madre tierra más vale no hablar, se destruye la atmósfera que respiramos, se contamina el agua que bebemos, cuando la hay; se envenenan los alimentos que sembramos y comemos, los que pueden; se despilfarran sin remedio las materias primas más importantes (quedan 50 años de petróleo para el mundo según la British Petroleum) amen de propiciar la desertificación de la tierra, el cambio de Clima y otras fruslerías que la buena educación aconseja callar discretamente Todo ello debido a un avanzado sistema de producción industrial y consumo masivo, que por otra parte ha producido más millones de muertes por hambre que ningún otro siglo en gentes cuyo consumo no es precisamente tan masivo Aunque si alguna ventaja ha aportado los modernos avances de la ciencia a la industria no se puede dejar de señalar que nunca en las historia del género humano se disfrutaron guerras más sangrientas que en el presente siglo, gracias precisamente a la industria militar, aunque tampoco faltan guerras de carácter más ancestral con aromas de fanatismo religiosos en la Europa de ahora.  Y no se diga que esos son efectos perversos del capitalismo, pues en los países que hasta hace poco formaban el mosaico de lo que se podría llamar el paraíso soviético las cosas eran sencillamente espeluznantes. 


Naturalmente que estas cosas no son patrimonio del conocimiento de unos grupos exiguos y pesimistas como ecologistas y demás rarezas humanas; hoy día todo esto es prácticamente del dominio público.  Otra cosa es si realmente se puede poner remedio a esto estado de cosas o si alguna fatalidad nos arrastra a lo peor.  Por el momento se puede constatar que los intereses por mantener las cosas más o menos como están son de tal calibre, que los políticos se apuntan con mucho más frecuencia al carro frenético del caos en que se alimentan tales intereses que a intentar frenarlo.  Es incluso bastante improbable que se puedan rectificar las cosas desde un punto vista exclusivamente humano.  Como botón de muestra de tales dificultades se puede señalar la extraña coyunda entre grupos políticos de izquierda habituales defensores del mantenimiento y ampliación del sistema industrial, cuyos correligionarios de otras latitudes cuando han estado en el poder han causado auténticos destrozos en la naturaleza, y los llamados verdes, e los que se esperaba un comportamiento menos ambicioso de escaños y cargos.  Al fin y al cabo, como dice la popular jota segoviana: 'a vivir que son dos días y de aquí a cien años todos calvos' , aunque al paso que vamos es dudoso lo que va a quedar dentro de cien años.  Hablando de futurología dicen algunos que los partidos de las actuales democracias occidentales desaparecerán en el futuro o al menos su papel se reducirá mucho. Es de esperar que no produzcan cosas peores, aunque siempre hay que temerse lo peor.  Lo que parece cierto es que son ya los humanos en su sentido más original y no solamente en su aspecto de ciudadanos los que tienen que hacer algo antes de que sea demasiado tarde.  No es muy agradable imaginar una situación en la que los habitantes de los países occidentales se dejen llevar pasivamente por las circunstancias , a veces favoreciéndolas a veces consintiéndolas, hasta el extremo de morir de inanición, como se ve con alguna frecuencia por televisión en los países más subdesarrollados.  Un anticipo de lo que puede ser se puede ver ya en las grandes ciudades de nuestro país en donde un número cada vez más grande habitantes, cada vez más jóvenes, se dedican a una mendicidad digna de los pobres de solemnidad de tiempos más viejos pero sin ningún tipo de solemnidad.  Aunque bien pensado con una tasa de paro más elevada se podría conseguir una sociedad aún más moderna con niños abandonados por las calles y otros tipismos que hoy día existen en muchos países iberoamericanos o en la India.  Hasta es posible adivinar situaciones de violencia. y terror comparada con las cuales las más brutales tribus  urbanas actuales serían chiquilladas sin importancia. 


Por de pronto asombra ver la cantidad de gente que aún se cree las diatribas electorales donde los partidos se acusan mutuamente de fechorías sin cuento, proponen todo clase de maravillosas recetas curalotodo y lo que es más asombroso manadas de millones van y los votan.  Dentro de este conjunto tan singular se encuentran los que favorecen el actual estado de cosas, aunque no hay que olvidar otros elementos que son los que pasan, que también se cuentan por millones y que parecen ir constantemente en aumento. Estos últimos elementos son los que consienten , y entre los que favorecen y los que consienten se está creando una siniestra armonía contrapuntística que llevará a una mala resolución. 


