jueves, octubre 15, 2009

Al hilo de unas nuevas condiciones (RES)

Al hilo de unas nuevas condiciones

1. Recuerda un proverbio sufí las condiciones previas para una visón clara y profunda del momento: tiempo, lugar y gente; inútil agarrarse a las añoranzas de unos tiempos heroicos fundacionales, ya no es tiempo propicio; decretada por diversos ukases de estilo zarista e imperial el reparto de Castilla en diversos engendros autonómicos por instigación de poderosos intereses es pura ilusión beatífica pensar en estos momentos la restauración de la genuina Castilla.

2. La geografía que delimita los lugares concretos en que existió Castilla ha quedado definitivamente falseada por un acúmulo de errores, intereses y expectativas, no solo por parte de los poderes fácticos, sino incluso - lo que es peor- por aquellos que se pretenden alternativas a ellos, aunque sea con el rótulo de nacionalistas castellanos.

3. La gente –sobre todo joven- que habita en Castilla convenientemente condicionada con los recursos y sugestiones de la educación moderna, tiene una idea de la misma convenientemente distorsionada y equívoca, a base de recortes, ocultamientos y fabulaciones varias en la presentación de su historia y territorio que redunda en definitiva en la mayor conveniencia de los que así lo disponen.

4. Modernas reducciones tomadas en préstamo de algunos pueblos vecinos y puestas al fácil alcance de obcecados o analfabetos funcionales –según los casos- pretenden hacer creer que el fundamento de un pueblo es lo exclusivo de su lengua, que acarrea implicaciones tan grotescas como que Mazatlán y Cochabamba son Castilla.

5. Los pueblos rara vez son entidades singularísimas sin parangón alguno con vecinos o extraños con un destino aislado y sublime, son más bien constelaciones de estrellas agrupadas por relaciones de proximidad y afinidad. La Hélade y el Baratta eran multitudes de pueblos con distintas lenguas pero cada una de ellas con raíces comunes. Las Españas fueron un microcosmos particular de la constelación europea

6. Una característica interesadamente ocultada fue la excepcional libertad social de Castilla en la constelación de pueblos europeos en la Edad Media, en la particularidad de sus fueros, de su justicia, de sus comunidades de villa y tierra, de sus pactos o federación -de phoedus o pacto-,de su caballería popular, de su diferencia con el romanismo leonés y otras particularidades distintivas. Pero el eslogan interesado de muchos es cliché monótono que interpreta a Castilla como una especie de Prusia española.

7. Lejos de las grandes acumulaciones de poder, de sedes poderosas, de estados mayores de ejércitos o de partidos, las pequeñas comunidades populares castellanas no tuvieron ni siquiera capital; contraste tanto más violento con la actual imposición de la leonesa Valladolid o de la imperial Toledo como modernas capitales y centros de acumulación de poder y gobierno de algunos girones y retales castellanos.

8. De no exigentes presupuestos y esfuerzos mentales, no parece que en los actuales momentos el puro activismo sea de gran ayuda en la recuperación de la memoria histórica de Castilla, tanto menos cuanto que agotado el impulso emocional que está en la base de dicha opción, no queda con el desgaste del tiempo más que un vacío estéril y una ensoñación vaga y etérea.

9. Tarea prioritaria, fundamental y sin excusa es la reflexión acerca de lo que alguien ha llamado caudal de conocimiento sobre el pasado histórico de Castilla: “sine sciencia nihil”. Horros los jóvenes actuales -y aún los no tan jóvenes- de casi toda referencia histórica y cultural acerca de lo hispánico en general, más lo van a estar aún de genuinamente castellano en particular en el futuro.

10. Desde los orígenes el esfuerzo de los escasos grupos que trataron de preservar la memoria de Castilla y lo castellano fueron ajenos a todos a todos los intereses de grupo o clase social y sin vinculaciones políticas de partido. Bueno sería cuidar de las interferencias con los intereses de entidades financieras, de multinacionales, de establecimiento comerciales, de partidos políticos que utilizan un falso señuelo de lo castellano como banderín de enganche.

11. Cualquier visón actual de Castilla que se limite a una redefinición de límites geográficos, a una mera redistribución de funciones administrativas y de poder , con su capital de poder político, con reorganizaciones de partidos y estados mayores correspondientes, olvidándose cuidadosamente de legado originario tradicional de lo castellano: restitución del poder social al entorno popular, desde abajo, desde las comunidades, no desde artificiales entelequias autonómicas, en base al esfuerzo de una responsabilidad individual exigente e irreducible al depósito de una papeleta en una urna cada cuatro o cinco años, será un juego de salón más o menos original pero sin ninguna relación con lo fue la manera específica de entender la convivencia social castellana.

12. A manera de aviso para navegantes conviene difundir el siguiente pronóstico de futuro: la memoria y mucho más la reivindicación del pasado tradicional castellano no son políticamente correctas.

Pro derechos constitucionales del Reino Leonés y Castilla la Vieja (Francisco Iglesia Carreño)

PRO DERECHOS CONSTITUCIONALES DEL REINO LEONÉS Y DE CASTILLA LA VIEJA

Desde los entornos de convivencia próximos, en las Regiones constitucionales (de la Nación Española y de la Unión Europea) del Reino Leonés (el País de los leoneses) y de Castilla La Vieja( el País de los Castellanos)manifestamos:

a) El mantenimiento del irrenunciable derecho constitucional que la Voluntad soberana de la Nación Española nos manifestó, de forma expresa el día 6-12-1978, en el Referendúm Constitucional, en orden a la categorización del Reino Leonés (con sus provincias) y de Castilla La Vieja (con sus provincias), como Regiones de España, con la plena asunción de sus respectivos reconocimientos, de forma plena, y en atención a sus correspondientes garantías de formalización en sendas comunidades autónomas para el Pueblo Leonés y para el Pueblo Castellano.

b) La validez de los votos emitidos, tanto por el Pueblo Leonés como el Pueblo Castellano, en la fecha del 6-12-1978, en y para la aprobación de la Constitución Española, marcan el más amplio respaldo democrático (efectuado de forma totalmente libre), a las Regiones Históricas del Reino Leonés y de Castilla La Vieja.

c) El compromiso público, desde la total y plena vigencia del Reino Leonés y de Castilla La Vieja el día 6-12-1978, en pleno parangón al resto de las Regiones de España, en tan especial, crucial y significativo momento del proceso histórico de España, por mantener nuestros correspondientes apoyos, sin ningún tipo de fisuras, a todo el articulado de la Constitución Española.

d) Nuestra voluntad de hacer presente en ambas Regiones Históricas de España, como son tanto el Reino Leonés como Castilla La Vieja, la plena aplicación del Artículo 2 de la Constitución Española.

e) La constitucionalidad de las provincias leonesas y de las provincias castellanas, que se da por asumida por todos, también implica, la de sus respectivas y correspondientes Regiones matrices, que para el Pueblo Leonés es el Reino Leonés y para el Pueblo Castellano es Castilla La Vieja, tal y como acontece con el resto de las Regiones de España.

f) La Constitución Española en ningún apartado de todo su articulado, tiene manifestación o traba alguna que impida o prohíba la plenitud constitucional del Reino Leonés y de Castilla La Vieja, en tanto y cuanto son Regiones de España y de la Unión Europea.

g) Vamos a actuar, en todo momento, ocasión y lugar, en pro de los derechos constitucionales del Pueblo Leonés y del Pueblo Castellano, y frente a cualquier coyuntura ocasional, cambalache político o menoscabo, en cualquier forma que fuere, del Reino Leonés o de Castilla La Vieja, alzaremos nuestras voces y exigiremos el total cumplimiento de nuestros derechos constitucionales.

Francisco Iglesias Carreño
Partido Regionalista del País Leonés
PREPAL
José Peñacoba Arroyo
Partido Regionalista Castellano
PREC

18 de abril de 2001

miércoles, octubre 14, 2009

Algo más sobre el pancastellanismo (RES)

Parece necesario una vez más aclarar para aquellos demasiado jóvenes que no alcanzan a recordar las verdaderas razones que impulsaron la andadura política de TC (Tierra Comunera - coloquialmente Tierra Cagalera-), que unas de las razones esenciales de dicho partido es justamente la extensión como patrimonio estratégico privilegiado para su utilización política, que parte de antecedentes relativamente lejanos en el tiempo (20 años): J.P. Mañueco y su puja por la extensión, publicaciones de la editorial Riodelaire ( o algo parecido) ect.; en donde se reafirmó una vez más una difusa idea de Castilla que ocultaba León y el antiguo reino de Toledo y añadía si preciso Extremadura , Murcia, Asturias y Cádiz...., muy en la línea por cierto de D. Claudio Sánchez Albornoz .

Concretamente surgió tan temible y expansionista idea a raíz de la creación del estado de las autonomías y ante la postergación evidente en la carrera de las ventajas y del poder, de algunas regiones situadas en el centro peninsular, que en terminología periodística se denominó a veces: “ lo que queda de España”, expresión relativamente acertada en cuanto que muchos nacionalismos exacerbaron su tendencia tribal y plantearon su aspiración a una fiera independencia de la tirana y malvada España, a la vez que aseguraban –¡oh misterio!- que no existía tal nación.

La reacción política ante las asimetrías evidentes pretendió adaptar por mimetismo la forma nacionalista periférica, con relevancia primordial de la lengua; así donde los catalanes ponían el catalán , los gallegos el gallego y los vascos el vascuence artificial unificado , nuestros nacionalistas pancastellanistas propusieron, para asombro de lumbreras, el castellano , lengua universal donde las halla, como hecho diferencial para su nacionalidad de laboratorio ( lo que en principio no excluye a Tucuman de Castilla). Frente a las ventajas industriales , financieras o de situación marítima privilegiada se proponía la extensión de su hipotética Castilla como estratégica como camino de enlace de diversos territorios, es decir una idea de planificación de enfrentamientos propia más bien del estado mayor de un ejército que no de países diferentes, recéptáculos de diversas historias, formas jurídicas de convivencia y lenguas diversas, no siempre bien conservadas, que comprenden en realidad esa estratégica extensión.

