miércoles, febrero 08, 2012

Páginas singulares de arquitectura en Ávila (José Luis Gutierrez Robledo)

Páginas singulares de arquitectura en Ávila




José Luis Gutiérrez Robledo



(Ávila soledad sonora)



Ávila, la ciudad y la tierra como se decía antes, es decir la ciudad y el obispado, o la capital y la provincia, atesoran un rico conjunto

arquitectónico. Aquí, como en pocos lugares, la historia se ha petrificado en monumentos que no se explican sin comprender el momento histórico en que

se alzaron y que son el mejor documento para comprender a los hombres que los hicieron y promovieron y a su época.



Son edificios que nos llevan a lo vetón, romano, románico, gótico, mudéjar, renacentista, barroco, neoclásico y decimonónico, y se extienden desde un sur

de ladrillo por Arévalo y La Moraña a un norte de granito en las sierras de Ávila y de Gredos, teniendo en la capital el crisol que funde todo –materiales

y estilos– y el sol que todo irradia, que en resumen la historia abulense es la de la ciudad y su tierra y su arte, por ende, también es el ambas, ya que Ávila

son la catedral y las murallas y Ávila son los ábsides y torres mudéjares del norte y los puentes y templos de granito del sur. Esta fue una empresa común

y flaco favor hacen a la comprensión de la historia, el arte y la arquitectura, a la justicia y hasta las esperanzas de un incierto futuro quienes han confundido

a una parte, la capital, con el todo, la provincia, olvidando que todas las gentes de la tierra toda de Ávila levantaron, en un sentido vivencial y

arquitectónico, todas las Ávilas que han sido y son.



Es una arquitectura que se manifiesta en calles y plazas, murallas, castillos y palacios, templos de todo tipo y empuje, monasterios urbanos y rurales,

puentes, molinos y una sabia arquitectura popular que se hace con los materiales del terreno y la justa sabiduría de sus constructores, y nunca es menos importante que

los grandes monumentos. Seleccionar unos pocos ejemplares de tan rico repertorio arquitectónico e es tarea ingrata, en la que siempre quedan decenas de

monumentos que uno sabe tendrían también que estar en estas páginas, y uno espera que el lector vuelva a leer en los muchos viajes que estas tierras merecen.



1. Ávila: Castillo de Castilla



Es esta ciudad para para un tranquilo y desordenado paseo en el que iglesias y conventos, las constantes murallas y algunos nobles y vetustos palacios, saldrán

a salto de mata a nuestro encuentro, pero primero conviene aprehenderla de lejos («abarcábamos toda Ávila de una sola mirada y comprendimos lo que

se puede querer a una ciudad así y cómo puede ser patria», que dijo Unamuno y conviene recordar también que José Luis Aranguren tituló Frente Ávila

el libro que dedicó a su ciudad y anotar que el título es físico e intelectual). La ciudad desde los Cuatro Postes es la imagen preferida de Ávila y sus murallas

desde que en 1570 el flamenco Van den Wyngaerde (en España conocido como Antonio de las Viñas o de Bruselas) recogió la vista para un álbum de imágenes

destinado a Felipe II que hoy está en la Biblioteca de Viena. Francisco de Arellano acababa de construir los Cuatro Postes, el proyecto es de 1566, cuando el

flamenco cuadriculó la ciudad en una vista de pájaro de que luego repetirán Zuloaga, Beruete, Sorolla, Caprotti, López Mézquita, Echevarría, Benjamín

Palencia…



Como principio requieren las cosas es recomendable un minucioso callejeo por la ciudad amurallada que levantaron y sufragaron todos los abulenses, la del

Castillo interior de Teresa de Jesús, la que acogió a los más importantes personajes de la provincia: Teresa, más Isabel de Castilla, Juan de la Cruz y

su aire de la almena, Alonso de Madrigal, ..., la que levanta una catedral que expande sus influjos artísticos y religiosos por toda la provincia... El

Ávila la casa que interpretando el romancero apuntó Unamuno y acuñó Jacinto Herrero, la quietud amurallada de Panero, la ciudad dermatoesquelética

como el alma castellana del citado Unamuno. Para Azorín fue la Atenas gótica y para Jiménez Lozano fue Constantinopla, allá ellos con sus afirmaciones.

Fue vetona y romana, como atestiguan verracos y lápidas, pero principalmente fue y es ciudad medieval magníficamente fortificada y plena de

espléndidos edificios románicos y góticos, que luego supo de renacientes palacios y hasta de algún templo barroco.



Una muralla única, San Vicente cual el mejor compendio de arquitectura y escultura románica, una catedral fortaleza de planta románica y alzado

gótico, Santo Tomás como ejemplo del gótico dominico, la capilla funeraria de Mosén Rubí con el más hermoso tardo gótico, el palacio de Núñez

Vela como el de más bella traza, San José como el templo del último clasicismo y La Santa fijando las fachadas barrocas carmelitanas....Tales son

algunos de los muchos monumentos que la ciudad ha incorporado al más selecto repertorio de la arquitectura hispana.



2. La Lugareja:

emblema mudéjar



Cerca de Arévalo está la cabecera del que fue el Monasterio de Santa María de Gómez Román, o La Lugareja que certeramente Chueca Goitia señaló

era una de las más puras emociones de volumen de toda la arquitectura española, y es pieza en la que se amalgaman influencias mudéjares, románicas y

cistercienses que han llevado a Jiménez Lozano a afirmar que es un románico que no cuenta historias. Los pocos datos significativos de su historia son que

en una bula en 1178 es citado como Monasterium Sancta Marie de Gómez Román y era de monjes, de 1210 son sus primeros estatutos, en 1237 aún

era masculino y ya en 1245 es femenino, el 1354 se incendió el claustro que supongo mudéjar, y el 1524 la comunidad se trasladó al palacio real de Arévalo

(palacio/convento derribado en 1976).



