domingo, septiembre 07, 2014

Kate O´Brien: una escritotra irlandesa en Ávila


 
Ya en las librerías  la obra Teresa de Ávila de Kate O´Brien. 
Editorial Vasoroto Madrid 
www.sites.google.com/site/kateobrienarchive/news
 

Kate O’Brien: una escritora irlandesa en Ávila

PERIODISTAS en español.com
esde que Kate O’ Brien viniera hacia mediados de 1922 por primera vez a Portugalete para trabajar como institutriz para los hijos de la familia Areilza, se puede afirmar que inició una intensa relación con España que no sólo no perduraría con el paso del tiempo sino que se transformó en una verdadera pasión.
Kate oBrien Kate O’Brien: una escritora irlandesa en ÁvilaEn sus comienzos como novelista sus dos primeras obras están ambientadas en su ciudad natal, Limerick, Irlanda, pero es a lo largo de la toda la década de los treinta y después cuando España se convirtió en su inspiración literaria y existencial llegándole a proporcionar un caudal de inagotables recursos que se reflejaría en dos de sus novelas más conocidas, Mary Lavelle (1936; traducida al español como Pasiones rotas) y Esa Dama (1946), un libro de viajes Adiós España (1937) y una de las mejores biografías de la lengua inglesa de la mujer que más admiró, Santa Teresa, titulada Teresa de Ávila (1951).
Se puede afirmar que España le permitió trascender las limitaciones imaginativas que le ofrecía Limerick y le provocó, a cambio, nuevos estímulos para su carrera como novelista. Viajera infatigable, motivada siempre por un afán de aprender y conocer, decidió regresar a España cada verano y de manera ininterrumpida desde 1931 hasta el comienzo mismo de la guerra civil para recorrer palmo a palmo el norte, cuyo clima le recordaba el de su propio país, y sobre todo la mayoría de los pueblos de la alta y seca Castilla. Le impresionó gratamente la diversidad geográfica y paisajística del país, los contrastes humanos, la variedad de costumbres, y descubrió por su cuenta lo que ella misma llama la “España inesperada”, todos aquellos rincones menos habituales para los ojos extranjeros, alejados por completo de los circuitos turísticos, convirtiéndose en una viajera sentimental que apegada a los viejos usos y costumbres sabe apreciar emocionada los momentos sublimes que le proporcionan su contemplación.
De todas las ciudades castellanas, Ávila ocupó desde el principio un lugar preferencial y fue ya su destino casi obligado cada verano hasta el comienzo mismo de la guerra. Le encantaba la ciudad, sus calles, le gustaba sentarse en las terrazas de los cafés y observar a los transeúntes, y siempre que podía entablaba conversación con la gente. Todo despertaba su curiosidad e interés. Sus monumentos, sus calles, su pasado histórico, la sencillez y el calor humanos, la sensación de no sentirse extraña y, por supuesto, la personalidad de su hija más ilustre, Santa Teresa, cuyas obras empezó a leer en total admiración en 1934, atraparon por completo el corazón de la escritora irlandesa como ninguna otra ciudad. Ávila representaba, para O’Brien, la esencia misma del espíritu español: era Castilla en su estado más puro, la tierra de los grandes místicos y escritores, y lo austero del paisaje, el cielo azul inmaculado, como de ensueño, y la sobriedad de sus edificios y monumentos, de un intenso color dorado, como insistentemente dice, cobraban expresión en las cualidades de abnegación, sencillez, nobleza de sentimientos y escrupuloso respeto a la tradición, con las que en fin, se identificó plenamente.
En su tercera novela, Mary Lavelle, basada en parte en su propia experiencia como institutriz en el país vasco, fluye la pasión romántica, pero sobre todo trata de costumbres sociales y lugares extraños a la protagonista, pues no en vano el nuevo entorno donde vive representa la oportunidad de escapar del insoportable ambiente irlandés de provincias y también de poder explorar el mundo a su manera. Mary está fascinada por todo lo que descubre cada día, y el famoso viaje a Madrid, atravesando la meseta castellana, se convierte en una auténtica revelación porque encuentra una belleza distinta, singular, de un encanto especial en la inolvidable luminosidad y en el paisaje de Castilla. La ciudad de Ávila aparece mencionada repetidamente como un lugar imprescindible de visitar, sobre todo cuando está cubierta de nieve.
Farewell spain Kate oBrien Kate O’Brien: una escritora irlandesa en ÁvilaPero es ya en su libro Adiós España donde Kate O’Brien da rienda suelta a sus preferencias personales, y de nuevo Castilla, sus ciudades, sus gentes y costumbres, destacan muy por encima de otros lugares. Elaborado en unos pocos meses, en pleno conflicto español, el libro es su respuesta personal como pacifista convencida ante el horror, la indignación y la rabia que le produjo el golpe militar. De hecho, intercala evocaciones nostálgicas de lugares, escritores, cuadros, paisajes, gentes, de los que ahora teme su aniquilación por la barbarie y la destrucción, con comentarios de total rechazo del golpe militar encabezado por Franco, y el resultado son brillantes momentos del pasado en torno al legado artístico y cultural del país, de todo aquello que significa permanencia y tradición cuya contemplación produce placer y da sentido a la vida, frente a momentos más siniestros, vulgares e intimidatorios del presente dominado por una guerra devastadora que está ensangrentando el país.
El extenso capítulo dedicado a Ávila es todo un catálogo de las múltiples sensaciones que despiertan el atractivo de la ciudad y, por supuesto, el reconocimiento de admiración por Santa Teresa. No es difícil de imaginar de que la contundencia de sus comentarios de rechazo al golpe militar y su posición inequívocamente al lado de la República, Adiós España fuera un libro censurado por el régimen franquista, Kate O’ Brien fuera calificada de persona non grata e incluso se le prohibiera la entrada en España.