Efectivamente se trata de una estrategia de guerra porque todo nacionalismo a la postre se erige contra alguien, necesita enemigos ante los cuales enfrentarse y si posible derrotar; da lo mismo que se trate de las nacionalidades periféricas o la misma España; incluso precisamente atacar a esta última da un toque progre, irreverente y chic que puede homologar un nacionalismo emergente al más delirante de los nacionalismos periféricos.

En realidad examinado con detenimiento las declaraciones y propósitos políticos de la organización en cuestión; procurando no enredarse demasiado con las declamaciones de victimismo y otras jeremiadas indispensables al uso, se descubre claramente que la nacionalidad propuesta no es más que una España en pequeño o Microespaña con capital en Madrid, con temibles pretensiones uniformistas y centralistas, ignorando las diversidades de León y del Reino de Toledo, y alineando sin más discusión la actual Cantabria y la Rioja, proponiendo como en la época franquista al enemigo exterior (las otras Españas como se decía en términos tradicionales) como el siniestro satán al acecho de las esencias eternas del castellanismo. Todo esto capitaneado no por los ciudadanos, sus tierras, sus comunidades y sus concejos, sino por un moderno partido o político o más bien partidillo, o peor aún por un “único” partido político, puesto que los demás partidos nacionalistas pancastellanistas poco o nada tiene que rascar.

Lo preocupante del caso es que realmente tal concepto de la política, del nacionalismo y de las simplificaciones reductoras puede tener realmente un cierto atractivo ante el estado agónico que se encuentra España y Europa (agotamiento de recursos y guerras por los mismos, contaminación de tierras y mares, cambios climáticos, explosión demográfica global, migraciones gigantescas de pueblos abandonados a su suerte, degradación de la política partidaria convencional y otos penosos etcéteras) ; es decir este moderno y expansivo nacionalismo castellano puede tal y como están las cosas erigirse en heredero del españolismo en el centro peninsular, poco preparado culturalmente para advertir la cantidad de falacias que contienen sus proclamas y pretensiones políticas. En realidad y para no engañarse con subterfugios y con los insultos a España y al españolismo que a veces aparecen en los ámbitos de los militantes de este partido, el moderno nacionalismo pancastellanista no es más que un españolismo de la peor especie, de la calaña de la Gran Alemania hitleriana o de la Gran Serbia de Milosevic.

Disponiendo como dispone de algunos medios de propaganda es posible que muchos jóvenes poco ilustrados reciban una idea delirante y perversa de Castilla y los castellano a través de las consignas políticas movilizadoras de los nuevos pancastellanistas, que no es precisamente el mejor antecedente para investigar con serenidad la verdad .

El Señor nos libre de más calamidades

viernes, octubre 09, 2009

Un símbolo de referencia confuso: la guerra de los comuneros de Castilla (RES)

Un símbolo de referencia confuso : la guerra de los comuneros de Castilla.

La consulta de cualquiera de los libros más conocidos acerca del llamado movimiento de los comuneros de Castilla - Danvila, Ferrer del Río, Maravall, Joseph Perez , ect. – deja un poco perplejo acerca de lo que se entiende por Castilla, que en todos estos libros se da por supuesto. De las sucesivas ampliaciones de lo que se ha entendido por Castilla: Condado, Reino, y Corona es esta última que comprendía numerosos reinos y señoríos, es decir la acepción menos castellana estricto sensu, la que parece que es sentido más extendido y la que parece hace referencia al sentido de comuneros de Castilla. En efecto los sucesos del movimiento de los comuneros tuvieron lugar además de en Castilla propiamente dicha, en Extremadura, en Andalucía, en León, en el País Vasco, en Murcia, en la Mancha y en Galicia, lo que indudablemente induce a pensar que lo que los historiadores tienen in mente es lo que se denominaba corona de Castilla, entonces recientemente unida a la corona de Aragón.

Maravilla también la seguridad de algunas interpretaciones de unos hechos de los que sistemáticamente se buscó la destrucción de todos los documentos que conservaran su memorias, que no han dejado de señalar los comentaristas menos conformistas:

Desgraciadamente, el alcance de estas afirmaciones es difícil de precisar. Los documentos que se referían a las Comunidades han sido buscados y destruidos sistemáticamente. Una cédula de los virreyes de fecha 21 de marzo de 1521, solicitaba ya del corregidor de Salamanca la destrucción de todos los documentos de la época comunera. El 23 de agosto de 1522, el Emperador confirma esta orden. Una idea de la importancia y la preocupación que acompañaban a estos menesteres puede proporcionarla el que entre los servicios prestados al Emperador por el contino Diego Pérez de Vargas se destaque que: «prendió a los que llevaban las cartas y capítulos que se imprimieron contra vuestras magestades (... ) y quemó las dichas cartas y capítulos ... » También el tribunal especial de Toledo que presidía el doctor Zumel: «hizo quemar todas las escrituras que se avían imprimido en deservicio de Vuestra Magestad, que heran muchas»(carta del Condestable, de fecha 27 de mayo de 1522) .En el proceso del obispo Acuña que se conserva en Simancas numerosas piezas han desaparecido. Si, además, el César en su retiro de Yuste, como afirman algunos de sus biógrafos, se hizo llevar carretas de documentos para su revisión y algunos (o muchos) de ellos fueron condenados a la hoguera, las ausencias documentales están más que justificadas.

(Ramón Alba. .Acerca de algunas particularidades de las Comunidades de Castilla tal vez relacionadas con el supuesto acaecer Terreno del Milenio Igualitario. Editora Nacional. Madrid 1975, pp107 y 108)

Tampoco hay que olvidar …. La dificultad de llegar a un conocimiento exacto del ideario político comunero dada la cantidad de documentos destruidos durante la guerra.

(José Luis Diez. Los Comuneros de Castilla. Mañana Editorial. Madrid 1977. P 106)

Sobre tales bases descansan las interpretaciones encontradas del movimiento de las comunidades de Castilla: unos a favor de consideración de primera revolución social europea en el sentido moderno, otros como un intento de mantener posturas medievales frente al absolutismo cesarista que consideran a su vez muy moderno. Jose Antonio Marravall fue un adalid de la primera postura :

…..publiqué en 1963 este libro sobre las Comunidades (Las Comunidades de Castilla una primera revolución moderna .Revista de Occidente 1963) poniendo el acento en su presentación conforme al tipo de una revolución moderna
(J.A. Maravall Las Comunidades de Castilla. Alianza Universidad. Madrid 1984 p26)

Propone Maravall una interpretación de lucha de clases entre la burguesía y la aristocracia muy en la línea ideológica marxista, no dudando en apelar a las obras del Marx joven:

Y Marx nos dirá que toda clase ascendente, con objeto de alcanzar su meta, tiene que presentar su interés como interés común de toda la sociedad (C. Marx .La ideología alemana. Barcelona 1974 p.52)
(J.A. Maravall.Ob. cit. p34)

Naturalmente que Maravall fue todo un exponente de la interpretación progre del movimiento comunero; todo un exceso iniciar una interpretación a lo marxista en plena época franquista. Hoy día incluso algún partido de corte castellanista, se reclama de él como precursor, entre banderas rojas, efigies de Lenin y otros símbolos un tanto vetustos que aún se pretenden colar como vanguardia de no se sabe muy bien que ideología hecha de retales de consignas un tanto rancias que pesar de un rosario millonario de crímenes no llegaron a realizarse. La interpretación revolucionaria de las comunidades castellanas apenas presta atención a ninguna especificidad castellana, su interés es más bien la atención a un eslabón del progreso imparable de la evolución social: revoluciones burguesas, revoluciones proletarias y demás; muy en el fondo no interesa tanto si una revolución se produjo en Castilla o en Azebaiyan, sino la supuesta marcha social evolutiva de la humanidad de las que eventos como el movimiento comunero no son más que meras ilustraciones.

No dejó de notarse el efecto de la generación del 68 en la crítica al izquierdismo oficial marxista, y así se empieza a poner en primer término las diferencias entre las comunidades y la Junta:

El papel desempeñado por la Santa Junta es doble: por una parte actúa como Cortes extraordinarias, agrupando a los delegados de las ciudades, y discute las reformas a introducir; y por otra, como Junta General del Reino, concentrando todos los poderes del Estado, asemejándose a un verdadero gobierno. Los problemas planteados entre la Junta y las Comunidades han sido muy numerosos. La Junta, cuyos diputados han sido elegidos en base a un programa reivindicativo (su elaboración se ha producido al margen de la corriente mística, y quizás como forma de asegurar el papel de diputados a los letrados que intervienen en el movimiento, así como a algunos sectores de la nobleza y de la burguesía ciudadana), no está dispuesta a jugar el papel que acaba imponiéndosele: animar y dirigir la revolución. Los enfrentamientos en algunas ocasiones alcanzan cotas muy elevadas: puede servir de ejemplo el caso de Padilla, elegido prácticamente como capitán general por las tropas, que no fue confirmado como tal por la Junta.

(Ramón Alba Op cit pp 132-133)

Naturalmente que una versión condicionada por una metodología marxista exigía como parte del guión enfocar más bien a los juristas de la Junta que se ajustaban bien al papel de burguesía enfrentada a la aristocracia y a la monarquía absoluta , el pueblo llano, los campesinos no acababan de encajar bien en el esquema:

Desgraciadamente, la historiografía ha centrado toda su atención sobre la actividad de la Junta*, dejando en el olvido o en un segundo plano el papel representado por las clases eufemísticamente llamadas menos favorecidas.