Del gran monasterio que debió ser, perdidas las naves cuya existencia han demostrado las últimas excavaciones arqueológicas, sólo queda en pie la

magnífica cabecera con triple ábside cuyos tramos curvos tienen una tímida forma de herradura, y con un cimborrio –qué no torre– sobre el tramo recto

del ábside central. Los ábsides son recorridos por el exterior por un registro de altos y esbeltísimos arcos doblados, emparentables con los de Cuéllar

y Toro, con pilastras anchas al modo de la cabecera de El Cristo de las Batallas de Toro. Arrancan las pilastras de un potente zócalo de mampostería con

verdugadas de ladrillo y se rematan en el central con un singularísimo cuerpo que suma un primer friso de esquinillas, una cornisa que con una hilada de

ladrillos moldurados y remata con otro potentísimo friso de esquinillas. Las laterales no tienen en la cornisa este último friso y su modelo se repite en el

frente del tramo recto del ábside norte.



El espléndido cimborrio, cuadrado en su exterior, se decoró con una serie de siete arcos doblados por lado que repiten el modelo de los ábsides, ciegos todos,

salvo el central en el que se abrió una ventana de menor altura para iluminar el interior. Rematando también el cimborrio, corren frisos de esquinillas, más

potente el superior, que se interrumpen en las esquinas.



En el interior nos sorprende la belleza de un espacio arquitectónico desnudo y singular. Son de horno las bóvedas de la cabecera y de medio cañón

apuntado las de los tramos rectos en las que un arco fajón descansa sobre unas grandes y bellísimas ménsulas construidas superponiendo cuatro hiladas

de los ladrillos moldurados. El cimborrio cierra con pechinas, tambor y una gran cúpula con una clave central (también se da en Fuentes de Año, Blasconuño

de Matacabras y Montuenga). El tambor tiene 16 arcos doblados con ladrillos moldurados, también todos ciegos salvo los cuatro que se corresponden

con los centros del cuadrado cimborrio exterior, y se decora con elementos pétreos, florones con cabezas labradas y la clave con un atractivo pinjante



Desde Gómez Moreno se viene relacionando La Lugareja con la catedral de Salamanca, es decir con la cabecera de San Vicente de Ávila del que esa catedral

es deudora, (quizás, teniendo en cuenta la relación con el mudéjar de Toro y que el tambor únicamente tiene un piso de ventanas, sería más adecuado pensar

en la Colegiata toresana como modelo) hay que añadir a las posibles relaciones las evidentes que hay entre la labra de estos florones y los de la capilla

de Gracia de la girola de la catedral de Ávila y del mismo San Vicente. Todo ello, singularmente la fecha de los estatutos, me lleva a pensar que la fecha

más apropiada para la cabecera será el año 1210, con lo que se adelanta este edificio a muchos que se consideraban anteriores.



3. Dominicos de Las Navas



Las Navas del Marqués, lugar de veraneo, con una arquitectura residencial ya centenaria y francamente interesante, con una buena iglesia parroquial, y otras

dos piezas arquitectónicas señaladas: un convento dominico y un castillo palacio de los Dávila.



Coronando el pueblo, como vestigio de un tiempo que fue, está el castillo-palacio de los marqueses de las Navas, comenzado a construir por el primer marqués,

Pedro Dávila y Zúñiga, conocido como Castillo de Magalia por la inscripción «Magalia Quondan» –quizás una falsificación renacentista– de una lápida incrustada

en el torreón más cercano a la puerta. Es castillo claramente artillero, con múltiples buzones, tiene torres en los ángulos –una avanzada–, un inmenso torreón

circular y un patio de muy elegante traza. Restaurado hace unos 50 años, presenta la doble visión de una España militar y guerrera en los torreones artilleros del

castillo y de una España renacentista y humanista en su armonioso patio palaciego.



San Pablo de Las Navas, fundado en 1544 y construido en unos cuarenta años, tenía claustro procesional, sala capitular y refectorio, más un

sobre claustro para acceder a la biblioteca, coro y algunas celdas. Tras la desamortización únicamente queda el templo, modelo perfecto de la arquitectura

de aquellos dominicos que tenian como objetivo fundamental la prédica, tanto contra la herejía, como a favor de la necesidad de la penitencia

como defendiendo entre los clérigos las doctrinas sagradas. Es de una nave alargada, con púlpito para la predicación, confesionarios embutidos en

el muro que daba al claustro y un coro elevado para los frailes. La nave recibió una armadura de madera sobre los delgados fajones moldurados, y se

abovedó la cabecera con nervadura de terceletes. El presbiterio tiene hoy sendos lucillos funerarios vaciados en sus paños laterales con un altar elevado

que hacía posible que el culto fuese seguido desde la nave y desde el hondo coro (como de Santo Tomás, San Francisco y otros de la capital), altar bajo el cual

estuvo el enterramiento con bellísimo relieve en bronce atribuido a P. Leoni que hoy guarda el Museo Arqueológico Nacional, con los retratos yacentes de los

marqueses y sus escudos, muertos ambos en la década de 1570, ella de un cáncer bajo el pecho izquierdo según detalladamente indica la inscripción funeraria y

enterrados junto a un hijo. En el brazo de la epístola del crucero se abre en 1578 la capilla de enterramientos de los segundos marqueses, obra de los maestros de

cantería Agustín Aguello y Mateo Lorriaga.



4. Guisando.

Un monasterio y los toros



Los monjes jerónimos, que tuvieron en la ciudad de Ávila un monasterio que fue residencia del general de la orden desde 1686, antes habían levantado en la

ladera meridional del cerro de Guisando de El Tiemblo un monasterio cuyo nombre está unido al conjunto de toros más importante y conocido de la escultura vetona

y a la venta juradera en la que en 1468 se firmó, entre el rey Enrique IV y la princesa Isabel, el tratado de los toros de Guisando por el que aquella era reconocida

como princesa de Asturias y se abría el camino para su llegada al trono, y para la unificación peninsular.