Tendría que esperar hasta 1957 y gracias a la intervención del entonces embajador irlandés en España para que de nuevo se le permitiera regresar a su querida España después de más de 20 años de ausencia. Fue sin duda un duro golpe al que se sumarían otros contratiempos. En pleno conflicto mundial Kate O’Brien entró en una fase complicada de su actividad creativa: a los problemas económicos se unió la censura de otra de sus novelas en Irlanda. Además el panorama europeo no podía ser más desolador y la segunda guerra mundial, atroz, parecía no tener fin.
Esa dama Kate oBrien Kate O’Brien: una escritora irlandesa en ÁvilaDefensora a ultranza de la libertad individual por encima de todo, y en parte como respuesta a los líderes autoritarios y dictatoriales del momento, Kate O’ Brien empezó a escribir en 1943 la novela que más éxito le proporcionó de toda su carrera literaria, titulada Esa Dama, publicada en 1946. Ambientada en la España del siglo XVI, adapta a su manera la figura enigmática de Ana de Mendoza, princesa de Éboli, para crear una preciosa novela histórica en la que muestra a una mujer capaz en todo momento de vivir de acuerdo con sus creencias, de sacrificar su reputación y libertad defendiendo su derecho a vivir a su manera, al margen de todo tipo de imposiciones, incluyendo las de Felipe II, que es visto como un rey déspota, insensible y acostumbrado a ejercer un poder absoluto incontestable. La figura de Santa Teresa aparece mencionada repetidamente como una gran mujer, valiente y emprendedora, que todo el mundo admira y respeta excepto Ana de Mendoza. Su carácter orgulloso, dominante y altivo choca con el magnánimo temperamento de Santa Teresa de Ávila, con quien Ana tuvo relación y a quien ayudó a fundar dos conventos carmelitas. Ana nunca perdonó su oposición a su vano intento de ingresar como religiosa en uno de los conventos, y precisamente en la novela se refleja en distintos momentos su antipatía hacia la labor reformadora de la santa, su total animadversión, y la imborrable sensación de humillación y ridículo que le produjo la negativa. El éxito de Esa Dama fue rotundo tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos; además fue adaptada al teatro y estrenada en Broadway y luego en Londres, y llevada al cine en 1955.
Parecía inevitable que más pronto o más tarde Kate O’ Brien dedicara una libro completo a la mujer que más admiró, Santa Teresa; su personalidad como mujer excepcional y la ingente tarea de reformadora que llevó a cabo, resultaban demasiado ricas como para no tratarlas en profundidad. Su libro Teresa de Ávila, publicado en 1951, no es un sesudo trabajo de investigación ni pretende llevar a cabo un estudio biográfico exhaustivo; en menos de cien páginas nos ofrece un retrato personal de la santa, o mejor dicho, sus propias reflexiones sobre una gran mujer, una de las pocas que, en su opinión, verdaderamente merecen el calificativo de geniales. El libro tiene el mérito de saber acercar de manera amena y sencilla la figura de Teresa al público de habla inglesa en general y, por otro lado, de destacar por encima de todo que fue una mujer que se comportó, actuó y escribió como una precoz feminista, y aunque tradicionalmente se la ha presentado como modelo de sumisión y acatamiento, Kate O’ Brien la descubre el lado más contestatario que se pudo dar en la época. No hace excesivo hincapié en su lado místico ni en su trayectoria espiritual; le interesa el lado más humano, su faceta como reformadora de la orden carmelita, esa campaña en la que tuvo que luchar con inteligencia, tenacidad, y humildad, y que le valió ser vigilada por sus superiores, sometida al cerco de la Inquisición, y ser ridiculizada y envidiada por el ambiente hostil de Ávila. Su determinación, su indomable naturaleza de mujer de acción que supo pelear contra viento y marea le sirvió, sin embargo, para hacerse poderosa en un mudo de varones y fundar y dirigir con éxito una gran organización de mujeres.
La ciudad de Ávila, la figura de Santa Teresa, como feminista, reformadora o su obra literaria, las tierras de Castilla, su glorioso pasado, y sus gentes, seguirían siendo motivo de inspiración de varios reportajes periodísticos, cuentos, ensayos, temas de conferencias y charlas radiofónicas que Kate O’ Brien prodiga tras reanudar en 1957 sus visitas a España. Escribió para periódicos como The Spectator, The Bell y The Irish Times, y regularmente colaboraba para la B.B.C. Los últimos catorce años de su vida estuvieron plagados de dificultades de todo tipo; no obstante, en noviembre de 1961 decidió establecerse en Ávila, como el lugar más idóneo para llevar una vida sosegada, y durante seis meses, y hasta que fue nombrada representante irlandesa de la Comisión de Escritores Europeos, vivió completamente feliz en lo que consideró su segundo hogar, el Hotel Jardín.
Lamentablemente con motivo del nombramiento de Santa Teresa de doctora de la Iglesia no pudo asistir, como fue su intención, a la ceremonia, pero desde su columna habitual titulada “Long Distance” para el Irish Times escribió de nuevo sobre la santa y Ávila. Su última visita a su querida Ávila la realizaría en diciembre de 1971, tras su participación en un congreso organizado por la Universidad de Valladolid. La ocasión de nuevo le sirvió para escribir sobre la maravillosa experiencia de volver a pisar como dice “los viejos escenarios de auténtica delicia” de su adorada Castilla, mostrando el mismo entusiasmo y cariño que casi cincuenta años antes.
Kate O’ Brien mantuvo siempre una actitud abierta y receptiva a otras culturas y a otros modos de vida que la enriquecieron como persona y como escritora, y a esto precisamente se refirió Mary Robinson cuando asumió la presidencia de Irlanda en 1990 citando en más de una ocasión en sus discursos a Kate O’ Brien ante el Parlamento irlandés en relación con el papel que Irlanda debería ocupar en Europa.
Daniel Pastor
Universidad de Salamanca
Acto homenaje a Kate O´Brien organizado por el Club de Pensamiento y Cultura Jorge Santayana del PSOE
Ávila, 2 de junio de 2010