La razón de esta preferencia es sencilla de descubrir:

La Historia se considera como una serie de transformaciones, 0 de acontecimientos, sometidos a la ley universal del progreso. A la oscura Edad Media, sucede el luminoso Renacimiento; el sistema feudal se ve sustituido por la monarquía absolutista. Naturalmente, el cambio se produce siempre en un sentido positivo: todo aquello que dificulte en los siglos XV-XVI el advenimiento del absolutismo renacentista, pertenece al pasado medíeval, y en función de ese carácter tradicional y retrógrado debe ser interpretado. (En el mejor de los casos, lo que puede ocurrir es el planteamiento prematuro' de reivindicaciones que sólo mucho más tarde, dos o tres siglos después, tendrán oportunidad de imponer su ritmo. Tal es la más 'moderna' y comprensiva justificación del movimiento comunero). Esta ha sido -y es aún- la suerte reservada a los movimientos milenaristas que a lo largo de varios siglos han venido a perturbar la linealidad del proceso de la Historia, que exigía la sucesión de varias y definidas fases o etapas, antes de...

(Ramón Alba Op cit pp 146-147.)

Incluso historiadores oficiales y correctos reconocen a su pesar estas cuestiones:

Hubo zonas en que la participación campesina fue esencial

(Gutierrez NietoJ.I. Las Comunidades como movimiento antiseñorial. Ed Planeta Barcelona 1973.p 240)

En realidad quedan demasiados testimonios de que el pueblo pretendía realizar la idea del milenio igualitario más que una revolución burguesa; mística sui generis que pretendía realizar el reino de Dios en la Tierra, de forma inminente, total y milagrosa. La sola denominación de Santa Junta ya es indicio suficiente.

No obstante los historiadores con pretensiones de seriedad se horrorizan ante estas cuestiones, y aun reconociéndolas no entran en ellas.

El pueblo pensó que los comuneros establecerían una total igualdad entre todos los castellanos. Semejante intención no aparece en documento alguno, aunque tal creencia contribuyó al éxito de las Comunidades en particular en el sector rural
(J.L.Díez. Ob Cit p108)

La idea del milenio ha sido una constante en la Europa occidental, las Comunidades fueron precedidas por Joaquin di Fiore, y seguidas no mucho tiempo después por el movimiento anabaptista de Thomas Münzer. Pero al igual que antes la realización utópica del milenio nada entiende de estamentos, ni reinos, ni pasados, ni pueblos, su eclosión desborda estas referencias, nada por tanto que tenga que ver de manera específica con Castilla.

La cuestión que no parecen resolver la mayoría de los que han tratado el tema del movimiento comunero en Castilla , es si tiene algo que ver con la organización comunera y la tradición medieval castellana. La mera mención del medievo pone en guardia al historiador progresista, que al conjuro de una vade retro, trata de apartar la visión distorsionada de una edad oscura y retrasada, que no fue justamente el caso en lo que a Castilla se refiere. Así un Maravall lo más que se remonta es al siglo XV, con una mención de pasada a las behetrías, estudiadas por Sanchez Albornoz:

Y aún habría que referirse a ciertas costumbres de la sociedad castellana, como las de las behetrías, que ayudan a difundir un espíritu democrático

(J.A. Maravall Ob Cit p145)

y en realidad poco más, por cierto ninguna mención a las comunidades de Villa y Tierra. No olvida una referencia a que el régimen político castellano era de una libertad excepcional en la Europa de su tiempo, pero no parece interesarle demasiado esa excepción sino más bien la norma abstracta de una universal lucha de clases. Curiosamente reconoce sin embargo que el origen del movimiento comunero fue una lucha por las libertades tradicionales que inmediatamente desborda ese motivo inicial en un movimiento de rebeldía que finalmente se debería a su juicio bautizar como revolución. No se trata en realidad de una interpretación única , toda una pléyade de historiadores bienpensantes, modernos y con look progre, comulgan con esa visión, donde inevitablemente lo posterior era un mejora indudable sobre el oscuro pasado anterior, así por ejemplo la muestra siguiente:

He aquí la originalidad de la reforma comunera en contra de la elección a dedo ejercida siempre por el poder, poniendo así fin a un sistema de gobierno municipal y legislativo anticuado. Por la reforma la masa anónima, desestimada, excluida, obtenía expresión política, llevada a la ejecución después por la Junta General. Vendrá a ser una especie de federación de ciudades, un dique, pues, contra el poder central y con una seria vigilancia para mantener la unidad nacional
(J.L. Díez Ob Cit p103).

Naturalmente que son ligeramente dudosas tales afirmaciones, el viejo sistema comunero medieval de los concejos no era a dedo, la vieja Castilla Comunera era una especie de federación siglos antes del movimiento comunero del XVI, y la expresión de la masa no siempre era recogida por la Junta, en muchas ocasiones hizo lo contrario de lo que deseaba la masa, y además la intención de la masa es muy dudoso que fuera siempre política en el sentidp estricto de la palabra, sus ansías milenaristas no encajan bien en esa interpretación.

Hay otras constantes en la interpretación moderna del movimiento comunero del XVI , una de ellas es su consideración de la homogeneidad igualitaria y el anticipo en la práctica del contrato social de Rousseau:

…en los capítulos de Valladolid figura enunciado un concepto de Constitución, que es probablemente el primero que se descubre en nuestra Historia. Es, claro está, un concepto propio de la fase estamental del Estado moderno, que atribuye a aquélla el carácter de un contrato, pero respecto al cual, en la forma en que se expresa en el citado documento comunero, llaman la atención dos cosas: la nitidez con que dicho concepto se formula en sus notas esenciales, por un lado y por otro; que tal contrato, en su contenido, aparece dictado por parte del reino, del cual se considera en dicho texto a sí mismo como órgano al que corresponde velar por su conservación y cumplimiento del pacto, mientras que el rey no tiene más posibilidad que la de aceptarlo, para poder ser reconocido como rey.

(J.A. Maravall Ob Cit. Pp81-82)

para empezar reconoce el texto la existencia de una monarquía pactista que existió en Castilla mucho antes del movimiento comunero, lo que no está nada mal para el oscuro medievo, en el luminoso siglo XX ha habido demasiados regímenes que ni remotamente contemplaban la idea de pacto. A continuación viene la acentuación de la parte propiamente moderna del asunto, la Junta, puesto que las comunidades es otro asunto, en pleno siglo XVI y aún impregnada de cristianismo medieval, se vuelve instantaneamente volteriana e ilustrada y adelantándose tres siglos a su tiempo declara que eso de que el poder viene de Dios es una antigualla inadmisible, por cuya razón y en virtud de la igualdad humana el gobierno proviene de un libre pacto humano explicitado por recuento numérico mayoritario. Para dar cuanta de este insólito salto cualitativo, se trae a colación el derecho de resistencia presente en la escolástica, en Santo Tomas de Aquino, en Fernando de Roa, en Alonso de Madrigal, también denominado el Tostado o el Abulense, que se refiere a cuestiones muy diferentes al gobierno de y por el pueblo. A veces sorprende la ligereza de los profesores universitarios, o tal vez su deliberada ignorancia en temas poco actuales: el principio de resistencia cristiano se basa en el principio de que el poder no emana del hombre, ni individual ni colectivamente, sino de Dios, por tanto es ilícito un apartamiento de la ley divina en el ejercicio del poder aunque sea el rey o el emperador quien lo ejerza, de lo que se deduce un derecho a la resistencia, que algunos tratadistas extreman hasta el tiranicidio. Por tanto nada que ver por una parte con la doctrina del pueblo soberano, y por otra en un régimen de soberanía democrática popular no existe ningún derecho de resistencia; por encima de la voluntad numéricamente mayoritaria del pueblo no hay nada, ni dioses ni demonios. Lo cual hace pensar que es cuanto menos dudoso el progreso de los gobiernos democráticos frente a los gobiernos tradicionales con derecho sagrado a la resistencia por encima de todas las leyes humanas.

No todos los historiadores bienpensantes llevan sus elucubraciones hasta los extremos de Maravall, algunos son más templados y acordes con aquellas circunstancias de lugar y tiempo:

Las comunidades por tanto establecían un forma de contrato con el soberano : si gobernaba de acuerdo con el bien común le ofrecían obediencia, de lo contrario los súbditos podrían revelarse, declararle tirano y tomar las riendas del poder
(J.L. Díez Ob Cit p 103)

En cualquier caso sigue siendo problemática la aceptación global de las modernas consideraciones sobre el balance definitivo del movimiento comunero del siglo XVI en los territorios de la corona de Castilla, que de manera sucinta se puede resumir, para no rebuscar demasiado, de manera paradigmática en las siguientes palabras:

El ideario político, económico, sociológico de antaño es un reflejo en muchos casos de cuanto hoy se quiere lograr
(J.L. Díez Ob Cit p 108)

Para empezar el autor en cuestión comete un lapso inadvertido del que se desdeciría inmediatamente si hubiera sabido que el vocablo ideario como alternativo a ideología tan solo lo utilizan hoy los carlistas. En cualquier caso y según se ponga el acento en los fragmentos y memorias de la época lo mismo podría tratarse de un ideario democrático y burgués, que popular, desmelenado y milenarista. En cualquier caso conviene tener en cuanta algunas notas de aquel ideario, y más aún de las prácticas concretas:

….ese gobierno era ejercido de forma colegial, de manera que excepto la principio, cuando el cargo de presidente lo mantuvo durante un cierto tiempo Lasso de la Vega, la presidencia al igual que otros cargos se ejercían por turno

(J.L. Díez Ob Cit p 104-105)

Aunque en realidad la cosa no paraba ahí, el viejo sistema del mandato imperativo estuvo presente en el movimiento comunero, con un cierto espanto por parte del historiador:

…en todos los movimientos de exacerbación democrática – y ello se ha podido comprobar modernamente – se produce una tendencia a formas de democracia directa, una de las cuales parece ser la del mandato imperativo. Es chocante advertir como se aferran a esta fómula, en l crisis comunera de 1520, los grupos de exaltados: los agustinos y dominicos de Salamanca, por ejemplo