Así puestas las cosas no está mal volver a los orígenes para repasar una andadura equivocada.  Retrocediendo en este sentido a la Edad Media asombra ver el funcionamiento popular de los concejos castellanos y la actuación  de sus jueces de acuerdo con el derecho consuetudinario, progresivamente aplastados por las ambiciones aristocráticas y reales, los caudillos carismáticos de entonces.  No fue tan feroz el aplastamiento de las instituciones populares medievales en otras zonas de Europa por lo que aún es posible examinar lo que pudieron dar de sí. Vaya aquí un reconocimiento al suizo Dénis de Rougemont que fue capaz de transmitir que Suiza , que irónicamente no pertenece a la Comunidad Europea, tiene algo más que relojes, quesos, secretos bancarios o colegios de señoritas cursis y pijas, refiriéndose a su secular sistema político de consejos tanto a nivel de comuna ,como de cantón , como de confederación, muy anterior al moderno sistema de partidos políticos.  Desde luego que se ha considerado que Suiza es un país sin grandeza política, sin un gran imperio ni sin las atrocidades anexas a tal empresa, pero en vista de los resultados que se están obteniendo de la mundialización de la política y de la economía se empieza a fascinar uno por aquello de 'lo pequeño es bello'.  Otra objeción clásica es que a las instituciones suizas son poco caudillistas y taurinas para los hispanos, aunque a este respecto cabe argüir que en la Castilla medieval el funcionamiento de los concejos era más popular y el toreo más recio que hoy día.  Si es cierto aquello de que lo que no es tradición es plagio, probablemente el sistema político suizo está más cerca de nuestros orígenes políticos que el sistema anglosajón de partidos turnantes que ya ha traído unos cuantos quebraderos de cabeza al país. 


El consejo federal suizo, máxima autoridad ejecutiva , funciona de una forma colegiada donde se integran de forma equilibrada las diversas opciones políticas, las confesiones religiosas y las lenguas, de manera que a todos alcanza la responsabilidad de gobierno y las tensiones que día a día hay que resolver, difíciles pero claras . De estos consejeros federales se ha probado sobradamente que su dedicación a la cosa pública les ha hecho perder dinero y ventajas, y pasado su mandato desaparecen de la vida política sin formar esa nube de pretendientes a cargos y sinecuras tan típica de los ex-mandatarios de nuestro país.  La presidencia de la Confederación Helvética se realiza durante un año y por orden de antigüedad entre los consejeros federales, lo que sin duda hará pensar a la mayoría de los españoles que con ese sistema no da tiempo para enriquecerse.  No es raro ver viajar el los tranvías y autobuses urbanos de Berna al presidente del país.  Por si fuera poco para resistir popularmente a tal poder ejecutivo que representa ampliamente a la sociedad suiza, existen dos mecanismos de utilización frecuentísima que son el referéndum y la iniciativa legislativa, muy distintos de los que figuran en la constitución española que son más bien de uso hipotético.  Naturalmente que estos sistemas de consejos colegiados, con preponderancia del consejo sobre el individuo, y de iniciativas populares existen también a nivel de cantones y comunas, que equivalen más o menos a provincias y ayuntamientos.  Todas estas instituciones son el resultado de la aversión secular de los suizos por las imposiciones de la autoridad civil y de su preferencia por las decisiones en asambleas populares.  Algo bien distinto del nutrido muestrario de gobernantes autoritarios , cerriles o simplemente chulos que constan en el haber de nuestra historia, y que han hecho la delicia de este país durante siglos. 


Algo han recogido los suizos actuales de su historia medieval y es que todo sociedad empieza en los escalones más pequeños y humildes, los que están más próximos al hombre.  Una sociedad sin socios de verdad elimina lo más auténtico de la sociedad y del hombre y acaba manteniéndose solo por la ideología y por la policía.  Algo de esa situación puede contemplarse cuando el funcionamiento de una sociedad se delega en unos cuantos partidos de escasa implantación, y estos a su vez delegan en sus dirigentes políticos que reducen la justificación de su política al número de millones de votos que han votado su programa teórico en una consulta electoral, programa, que dicho sea de paso, no compromete a nada legalmente vinculante.  El magro contenido de las ideologías de los partidos políticos , único ingrediente con el que se pretende que subsista el país, da para poco.  De seguir las cosas como van es dudoso que la próxima generación no conozca una balcanización en el extremo suroccidental europeo.  Cierto que se arguye que algo pesará la historia para que tal no suceda.  Otros insisten en la variante sentimental, si los españoles amamos la patria, o bien a los ciudadanos de otras regiones, o tal vez su fuéramos justos y benéficos como decía la famosa Pepa o Constitución Doceañista, tal vez, dicen, algo quedaría. 


En realidad no se trata de amarse, ni siquiera de conocerse, es algo bastante más directo: son necesarias unas instituciones que permitan que cada persona con su cultura , su religión , su lengua y su opinión política y social propia se encuentre a gusto.  Esto lo podría expresar bien un suizo diciendo: 'soy suizo no porque hable la misma lengua, ni tenga la misma religión , ni la misma opinión política y social que los demás suizos, ni tampoco porque los ame, ni tan siquiera porque los conozca o les entienda, sino porque pertenezco a un país llamado Suiza que me permite a la vez ser suizo y como yo quiero ser' que también podría resumiese en el lema 'cada uno para sí y la Confederación para todos'.  Pues bien, solo en la medida que las cosas cambien de tal manera que todos los españoles, con las naturales diferencias de tiempo, lugar y gente, pudieran definirse aproximadamente así, podrá subsistir el país, de lo contrario tendremos en fechas no muy lejanas nuevos reinos taifo-balcánicos, a saber si seguidos por nuevos caudillos carismático-salvadores de diverso pelaje. 