 
 

Castilla, este canto es tu canto (Juan Pablo Mañueco)


Juan Pablo Mañueco Martínez

 

 

Muy bien, gracias por la difusión de esas seguidillas.

 

Poemas sobre Castilla, tienen muchos a su disposición en estas dos direcciones:

 

 

"Castilla, este canto es tu canto"

 


 

 

Incluso, les incluyo el comienzo del poema (largo, 2.300 versos en liras), que da título al libro, que no parece mal comienzo, creo yo.

 

 

Saludos,

 

CASTILLA, ESTE CANTO ES TU CANTO

I. El nacimiento (siglo VIII). Antiguo clan que octavo a nuevo adujo

INTROITO

De hondo e interior venero
que en cascada entre piedra y musgo brota
no es Cadagua un reguero
que porte escasa gota.
Un mundo en murmullo ya en su agua flota.

Río en Valle de Mena,
que entre las rocas corres, ríes, saltas,
mojando toda la escena
de las praderas altas,
pedrizas y peñascales que asaltas…

Naces por cataratas
y por escalones y rocas verdes,
que tapizas con natas.
Riscos a los que muerdes,
hisopas con gotas, luego te pierdes

hacia sendas, caminos,
y sierras, a los que tu cabo de agua
les forja suerte y sinos;
Al cabo, tú, Cadagua
-cabo de agua-, eres del valle la fragua.

¿Sabes que vas a oírte
no sólo por abrir cauce ruidoso?
Mejor podrás sentirte
en el son más frondoso
de lengua que emana en tu lar brumoso.

Afluyen por las grietas
hervores de manantiales sonoros.
Trovas dulces, secretas
musitan sus tesoros…
Y, a su voz antigua, tu agua une coros.

Aún no oyes juglares
por este lugar calmo y sosegado
tañendo sus cantares;
pero, al bosque abrazado,
silba un idioma naciente, que ha llegado.

Ni escuchas las canciones
de amor, de amigo, de gesta y alborada,
mas nutre tus rincones
voz recién aflorada
que pronto entone copla bien rimada.

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(c) Juan Pablo Mañueco Martínez.



Fragmento inicial del poema en liras "Castilla, este canto es tu canto", la epopeya del pueblo castellano, de reciente aparición en librerías.

 

viernes, agosto 29, 2014

domingo, agosto 10, 2014

La última desamortización.De Prado: “Si sigue adelante la Ley de Reforma Local los pequeños ayuntamientos no servirán para nada”


ASOCIACIÓN SALMANTINA DE AGRICULTURA DE MONTAÑA

De Prado: “Si sigue adelante la Ley de Reforma Local los pequeños ayuntamientos no servirán para nada”

SALAMANCA RTV AL DÍA


 

El gerente de ASAM muestra su preocupación por la gestión de los servicios en las zonas rurales, que recaerá en grandes empresas privadas

 

Preocupación. El gerente de ASAM, la Asociación Salmantina de Agricultura de Montaña, Ángel de Prado, espera que la Ley de Bases de Régimen Local, recurrida por diferentes partidos, asociaciones y organizaciones, no siga adelante. De lo contrario, explica “los ayuntamientos pequeños no servirán para nada”. De Prado indica que esta ley no suprime ayuntamientos, “pero sí competencias”, con lo que la gestión de los servicios “recaerá en las grandes empresas, el mismo tema caciquil de toda la vida”, lamenta. El responsable de ASAM insiste en que el actual modelo territorial con comunidades autónomas y diputaciones “no tiene sentido”.

 

De Prado señala que en esta Ley hay un tema “fundamental” relativo a la apropiación de terrenos comunales, de los que todavía quedan más de cuatro millones de hectáreas en el ámbito nacional y más de 2,5 en Castilla y León, principalmente en León, Burgos y Palencia. “Se podrán vender y con ello, tapar déficits de grandes ayuntamientos, como el caso de la capital burgalesa”.

 

Es uno de los puntos que más controversia y rechazo genera de la Ley, la supresión de la personalidad jurídica de más de 3.750 entidades locales -juntas vecinales, concejos, barrios, parroquias o pedanías- pueblos que cuentan con recursos propios y potestad para administrarlos. De este modo, quedarían agrupados en los ayuntamientos de los que dependen y la gestión de sus bienes pasaría a ser administrada por esos ayuntamientos, diputaciones y comunidades autónomas.