(J.A.Maravall Ob Cit p125)

También destaca el mismo historiador otros principios :

A ello responden dos de las preocupaciones más constantes de los comuneros. En primer lugar, suprimir la perpetuidad de los cargos, para que no sean convertidos en objetos patrimoniales por quienes los poseen y no se consideren dueños de ellos en lugar de servidores del común. En segundo lugar, someter a un severo control de responsabilidad a quienes han desempeñado función pública

(J.A.Maravall Ob Cit p162)

Es bastante problemático elucidar que es lo que se pretende hoy, pero si algo tiene que ver con las modernas democracias parlamentarias, poco reflejan estas el ideario y la práctica del movimiento comunero, ni tampoco de una manera general el antigua sistema concejil castellano. El actual sistema parlamentario es en principio una partitocracia, donde al revés que el los concejos abiertos y las comunidades no existen mecanismos de participación democrática directa, a lo sumo se preven unos mecanismos de democracia semidirecta tales como la iniciativa legislativa y el referendum que se usan, en nuestro país al menos, de una manera absolutamente excepcional y restringida ; el moderno representante es soberano y no tiene ningún condicionamiento ni de programas, ni de promesas, nada por tanto de mandatos imperativos, nada de colegiación en los órganos directivos y mucho menos rotación en los cargos que en nuestro tiempo son objeto de un deseo lascivo de poder. Y por supuesto nada de derecho de resistencia al poder democrático en virtud de leyes sagradas y celestes. El mecanismo de concentrar el poder invade también los propios partidos donde apenas tienen protagonismo las asambleas y mucho los órganos de poder o estados mayores de los partidos, verdaderas oligarquías que monopolizan la vida política y son poco amigas del poder popular aunque deje de caérseles de la boca la palabra democracia a todas horas, a manera de conjuro encantatorio. Hubo en este siglo variantes democráticas denominadas populares, que aunque autotituladas amigas del pueblo eran todavía menos amigos de los popular; un ejemplo famoso de esa tibia amistad popular fue la famosa liquidación del soviet o consejo de Cromstadt por esos hombres de partido llamados Lenin y Trotsky . Incluso la concentración de poder a llegado en nuestro tiempo a límites delirantes, más allá de los estados mayores de los partidos se trasladaba el poder a la persona del presidente o del secretario, que ejercieron un poder muy benéfico para el pueblo y para la humanidad en general, y que el siglo XX, avanzado donde los haya y lejos de las oscuridades medievales, recuerda con estremecimiento : Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot y algunos otros de cuyo nombre no quiero acordarme.

Sin duda cualquier tiempo pasado fue mejor, y que duda cabe que los comienzos, en este caso, fueron menos siniestros que los finales. De todas formas el final de esa primera parte que fue el levantamiento comunero del siglo XVI , tuvo su peor repercusión en lo que fue el antiguo reino de Castilla, en la medida que al poseer aún una cierta herencia de un pasado foral y comunitario, fue más duramente puesta en penitencia por el ascenso de la marea señorial , es decir que desgraciadamente lo más genuinamente castellano del movimiento comunero del siglo XVI fueron las consecuencias de su derrota. Como en aquella canción que decía: “tan borracho eres tu como yo que yo como tu, que tu como yo” ha habido toda una competición de victimismo entre las diversas partes de España acerca de quien ha sufrido más el centralismo, el absolutismo y tiranías varias; han sido normalmente posturas enconadas que recuerdan las peleas de colegialas:” pues tu eres esto, pues tu lo otro, pues tu lo más allá”, normalmente la región peor parada ha sido Castilla, identificada con simplicidad burresca con todo centralismo, imperialismo y satrapía que en España ha habido; amén de lo edificante y constructivo de estas posturas , si conviene recordar algunos eventos no demasiado aireados:

Los castellanos fueron sujetados por la realeza antes que ningún otro pueblo hispánico, sin que en el duro trance del alzamiento de las comunidades recibieran socorro ni aliento de quienes después hubieran de seguir su misma suerte

(Claudio Sanchez Albornoz. España un enigma histórico p 417)

Haciendo pequeños cálculos que no van más allá de las cuatro reglas elementales, habría que recordar a catalanes que 1716-1521 = 195 es decir que Castilla fue prácticamente desmantelada en sus libertades forales 195 años antes que los Decretos de Nueva Planta, que aun tuvieron la deferencia de preservar el derecho civil foral catalán y la exención de servir a filas, es decir un poco tiranía a la carta y con privilegios de señorito, ya se sabe que siempre hubo clases. A vascos habría que recordar que 1875-1521 = 354 es decir que la supresión práctica de los fueros en Castilla ocurrió 354 años de la derrota de la tercera guerra carlista, que fue una supresión temporal del régimen foral vascongado, en realidad suprimido en 1939 por un gallego fallecido hace 25 años.

A gallegos habría que recordar:

Llega Carlos I con sus pretensiones imperiales, y así como en Cataluña parece encontrar comprensión – de ahí según Merriman la simpatía del emperador por el principado-, lo mismo que Galicia – que apoya con sus fuerzas el enfrentamiento de las tropas reales con los comuneros – en Castilla hay oposición cerrada a los proyectos del monarca

(Eduardo Menéndez-Valdés Golpe. Separatismo y unidad. Seminario y Ediciones S.A. Madri 1973. P196)

Y para no ser descortés con los recordatorios, a leoneses había que recordar:

el ejército vencedor en Villalar estaba compuesto principalmente por vasallos de los señoríos leoneses, sin la tradición de libertades y el gusto consiguiente por el ejercicio de ellas tan arraigado en castellanos y vascos.

(Anselmo Carretero y Jiménez. La personalidad histórica de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos. Hyspamérica de Ediciones San Sebastián 1977, véase anexo)

Supongamos que con estas muestras se puede dar por cerrada la muestra de agravios, y sean solo unas referencias del pasado y no saudade lacrimosa y victimista , y menos aún armas arrojadizas para el futuro. Si acaso antes de seguir un recuerdo a los bravos aragoneses que se negaron a formar parte de los ejércitos señoriales que iban a combatir a los comuneros castellanos, huelga pacifista que diríamos hoy día.

En realidad las cosas no han ido mucho por esos derroteros deseables, ya se sabe que el victimismo es bueno, bonito y barato, muy barato y da intersantes réditos a corto, lo que desde hace tiempo se advirtió por las más avisados en lo que se refiere a Castilla:

Sería importante que estos … políticos no se queden … en el romanticismo de una lucha tan desacreditada por la peculiar historia escrita hasta ahora y sepan ahondar en los postulados políticos de aquellos hombres sin detenerse en el espíritu de Villalar, un espíritu de derrota, sino adoptar el de Ávila … en donde se fraguó el profundo deseo de reforma de la Castilla derrumbada

(J.L. Díez Ob Cit p 108-109)

Las cosas no han sido así y los pocos amantes de la vieja Castilla que aun quedan, ven como los ínfimos partidos castellanistas que nada tienen de concejiles ni comuneros se revuelcan en un victimismo hediondo , mala copia de los victimismos periféricos, en ese juego de colegialas entre especular y de acémila de noria antes aludido. Derrota de Villalar, triste símbolo, que lo mismo puede significar derrota de los comuneros , que triunfo del cesar Carlos, que recuerdo de una abortada revolución burguesa o bolchevique según el punto de vista, o acaso de una revuelta milenarista más, como también un desquite de León sobre Castilla, y hasta para los gallegos no muy enterados una revancha por la guerra de los Irmandiños. En realidad da para todo, incluso el lugar de celebración ni siquiera es genuinamente castellano, con lo que la hibris y la confusión resultan aún mayores. La conmemoración lo mismo puede ser castellana, que leonesa, que gallega, que genéricamente española, que burguesa o proletaria y por encima de todo lúgubre y victimista ¿ quien da más?.

Su hubiera que haber elegido alguna fecha relacionada con el movimiento comunero del siglo XVI, acaso el 29 de julio de 1520 día de la inauguración de la Santa Junta de los comuneros en la sala capitular de la Iglesia Catedral de San Salvador de Ávila, hubiera sido mejor fecha, lugar más castellano y referencia política más tradicional de la vieja Castilla de las Comunidades de Villa y Tierra, pero evidentemente la ciudad es de una belleza más adusta, el adjetivo santa poco moderno, una catedral más sagrada que una campa y con menos posibilidades de confusión y carnaval.

RES

ANEXO

La personalidad histórica de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos
Anselmo Carretero y Jiménez
Hyspamérica de Ediciones San Sebastián 1977


Aquel alzamiento, hoy generalmente llamado de los “comuneros de Castilla”, es causa también de muchas confusiones en el estudio de la historia castellana. Según unos autores, aquello fue una explosión nacionalista; según otros, un movimiento social; para otros más, un estallido de contiendas entre nobles y de éstos con la corona... Y de todo hubo realmente en aquella revolución -la primera de carácter moderno en España y, probablemente, en Europa, según dice en muy interesante estudio Maravall, su más reciente investigador -. El embrollo proviene en gran parte de confundir países, pueblos e instituciones, como si los reinos de Castílla, León, Toledo, Galicia, etc. formaran un estado homogéneo.