Ya puestos a hablar a niveles cantonales y de taifas alguna consideración hay que hacer de la ancha Castilla, tan ancha que no se sabe dónde empieza y acaba, ni casi donde está , ni siquiera si existe.  Aún se pueden recordar los tiempos de la llamada transición en los que tal vez por mimetismo de las periferias se trató de inventar una especie de nacionalismo castellano cuyo bastión eran unos pequeños grupos políticos y un escasísimo número de escritores, historiadores artistas y perceptores del vago título de intelectual. Dado el carácter de lengua mundial del castellano era difícil hacer simplismos lingüístico-nacionalistas fáciles en otras regiones.  De los textos que sobre este asunto se sacaron era muy difícil saber que se pretendía, unas veces se reivindicaba una mayor justicia económico-distributiva para Castilla, en otros casos se trataba de meras lamentaciones sobre la postración demográfica y económica o sobre la marginación de sus emigrantes en otras zonas más prósperas. Las jeremiadas eran muy abundantes, aunque no faltaban en ocasiones rememoraciones afirmativas de un pasado popular más pleno que el actual, pero salvo las referencias a un pasado comunero, que las más de las veces denotaban crasa ignorancia del mismo, todo se diluía en vagos emocionalismos por símbolos y hazañas del pasado, cosa bastante común por otra parte en todos los nacionalismos.  No faltaron opiniones que consideraban la extensión territorial como base de no se sabe bien que política regional.  En uno de los libros de aquel entonces se trató de hacer una encuesta entre diversos personajes de las artes y de las ciencias acerca del significado de lo castellano, término vago donde los haya, las respuestas eran curiosas en el sentido de que lo que podía significar lo castellano se subsumía sin más en lo español, término mucho más vago todavía que lo castellano, aunque vivimos ciertamente en un mundo que ama la abstracción, por tanto cuanto más abstractos los términos mucho mejor.  De hecho algunos respondían que lo castellano no era nada y a su vez era fundamento de lo español.  Había también personajes que se negaron a responder a la encuesta por considerar que la mera referencia a lo castellano era reaccionaria, cavernícola y poco progre.  Curiosamente fueron algunos partidos estatales de izquierda los que más fuertemente arremetieron contra el simpático intento se secesión segoviana , de la artificial región de Castilla y León diseñada en Madrid.  Aquello fue en realidad una manera de intentar revivir el viejo sentido comunero y foral de Castilla que nunca tuvo capitales administrativas ni Valladolides . 


De aquellos entonces subsisten unos cuantos exiguos partidos regionalistas, partidos en el sentido más convencional de la palabra, que varían entre la envidia a otros partidos nacionalistas periféricos de sólida implantación, pero basados en supuestos sociales de imposible analogía con lo castellano, y la exhibición de ideologías revolucionarias perentorias acompañadas con viejos símbolos del comunismo soviético, fáciles de encontrar en los mercados de baratillo de muchas ciudades.  Algunos de ellos con claro mimetismo del lenguaje político de otras regiones han legado incluso a hablar de la necesidad de que haya castellanistas, estrafalario adjetivo del que no se sabe en absoluto su significado. 


A lo mejor la negación de las características de modernidad y progreso pueden ser la base de partida para intentar una manera de hacer las cosas que se aleje un poco de la modernidad y sus siniestras perspectivas, a menos que se concluya que el mesetario castellano está destinado fatalmente a ser vulgar masa de maniobra de los intereses emanados desde el centralismo madrileño, en sus diversas variantes partidistas.  No faltan razones tampoco para pensar que así sea , no es difícil toparse entre los propios castellanos personas que no quieren saber nada de su propia condición de tales, puesto que sencillamente no quieren ser nada ni quieren hacer nada.  Y esto no tanto como loable camino de interna espiritualidad y perfección sino más bien como berroqueña dureza de mollera a la que tanto el paisaje como la sucesión de seculares sometimientos han contribuido.  No faltan voces últimamente que señalan que el progresivo deterioro y discriminación económica y social de la región haga saltar algún resorte hasta ahora dormido, aunque desde luego el comportamiento gregario en las consultas electorales no prueba que las cosas hayan cambiado mucho. 