 

En la actualidad, los recursos naturales son propiedad de sus vecinos que los gestionan y deciden cómo administrarlos. Actualmente, en España hay 3.720 juntas vecinales que desaparecerán si la Ley actual se aplica tal como está. Castilla y León, con 2.257 juntas vecinales, es la Comunidad autónoma más afectada por la supresión de estos pequeños pueblos, que perderán su autonomía y la gestión de un patrimonio de cientos de hectáreas de gran riqueza ambiental y económica. De Prado afirma que buena parte de estos terrenos son montes de utilidad pública, cuya propiedad es de los vecinos, que tienen sus derechos. “El temor que tenemos es que al quitar las competencias a los ayuntamientos, se queden en manos de diputaciones y comunidades” con lo que “se encubre que se esquilma el territorio y la privatización de los servicios”.

 

La gran preocupación de asociaciones como ASAM es que estos terrenos en zonas rurales podría venderse, por su interés, a grandes grupos empresariales o fondos ‘buitre’ que los destinaría en un futuro a medio y largo plazo a tierra de cultivo, biomasa, energía eólica, a suministro de agua –buena parte de los terrenos están próximos a cabeceras donde hay agua-, áridos, minería o ‘fracking’. Es decir, “se vendería recursos vitales”.

 

Para Ángel de Prado, ésta sería la última desamortización que quedaría por hacer, “con la destrucción ambiental y el afán depredatorio”. Con la ley recurrida, señala que la reforma local tendría que ser una oportunidad para que la gente joven de las ciudades, sin trabajo, utilizara las zonas comunales y viviera de ellas. Sin embargo, reconoce que ni la crisis ha conseguido incentivar a los jóvenes hacia las zonas rurales. “Todavía es inapreciable la llegada a los pueblos, todavía están en otra dinámica”. Apunta que sería una buena oportunidad para ofrecer otra forma de vida en el medio rural, un nuevo modelo con futuro, casi el único, teniendo en cuenta la crisis mundial, no solo económica, también energética y de recursos. “Se puede generar trabajo en común en los pequeños pueblos, producir de forma natural y más sana, consumir utilizando menos energía y recursos”.

jueves, julio 24, 2014

La engañifa federal (Juan manuel de Prada)

LA ENGAÑIFA FEDERAL

JUAN MANUEL DE PRADA
 

Pedro Sánchez, además de sonreír mucho, como si fuese un selfie con patas, ha recuperado la matraca del Estado federal
 
TAL vez por haber sido siempre diputado de recuelo o repesca, de los que las oligarquías políticas echan mano cuando alguno de sus dinosaurios es enviado a un retiro dorado o a un consejo de administración, en el socialista Pedro Sánchez descubrimos ese ímpetu un poco histriónico propio del futbolista suplente. Pero, como suele ocurrir con los futbolistas suplentes (que por algo lo son), Pedro Sánchez no sabe hacer otra cosa sino repetir lo que los futbolistas titulares llevan haciendo desde el principio, sólo que con mayores bríos, como un torete recién salido del chiquero; de tal modo que, tras el arreón del primer instante, delatan enseguida su juego limitado y archisabido. Pedro Sánchez, además de sonreír mucho, como si fuese un selfie con patas, ha recuperado la matraca del Estado federal, que es el mismo sonsonete que se gastaba Rubalcaba (aunque dicho por Sánchez parezca una insinuación lúbrica y dicho por Rubalcaba pareciese una cenicienta expresión de pésame), como panacea de las veleidades separatistas. Pero hasta los socialistas saben que se trata de una engañifa.
 
Sin duda, el centralismo consagrado por el liberalismo ha sido una de las más mayores calamidades de nuestra historia, por ser contrario a nuestra tradición política y vivero de los nacionalismos separatistas (que ahora, de forma irrisoria, los liberales pretenden presentar como ideologías cavernarias y premodernas, cuando son hijos predilectos y primogénitos de la misma ideología que ellos proclaman). El llamado Estado de las autonomías (luego reveladas autonosuyas) no era, en realidad, sino un intento de disimular el divorcio nacional mediante una organización territorial por completo artificiosa, al servicio de un poder político que, para hacerse fuerte (y emplear a sus innúmeros cachorros), necesitaba enviscar a unos españoles contra otros, en una demogresca que las oligarquías políticas alimentaron formando falsas «identidades», mediante el empleo goebbelsiano de la propaganda y el adoctrinamiento en las escuelas, que ha convertido a las nuevas generaciones en jenízaros del separatismo. Ahora que el modelo se prueba agotado (el expolio de las cajas de ahorros podría considerarse el hito terminal del Estado de las autonosuyas), las oligarquías empiezan a fantasear con la posibilidad de prolongar el chollo con el Estado federal, aprovechando las inercias de la demogresca; y emplean a Pedro Sánchez de liebre, a ver si el pueblo degenerado en ciudadanía dividida en negociados de izquierda y derecha pica el anzuelo.
 