San Jerónimo de Guisando, fue fundado en 1375 a partir de una comunidad de cuatro ermitaños italianos llegados en 1353. Aquel pequeño monasterio, con

ermitas diseminadas por el cerro y sus cuevas y un templo y dependencias centrales, sufrió un incendio en 1546, levantándose luego con buena sillería el nuevo con colosal templo de una navecon pequeñas capillas laterales en los dos primeros tramos y profundo coro, cabecera poligonal, crucero apenas marcado y cimborrio con cúpula de la que

solo quedan las pechinas, más un gran claustro que al modo de otros abulenses de la época mezcla lo renaciente con pervivencias góticas y se refuerza con macizos en las esquinas y en el centro y que costeó el obispo Alonso de Fonseca, y otros netamente renacentistas. Gómez Moreno atribuye el templo a Pedro de Tolosa, y las hechuras confirman la autorizada opinión del maestro.



La vida monástica terminó con la desamortización y en 1944 el monasterio y sus fincas fueron adjudicados a un nieto de Goya y al año anunciaba el Boletín

de la Provincia la subasta para hacer allí una nueva población, La Isabela de Guisando con nombre que recordaba a la reina, que tendría «treinta vecinos

y habría de construirse en el plazo de dos años en un sitio sano y cómodo para sus moradores. El nuevo poblador podría construir una casa pública o

parador para albergar transeúntes. Dicha población se gobernaría por si misma y con Ayuntamiento propio, con arreglo a la ley, y sus habitantes estarían libres del

pago de contribuciones durante doce años. El término jurisdiccional de la nueva colonia comprendería todos los terrenos y edificios contenidos dentro de

los límites de Guisando y adquiridos a la nación por Mariano Goya».



Luego años de abandono, asaltos, y un nuevo incendio en 1979, han llevado al conjunto a su triste estado actual, que puede parecer el de una ruina

romántica a media ladera del cerro, vigilando a los milenarios toros y el resto de lo que fue venta juradera, pero que fundamentalmente es la imagen

vergonzosa del abandono patrimonial y está pidiendo a gritos que la propiedad y las administraciones aúnen esfuerzos y se asegure el futuro de un monumento que

es joya de nuestra historia y de nuestra arquitectura.



5. Interior en Villatoro



En el inicio del puerto de su nombre, se alzó Villatoro, dominando rotundamente el paso. Parece razonable la fecha de 1303 para su fundación, que se

atribuye a Velasco Velázquez. En Villatoro quedan los restos del castillo de los Dávila, especialmente un cilíndrico torreón, convertidos hoy en atractivo

complejo de turismo rural y algunas interesantes casas que frecuentemente han incorporado escudos y adornos del cercano convento de El Risco y en la

plaza hay algunas esculturas vetonas que justifican el nombre de la villa.



Fenomenal es la iglesia a la que nos acercamos siguiendo a Martínez Frías quien señala son «las iglesias de Villatoro, El Tiemblo, Collado de

Contreras, La Horcajada, Fontiveros y Hoyo de Pinares…, los edificios que mejor ejemplifican dentro de la provincia los postulados artísticos del

gótico académico o purista del quinientos…, obras de un gran empeño arquitectónico, que, excepto la de Hoyo de Pinares, ostentan bóvedas de crucería

estrellada en la capilla mayor y en el crucero, y, actualmente, en las naves, techumbres de madera». Es uno de los mejores ejemplos abulenses de iglesias

rehechas en el siglo XVI, gracias a la riqueza que llega de América, el desarrollo agrícola y ganadero, y el aumento de la población. Se levantó sobre el

solar de un templo anterior y reutilizando una torre luego recrecida para superar la mayor altura del nuevo, que tiene pequeña cabecera semihexagonal,

crucero no marcado en planta y tres desiguales naves, separadas por airosos formeros sobre esbeltísimas columnas, más tres magníficas portadas

que repiten la andadura de las portadas renacientes de la capital. Presbiterio y crucero cierran con bóvedas y las naves con armaduras. Los autores son

el Juan Campero de Mosén Rubí, y luego Diego Martín de Vandadas y Francisco Martín, su cabecera se fecha hacia 1530 y es muy cercana a los modos

constructivos de Mosén Rubí de Ávila. La iglesia conoció otro momento constructivo en el que se alzaron las naves y una portada, y uno último al que

corresponderían dos portadas y el coro finalmente,más la sacristía.



El interior constituye una de las más claras y armoniosas lecciones de arquitectura, con las naves configurando un gran salón y una hermosa cabecera

en la que el presbiterio y el crucero unifican sus bóvedas y apoyos, sus vanos y decoración. Las bóvedas, que arrancan sobre pilares fasciculados con

baquetones marcando los agudos torales, en los muros apoyan en ménsulas orladas con bolas en los ángulos, decoran con flores sus claves secundarias y sus tres

claves principales con los escudos de los Dávila, unos enmarcados en guirnaldas, otros de corte francés y todos coronados (el de la clave sur repite las armas del

que en la nave norte ocupa la enjuta de los formeros). En los pilares de entrada al presbiterio se insertan, bajo doseletes, las figuras de la Virgen y San Juan que

acompañarían a un perdido crucifijo que coronaría el anterior retablo mayor, sustituido por uno barroco en el que se insertó una muy buena Piedad del XVI

procedente del convento de El Risco.