No está claro cual sería el elemento humano base de una posible transformación del pensamiento y de la sociedad, la población agraria envejece más y más, y los pocos activos que quedan ven reducidos el número de hectáreas que pueden sembrar, el número de vacas que pueden tener y el número de vides que pueden podar, en nombre de unas directivas comunitarias emanadas no de Madrid sino de Bruselas.  No todo es malo sin embargo, puesto que alguna subvención se recibe para reforestar la región, que además del papel que puede representar para conservación ecológica del medio, puede tener la importante misión de suministrar sombra en verano para que sesteen los sufridos parados que no tienen otra cosa que hacer.  La industria si bien no ha experimentado el desmantelamiento de sectores industriales enteros como en otras regiones, no deja de haber fundadas esperanzas de que así suceda, basta pensar en la industria de extracción del carbón o en el sector del automóvil que depende de empresas multinacionales.  En lo que se refiere a captación de inversiones industriales extranjeras la cosa no va mejor, por muchos intentos que se hacen hoy día se prefiere invertir en Marruecos, en Tailandia o en Taiwan.  De los servicios, en especial el turismo, última esperanza que vocean los políticos que amañaron acuerdos con la Unión Europea, su importancia no puede compararse ni de lejos con las regiones costeras.  El más sólido bastión de subsistencia son las pensiones y subsidios públicos cuyo sistema de financiación digan lo que digan los políticos en sus discursos electorales está destinado al colapso por razones económicas y demográficas, no solo en nuestro país sino en la mayor parte de Europa, aunque las cosas no sean allí tan graves como aquí.  Queda por fin considerar la gran masa de parados, cuya excelente cosecha augura un gran porvenir.  Aunque conviene aquí distinguir los adultos, que en algunos casos pueden llegar a percibir algún subsidio e incluso con suerte jubilarse con la pensión mínima , de los jóvenes en los cuales, independientemente de algunos parches de contratos de aprendizaje, las tasas de paro son tan altas que incluso con los contratos basuras que el futuro les promete, y aún dispuestos a trabajar con la dignidad de los parias de la India o de los coolíes de la antigua China, es probable que cuatro o cinco de cada diez jóvenes no tenga trabajo a lo largo de su vida, cifra tal vez un poco menor si se consideran los posibles destinos en la economía sumergida y la delincuencia en sus múltiples variantes.  No sería cuestión entrar en la desprestigiada formación profesional impartida, mucho más preocupada en formar trabajadores por cuenta ajena que trabajadores autónomos o de cooperativas. 


El panorama descrito no es precisamente un inmejorable punto de partida para confiar en un esfuerzo de mejoramiento de las cosas, pero ahondando en el tipo humano que ha condicionado el mundo actual, hay que tener en cuenta además unas características mentales muy poco favorables, así por ejemplo la postura victimista de trabajadores y sindicatos que consideran que los que disponen de capital deben invertir para crear trabajo, olvidando el derecho de uso y abuso que pese a todo la ley consagra a la propiedad. 0 también la reivindicación de que en caso de no tener trabajo se tiene derecho a un subsidio, derecho afeado por tanto desaprensivo que conjuga dicha subvención con un trabajo clandestino, o bien evitando cuidadosamente trabajar para cobrar.  Por no hablar de la actitud ciudadana del que pasa ampliamente de política y considera que lo mejor es no hacer nada, caso en el que se encuentra buena parte de la juventud actual.  Siempre son responsables los demás, bien de crear empleo, bien de dar subsidios o bien de ejercer una buena política ciudadana, en definitiva 'que hagan los demás porque a mí no me da la gana de hacer nada'.  Y una vez que se ha hecho dejación de la responsabilidad individual, y habida cuenta de que la moral religiosa tradicional se ha debilitado mucho, los corolarios que se siguen no son nada extraños, tales las escasísimas iniciativas de cooperativas, de sociedades anónimas laborales o de cajas laborales que en otras regiones han dado espléndidos frutos, también la dificultad de encontrar trabajadores especializados que atiendan a precios no abusivos los servicios domésticos de reparación, o de encontrar los buenos albañiles, artesanos y mecánicos que antiguamente creaba la enseñanza directa de maestro y oficial a aprendiz.  Sin olvidar el notorio el aumento de alcoholización y drogodependencia de la juventud que cantan odas las estadísticas, o la perpetuación del viejo caciquismo provinciano a través de los partidos políticos de derecha, de centro y de izquierda.


Así las cosas es ciertamente difícil iniciar los caminos de la rectificación que pasarían por empezar a reanimar iniciativas dispersas que se han realizado en diversos terrenos, tales como bancos o cajas que funcionen sin o casi sin intereses, que a su vez fueran una fuente de financiación de cooperativas y sociedades anónimas laborales, fomento del consumo local y regional antes incluso que el nacional con el fin de mantener el trabajo en la región, sin duda ligado a la recuperación de industrias y oficios artesanos tradicionales. ¿ No sería posible que el castellano llevara en determinadas ocasiones las tradicionales capa y sombrero de labrador que aún se veían en las fotos de principio de siglo, como lleva pantalones de cuero el bávaro, faldas el escocés, sombrero cordobés el andaluz o boina el vasco?.  Si aprendiera a ser el mismo tal vez pudiera superar la inmensa vergüenza que le produce la  sola proposición de llevar tales prendas.  No se debe pasar por alto la necesidad de replantear la necesidad de algunos aspectos del mutualismo gremial como se practicaba desde los tiempos medievales en Castilla, a la vista del problemático sostenimiento de la seguridad social gubernamental que amenaza el futuro de los actuales pensionistas y asegura a muchos jóvenes unas arcas vacías y unas prestaciones nulas. 