Ferrer del Río, en un trabajo sobre la historia de aquel levantamiento publicado en 1850, percibe ya la complejidad de tales acontecimientos: «Sin que redundara en provecho de ellas (dice, refiriéndose a las comunidades levantadas) hubo además trastornos en Galicia. Badajoz y Cáceres se agitaron también por aquel tiempo; mas como el elemento popular estaba poco desarrollado en Extremadura, su levantamiento vino a ser una lucha entre nobles; lo mismo que en Anclalucía, donde Úbeda, Jaén, Baeza y Sevilla fueron teatro de sangrientas escenas promovidas por los bandos de Carvajales y de Benavides, de Ponces de León y de Guzmanes. Ningún apoyo directo sacaron las ciudades castellanas de la convulsión de las poblaciones extremeñas y andaluzas; tampoco salió de ellas robustecido el poder del trono, porque en los disturbios de los magnates no se trataba de obedecer, sino de quién había de mandar, y así la autoridad real perdia y el pueblo no ganaba, Y es cierto que, predominando la independencia feudal entre los andaluces y extremeñas, alzados los castellanos en defensa de sus fueros municipales, pudo decir exactamente un contemporáneo de aquellas turbaciones que desde Guipúzcoa hasta Sevilla no se encontraba población donde fuese acatada la voz de Carlos V.»

Párrafo lleno de interés sobre el cual Carretero y Nieva advierte que Ferrer del Rio confunde - como es general- comunidades y municipios, y que es preciso extender a todo el territorio leonés sus agudas observaciones sobre Andalucía y Extremadura, que son la prolongación por el sur de España de la constitución social y política del reino de León, Por ello, porque en León -naturalmente que con Asturias y Galícia- el elemento popular tenía poca fuerza, aunque más que en Andalucia y Extremadura, las cosas se desarrollan allí como en estos países. En León la lucha es en gran parte una contienda entre Guzmanes y Lunas; en Zamora, donde el obispo toma parte con ardor, se manifiestan las rencillas de éste con la casa de Alba de Aliste; en Valladolid, las rivalidades entre el conde de Benavente, Girón y el Almirante; Palencia, incluso los vecinos de la ciudad, luchan a favor de los imperiales porque su señor, el obispo, es partidario del emperador; y con éste van los vasallos del de Benavente, del de Alba de Aliste, etc.; de manera que el ejército vencedor en Villalar estaba compuesto principalmente por vasallos de los señoríos leoneses, sin la tradición de libertades y el gusto consiguiente por el ejercicio de ellas tan arraigado en castellanos y vascos. Unicamente en Salamanca y Medina del Campo el movimiento presenta carácter democrático dentro del reino de León; en aquélla, probablemente por la herencia de la vieja comunidad y acaso por influjo intelectual de la Universidad; por su condición de importante centro mercantil en Medina -municipio sin comunidad con otros-, que tiene mucho trato comercial y algunas semejanzas con las ciudades hanseáticas, y un marcado prurito de independencia burguesa que se expresa en el lema de su escudo: «Ni el rey oficio, ni el papa beneficio.»

Donde el movimiento se manifiesta claramente contra el imperio, por la democracia comunera y la autonomía -sigue comentando Carretero y Nieva- es en Castilla y el País vascongado. En Madrid y Segovia -verdaderas comunidades-, la rebelión es profundamente popular y la solidaridad puede decirse que unánime, hasta el punto de pasar por alto viejas desavenencias -como la reclamación de ambas por el sexmo de Manzanares, que conservaba en su poder el marqués de Santillana- en aras de la unión que las circunstancias exigen. El carácter político del alzamiento de Toledo lo señala el cardenal Adriano de Utrecht en una carta a Carlos V en la que le informa que los de Toledo cada día se afirman más en su pertinacia por gobernarse en libertad, a la manera de Génova y de otras ciudades de Italia; que no quieren obedecer a las autoridades reales y tratan de inducir a lo mismo a otras ciudades con las que están confederados; y que han ofrecido socorro a los de Segovia, como también lo ha hecho Madrid. Muy fuerte es el movimiento en Álava y Guipúzcoa. Las tropas alavesas son las más disciplinadas de las que se enfrentan al emperador; pero los fines políticos están mejor definidos por los guipuzcoanos. También secundan el alzamiento las Merindades de Castilla la Vieja en la Montaña de Burgos. En resumen: la revolución llamada de las Comunidades de Castilla -que no fue exclusiva de ésta ni de sus comunidades- tuvo carácter nacional, democrático y comunero en Castilla propiamente dicha y el País vascongado; fue un intento de abrirse paso la incipiente burguesía mercantil en Medina del Campo; un alzamiento político contra el cesarismo en Toledo; y un estallido de contradicciones entre clases privilegiadas y parcialidades en la mayor parte del resto del país alzado.

jueves, octubre 08, 2009

En Castilla también hubo neoforalismo (RES)

En Castilla también hubo neoforalismo

La escasa historia moderna de lo que se podrían denominar eventos políticos autóctonos castellanos, ha venido a privilegiar alguno de los fastos históricos que si bien de escasa trascendencia no deja de ser digno de ser reseñado, Concretamente es el caso del Pacto Federal Castellano de 1869, que se puede consultar en Internet y que ha sido reeditado recientemente, y que sin duda es la base de reivindicación territorial, 17 provincias, de algunas agrupaciones políticas actuales de cuño castellanista. Solo como una invitación a la reflexión conviene recordar que se refiera a un acontecimiento de hace 131 años, e inspirado en el federalismo de Pi y Margall, político entusiasta del pensamiento utópico francés del siglo XIX, e incluso traductor de alguna de sus figuras más señeras como fue el caso de Proudhom. Innecesario recalcar que tal pensamiento utópico y abstracto hizo mella en aquellas regiones, bien caracterizadas históricamente en su delimitación geográfica en el Antiguo Régimen hasta principios del siglo XIX, que sufrieron una merma casi absoluta en sus derechos forales y en sus características propias, es decir Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y León. Ahora bien ese minúsculo "casi" es el hilo de Ariadna que convendría retomar con el fin de tener alguna probabilidad de éxito en la lucha contra ese monstruo del laberinto, que es el estado moderno fagocitador y castrante, ese Minotauro abstracto y frío, dios celoso y vengativo que exige el sacrificio y entrega de sus fieles.

Curiosamente no se hace nunca mención a unos acontecimientos que ocurrieron unos pocos años después en la Primera República, que constituyeron lo que se denominó el movimiento cantonal que ciertamente fue un acontecimiento político bastante asilvestrado y anárquico de poca ejemplaridad y de difícil hagiografía, pero por otra parte una constante en la vida política de la península ibérica desde las tribus celtibéricas a los reinos de taifas, desde el reino de Toro hasta la República Independiente de los Ancares, acontecimiento este último, si bien de escasos días de duración, rigurosamente histórico . El movimiento cantonal tuvo una notable repercusión en Salamanca, mencionado exclusivamente en las historias locales, debido a su carácter non santo. Parece por tanto llegado el momento de investigar en lo posible el movimiento cantonal en las tres regiones históricas antes mencionadas; cuestión aparte si se mezclan sacrílegamente churras con merinas, que se puede dejar para otra ocasión y que de momento parece el único debate de las verduleras telemáticas.

Muy anterior a los acontecimientos mencionados fue la última defensa de los exiguos restos del foralismo castellano antes de la irrupción del liberalismo decimonónico. Tal defensa estuvo ligada históricamente a ese potpourrie político que fue el carlismo, y que en variantes distintas se ha mantenido en Castilla hasta el siglo XX. No sería cuestión aquí de simplificar las cosas al grito de carcundas y retrógrados, puesto que, se quiera o no, las libertades forales tradicionales, las singularidades de muchos pueblos ibéricos, fueron defendidas en su momento por el carlismo y no por un liberalismo de corte francés, supuestamente avanzado y progresista . Es bien sabido, por ejemplo, que en la primera guerra carlista, culminada en el Abrazo de Vergara, había batallones castellanos en el bando carlista, como también, conviene recordarlo, batallones vascongados en el bando liberal, los chapelgorri, boinas rojas, del general Echagüe. En estos batallones castellanos había entre otros santanderinos, burgaleses y riojanos. En sus Episodios Nacionales Don Benito Pérez Galdós da una versión con anteojeras de progre decimonónico de estos acontecimientos, donde los carlistas eran llamados los negros, algo así como si hoy se dijera los fachas. Es decir que la pose liberal decimonónica y en parte la actual, considera que eso del foralismo son antiguallas medievales que deben sucumbir ante la libertad general y abstracta que obligatoriamente impone el estado moderno para felicidad de los ciudadanos del común, aviso para navegantes que debe sintonizar todo aquel que se meta en lides de tipo autonomista, regionalista, nacionalista o variantes del mismo jaez. Y hablando de obligatoriedades liberadoras y modernas, Santander, entre otras provincias, tuvo que hacer renuncia a los restos de sus fueros tradicionales al advenimiento del liberalismo. Estos son temas habitualmente relegados al País Vasco, Navarra, Cataluña o acaso Valencia, pero cuidadosamente evitado cuando se trata de Castilla o León, faltaría más, sería como alborotar las ovejas dóciles del rebaño. Solo como testimonio personal a aportar, las únicas críticas políticas radicales escuchadas en la niñez (hace unos 40 años) en pleno franquismo nacional católico, salían de bocas carlistas, verdaderos insultos al sátrapa gallego que impedía tener a la diputación de Ávila las mismas competencias que a la Navarra foral. Queda así por recuperar una importante corriente foralista castellana incorporada en el carlismo, durante muchos decenios la única que hubo en Castilla, para estudiarla e incorporarla en su pleno valor en la herencia de lo que hoy se ha dado en llamar castellanismo.