A simple vista, este Estado federal que nos propone nuestro selfie con patas, como si fuese una apetitosa insinuación lúbrica, pudiera confundirse con aquella federación natural, formada por el sufragio universal de los siglos, que reconociendo las instituciones jurídicas de cada reino logró la unidad política de España. Pero aquella federación natural (en la que la nación no era un simple agregado de individuos en un momento pasajero y mudable de la Historia, sino un todo sucesivo, producido por un poderoso sentido de pertenencia) se fundaba en tres cimientos: la unidad católica, la monarquía cristiana y el reconocimiento de los fueros de cada región. El Estado federal que ahora se nos propone se funda exactamente en la disolución de tales cimientos; de ahí que no pueda hacer otra cosa sino ahondar la demogresca que ya nos trajo el Estado autonómico. A los españoles, con Estado autonómico o con Estado federal, no nos resta —Menéndez Pelayo dixit— sino volver al cantonalismo de los reinos de taifas, mientras las oligarquías políticas nos expolian. Y es que el saqueo de sus bienes materiales es el destino inexorable de los pueblos que antes se dejaron arrebatar sus bienes eternos.

miércoles, julio 23, 2014

Seguidillas de "en Ávila mis ojos" (Juan Pablo Mañueco)


 
SEGUIDILLAS DE “EN ÁVILA, MIS OJOS”
                                                                                                
 
 
 
I
 
 
En Ávila, mis ojos,
lloran por él.
Saladas por mi rostro
gotas de hiel.
 
Llévame, río Adaja,
lejos de aquí,
porque ya, dentro en Ávila
creo morir.
 
En Ávila del Río,
sonoro llanto,
siento más el vacío.
Pena mi canto.
 
Mataron a mi amigo,
garrido y alto,
a traición me fue herido.
Penas levanto.
 
Llévame, río Adaja,
lejos de aquí,
porque ya, dentro en Ávila,
siento el morir.
 
No errase espada
en Ávila del Río
si a hierro me matara
como a mi amigo.
 
 
 
 
 
II
 
 
En Ávila, mis ojos,
sendas de lágrimas
y párpados de asombro
te miran, Adaja.
 
Sollozos de mis ojos,
adentro, en Ávila,
envidian tu contorno
desde muralla.
 
En Ávila del Río,
cauce de Adaja,
me fugara contigo,
entre tus aguas.
 
Mataron a mi amigo
adentro, en Ávila;
llevárasme contigo,
bañes mis lágrimas.
 
Adaja, por postigo
salve muralla.
Navegaré contigo
fuera de Ávila.
 
No errase espada
en Ávila del Río
si a hierro me matara
como a mi amigo.
 
 
 
III
 
 
En Ávila, mis ojos,
mi bien, mi abrigo,
viendo tu vivo rostro
tú eras, amigo.
 
¿Qué haré ya, dentro en Ávila,
sin ti, amor mío,
dentro de esta muralla
que cerca el río?
 
Surta en tu zumo, Adaja,
parta contigo,
que mis ojos en Ávila
han fenecido.
 
Si ves, piadoso río,
correr mis lágrimas,
mataron a mi amigo,
dentro de Ávila.
 
No me abandones, río,
adentro de Ávila,
vamos donde  mi amigo
sobre tus aguas.
 
¡Que la espada no yerra
en Ávila del Río
si su hierro yo sienta
tanto como mi amigo!
 
 
 (c) Juan Pablo Mañueco Martínez
del libro "Castilla, este canto es tu canto" (2014)
 
 
 
 

miércoles, julio 16, 2014

martes, julio 08, 2014

Mapa de las Españas



Mapa general de España, dividido en sus actuales provincias, islas adyacentes, y reyno de Portugal.

viernes, junio 13, 2014

Ávila en bruma tras la bruma (Juan Pablo Mañueco)

 
ÁVILA EN VILO VELA TRAS LA BRUMA
                                    
  
 
 
Ávila en vilo vela tras la bruma,
que en foco cruzo y amor a cada piedra,
vuelo trae de almenas que son hiedra
y canto quieto en que mi tiempo esfuma.
 
Por solada ruta que suena y suma
siglos, ser soy que empiedra
huella suya en que medra
mi senda joven, que hoy la noche ahúma.
 
Hemos cumplido años, Ávila, y asuma
que quien te visitó con fuerza clara
y esbozo y trama y ofrendas en la mente
 
hoy vano es quiera seguir tu corriente.
Te sentó mejor tiempo que pasara.
Lucirás tras la niebla. Yo, en tu bruma.
 
Pero si vivo, risueño y dichoso
fue aquel joven al recorrerte brioso,
también hoy, al intuirte entre focos y tu poso.

Juan Pablo Mañueco

martes, junio 03, 2014

El oculto federalista castellano

El oculto federalista castellano

Historia de Anselmo Carretero Jiménez, el pensador socialista que definió España como "nación de naciones"; defensor de una Castilla democrática y pactista, que situaba el origen histórico del centralismo en el viejo reino de León

 10/11/2013 - 02:30h |


 
El oculto federalista castellano
Anselmo Carretero Jiménez

La Constitución de 1978 nos dice que España está compuesta por nacionalidades y regiones, sin dar nombres, ni precisar en qué consiste la diferencia entre ambos componentes. Redactada bajo una democracia frágil y apenas estrenada, bajo la angustiante presión de los sectores más reactivos y reaccionarios del Ejército –“el poder fáctico”, se le llamaba entonces-, la Constitución es como uno de esos edificios en los que asoman pilares de hormigón en la azotea: el inmueble ya está habitado, pero sus moradores, si se lo propusiesen, podrían construir un piso superior. Digámoslo claro: la Constitución española admite un cierto desarrollo plurinacional de España, sin necesidad de proceder a su reforma. Bastaría con una ley orgánica que desarrollase el artículo 2. La ley de las nacionalidades y las regiones de España.