Más allá de cualquier consideración política o económica, a nivel sencillamente humano, no sería malo recordar que conformándose a vivir con menos las cosas costarían menos, tal vez seria más fácil crear trabajo para más personas y por tanto menos paro, a lo mejor también habría menos diferencias de riqueza entre los pueblos, la importación de tanto artículo innecesario sería menos y el expolio de la naturaleza sería menos.  Inútil decir que toda la política del gobierno, de los empresarios o los sindicatos conspiran por el más: más renta nacional o per capital, más deuda pública, más beneficios, más salarios, más agotamiento de materias primas, más agresión a la naturaleza y por supuesto más parados. 


A nivel social tal vez se podría intentar helvetizar un pelín a los castellanos, ya demasiado americanizados, aunque solo fuera para intentar recuperar un poco sus orígenes.  Por poner un ejemplo y remontándose a la popular institución del concejo se la podría proponer como modelo para un nuevo tipo de asociación de ciudadanos que bien se podría adornar, a manera de sugerencia, con las notas de: predominio del consejo frente al individuo, por carismático que sea; actuación en el espacio local más inmediato de la existencia ciudadana ; no solo elección sino turnos rigurosamente rotatorios para cargos y cargitos; participación abierta a todos los ciudadanos no restringida por afinidad a credos políticos, sociales o religiosos; proporcionalidad de acuerdo con las tendencias y las procedencias; articulación de las diversas organizaciones locales en base a consejos confederales y lo más lejos posible de las organizaciones piramidales de los partidos estatales. Todo ello con el sano intento de que en los consejos estén los mejores pero evitando cuidadosamente los divos, los vivales y los cucos. 


Hablando del más próximo ámbito local y siendo en la pequeña ciudad de Ávila donde han surgido muchas de estas reflexiones, es justo que se trate de poner en práctica aquí , ciudad con más contrastes de los que se quisiera reconocer, desde Santa Teresa mística doctora y gloria de la Iglesia ,hasta Prisciliano obispo de Ávila y quemado vivo para vergüenza de la Iglesia , pasando por el cosmopolita y escéptico Jorge Santayana.  Mención aparte merece Torquemada aquí enterrado y que aún merece para algunos el apelativo de justo y piadoso.  Al no tener ninguna ideología que propagar, ninguna consigna con la que seducir, ni ningún caudillo a quien admirar solo es posible que del fondo del pueblo surjan las iniciativas que hagan suyas las sugerencias aquí contenidas.  Ya se sabe que la voz del pueblo la voz de Dios, y aunque suene extraño por estas latitudes tan papistas es tradición en la Iglesia Ortodoxa que ninguna verdad puede tener carácter de dogma si el pueblo fiel no la admite. 


Cuentan que los comuneros reunidos en la Santa Junta de Ávila estaban sorprendidos al ver como las reuniones donde había tantos burgueses  y miembros de la pequeña nobleza eran dirigidas por una persona que vestía el sombrero y la capa de labrador.  Esta misma sorpresa puede surgir hoy si los partidos políticos estatales vieran como surge en su pequeña sucursal abulense algo que, sin pedirles permiso, busca un espacio nuevo en las relaciones de los ciudadanos, en la cultura, en el trabajo, en la juventud, en el urbanismo, en la naturaleza, en la prensa y si se tercia también en las urnas.  Tales iniciativas están en manos de todas las asociaciones culturales, ecológicas, juveniles, ciudadanas, de trabajadores o de parados, y de todos los ciudadanos que nada encuentran de fascinante en las actuales instituciones políticas que tan fácilmente se convierten en nido de engaños y ambiciones, cuando no de crímenes.  Todos pueden aportar algo, pues aunque un grano no haga el granero, ayuda al compañero.  Muy diferente de la imposición de mayorías mecánicas de partidos compactos, solo en las tensiones que surgen entre los distintos intereses, compromisos e intenciones se puede aprender lo que es federalismo.  Es conveniente recordar que el más largo y arduo de los viajes comienza por el primer paso, sin él no se llegará nunca a ningún sitio.


 RES


Ávila 18 de noviembre de 1995

Los concejos comuneros en Castilla y Aragón (Anselmo Carretero, 1956)

LOS CONCEJOS COMUNEROS DE CASTILLA Y ARAGÓN

Anselmo Carretero y Jiménez

Instituto Diego de Colmenares
Estudios Segovianos Tomo VIII, 1956



miércoles, mayo 13, 2015

viernes, abril 24, 2015

Villalar

23 de Abril de 2015 (Día de Villalar)

 Día de la artificial e impuesta comunidad autónoma de Castilla y León.

DIA DE VILLALAR

 Dicen que es día de fiesta,...
Día de Villalar,
No se escuchan las campanas,
Parece un día normal,
La gente viste ordinario,
No hay traje para estrenar,
No hay alegría en las calles
Más bien…mortecinas están.
Y… todo es porque…
El pueblo castellano
No acepta como suya
la fiesta de Villalar.
Mientras Castilla esté encadenada
No hay nada que celebrar.
Libertad para Castilla,
Libertad, libertad, libertad.