6. La episcopal Bonilla

de la Sierra



En tierras del Corneja, Bonilla de la Sierra es una de esos lugares de obligado y gozoso conocimiento en el que gozar las antiguas murallas, el palacio episcopal,

una hermosísima plaza y en el centro de ella una colosal iglesia con potentes contrafuertes y además un conjunto atractivo de casas populares y casas nobles,

todo ello en el centro de un paisaje acogedor que se pierde hacia Piedrahíta o hacia Tórtoles. El castillo, que aprovecha los muros de la cerca de la villa, tiene como núcleo la torre del homenaje con valiosas pinturas murales góticas y debió ser reformado en la segunda mitad del XV, reforzándose el muro que da a la población y levantándose el

muro que divide en dos el espacio del amplio castillo original. Ya en el siglo XVI, a mediados y finales, se realizan nuevas obras para adecuarlo como residencia

episcopal abulense.



La iglesia es espléndida y sorprende encontrarse tan gallarda fábrica en un pueblo casi abandonado. Su porte únicamente es comprensible recordando el

carácter episcopal de Bonilla. Se levanta en la segunda mitad del s. XV sobre el solar de un templo anterior del que se aprovechan los materiales (la yglesia de

dicha villa se hizo desde sus çimientos para tornarla a feser de nuevo) y una torre de carácter militar que fue recrecida. Fue el promotor Juan de Carvajal, obispo

de Plasencia y cardenal romano de Santangelo, y es templo con cabecera poligonal ciega y amplísima nave articulada con arcos de diafragma y un gran

cañón de ladrillo. Ya del siglo XVI son la capilla de los Chaves a los pies, el coro y el crecimiento de la torre. Exteriormente los diafragmas generaron una

sucesión de sólidos contrafuertes rematados con fuertes pirámides con sus aristas festoneadas de bolas que dan al templo un aspecto singular y recuerdan las

de Santa María la Antigua de Valladolid.



7. Un palacio francés

en Piedrahita



Piedrahita está unida a la historia al ducado de Alba y sus armas aparecen aquí por doquier. Otrora cercada, hoy apenas quedan algún lienzo y alguna

puerta de los muros, pero guarda una magnifica iglesia parroquial, conventos, una plaza de irregular planta adornada por una monumental fuente que una

inscripción fecha en 1727, y el gran palacio ducal. Se sugiere recordar que en estas tierras, en el siglo XVIII, estaba lo mejor de la ilustración española y

entre ellos, pintando Gredos, Francisco de Goya.



La iglesia se remonta al siglo XIII y conoció muchas reformas que dificultan su lectura arquitectónica: era de tres naves y cuatro apuntados formeros, que en el

XVI se convirtieron en dos grandes arcos redondos con bolas y que en época barroca volvieron a ser cuatro arcos por banda. La sacristía está en la base del

cimborrio-torre y quizá sea estructura reutilizada, al evangelio están las capillas de García de Verges (1485) y Lope Tamayo (1508) y en el lado de la epístola una

con gran linterna de 1627.



En el sur de la villa el palacio ducal es pieza sorprendente, levantada en la segunda mitad del XVIII por el arquitecto francés J. Marquet, y eso

explica el patio de honor y la estructura versallesca del edificio, con forma de U, múltiples chimeneas e inclinadas cubiertas de pizarra. En la zona posterior

se abre otra fachada a la naturaleza, que un jardín contenido por grandes muros en talud trató de regular. De él quedan una gran fuente con mascarón,

el pozo de la nieve de perfectos sillares y el preciso puente de los lirios, con sus sillares cortados siguiendo el eje del palacio y el que marcaban las aguas. Bajo

el jardín un sorprendente mundo de galerías para el riego es una de las más interesantes obras de ingeniería que imaginarse puedan.



8. El Barco de Ávila

y del Tormes



El Barco de Ávila es una de las más gratas y francas puertas de Gredos en la que no se debe entrar sin más, antes hay que rodear la población siguiendo los restos

de la muralla, viendo el magnífico castillo y luego, tras cruzar el río por el puente del XIX y ver la capilla del Cristo, entrar en El Barco por su soberbio puente

medieval, encontrándose enseguida con su iglesia mayor de porte catedralicio y con una plaza porticada irregular, nada académica, pero amplia y acogedora

como pocas. Además hay casas, fachadas, aleros, escudos, balcones que bien merecen ser descubiertos según se recorre calmada y tranquilamente sus

mesones, qué no todo ha de ser arquitectura.



La iglesia parroquial es ejemplar de la recia arquitectura característica de las tierras de Ávila, está lejanamente inspirada por la catedral, y tiene

tres naves y triple cabecera con fuertes capillas poligonales. El crecimiento de sus naves laterales llevó a configurar una peculiar iglesia salón (luego

fue preciso, una vez más, recrecer también su potente campanario). Ya del XVI son los añadidos del lado del evangelio. En su interior destacan las rejas de su

triple presbiterio, una hermosa virgen renaciente que está en la órbita de Felipe de Bigarni, un dramático y espectacular Cristo (se le llamaba el Cristo Negro,

pero una reciente limpieza ha acabado con el rastro del humo de las velas y con el nombre) y un pequeño y sugerente museo.



Alguna vez he dicho que el de El Barco es puente que cumple con sobrada galanura con su obligación de unir las dos orillas que separan el amplio cauce

del Tormes. Estribado firmemente en sus orillas el puente se duplica en las aguas, marca el camino a la cercada villa, es una de las piezas más singulares de su

patrimonio arquitectónico y como cruce de cañadas la que mejor explica el pasado esplendor barcense. En sus 140 metros de largo tiene ocho ojos y seis

tajamares de desiguales dimensiones y trazado, que debe datarse hacia 1300 y que estilísticamente hay que considerar, por sus formas y la citada fecha, como

gótico.



Hacia oriente, en lo alto y unido a las murallas, el castillo de Valdecorneja, que tiene el nombre del señorío que fue de la Casa de Alba y comprendía El

Barco, Piedrahíta, El Mirón y la Horcajada, data del siglo XV y tiene fuerte torre del homenaje de planta rectangular como privilegiado observatorio sobre

Gredos. Es de planta rectangular, con torres redondas en los ángulos, y similar al de Arenas de San Pedro y al desaparecido de Piedrahíta. Su interior está vacio,

pero parte de sus arquerías están reutilizadas en una casa de la plaza mayor.