Es interesante releer el artículo 2: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”
En este redactado están muchas de las claves de aquel momento histórico. La palabra ‘indivisible’ aparece dos veces y junto a ella surge un concepto relativamente nuevo en el lenguaje jurídico-político español: las nacionalidades. Por primera vez, el orden constitucional español reconoce sujetos integrantes de distinta naturaleza. Insisto, por primera vez.





Esa distinción no figuraba en la Constitución de la Segunda República (1931), cuyo artículo 8 decía lo siguiente: "El Estado español, dentro de los límites irreductibles de su territorio actual, estará integrado por Municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía". La diferenciación entre nacionalidades y regiones también estaba muy lejos de la imaginación de los redactores del audaz proyecto de Constitución federal de 1873 –nunca aprobada y abortada en 1874 por el golpe del general Pavía- donde los órganos de la Primera República quedaban definidos así en el artículo 43: “El Municipio, el Estado Regional y el Estado federal o Nación”.



Los ponentes de la Constitución de 1978. Sentados, a la izquierda Miquel Roca, a la derecha, Jordi Solé Tura.


La inclusión del término nacionalidades en la Constitución de 1978 fue iniciativa de Miquel Roca i Junyent, con el apoyo de Jordi Solé Tura. Eran los dos ponentes catalanes en la comisión constitucional. Un abogado y un profesor de Derecho con experiencia política a cuestas. Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC). El ‘compromiso histórico’ de los años setenta entre el nuevo partido de las clases medias catalanistas y el partido más activo en la Catalunya de las fábricas y los barrios. Un abogado de estirpe nacionalista nacido en el exilio y un panadero autodicacta que llegó a ser catedrático de Derecho Constitucional. Un nacionalista pragmático y un eurocomunista (antiguo redactor de Radio España Independiente en Bucarest) con la mirada puesta en la socialdemocracia. En síntesis: la huella de la Assemblea de Catalunya en la Constitución española. El PSOE y el PCE estuvieron de acuerdo. UCD lo aceptó. Alianza Popular se opuso, exclamando desde la tribuna del Congreso: “¡Nación sólo hay una!”. Y los militares reactivos consiguieron que la palabra “indisoluble” se repitiese dos veces en dos líneas, por si alguna cosa no quedaba clara.


(Al escribir estas líneas me viene a la memoria el tablón de anuncios de la 5ª Compañía del Batallón Nápoles de la Brigada de Infantería de Reserva (BRIR) del campamento Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), en cuyo estadillo de efectivos figuré durante catorce meses como soldado y cabo. Años 1979-80. Un tablón de anuncios que exhibía en lugar bien visible el testamento político del general Franco. Ya se habían celebrado las primeras elecciones democráticas. La Constitución ya había sido aprobada y refrendada. Y el testamento de Franco seguía allí).





El testamento del dictador en el tablón de anuncios de las unidades militares. En ese contexto se redactó y aprobó la Constitución de 1978. Conviene no olvidarlo. Y en ese contexto, los ponentes catalanes consiguieron el consenso suficiente para que el término nacionalidades figurase, por primera vez en la historia, en el articulado de una Constitución española. No está de más recordarlo en el actual fragor sobre la cuestión catalana. También conviene recordarlo a quienes, desde Catalunya, sin mucho conocimiento de causa, denigran la transición como tiempo de flojera y rosario de claudicaciones.


Ahí están las nacionalidades. En el artículo dos. Ese pilar que asoma por la azotea es hoy objeto de diversas interpretaciones arquitectónicas. Para el sector más duro de la derecha constitucional es un elemento molesto, en mala hora concedido, que algún día habrá que eliminar. Para otros es un mero elemento decorativo al que no hay que dar mayor importancia: vale más dejarlo como está y olvidarse de él. Bastantes dirigentes y cuadros del PSOE reunidos este fin de semana en Madrid ya se han olvidado, por ejemplo, del entusiasmo con que Gregorio Peces-Barba defendió el término nacionalidades desde la tribuna del Congreso, a la hora de rechazar una enmienda contraria de Alianza Popular: “Centrándonos ya en el tema ‘nacionalidades’, tengo que decir que nosotros no participamos del catastrofismo con que se enfoca en la enmienda que combatimos y en la inteligente intervención que el señor Silva (Federico Silva Muñoz, ex ministro de Franco y fundador de AP) ha hecho para defender su posición. Primero, nosotros hemos dicho en Comisión, y lo afirmamos de nuevo aquí, que el término ‘nacionalidad’ es un término sinónimo de nación, y por eso hemos hablado de España como nación de naciones”. Otros tiempos.


Miquel Roca lo defendió así, en términos muy pragmáticos: “Nación de naciones es un concepto nuevo, es un concepto -se dice- que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades, quizá sí; pero es que, señores, ayer ya se decía que nosotros tendremos que innovar. Lo que estamos intentando es encontrar soluciones propias a los problemas propios. El ignorar que el problema de las nacionalidades ha mantenido en vilo la estabilidad democrática de las instituciones españolas, desde hace centenares de años, es un grave error”.


Y Jordi Solé Tura lo remachaba: “Se define, en consecuencia, que España es una nación de naciones, y éste es un término que no es extraño en nuestra reflexión política y teórica como han demostrado algunos historiadores. Me refiero al senador catalán Josep Benet, que ha escrito un sugestivo artículo sobre el tema, ni es un término que política y sociológicamente sea tampoco tan extraño”. (Josep Benet, historiador, militante catalanista desde los años treinta, católico, hombre del monasterio de Montserrat y amigo del PSUC. De nuevo el ‘compromiso histórico’).