José Castilla
Burgos (Castilla) 23 de Abril de 2015

lunes, abril 20, 2015

Viva la constitución castellana de 1520 (Juan Pablo Mañueco)

VIVA LA CONSTITUCIÓN CASTELLANA DE 1520 (o la avanzada Ley Perpetua de Ávila que Castilla dio al mundo en 1520, por la que combatieron los comuneros y que no ha sido ni atendida ni superada)
 
 
Junta Santa Comunera,
unión de Comunidades,
alma unida, en que ciudades
natural ley escribiera.
 
Primero: Que los caudales
al político decidiera
beca que el pueblo eligiera.
Lo demás, fuesen maldades.
 
Otrosí dos: Plazo hubiera
máximo en el ejercicio
al pueblo de ese servicio.
¡Nunca profesión se hiciera!
 
Un tres mayor maleficio
expreso en prohibir fuera:
como es que arriba quisiera
obstruir alguien su ejercicio.
 
Venga rey o jefe arriba
Influyéndoles: ¡Ni reyes
Vaciándoles con leyes:
Ante orden todo prescriba!
 
Los encargos sean leyes
En que la gente ella escriba
Ya, y luego eso sobreviva:
Por ser soberanas leyes.
 
En no dar ni recibir
Rentas ni cargos a amigos,
Pónganse fuertes castigos.
Eso a gente ha de incumbir.
 
Tan solo con cuatro puntos
Una Ley tan castellana
Anuncia ser tanto de hoy
que con otros más asuntos
 
llevaría a muchos juntos
en pos de luz que ella mana.
Y una vez triunfante doy
así el triunfo a grey humana.
 
Juan Pablo Mañueco

lunes, abril 13, 2015

El telar de la plabra Pilar Huerta Román)

Un saludo
José Antonio Sierra

 

Ávila en la Guerra Civil (José Belmonte Díaz)

Ávila en la Guerra Civil. José Belmonte Díaz 288 páginas           15 x 22 cms. 18,00 euros Beta III Milenio

En Ávila en la Guerra Civil se relatan, por el historiador José Belmonte Díaz autor de diversas obras sobre Ávila, los hechos, acontecimientos y sucesos vividos en la ciudad durante la Guerra Civil (1936-1939).

Su autor ha sido testigo directo de los mismos, por ello su obra constituye una valiosa aportación, la primera que se escribe referente a la contienda bélica vista desde la ciudad de Ávila. En ella se incluye un apéndice documental y fotográfico, en su mayor parte inédito, sobre aspectos referentes a la Guerra Civil en Ávila.


José Belmonte Díaz
Doctor en Derecho por la Universidad de Deusto. Ha sido profesor de Historia Contemporánea de Iberoamérica y de cursos monográficos del doctorado en dicha Universidad. Es autor, entre otras, de las siguientes obras:
"Leyendas de Ávila", 7ª ed. Ed. Beta, Bilbao, 2004; "Defensa y Responsabilidad Civil", en colaboración con Luis Belmonte, 2ª ed. Bosch, Barcelona, 1956; "Historia Contemporánea de Iberoamérica", 3 vols. Ed. Guadarrama, Madrid, 1971; "La Constitución Española. Texto y Contexto". Ed. Prensa Española, Madrid, 1979; "Las Leyes de Burgos y el Constitucionalismo Social Iberoamericano". Inst. Fernán González, Burgos, núm. 192, 1979; "La calle de la Muerte y la Vida", Ed. Beitia, Bilbao, 1999; "Los Comuneros de la Santa Junta: La Constitución de Ávila". C. A. de Ávila, Ávila, 1986; "Judíos e Inquisición en Ávila", C. A. de Ávila, Ávila, 1989; "Ávila Contemporánea, 1800-2000", Ed. Beta, Bilbao, 2001; "La Ciudad de Ávila. Estudio histórico". Ávila (Ed. de 1986-87 y 1997); "Godoy. Historia documentada de un expolio". Ed. Beta, Bilbao, 2004 (en colaboración con Pilar Leseduarte Gil); "La Expulsión de los Judíos. Auge y ocaso del Judaísmo en Sefarad". Ed. Beta, Bilbao, 2007 (en colaboración con Pilar Leseduarte Gil); "Judeoconversos hispanos. La Cultura". Ed. Beta, Bilbao, 2010; "Ávila en mis ojos", Ed. Beta, Bilbao, 2011; "Ávila mágica", Ed. Beta, Bilbao, 2012; "Ávila eterna", Ed. Beta, en preparación. "Principios socioeconómicos del Constitucionalismo iberoamericano". Tesis doctoral. Univ. Deusto (inédita). Sobre el autor se ha publicado: "Ávila de Memoria. Conversaciones con José Belmonte", de Jesús Arribas. Ediciones Caldandrín, Ávila, 2009.

Fundador y primer director del Festival Internacional de Cine Documental de Bilbao (Zinebi). Es miembro de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País; Miembro de honor de la Institución Gran Duque de Alba; Académico correspondiente de la Academia Burguense y de la Historia de Burgos y miembro de la Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo; Premio Pablo Iglesias de Castilla y León en V. Edición. UGT. Ávila, 2009.