9. Mombeltrán: El castillo del

barranco de Cinco Villas



Cuatro pueblos con el apellido del Valle (Santa Cruz,Cuevas, San Esteban y Villarejo) y Mombeltrán, forman el barranco de Cinco Villas. Todos tienen

un emplazamiento envidiable y una arquitectura monumental y popular de primer orden, destacando la capital del barranco en la que debe entrarse sin

prisa alguna para sentir lo que fuimos, andar con cuidado estas calles, entrar en silencio en el templo, y subir hasta lo más alto del castillo y recorrer

visualmente los montes y pueblos del barranco, buscando en la memoria los datos de aquel don Beltrán de la Cueva del siglo XV que dio su nombre

al antiguo Colmenar de las Ferrerias.



La iglesia domina casi todo el caserío y aunque su capilla mayor es del XIV, lo fundamental es del XV. Su disposición sobre un talud explica en parte

su forzada planta con capilla mayor poligonal en lo interior y presbiterio con cañón apuntado y cuerpo de iglesia corto sobre pilares ochavados y coro a los pies,

al que se le adosaron desorganizadamente múltiples capillas. Al exterior la cabecera es cuadrada y acaba en fuerte torre.



En la amplia plaza de la Corredera está el hospital de San Andrés fundado en 1510 por Rui García Manso y Vivanco (en el Archivo Municipal se conserva su

documentación) con fachada renaciente de sillería, con dos cuerpos y estriadas columnas, de la primera mitad del XVI. El hospital fue muy reformado a fines del

XVIII (1797), añadiéndole un tercer piso con galería.



Fuera del pueblo, con bizarro porte y magnífico emplazamiento, está el castillo de don Beltrán de la Cueva, primer duque de Alburquerque y valido de

Enrique IV (la leyenda, no la historia, le atribuyen la paternidad de la princesa Juana, llamada la Beltraneja), en cuya construcción debió de participar Juan Guas

entre 1462 y la década de 1470. Tiene aún una fuerte barrera, cuatro torres en los ángulos (muy interesante el interior de la del Homenaje) y patio, del que quedan

las arquerías. El forrado de la barrera y su galería intramuros es obra posterior, hecha entre 1510 y 1516, como la barbacana de la actual entrada. Las torrecillas

de esa entrada, su puerta y escudos, la nueva puerta que frente a ella se abre en el interior del recinto y las galerías del patio son de tiempos del XI Duque de

Alburquerque, entre 1734 y 1757.



10. Arenas de San Pedro: del

gótico al neoclásico cortesano



La arquitectura monumental de Arenas tiene dos piezas medievales y góticas, la parroquia y el castillo en el centro de la población, y otras dos cortesanas y

neoclásicas, el palacio y el santuario alcantarino en las afueras.



La iglesia gótica, con pequeña cabecera, tres naves y coro, conoció dos impulsos constructivos (XIV y finales del XV), y tiene una muy buena torre de

mediados del XVI, obra de Lucas Giraldo y Juan Rodríguez. El castillo, de planta casi cuadrada tiene ocho torres, redondas y huecas las de los ángulos y

rectas y macizas las de los lienzos, más el consabido homenaje, fue construido entre 1395 y 1422 por Ruy López Dávalos, Condestable de Castilla y Corregidor

de Ávila, que timbró con sus armas el homenaje, puerta y poterna. Caído en desgracia, Arenas y su castillo pasan al conde de Benavente, siendo la dote

matrimonial de su hija Juana, cuando casó con el valido Don Álvaro de Luna. Tras el ajusticiamiento de Don Álvaro, el castillo será conocido como el

de la Triste Condesa, en recuerdo de doña Juana de Pimentel, que aquí se encerró tras la ejecución de su esposo y resistió el asedio de sus enemigos,

organizando episodios de aire novelesco, pero ciertos, como la entrada furtiva y nocturna de Íñigo López de Mendoza para casar y consumar casamiento con doña

María de Luna, la hija del valido, que el Marqués de Villena y el rey querían casar con el hijo del último. Después la viuda mando al rey una misiva diciéndole

que su hija estaba preñada y de esta manera figurábase que no la querría el de Villena para mujer de su hijo.



En lo alto de Arenas está el palacio que hizo construir el infante Luis de Borbón, hermano de Carlos III, cardenal y arzobispo a los siete años, que supo que ni el celibato ni la castidad eran lo suyo y escogió Arenas como lugar de residencia cuando el monarca condicione la autorización real para su deseado matrimonio con María Teresa

Vallabriga a que residiese fuera de la Corte y Sitios Reales. Fue el palacio sede de una segunda corte, en la que destacaron Bocherini y Goya. Domingo e Ignacio Thomás realizan, respectivamente, la traza y fachada del palacio que debe estar de alguna manera inspirado por Ventura Rodríguez, en el que destaca la elegante portada que da acceso a través de un cuadrado zaguán a una escalera imperial que articulaba todo el palacio. Únicamente se hizo medio proyecto, más una valiosa casa de oficios y un gran

jardín del que apenas quedan parterres y memoria.