Más cercano en el tiempo el último acontecimiento autonómico castellano de la primera mitad del siglo XX fue el proyecto de autonomía de Castilla la Vieja, Castilla la Nueva y León en la Segunda República. Pero dejemos la palabra al historiador y recordemos aquellos hechos a través de la pluma de Ramón Tamames :

"Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, se produjo una auténtica eclosión de peticiones de autonomías regionales, al calor del restablecimiento del estatuto catalán y de la previsión de que a no tardar sería autorizado el del País Vasco".
……………………………………………………………………………………………
"Por su parte, el 20 de mayo inició sus actividades un grupo de diputados agrarios y de la CEDA con vistas a redactar un anteproyecto de estatuto de las dos Castillas y León; si bien no faltaron partidarios de prepararlo únicamente para Castilla la Vieja y León. Más aún, el 9 de junio, el ayuntamiento de Burgos decidió promover un estatuto para Castilla la Vieja exclusivamente. En todos estos intentos, se trataba de conseguir una autonomía tan amplia como la de Cataluña en lo concerniente a cesión de servicios generales, y tan intensa como el proyecto vasco en lo referente a derechos económicos y políticos".
………………………………………………………………………………………..
"Es difícil emitir un juicio sobre la política regionalista de 1931-1936 y que en sus últimos días antes de la guerra civil experimentaba tan poderoso auge de ideas y proyectos. Brevemente podemos sintetizar nuestra opinión sobre tema tan controvertido:
El regionalismo correspondía a una problemática real, como lo anticiparon, en cierto modo, las tres guerras carlistas, en las que Vascongadas, Navarra y buena parte de Cataluña y Valencia habían luchado -cierto que con un complejo trasfondo de contradicciones y confusionismo- por sus antiguas libertades. Por tanto, durante la República no se inventó nada nuevo. Sólo se recogía un legado de problemas irresueltos y exacerbados por el centralismo".


(Ramón Tamames .Historia de España Alfaguara VII, La República. .La era de Franco. Alianza Universidad. Madrid 1983 ,pp189,191)

Llama la atención que en aquellos tiempos los castellanos, incluso los de derechas, tenían unas pretensiones autonómicas en plenitud e intensidad bastante mayores que las que manifestaron a la muerte del sátrapa gallego; sin duda las cosas han ido para atrás en este aspecto, es decir aún más domesticados. En cualquier caso parece que procede una investigación documental nada fácil puesto que el partido político que las promovió hace décadas que no existe; queda en cambio una posible recorrido en las hemerotecas a partir del 20 de mayo de 1936, acaso en El Debate y el ABC, los periódicos que quizá estuvieran más próximos a la CEDA. En cuanto al ayuntamiento de Burgos en teoría sería más fácil la investigación, si no se hubiera destruido en la guerra civil, sin descartar claro está la consulta de hemerotecas locales, o tal vez testigos si alguno queda vivo todavía.

Así pues quedan abiertos tres temas de interés en la actual andadura castellana de notable importancia:
1º) El movimiento cantonal en Castilla
2º) El foralismo castellano en el pensamiento y política carlista de los siglos XIX y XX
3º) El estatuto de autonomía castellano en la Segunda República.

No quedan pues sino los merodeos por hemerotecas, cual rata de biblioteca, las consultas a los historiadores amigos y conocidos, las tesis doctorales, los artículos de revista y otras fuentes de imposible enumeración.

RES

jueves, octubre 01, 2009

martes, septiembre 29, 2009

El pendón de Castilla (Comunidad castellana)

El pendón de Castilla

Con motivo del progresivo reconocimiento del pendón rojo carmesí como enseña de Castilla, algunas personas propalan la especie de que "el morado es el color de los regionalistas de izquierdas, y el rojo carmesí, de los de derechas".

Esta proposición es notoriamente falsa y parece necesario denunciar públicamente su inexactitud.

Es un hecho, una evidencia histórica que racionalmente no se puede negar, que la enseña de Castilla, como pueblo, como nacionalidad que desarrolló una lengua, una cultura y unas instituciones sociales, económicas y jurídicas peculiares, incluso a nivel de realización cívica en un Estado castellano, es el pendón rojo carmesí con el castillo dorado.

Pero no se trata ahora de este temo, sino de salir al paso del infundio y contribuir a la claridad frente a la confusión que tanto perjudica a la causa castellana.

No lo hacemos ciertamente porque rechazamos o creemos de peor condición ética a los regionalistas "de derechas". Nuestra concepción del regionalismo castellano -en la fase histórica que estamos viviendo, y en función de la crítica situación en que se encuentra la región- es la de una empresa popular, ciudadana y comunitaria , a la que son llamados todos los que sientan el espíritu castellano y aspiren a la renovación y resurgimiento cultural, económico y vital de nuestro pueblo. De esta tarea común -cualquiera que sea la opción política concreta que cada uno acepte- nadie puede ser excluido en principio, ni debe ser tratado en forma peyorativa por motivaciones ideológicas. Sólo los hechos podrán señalar y excluir a aquellos que con sus actos demuestren que únicamente representan a los explotadores, y también a los manipuladores, del pueblo de Castilla.

Reconocer que el color emblemático de Castilla es el rojo carmesí no es ser de derechas ni de izquierdas. Es, sencillamente, aceptar un hecho que forma parte de nuestra tradición como pueblo.

Por ejemplo, don Luis Carretero y Nieva, ingeniero segoviano, puede legítimamente ser considerado como el padre del regionalismo castellano. En 1918 publica su obra "La cuestión regional de Castilla la Vieja (El regionalismo castellano), en la que después de un completo análisis de todos los componentes de la identidad castellana, propone como objetivo inmediato la constitución de la Mancomunidad de las Diputaciones provinciales de Castilla.

Don Luis Carretero no fue un hombre conservador, sino hondamente progresista. Al término de la guerra civil española se exilió a Méjico, donde ha muerto, con el dolor de su definitiva ausencia de esta Castilla a la que amó y sirvió tanto.

En su obra fundamental, Las nacionalidades españolas, segunda edición publicada en Méiíco en 1952, podemos leer lo siguiente:

"Incluso en detalles pequeños y anecdóticos se observa el embrollo alrededor de Castilla. Por ejemplo, es frecuente oír hablar de su pendón morado. Este color nunca lo fue de Castilla, que tuvo por suyo el rojo, conservado como tal en Burgos, su antigua cabeza. El color morado parece que se lo dio Felipe IV a una guardia real que se creó en su reinado (tercio de los morados). Lo adoptó, pues, pasados siglos de que Castilla dejara de existir como Estado independiente, la casa real española. El escudo de Castilla es un castillo de oro sobre gules. Por un capricho de la Historía el color de Castilla es el rojo, y por tan poderosa razón, el morado tiene un origen real".

La hora, harto difícil pero esperanzada, de Castilla no es para que nos dediquemos a ponemos sambenitos unos a otros, sino para que nos sintamos solidarios y trabajemos juntos por la causa común,- que es, a nuestro entender, el despertar de la conciencia colectiva Y la promoción de todos los valores o intereses de nuestra tierra.

Para alcanzar estos objetivos, particularmente para el reencuentro con nuestra identidad de pueblo, es fundamental que sepamos enraizar en la tradición castellana, en la auténtica, y utilizar todos sus elementos válidos, como sustancia del progreso, que diría Unamuno. Afortunadamente, nuestra tradición es popular, democrática, comunera y foral: en una palabra, progresista. Toda ruptura con una tradición de esta clase constituiría un imperdonable error.

Conviene recordar, para no reincidir en la torpeza, el que amplios sectores de la Izquierda española cometieron en el pasado al ignorar el potencial renovador de la tradición nacional y abandonarlo en manos de las fuerzas reaccionarias. Se lo señaló Menéndez Pidal: "A pesar de Costa, Ganivet o Unamuno, las Izquierdas siempre se mostraron muy poco inclinadas a estudiar y afirmar en las tradiciones históricas Espacios coincidentes con la propia ideología. Tal pesimismo histórico constituía una manifiesta inferioridad de las Izquierdas en el antagonismo de las dos Españas. Con extremismo partidista abandonan íntegra a los contrarios la fuerza de la tradición".

He aquí, para terminar, lo que no debe hacerse. Puesto que tratamos de encontramos como pueblo, es preciso que volvamos a nuestras fuentes y que, en todo lo que sea posible, positivo y valedero, permanezcamos unidos a la tradición del propio pueblo.

Castilla nº3 Abril 1979

sábado, septiembre 26, 2009

viernes, septiembre 25, 2009

UNA VIDA PARA CASTILLA Y EL SOCIALISMO - In Memoriam de Anselmo Carretero (Comunicado de Comunidad Castellana)

Comunidad Castellana- Comunicado de Prensa
Ref: 01/02


UNA VIDA PARA CASTILLA Y EL SOCIALISMO
In Memoriam de Anselmo Carretero

Anselmo Carretero, y Jiménez, nacido en Segovia el año 1908, ha fallecido en la ciudad de México el de Mayo de 2002. Es uno de esos exiliados de 1939, hijo y continuador de la obra de Luis Carretero Nieva, considerado por muchos como el "padre del regionalismo castellano".

Luis Carretero Nieva formó parte de aquel grupo de españoles que dio a luz la revista "Las Españas", de la que fue fiel colaborador. En un “suplemento” de dicha revista publicó por primera vez, en 1948, Las Nacionalidades Españolas. Ya en 1917 había publicado La cuestión regional de Castilla la Vieja, donde escribe "creemos que nada puede hacerse en provecho de Castilla sin una previa purga de extrañas impurezas y que toda obra de reconstrucción de su pasada grandeza ... ha de comenzar por desechar toda esa ralea de falsedades que acerca de Castilla se profesan ... Cualquier definición de Castilla, por fuerza de las circunstancias del momento, tiene que comenzar por diferenciarla de la región de León".

Anselmo Carretero, continuando el estudio y la reflexión de su padre, ha podido ofrecernos, llegada la democracia, un conjunto de publicaciones de obligada lectura para todos los que busquen la verdad de Castilla: Las Nacionalidades Españolas (1977); La Personalidad de Castilla en el conjunto de los pueblos hispánicos (1977), con epílogo de Pedro Bosch Gimpera; Los pueblos de España, en colección federalismo, con prólogos de Miguel León Portilla y Jordi Solé Tura (1992); El Antiguo Reino de León. País Leonés , publicado por el Centro de Estudios Constitucionales, con prólogo de Francisco Tomás y Valiente (1994); Castilla, orígenes, auge y ocaso de una nacionalidad, editorial Porrúa de México (1996).