Reseña en Diario de Ávila (20/01/2013)

El historiador abulense José Belmonte acaba de editar el libro Ávila en la Guerra Civil (Ediciones Beta), una elaborada narración de cómo se vivió en la capital abulense y en parte de la provincia el cruel conflicto bélico que rompió España entre los años 1936 y 1939, un trabajo en el que se alían memoria e investigación y en el que destacan ante todo, y esos son sus principales valores y señas de identidad, la fuerza y el interés de encontrarse ante un relato en primera persona firmado por un testigo directo de un puñado de hechos relevantes, algunos de los cuales «son narrados por primera vez», porque – afirma– «lo que yo cuento en este libro es lo que vi palpitando en la ciudad en aquellas terribles fechas».
Se abre el libro con una introducción que sirve para situar al lector en la «agitada vida política» que se dio ya en los conflictivos años de la Segunda República, y así ayudarle a entender mejor todo lo que aconteció después, para desarrollar luego su contenido a lo largo de 24 capítulos que reparten su afán entre el deseo de exhaustividad en los acontecimientos y la honradez intelectual de un narrador que, aclara, «fui testigo presencial de esos tiempos, y como testigo voy a ser implacablemente neutral, relatando fielmente lo que mis ojos vieron». Ese deseo de no tomar partido por ninguno de los dos bandos, porque «los dos cometieron barbaridades por igual», le ha servido para ahuyentar con éxito cualquier tentación de «tapar hechos» o caer en «las peligrosas mentiras de la memoria histórica oficial», algo también especialmente interesante en un libro de historia.
Cierto es que algo de lo contado en Ávila en la Guerra Civil ya había sido apuntado antes por Belmonte en otros libros suyos, especialmente lo referido a la II República (adelantado en su Ávila contemporánea 1800-2000), como también lo es que buena parte de este nuevo trabajo, lo más sustancial, es información nueva que ayuda mucho a entender mejor aquel convulso periodo y, también, la idiosincrasia abulense.
Para redactar este libro José Belmonte volvió a convertirse en el niño de la guerra que fue, un joven inteligente y lleno de inquietudes que asistió entre sus 14 y 17 años de edad a la transformación de una ciudad por y para la guerra, una capital que, asegura, «fue fundamentalmente un cuartel general, un lugar de paso incesante de tropas y mandos, un lugar de entrenamiento para las cruentas batallas que se libraban en otros lugares del país», circunstancia que hizo posible que los abulenses «viviesen en una relativa tranquilidad durante la mayor parte del conflicto», sosiego que llegó «después de los días de verdadero pánico que se vivieron en los meses de julio, agosto y septiembre del 36».
Todo lo que cuenta Belmonte, dueño de una memoria prodigiosa que es un privilegio compartir, lo hace desde la visión sosegada y escéptica de quien asistió asombrado y atento al devenir de unos hechos «que entonces se nos vendieron desde la exaltación y a través de unos himnos y desfiles que nos impresionaban, pero a los que el paso del tiempo limpió de lo que tenían de celebración para mostrar la realidad de una guerra cruel que fue una auténtica aberración», en la cual «la manipulación informativa fue enorme».
En ese dar fe de lo que significó la Guerra Civil «sin querer ocultar nada», José Belmonte asegura, demostrando esa neutralidad que anuncia en el prólogo, que «hubo crueldad por parte de ambos bandos allí donde dominaban el terreno, tanto en el ‘rojo’ al sur de la provincia como en el ‘nacional’, por mucho que de los ‘paseos’ que estos últimos hicieron en Ávila nadie haya querido hablar nada hasta ahora, igual que cuando sucedían nadie quería saber nada por miedo». Y añade que «si duros, trágicos y sin sentido fueron los fusilamientos en la capital de ‘elementos izquierdistas o rojos’ (así se hablaba), también fueron abundantes y sangrientos los fusilamientos en localidades de la provincia de la Ávila no ‘nacional’, que hasta su ‘liberación’ se produjeron en gran escala».
Lamenta también Belmonte que «en Ávila hemos siempre muy timoratos a la hora de hablar de la Guerra Civil», quizás porque hay episodios ocultos en los que «quienes aparentemente eran los buenos» demostraron no serlo tanto. Uno de esos «momentos vergonzantes», relata en el capítulo 7 del libro, se produjo a raíz del bombardeo que sufrió la ciudad el 31 de agosto de 1936, tras el cual «un grupo numeroso de abulenses excitados, vociferantes y cargados de odio» se dirigieron «hasta la cárcel provincial, llenos de furia y con intención de matar a los presos políticos que allí se encontraban». De no haber sido por la «decidida oposición» de las fuerzas militares que custodiaban la prisión, apunta Belmonte con una pena vieja pero aún viva, «aquellos abulenses se hubiesen convertido en auténticos matarifes y aquel hubiese sido el día más nefasto y triste en la historia de la ciudad».