Fuera de la población fundó San Pedro de Alcántara en 1560 el convento franciscano junto a la iglesia de San Andrés del Monte, que ya en 1587 fue ampliado

y al que en 1618 se le adosó una primera capilla de reliquias. En 1755 y con planos de Ventura Rodríguez y con fray Vicente Extremera en un papel que recuerda al de Antonio de Villacastín en El Escorial, comienza la obra de la capilla real, tan cercana a la capilla que a modo de templete levantó en el Pilar zaragozano, y cuyo interior redecorará Sabatini con aire barroco. Su desornamentado exterior ya casi es neoclásico, pero el interior aún es barroco, con cruz de cortos brazos y planta central octogonal con

columnas y pilastras de mármol y estuco, más cúpula y linterna y en el altar el relieve del sepulcro del Santo que es obra de Francisco Gutiérrez. Los años de construcción de la capilla fueron los del paso de uno a otro estilo y por ello el monumento tiene algo de ambos.

miércoles, diciembre 28, 2011

sábado, noviembre 26, 2011

lunes, octubre 24, 2011

Nación (Juan Manuel de Prada, Xlsemanal 16-10-2011)

Nación

por Juan Manuel de Prada


Me piden los amigos de ABC de Sevilla que pronuncie una conferencia sobre la nación española y enseguida me viene a las mientes aquella frase que un gobernante en fase de putrefacción profirió en cierta ocasión famosa, para justificar sus enjuagues y trapisondas: «La nación es un concepto discutido y discutible». Por una vez, acaso sin pretenderlo, aquel gobernante tenía razón: pues, en efecto, pocos conceptos han provocado tanto debate y controversia en el pensamiento político como el de 'nación'; pocos han amparado formulaciones tan calculadamente ambiguas; pocos han servido por igual para afirmar la constitución de comunidades humanas como para favorecer su
desmantelamiento, a veces sangriento.

Si probamos a consultar el diccionario, descubriremos que la 'nación' es definida como una «colectividad humana asentada sobre un territorio definido y una autoridad soberana que emana de sus miembros, constituyendo por tanto un Estado».
A simple vista, parece una definición suficientemente clara; pero los problemas empiezan cuando analizamos el concepto de 'autoridad soberana' o 'soberanía', que Juan Bodino definía como «un poder absoluto que no conoce ninguna autoridad superior». Bastaría, pues, no reconocer ninguna autoridad superior a sí mismos para que los miembros de cualquier colectividad humana asentada sobre un territorio definido se organizasen como nación; este es el pensamiento que anima a los nacionalistas vascos o catalanes, que consideran que las regiones de Cataluña o el País Vasco podrán ser naciones si así lo decidieran sus pobladores, o sus representantes. La creación de naciones se convertiría, de este modo, en un acto soberano de la voluntad.

Pero el término 'nación' define algo que 'es', algo que posee una existencia, una realidad histórica cierta, superior a nuestra voluntad. Si la comunidad política a la que se aplica el término es verdadera nación, no hace falta que nuestra voluntad lo ratifique; si no lo es, nuestra voluntad no podrá hacer que lo sea de la noche a la mañana. La definición del diccionario que antes mencionábamos nos obligaría a aceptar que la nación española solo existe desde principios del siglo XIX; es la definición liberal, de tipo contractualista, en la que la nación se constituye mediante un acto de soberanía. Frente a esta definición de corte liberal, existiría otra de corte tradicional, que descubre en la nación un proceso histórico, un hermanamiento de pueblos que, con sus rasgos particulares, comparten sin embargo un proyecto común; esta definición permitiría retrotraer el nacimiento de la nación española a fechas muy anteriores, previas incluso a la constitución de España como Estado, en las que los diversos pueblos hispánicos se identificaban en un mismo ideal de reconquista frente a invasiones extranjeras o frente al intento de propagación de una fe en la que no se reconocían. Según este concepto habría existido en la Edad Media una nación española, aunque no existiese todavía un Estado común; y, a partir de la unificación de los reinos españoles durante el reinado de
los reyes Católicos, habría existido un Estado nación.

El problema hoy, con la floración de nacionalismos separatistas, es que caminamos hacia un Estado sin nación, en el que las diversas 'nacionalidades' —así llama la Constitución española al País Vasco o Cataluña— se reconocen vagamente integradas en el Estado, pero al mismo tiempo hablan de 'nación vasca' o 'catalana'. inevitablemente, un Estado sin nación acaba rebajando la entidad de su patriotismo, que al final acaba siendo —si acaso— mero 'patriotismo constitucional', en el que la lealtad que se debe a la propia patria se sustituye por la lealtad a unas leyes que dependen de una voluntad soberana y que, por lo tanto, son cambiantes y sometidas a veleidades políticas.

Una verdadera nación no puede sostenerse sobre el mero 'contractualismo', ni mediante la mera constitución de una 'autoridad soberana'; pues los contratos caducan y las soberanías acaban infatuándose en su poder sin límites, y generando tendencias disgregadoras o individualistas. No puede haber auténtica nación sin sentimientos naturales de pertenencia a una comunidad y sin un sentido de comunión con las personas que la integran; y sospecho que los mitos de gran virulencia política que brotaron con las revoluciones liberales no hicieron sino debilitar —cuando no sepultar— estos sentimientos naturales. De aquellos polvos vienen estos lodos.

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XLSEMANAL 16 DE OCTUBRE DE 2011

¿ Sobran administraciones? (Francisco Sosa Wagner, El Mundo 4-40-2011)

El Mundo. Martes 4 de octubre de 2011

OTRAS VOCES

TRIBUNA / MEDIDAS CONTRA EL DÉFICIT / FRANCISCO SOSA WAGNER

• El autor aboga por reorganizar la estructura territorial española revisando el papel de autonomías y municipios
• Sostiene que los recortes han de obedecer no tanto a una política de ahorro como de mejora de la democracia

¿Sobran administraciones?

EL DEBATE no es nuevo pero ahora lo tenemos planteado en carne viva, debido al descubrimiento que acabamos de hacer sobre el pozo de deuda pública en el que estamos metidos y desde donde hacemos todo tipo de aspavientos para salir a la superficie. Entre ellos está la polémica sobre las administraciones. ¿Tenemos muchas, tenemos pocas, están mal organizadas, se pueden perfeccionar, es mejor abandonar todo intento? Preciso es tener en cuenta, a la hora de adentrarse en este bosque, que las administraciones de las que hablo son correosas, dijérase que tienen la piel del proboscidio, por lo que ofrecen resistencia inusitada a ser perforadas.