El 26 de febrero de 1977 se constituía en Covarrubias la asociación cultural regionalista Comunidad Castellana, a la que Anselmo Carretero acogerá con satisfacción y esperanza.
A través de esta asociación, muchos de sus miembros hemos tenido la oportunidad de mantener largas conversaciones con Anselmo Carretero, en las que hemos podido descubrir su amor por Castilla y su profundo conocimiento de la realidad castellana.

El Socialismo y su defensa de la identidad de Castilla fueron las dos pasiones de Anselmo Carretero. Su gran dolor, ver cómo el partido socialista no escuchó sus constantes intervenciones en sus Congresos, reivindicando la identidad de Castilla y un lugar igual y digno para el pueblo castellano en la España de las Autonomías.

En la muerte de este ilustre hijo de Castilla, a la que tanto amó, Comunidad Castellana renueva su voluntad de continuar la lucha; para lo cual se propone crear la “Cátedra Anselmo Carretero” que difunda su magisterio sobre Castilla y su identidad.

COMUNIDAD CASTELLANA


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Si desean cualquier aclaración o ampliación, pueden dirigirse a :
Correo-electrónico: comunidad_castellana@yahoo.es
Teléfono: 650387451
Dirección Postal: Cmno, de San Sebastián 22, 3ºB, 28660 Boadilla del Monte (Madrid)

jueves, septiembre 17, 2009

sábado, septiembre 12, 2009

miércoles, agosto 05, 2009

La caballada de Atienza

www.villadeatienza.com

La caballada de Atienza

Estamos ante una de las celebraciones con más solera que tienen lugar todavía en España, no obstante la Cofradía de la Santísima Trinidad es una de las agrupaciones castellanas de más antigüedad documentada. Tenemos que remontarnos hasta mitad del siglo XII para encontrarnos con uno de los hechos que marcaron el devenir de Castilla y que tuvo lugar aquí, en Atienza. Está catalogada como Fiesta de Interés Turístico Nacional.Habiendo heredado Alfonso VIII el trono de Castilla muy joven, con tan solo cuatro años, su tutela se la disputan dos familias muy influyentes, los Castro y los Lara. Aunque Sancho III en su testamento señala a los Castro como tutores de su hijo, serán los Lara quienes mediante una estratagema mantengan al niño en su poder. Los Castro solicitan la ayuda del Rey de León Fernando II quien, posiblemente viendo la oportunidad de gobernar en ambos reinos, entró en Castilla al frente de un ejército para apoderarse del pequeño Alfonso. Éste es sacado de Soria y llevado por Pedro Núñez de Fuentearmegil a Atienza, una de las villas mejor fortificadas del reino, que no tardará en sufrir el cerco al que le someterán las tropas leonesas. Dice la tradición que, ante el peligro que suponía el asedio leonés, el pequeño rey fue sacado de madrugada de la villa escondido entre un grupo de arrieros que lo llevaron hasta Segovia y posteriormente a Ávila donde quedó a salvo.Desde entonces los miembros de la Cofradía de la Santísima Trinidad, heredera de la antigua cofradía de arrieros y popularmente conocida como “de la Caballada”, recuerdan el hecho a lomos de sus caballerías ataviados a la antigua usanza y al son de la gaita y el tamboril. Todos los domingos de Pentecostés desde la mañana temprano, cuando la comitiva atraviesa el pueblo camino de la ermita de la Estrella, hasta el atardecer, en que tendrán lugar las carreras entre ellos, los cofrades irán cumpliendo con la tradición escrupulosamente. Los hermanos siguen al pie de la letra unas ordenanzas que cuentan con siglos de antigüedad, no obstante las multas impuestas por el Prioste a los cofrades se hacen en forma de celemines de trigo, libras de cera o cuartillos de vino. El día anterior se celebra el "sábado de las siete tortillas", y en la ermita de la Estrella los hermanos cofrades se reúnen alrededor de la mesa para degustar las siete tortillas, que según dice la tradición son las jornadas que duró el viaje hasta poner a salvo al Rey. El número siete es un número por otra parte muy simbólico y está presente en multitud de hechos y construcciones de la Edad Media.

Las Comunidades de Villa o Ciudad y Tierra de Castilla y Aragón ( Ágreda)

www.trebago.com/revistas.asp

Números 14 y 15

Título completo:

Las comunidades de Villa o Ciudad y Tierra de Castilla y Aragón vistas a través de la comunidad de Ágreda y del concejo comunal de Trébago, lugar perteneciente a dicha comunidad de Villa y Tierra de Ágreda

Por Santigo Lázaro Carrascosa.

Han sido, además de D. Vicente de la Fuente, modestos historiadores muy locales y con otros oficios o carreras bien distintos del de historiador los que han tratado el tema de las Comunidades. Entre ellos, el farmacéutico de Almazán D. Elías Romero, el segoviano D. Anselmo Carretero y Nieva en el siglo pasado, y en el presente D. Anselmo Carretero y Jiménez, hijo del anterior, y ambos ingenieros industriales, D. Manuel González Herrero (abogado), los tres segovianos, y actualmente numerosos estudiosos, todos ellos castellanos, y por tanto hijos de Tierra comunera que tienen grandes inquietudes por conocer el pasado de Castilla y en este pasado el fenómeno de las Comunidades de Villa y Tierra es fundamental para saber lo que fue y lo que es Castilla. De todas maneras, este tema todavía no tiene para los sabios y altos eruditos historiadores actuales la suficiente categoría para que se ocupen de él, a pesar de su enorme importancia, no sólo para conocer el pasado de Castilla, sino el de España. Esperamos que las cosas al respecto cambien sin tardar mucho tiempo.

Los comunes de de Villa y Tierra de Guadalajara

Los comunes de Villa y Tierra de Guadalajara

Original de A. Herrera Casado Edición de Reichenberger, 1989 (Kassel, Alemania)

www.aache.com/docs/comunes.htm

Forma parte de un documento principal llamado:

Documentos de Guadalajara

http://www.aache.com/docs/index.htm

Ponencia de A. Herrera Casado en el Congreso "Imago Hispaniae", Pastrana 7-10 Julio 1987 en homenajea Manual Criado del Val. Fueron relativamente pocas las tierras de realengo frente a las tierras de de abadengo y solariegas -en especial de Órdenes Militares- en las actuales provincias de Guadalajara y Cuenca.

martes, agosto 04, 2009

Trasierra o Extremadura castellana

Edad Media: La Extremadura Castellana

Siglos X al XV

http://www.maderuelo.com/

1 Origen del nombre
2 Primeras referencias escritas en León
3 Primeras referencias escritas en Castilla
4 Límites de la Extremadura
5 La Jurisdicción sobre la Extremadura
6 El olvido de la Extremadura
7 agricultores roturando baldíos





1. Origen del nombre

La palabra extremo para designar las tierras fronterizas o límites del condado/reino de Castilla aparece ya en documentos del siglo IX y con sus distintas variantes (Extremos, Extremo, Extrematura, Estremadura, Extrematuram, Strematurae, Extremadura, in Extremis, Extremitas,…) y sigue usándose hasta el siglo XII, cambiando sus límites geográficos según avanza la Reconquista.

Como estos límites se van ampliando cada vez más, en el primer tercio del siglo XII incluso se distingue entre la Extremadura de Yuso y la Extremadura de Suso para diferenciar, dentro de ésta, las tierras situadas al norte de las sitas al sur respectivamente.




2. Primeras referencias escritas en León .

A finales del siglo XII (22 de marzo de 1181), en un diploma del monasterio de Castañeda, en territorio leonés, encontramos la expresión Extremis Dorii para designar la Extremadura leonesa, no la castellana, que correspondía a una buena parte de la provincia de Salamanca, y especialmente a la comarca de Ciudad Rodrigo. Aparece así reiteradamente en los años posteriores contrapuesta a la Trasierra o actual Extremadura.



3. Primeras referencias escritas en Castilla.

En Castilla no conocemos ningún documento anterior a don Rodrigo Jiménez de Rada que haya designado a la Extremadura como los Extremos del Duero; por lo que debe tratarse de un derivado culto de la forma primigenia y originaria, la única usada durante casi dos siglos en exclusiva, el abstracto Extremadura, formado del concreto Extremo y del sufijo del latín medieval -tura.



4. Jurisdicción sobre la Extremadura .

En la transición de los reinados de Alfonso VII y VIII cuando aparece y se consolida la figura del Merino Mayor, que tiene jurisdicción sobre Castilla pero no sobre Extremadura, es cuando se fija la frontera exacta para la división administrativa exigida por seguridad jurídica.
Así, a mediados del siglo XII, podemos decir que la Extremadura castellana limitaba al norte con Castilla, al este con el reino de Aragón, al oeste con el reino de León y al sur con Toledo. En el siglo XII la divisoria entre Toledo y Extremadura era imprecisa pero al comenzar el siglo XIV se ha dado el paso de la territorialización administrativa al existir el Notario Mayor de Toledo frente el Notario Mayor de Castilla con jurisdicción sobre Castilla y Extremadura. Extremadura nunca alcanzó Notario propio ya que siempre fue el de Castilla.
En lo eclesiástico esta división también coincide casi totalmente.



5. Límites de la Extremadura .

Extremo o frontera no designa un espacio geográfico predeterminado sino que se trata de un concepto dinámico, móvil y variable en continua dependencia de los avatares políticos, y mucho más en la Castilla medieval, empujada por el ideal de recuperar el suelo peninsular ocupado por los musulmanes.

Pero este concepto dinámico más tarde se convirtió en una división administrativa con unos límites precisos. La incorporación del reino de Toledo en 1085, con unas fronteras definidas y una personalidad propia, señalan el final de la progresión hacia el sur de la Extremadura castellana que terminaba donde comenzaba el reino de Toledo. Así a partir de 1116 el reino se divide en Extremadura, Castilla y Toledo a los que se añaden Nájera y Asturias pero en ningún documento aparecen los límites exactos de esa Extremadura situada entre Castilla y Toledo. En muchos casos el Duero hace de frontera entre Castilla y la Extremadura castellana. En general es válido pero tiene unos límites definidos que no coinciden plenamente con el curso del río, sobre todo en su tramo superior, ya que en Soria hay tierras al norte del Duero que forman parte de Extremos.