‘Nación de naciones’. Susana Díaz, la nueva estrella emergente del PSOE, hoy se mordería la lengua antes de pronunciar esa expresión, temerosa de ser acusada de antiespañola por la prensa conservadora de Madrid; temerosa de perder el favor de sus electores, asustados por la crisis y muy disgustados por la corrupción y el amiguismo detectado en la administración regional andaluza, donde no ha habido alternancia política en los últimos 31 años. No es difícil imaginarse a Carme Chacón removiéndose en la silla ante la inquietante nación de naciones. La joven y tenaz candidata, antaño estudiosa del fenómeno de Québec, siempre atenta a la oscilación de los humores en Madrid, sabe cuáles son las palabras que conviene y no conviene pronunciar. ¿Nación de naciones? A ver quién va al programa de Ana Rosa Quintana con ese lenguaje. Aquellos fueron los tiempos de la Política en sí misma. Hoy se impone el Postureo (dícese del arte de adoptar en cada momento la pose o actitud adecuada).


La nación de naciones, sin embargo, es una expresión de genuino sello socialista. Un sello anterior al congreso de Suresnes de 1974, en el que cómo recordábamos en semanas anteriores, el tándem formado por Felipe González y Alfonso Guerra llegó a defender “el derecho de autodeterminación de las nacionalidades” (Cuando el PSOE decía: ¡Autodeterminación!)


Señoras y señores, con todos ustedes, Anselmo Carretero Jiménez (Segovia, 1908- Ciudad de México, 2002), autor de la reflexión más compleja efectuada desde las filas socialistas sobre la pluralidad territorial española. Un hombre poco conocido por el gran público, pero con una impronta nada desdeñable en la España de los años setenta y ochenta. En parte, inventor del ‘café para todos’. Ahora veremos por qué.





Anselmo Carretero Jiménez, ingeniero industrial de formación, oceanógrafo, apasionado de la historia de España –y muy en particular de la de Castilla-, militante socialista desde joven, estudiante en Alemania y México, director general de Pesca con República, combatiente en la Guerra Civil y exiliado en México desde el final de la misma, desarrolló la teoría de España como nación de naciones.


Muy influido por su padre, el historiador castellanista Luis Carretero Nieva, Anselmo Carretero nadaba contra corriente e impugnaba uno de los grandes axiomas españoles: la férrea identificación de Castilla con el centralismo. Sostenía que el origen más profundo de la España centralista no está en Castilla, sino en el reino de León, sucesor directo del antiguo reino de Asturias. El imperialismo centralizador que tanto entusiasma a muchos españoles –especialmente a los cuerpos funcionariales del Estado-, tendría su origen genético en el viejo reino leonés y en su epicentro espiritual y religioso, Covadonga. No hay que buscarlo –sostenía Carretero- en los municipios de Castilla que en el siglo XVI tuvieron el coraje de rebelarse contra la corte imperial de Carlos I, recién llegada de Flandes (El 7 de noviembre de 1519, hace ahora cerca de quinientos años, el Cuerpo de Regidores de Toledo se dirigía a las demás ciudades castellanas expresando su malestar por la subida de impuestos y el acaparamiento de cargos por parte de los flamencos. Así empezaba la revuelta Comunera, aplastada finalmente por la alianza del Rey con el clero y la alta nobleza).


Carretero afirmaba que España estaba compuesta por cuatro pueblos monárquicos de influencia gótica (León, Asturias, Galicia y Extremadura) y otros pueblos de vieja tradición democratista o pactista, proclives al federalismo: Castilla, País Vasco, Navarra y toda la Corona de Aragón. Afirmaba que Castilla fue democrática, municipalista y federal en sus orígenes, y que lo demostró incluyendo a los vascos mediante pactos libres. Sometida por las monarquías absolutistas de los Austrias y los Borbones, acabaría convirtiéndose en mito de la España centralizadora. Metáfora de la España doliente, orgullosa y con el ego destrozado de finales del siglo XIX (generación del 98). Baluarte de José Ortega y Gasset. Estandarte del fascismo español (Falange Española y las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista). La España del trigo del general Franco. Arquetipo dominador y a la vez víctima del creciente centralismo de la ciudad de Madrid. Madrid versus Castilla, una idea que aún subsiste en algunos círculos castellanos.