En España tenemos, según creo, muchas administraciones. Demasiadas para las que un cuerpo social moderado y que pretende ser elástico puede soportar. 17 comunidades autónomas -más dos ciudades igualmente autónomas en el norte de África-, 50 provincias, más de 8.000 municipios, miles de entidades locales menores, comarcas, mancomunidades... Un festival para los juristas, para los abogados, para los políticos. Pero, ¿y los ciudadanos? ¿No estarían más satisfechos con un aparato administrativo más ligero, más portátil?

Sin necesitar dotes de arúspice, es fácil sostener que el contribuyente, ese ser que gime bajo el peso del despiadado ejercicio de la potestad tributaria, se alegraría si en ese bosque espeso se hiciera algún clareo que dejara penetrar un poco más de luz, aquella luz que dicen reclamaba Goethe en el momento de ofrendar su vida a la eternidad.
La gran lanzada se ha proyectado recientemente sobre las provincias. Incluso alguna voz, con reconocida autoridad en la política española, ha llegado a anudar la desaparición de las provincias a la salvación del sistema sanitario público. Un desvarío que ha sido seguido de otros como esos ecos que se multiplican en las anfractuosidades de una cordillera. A mi modesto entender, afrontar este asunto exige recordar que en España tenemos espacios donde han desaparecido las organizaciones provinciales -las comunidades autónomas uniprovinciales-, territorios insulares que tienen sus específicas soluciones, supervivencias de las guerras carlistas como son las históricas forales -de Navarra y del País Vasco-, en fin, diputaciones normales en las comunidades autónomas pluriprovinciales. Entre éstas, a su vez, la prudencia aconseja distinguir entre aquellas que disponen de dos o tres diputaciones -Valencia o Extremadura- y las que cuentan con un número más abultado -las dos Castillas, Andalucía...-.

Toda fórmula simplificadora debe por tanto rechazarse. Menor atención si cabe merece la de ligar las churras provinciales con las merinas de la sanidad porque, si así se hiciera, antes habría de planearse un homenaje al papel que las diputaciones tuvieron en la modernización de una parte de nuestro sistema sanitario público, luego engullido ciertamente por el del Estado, pero tras un momento de esplendor provincial inequívoco.

¿Qué hacer con esta barroca situación? Creo que fue un error dotar de rigidez constitucional a la organización provincial porque su diseño exige soluciones diferenciadas. Ahora bien, contando con este rígor moris a lo mejor sería bueno desempolvar las fórmulas que la comisión de expertos presidida por García de Enterría propuso a comienzos de los 80: a saber, utilizar los servicios provinciales como estructuras para el ejercicio provincial de las competencias autonómicas. Este consejo no se siguió por que, para los responsables de las autonomías, crear un aparato administrativo aquí y acullá les resultaba más apetecible que un bizcocho recién horneado y, encima, bien relleno con la crema pastelera de las tentaciones políticas. ¿Por qué en vez de dirigir nuestros dardos contra las provincias, constitucionalmente encapsuladas, no lo dirigimos contra la robusta estructura periférica de las comunidades autónomas?

Y ya que hablamos de éstas, algún día será preciso pensar en reducir su número. Tenemos más autonomías que Länder los alemanes cuando ellos nos doblan
en población. Y, sin embargo, desde hace años está allí pendiente una reforma territorial destinada a su reducción. A tal efecto se han hecho muchos estudios de los que se extrae la conclusión de que los actuales 16 Länder deberían quedar en seis o siete. Es ver dad que esta renovación esta remitida ad calendas graecas o puesta en el hielo, por utilizar la expresión alemana. Pero la discusión ahí está. Y me pregunto y pregunto: ¿nosotros no podemos tratar este asunta? Creo que algún día se hará y por eso siempre me ha parecido un disparate el proyecto de llevar los nombres de las comunidades autónomas al texto constitucional. Otro error que sería primo hermano del cometido con las provincias.

¿Y qué pasa con los municipios? Es bien probable que, cuando se haya consumado la revolución de las estructuras administrativas que los tiempos modernos reclaman y que afectan al mismo Estado, nos siga quedando pegado en los bolsillos el polvo municipal y ello por grande que sean las convulsiones de la globalización. No olvidemos que toda la inmensa Odisea gira en torno a la pequeña Ítaca de la misma forma que el enorme Ulises está centrado en un día cualquiera de la ciudad de Dublín.

En muchos países europeos se ha producido en el último tercio del siglo XX una supresión drástica de municipios. La Alemania anterior a la reunificación pasó de 25.000 a 8.000 en los años 70 como consecuencia de leyes específicas aprobadas en los parlamentos de los Länder. Y que, por cierto, dieron lugar a una cantidad apreciable de pleitos constitucionales, planteados por las autoridades locales, todos ellos desestimados sin que hicieran mella en los magistrados las invocaciones altisonantes a la autonomía local. Y un proceso análogo está en marcha en los nuevos Länder.

Lo mismo podemos decir de Bélgica que, por la misma época, dejó contraído su número de municipios de 2.700 a menos de 600. Y Dinamarca vivió algo semejante. Francia ha tenido menos suerte porque la Ley Marcellin, de principios de los 70, cosechó escasos efectos prácticos y ahora existe un plan que llega hasta 2014. En Grecia, Italia y Portugal son las autoridades europeas las que están forzando los cambios.

En España reducir el número de municipios, sobre la base de acuerdos voluntarios y, si no se logran, aplicando el bisturí, es indispensable. Pero no para ahorrar, porque los pequeños ayuntamientos generan muy poco gasto siendo los grandes los que exhiben cifras de sonrojo. Es decir, la reducción del número de municipios no debe ser -o no debe ser tan solo- parte de una política de ahorro sino de una política de mejora de la calidad de la democracia pues un ayuntamiento que representa a pocos vecinos antes es familia que organización política seria. Y de perfeccionamiento en la oferta de servicios. Cuando un ayuntamiento no los presta o ha de recurrir para hacerlo a mancomunarse con otros es que algo ha ocurrido en ese tejido social y la ley ha de ofrecer la respuesta adecuada.