Sin perder nunca de vista el horizonte de que la principal riqueza de este libro está en que los hechos históricos que relata, a grandes rasgos conocidos por todos, llegan enriquecidos por el aporte de datos y detalles cercanos que regala un testigo presencial de los hechos, el lector se da un festín de anécdotas que recrean muy gráficamente esa intrahistoria que es siempre más elocuente (a veces también más cierta) que la Historia en mayúsculas. Su letra pequeña aporta mucho más para entender cómo vivió y sufrió Ávila aquellos terribles años que las grandes y hueras frases con las que luego se intenta resumir el mundo.
Y así da cuenta el historiador abulense de la intensa actividad en el campo de aviación que instalaron los soldados alemanes de la Legión Cóndor a los pies de Sonsoles (aeródromo que visitó José Belmonte en varias ocasiones por curiosidad), de cómo la violenta acción de los requetés en el funeral del capitán Peñas (5 de agosto del 36) rompiendo la bandera republicana llevó a la recuperación de la rojigualda como enseña oficial, de los muchos fracasos de los ‘nacionales’ en sus intentos de tomar Navalperal de Pinares hasta que finalmente lo lograron en octubre de 1936, de la conversión del monasterio de Santo Tomás en una academia de formación de militares «en la que mandaban los alemanes» o de la quema de libros ‘sospechosos’ de ideología marxista.
También relata cómo la Legión Cóndor tuvo su principal lugar de alojamiento en el Monasterio de Santo Tomás, «en cuyo recinto y para uso de los legionarios alemanes se instaló, en una de las aulas del Claustro de los Reyes, una capilla protestante»; y añade, con humor: «los de la ‘Cruzada’ y los propios dominicos, todos, hicieron oídos sordos a la instalación de esa capilla luterana; tanta lucha antiluterana comandada casi siempre por la orden de Predicadores, para ahora (entonces, me refiero) en su mismo templo dominicano tolerar y soportar el montaje de una capilla protestante».
Al campo de aviación que la tristemente célebre Legión Cóndor tuvo en la Cruz de los Llanos, entre el santuario de Sonsoles y el río Chico, dedica Belmonte un largo capítulo, por entender que la relevancia que para la guerra significó su larga y destacada presencia en nuestra ciudad tuvo mucha más importancia de la que se la ha dado habitualmente. Allí, explica, se llegaron a reunir hasta un centenar de aviones de guerra alemanes, desplazados por Hitler para «poner a prueba a su joven fuerza aérea y para que sus hombres adquiriesen experiencia» a modo de ‘tubo de ensayo’ de cara a la brutal ofensiva que estaba preparando en toda Europa..., e incluso deja caer la insinuación de que posiblemente desde aquí despegasen algunos de los aviones que el 26 de abril de 1937 bombardearon la localidad de Gernika.
Sin querer culpar ni exculpar a nadie de la tragedia de aquellos años, porque su objetivo no es juzgar sino contar con la máxima objetividad posible un relato que bien podría ser «una charla entre amigos contada con los ojos el alma», sí critica en varias ocasiones José Belmonte el «claro partido» que la Iglesia tomó por el bando franquista, «enrolándose a lo loco en una guerra que elevó nada menos que a Cruzada y permitiendo la mezcla de religiosidad y guerra» en vez de «al menos decir que había que parar aquella catástrofe», aunque asimismo quiere dejar claro que «aquellos hechos hay que verlos no en nuestros días, sino en los momentos en que se produjeron, y despojar así con buena voluntad de sus errores».
Especial mención merece la última parte del libro, una colección de fotografías de singular fuerza informativa –muchas de ellas, inéditas hasta ahora; todas, imágenes que concentran en su instante una historia magistralmente contada– que dejan constancia de cómo se vivía la Guerra Civil en la capital abulense, tanto entre la población civil (vida cotidiana, fiestas, mercado, procesiones, meteorología…) como entre la concurrida presencia de militares (por Ávila pasaron, entre otros, Franco, Mola, el «multimutilado Millán Astray» y José Antonio Primo de Rivera), colectivo entre el que destacó la presencia durante muchos meses de la Legión Cóndor.
En resumen, un libro muy interesante que aporta al general conocimiento sobre la Guerra Civil gran cantidad de particularidades de Ávila que ayudan a conocer mejor lo que sucedió durante aquellos años en los que el veneno, la estupidez y la ambición que se les fue de las manos a unos pocos acabó destrozando a todo un país. Y lo que a veces por miedo, a veces por intención de ocultar, a veces por ignorancia mal entendida, no se había podido o querido contar antes lo despliega ahora con gran lujo de detalles José Belmonte.

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domingo, abril 12, 2015

AVILA; AMOR...


AVILA, AMOR...

 

Ávila, amor, espera nuestro abrazo.

La que castillo fue de amor divino,

nos abre su regazo cristalino

para buscar a Dios, en su regazo.

 

Dios eres tú. Dios es cada pedazo

que late en ti. Borracho de tu vino

a Dios ascenderé por el camino

con que mi vida con la tuya enlazo.

 

El aire vivo jugará en la almena.

Desierto alrededor; sierra desnuda

limitando los ámbitos vacíos.

 

Y Ávila quieta, como siempre, llena

de pasión y de luz, vibrará muda

al choque de tus labios y los míos.

 



LANDINEZ, LUIS

España. Siglo XX

Poeta.