Carretero era, por tanto, un federalista castellanista. Verdaderamente, una rara avis. Es interesante seguir sus teorías, muy bien explicadas en el libro del politólogo Daniel Guerra Sesma, Socialismo español y federalismo (1873-1976), de reciente aparición. Anselmo Carretero reprochaba a los nacionalistas periféricos, sobre todo a los catalanes, haber engrandecido el mito de la Castilla centralista, opresiva e imperial con el contra relato catalanista, inicialmente orientado a combatir el pensamiento depresivo de la generación del 98 en un momento decisivo para el despegue industrial de Catalunya. Sin mencionarlo, Carretero señalaba a Joan Maragall.
España, afirmaba el socialista segoviano, es nación de naciones. Es nación, no una mera superestructura plurinacional como intentó ser Yugoslavia. Una nación con vocación de tal, a su vez compuesta por naciones. Todo lo que no sea Catalunya, País Vasco o Galicia, no es ‘Castilla’, decía, contradiciendo la línea estatutista de la Segunda República, que dio prioridad a catalanes, vascos y gallegos. La nación española no sólo es una nación de ciudadanos, es también una nación de pueblos. Esa era su idea. Una nación-mosaico, cuya única solución razonable es la convivencia federal. Un federalismo nacional: diversidad legítima, unidad necesaria.
Carretero reprochaba al PSOE haber vivido demasiado pendiente de las mitificaciones españolistas y no haber prestado suficiente atención a los sentimientos nacionales de los catalanes. De haberlo hecho –sostenía- la federación catalana del PSOE no se habría diluido en el PSUC (adherido en 1936 a la Internacional Comunista), con las notables consecuencias que ese tránsito tuvo en la política española, como veíamos la semana pasada (El drama del PSOE en Catalunya). Evidentemente no era ese el pensamiento dominante en su partido. Otro heterodoxo del PSOE, Luis Araquistáin, lo veía de otra manera: “El juego imprudente a las nacionalidades es siempre peligroso en un país como España, perennemente socavado por la anarquía racial, y pudiera muy bien conducirnos a otra atomización cantonalista como la de 1873, que destruyó la primera República”.
Aunque su nombre nunca figuró en el cuadro de los principales dirigentes del PSOE, Anselmo Carretero tuvo una influencia real en la transición. Algunos jóvenes dirigentes socialistas de 1977 habían leído su obra –Las nacionalidades españolas (1952), La integración nacional de las Españas (1956), Los pueblos de España (1980)- y en cierta medida la asimilaron. Las tesis de Carretero influyeron en el comportamiento del PSOE andaluz a la hora de exigir la incorporación de Andalucía a las autonomías de primera en el decisivo referéndum de febrero de 1980, que significó el ocaso de la UCD de Adolfo Suárez. Hombres como José Rodríguez de la Borbolla y Ramón Vargas-Machuca habían leído a Carretero. Rodríguez de la Borbolla, presidente de la Junta de Andalucía entre 1984 y 1990, sostiene que la iniciativa de romper el techo autonómico estuvo directamente inspirada por el pensamiento federalista de Carretero. Y añade que el movimiento fue urdido exclusivamente por los dirigentes regionales del PSOE; los cuadros que se habían quedado en Andalucía sin dar el salto a la política española. González y Guerra, radicados en Madrid, se lo encontraron de frente y lo autorizaron, en la medida que era un buen jaque a UCD.
Rodríguez de la Borbolla, un hombre honesto cuya presidencia ha dejado buen recuerdo en Andalucía, sostiene con ahínco que la posición del PSOE en el referéndum de 1980 no fue meramente táctica; había un poso detrás. La presión de las élites locales y el deseo de no ser menos acabó generando en Andalucía una corriente autonomista de carácter popular. Incluso en Almería, la provincia más reticente. Doy fe de ello.


Podríamos decir que Anselmo Carretero defendía un café para todos de mejor calidad que el actual y bien etiquetado. Cuando vio la división autonómica que proponía UCD se llevó las manos a la cabeza: ¡Castilla y León, juntas, eso va contra la historia!


Si nos fijamos bien, la sutil distinción que la Constitución establece en el citado artículo 2 entre regiones y nacionalidades no es muy carreterista. Ahí ganó la partida el catalanismo clásico y el influjo del austro-marxismo en el PSUC.


Resulta del todo pertinente recordar hoy la huella de Anselmo Carretero en la aproximación del PSOE a las ideas federalistas. Una aproximación tardía y dificultosa, que siempre ha oscilado entre la audacia, el tacticismo y la impostura. Y no menos interesante es el lenguaje claro de ese castellano federalista. Un lenguaje que hoy sería rechazado abruptamente por el ala más carpetovetónica del partido (Bono, Ibarra, Leguina…) y asustaría a los candidatos y candidatas del socialismo mediático. Señal inequívoca de que el Partido Popular, triunfante, está imponiendo su marco mental y su lenguaje. El PP, heredero de esa Alianza Popular que no quería el término nacionalidades en la Constitución.


Puestos a recordar el castellanismo democrático y federalizante, hay que dar fe de otro personaje singular, hoy casi olvidado. Agapito Marazuela, abnegado reconstructor del folclore castellano; musicólogo, dulzainero, autor del Cancionero de Castilla la Vieja, militante comunista, preso durante varios años en las cárceles de Franco (Madrid, Burgos, Ocaña y Vitoria) e invitado especial en una de las más celebradas novelas de Manuel Vázquez Montalbán, Asesinato en el Comité Central.


(Para calibrar bien la obra de Carretero hay que regresar a su concepto de nación. El ensayista castellano concedía una especial relevancia a la voluntad colectiva, en la línea de Ernest Renan: “la nación es un plebiscito diario”. Bajo esta perspectiva, no es nada seguro que España presente hoy un mapa uniforme. El deseo de autonomía comienza a ser muy desigual. Al cierre de esta edición -como se decía antes-, llega a mis manos un opúsculo editado en 1977 por Ediciones Albia de Bilbao, con el ideario de Felipe González y Alfonso Guerra en el umbral de la democracia. Transcribo un fragmento. “El federalismo respeta la diversidad y crea un marco igualitario para cubrir las necesidades de los pueblos que integran el Estado español. No se trataría siquiera de imponer la autonomía a regiones o zonas cuya conciencia aún no las exija; ni tampoco de imponerlas en el mismo grado a las que la poseen de forma también diversa”).

lunes, abril 21, 2014