Ahora bien, como trámite previo a todos esos esfuerzos, podríamos empezar -como ya se está haciendo en parte- con meter en el quirófano a las miles de sociedades, falsas fundaciones y otros entes instrumentales que se han creado sobre todo en los grandes municipios, en las provincias y en las comunidades autónomas como nidos de despilfarro y de clientelismo político. Si no lo hacemos así, estaremos disparando sobre un blanco equivocado.

Sépase en fin que el citado bisturí sobre el cuerpo municipal ha de ser empuñado por el Gobierno y por los parlamentos de las comunidades autónomas. Primero, por exigencias constitucionales, de los estatutos de autonomía y de la Ley de Régimen Local. Segundo, porque las comunidades autónomas tienen un magnífico espacio para demostrar que sirven para atender sus asuntos cercanos, cabalmente la propia ordenación de su espacio. Si no son capaces de esto, estarán poniendo de manifiesto que, desde lejos, se legisla y administra mejor. Lo que comprometería la dignidad y aun el sentido mismo de su papel institucional.

Salvar la vida municipal, que es a un tiempo cosmopolita, decadente y vanguardista, merece la pena.

Francisco Sosa Wagner es catedrático de Derecho Administrativo y eurodiputado por UpyD. Su último libro (con Mercedes Fuertes) se titula El Estado sin territorio. Cuatro relatos de la España autonómica (Marcial Pons).



viernes, octubre 07, 2011

Las barbaridades que enseñan a nuestros hijos

Las barbaridades que enseñan a nuestros hijos


(Expuesto por Bellido Dolfos en el Foro del Reino de la web del Partido Regionalista del País Leonés - http://aspa.mforos.com/visit/?http://www.geocities.com/prepal2000/inicio )



Estas son algunas muestras de la "historia" que enseñan a nuestros hijos:

• Octavio Augusto vino a la península ibérica a someter a Castilla y León. La realidad es que vino a someter a cántabros y astures, tanto transmontanos como cismontanos. Tanto León como Castilla no comenzaron a existir hasta muchos siglos después y la C.A. de Castilla y León se "inventó" hace tan solo 23 años.

• Las cortes castellano leonesas de 1.188. La realidad es que las Cortes de 1.188 fueron exclusivamente leonesas, convocadas por el Rey Alfonso IX de León quien también convocó las Cortes de 1202 en Benavente, mientras Castilla era un reino separado con un rey diferente .

• En 1230 Castilla y León se unen definitivamente y ya no se separarán. La realidad es que Castilla y León pasaron a tener el mismo rey, pero siguieron siendo reinos separados. ¿Cómo se explica de otro modo que los Reyes de España, hasta Isabel II, después de ser proclamados reyes de España, siguieran viniendo a León a ser coronados en la Catedral? ¿Como explicar que siguieran conservando el título de Rey de León, si desde el siglo XIII León hubiera desaparecido? .

• Castilla y León no se diferencian ni en su cultura ni en sus costumbres porque llevan casi 800 años unidos. ¿Cómo se explica entonces que en 1810 (en plena guerra de Independencia) cuando se creó la Junta General del Gobierno de España, los representantes del Reino de León fueran recibidos en dicha Junta como tales, a pesar de los afanes expansionistas castellanos que pretendían representar a los leoneses sin su consentimiento? ¿Cómo se explica también que en la división territorial de 1.833 además de otras muchas regiones existieran Castilla La Nueva, Castilla la Vieja (con las provincias de Santander, Burgos, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid y Palencia) y el Reino de León con las provincias de León, Zamora y Salamanca? ¿Cómo no se enteró Javier de Burgos de que Castilla y León llevaban unidos tantos años?

• Todos los Reyes, a partir de Fernando I, son sistemáticamente presentados como "Reyes de Castilla". La realidad es que en toda la documentación existente, Fernando I solo se intituló "Rey de León" y tanto su hijo Alfonso VI, como su nieta la Reina Urraca,, etc., eran en primer lugar Reyes de León que, no olvidemos, en aquella época era el reino más prestigioso e importante de la península. A Alfonso VII El Emperador, biznieto de Fernando I, le juraron vasallaje en León todos los reyes moros y cristianos de la península y casi todos los del sur de Francia ¿Puede alguien imaginar que iba a preferir que le llamaran "Rey de Castilla" (un reino menor en aquella época, mal que les pese a muchos) en lugar de "Rey de León" que era el reino que llevaba aparejada la dignidad imperial?

• La Carta Magna Inglesa (1251) marca el inicio de los principios de la democracia occidental. La realidad es que los embriones de la democracia occidental se encuentran el Reino de León donde, en fecha tan lejana como 1.017 se promulgó el Fuero de León, que sería ampliado en 1.020 y que recogía derechos tan actuales (y tan increíbles para la mentalidad de la época) como la inviolabilidad del domicilio). Y donde en 1.188 se reunieron las primeras Cortes de la Historia a las que asistieron representantes de las villas y ciudades. ¿Por qué ese empeño en ocultar las páginas gloriosas de la historia leonesa?

Una mentira, mil veces repetida, nunca se convertirá en verdad pero, en la mejor tradición de los gobernantes antidemocráticos, la manipulación de las mentes infantiles es la más difícil de erradicar puesto que requiere años y años de desintoxicación. ¡Luego acusarán a otras autonomías de manipular la enseñanza! ¿Cómo justifican las manipulaciones antes mencionadas? ¿Acaso el fin (la uniformización y desaparición de todo lo leonés) puede justificar los medios?

Colectivo de Ciudadanos del Reino de León

¡EL PUEBLO LEONÉS EXIGE RESPETO PARA SU CULTURA, LENGUA E IDENTIDAD!