6. Olvido de la Extremadura.

Bajo el reinado de Juan II (1405-1455) comienza la división del territorio en provincias y en este siglo la Extremadura desaparece como entidad administrativa. El olvido de la Extremadura se produce por:

Afianzamiento y expansión territorial del régimen señorial y nobiliario sobre la Extremadura, que rompe su identidad original de tierra de la libertad con sus comunidades realengas de Villa y Tierra.

La aparición de los corregidores reales, que ejercen su autoridad sobre porciones de la Extremadura haciendo perder de vista el conjunto de la misma.

La creación hacia 1536 de provincias fiscales, que en sus demarcaciones desconocen la Extremadura histórica y contribuyen a borrarla definitivamente de la memoria colectiva.

Mientras tanto aparece un nuevo concepto geográfico que nunca tuvo realidad político-administrativa, Castilla la Nueva, separada de Castilla la Vieja por la Cordillera Central.

El nombre de Extremadura, olvidado y perdido a un lado y otro de la Sierra durante el siglo XV, al ser sustituido por los conceptos geográficos de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva, se conservará, no obstante, en una porción de la Extremadura castellana, en la más extrema, en las comunidades de Plasencia, Trujillo y Medellín, las tres de la diócesis placentina, desde donde esta vieja y gloriosa denominación se extenderá hacia las tierras, otrora leonesas, de la Trasierra, y hacia ciertas encomiendas de las Órdenes Militares, para constituir la moderna Extremadura.

Fuentes:

Gonzalo Martínez Díez: Las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana. Editora Nacional. Madrid 1983

viernes, julio 24, 2009

Breviario Castellano: IV Aniversario

En estos días se cumplen los 4 años de la puesta en marcha de la bitácora "Breviario Castellano". Durante todo este tiempo ha sido nuestra intención poner a disposición del público una serie de textos de todo tipo relativos a la cultura castellana, muchos de ellos totalmente inencontrables, lo cual da idea de la postración en que se encuentra en estos momentos.

Durante estos cuatro años, esperabamos la proliferación de similares iniciativas a la nuestra, e incluso la aparición de algunas de mayor calado, pero la terrorífica realidad es que incluso nos encontramos más solos que antes. Pobre Castilla.

Por nuestro lado, seguiremos al pié del cañon, agradeciendo a las decenas de personas que nos visitan diariamente su interés, y volviendo a resaltar que nos encontraños abiertos a la participación de los lectores con sus ideas, propuestas, remitiendo material para su publicación etc.

Así que a pesar de todo y todos, seguimos adelante.

¡ Viva Castilla !

El Consejo de Redacción

martes, julio 21, 2009

Henos aquí (Alfonso VIII Rey de Castilla)

(tomado del blog: http://exromalux.blogspot.com )

"Henos aquí, porque lo vimos menester cuando tuvimos conocimiento de que el africano, a quien Dios humille, pasaba el Estrecho para venir con oscuros designios contra Nos. El odio fanático le come las entrañas y nubla su mente. No han de pasar muchas jornadas antes de que lo veamos frente a nuestros muros, y por ello es llegada la hora de empuñar las espadas y luchar con bravura, como los castellanos acostumbran, aunque impórtanos recordar que beneficiaremos a los vasallos leales con las haciendas de los que no lo sean. No nos hallaremos solos en este trance: ya están avisadas las valientes y disciplinadas órdenes militares, los nobles prelados de toda Castilla, así como los reyes de León y Navarra. Al de León hay que aguardarle con toda certeza, ya que nuestra relación es buena tras el tratado de Tordehumos. Aprestaos con premura a disponer todo lo que sea de necesidad: lustrad vuestras armas, revisad lorigas y cotas, mirad con halago por vuestras cabalgaduras, porque lucharemos en defensa de la Fe cristiana, y Nos compensaremos a todo el que se distinga frente al infiel, y al que rinda la vida lo recompensará Dios."

Alfonso VIII

lunes, julio 20, 2009

Usura Bancaria 2 (Louis Even)

En la misma línea de Giacinto Auriti se han hecho propuestas de soberanía popular monetaria, una de ellas es el denominado "crédito social" que se empezó a proponer en Canadá allá por el año 1935.



¿ Que es el crédito social? ? Para Qué? 1ª Parte(Louis Even)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/05/que-es-el-credito-social-para-que-1.html

¿ Que es el crédito social? ? Para Qué? 2ª Parte(Louis Even)http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/05/que-es-el-credito-social-para-que-2.html

Usura Bancaria 1 (Giacinto Auriti)

Aprovechando de la actualidad de las fusiones de cajas en la comunidad de Castilla y León, procede cuestionarse la naturaleza del contrato del préstamo bancario - tema habitualmente evitado en los debates académicos- aprovecho para incluir una serie de artículos del Profesor Giacinto Auritti –católico e italiano- que enseñó en la Universidad de Roma y de Teramo, Filosofia del derecho, derecho internacional, derecho de navegación.

(1923-2006)-Guardiagrele,provincia de Teramo, Abruzzo -Italia-

36 años de fecunda investigación para delimitar con precisión la naturaleza de la usura bancaria

Estos artículos se proceden de http://www.simec.org/ , se editaron en el “Cofre Cultural Castellano” en una traducción rápida y no excesivamente cuidada pero tal vez tengan interés ahora con motivo de la polémica de la concentración y centralización de las cajas de ahorros castellanas en Valladolid, es decir de su transformación de castellanas en pucelanas

Convocatoria para la eliminación de deudas (Giacinto Auriti)

http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/convocatoria-para-la-eliminacion-de.html
Anemia monetaria peor que la peste (Giacinto Auriti)

http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/anemia-monetaria-peor-que-la-peste.html

¿De quien es el Euro? (Giacinto Auriti)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/de-quien-es-el-euro-giacinto-auriti.html

Flexibilidad salarial y rentas de la ciudadanía (Giacinto Auriti)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/flexibilidad-salarial-y-rentas-de-la.html

Suicidio por INSOLVENCIA: El ántrax (Giacinto Auriti)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/suicidio-por-insolvencia-el-antrax.html

Como liberar al continente del señorío de la gran usura (Giacinto Auriti)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/como-liberar-al-continente-del-senorio.html

La Europa de los banqueros contra la constitución (Giacinto Auriti)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/la-europa-de-los-banqueros-contra-la.html

Esclavitud monetaria (Giacinto Auriti)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/esclavitud-monetaria-giacinto-auriti.html
LA CUARTA FUNCIÓN CONSTITUCIONAL DEL ESTADO. LA SOBERANÍA MONETARIA (Giacinto Auriti)
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/la-cuerta-funcion-constitucional-del.html

Aforismos
http://cofreculturalcastellano.blogspot.com/2009/04/aforismos.html

miércoles, julio 15, 2009

sábado, julio 11, 2009

Comunidad Castellana - Carta de Identidad


Nueva Andadura

La necesidad de mantener debidamente informados sobre la marcha de COMUNIDAD CASTELLANA a todos los miembros de la misma, aconseja la publicación periódica de un boletín o informativo capaz de procurar, de una parte, esta imprescindible comunicación interna y, de la otra, un instrumento de trabajo para el perfeccionamiento de los propios asociados, mediante la inserción de un importante contenido ideológico y cultural.

Ya en anteriores ocasiones esta Consejería de Relaciones Públicas Y como responsable de su realización, sacó a la luz dos boletines informativos que sirvieron para tomar experiencia. Superados ya el ciclostil y la fotocopia podemos ahora ir de la mano del ofsset con la idea puesta en otras ventajas

De momento nos hemos propuesto sacar varios números cero antes de plantearnos la
periodicidad, que desearíamos fuera mensual. Ello implica un considerable esfuerzo que no se podría materializar sin la colaboración eficaz y extraordinaria de todo un equipo de comuneros conscientes de la responsabilidad e importancia de contar con un medio informativo propio en el que podamos expresarnos sin interferencias de ninguna clase.

Ni que decir tiene que contamos con las críticas y sugerencias de los lectores, comuneros o no, así como con todo tipo de colaboraciones en beneficio tanto del propio boletín, como de COMUNIDAD CASTELLANA y de la misma CASTILLA, que es el objetivo fundamental.


Informativo Castilla nº1. Noviembre 1978

viernes, julio 10, 2009

DECLARACIÓN DE TORRELAGUNA

El Proceso autonómico, iniciado desde instancias oficiales y deficientemente orquestado por los partidos políticos, quiere configurar en el Interior de la península dos regiones artificiales: Castilla-León y Castilla-La Mancha.

Según la Constitución española, es la identidad histórica y cultural el factor primordial para que un territorio se constituya en Comunidad Autónoma. Como, sin duda, hay un pueblo castellano, una nacionalidad histórica y cultural castellana, parecería que los castellanos tendríamos derecho, cuando lo deseáramos y reclamáramos por una mayoría de nuestros ciudadanos, a constituirnos en Comunidad Autónoma, como el pueblo extremeño, el andaluz o el murciano o cualquiera de los otros pueblos españoles.

Pero no ha sido así. Los castellanos estamos viendo cómo se desmembra nuestra tierra. Al norte de la cordillera central, ese híbrido llamado Castilla-León está provocando la desmembración de Cantabria y La Rioja de Castilla, a la vez que une otras provincias a la región leonesa. Al sur de la-cordillera, las tierras castellanas de Guadalajara y Cuenca se unen a este otro híbrido llamado Castilla-La Mancha, mientras que las tierras castellanas de Madrid quedan igualmente desgajadas de Castilla.

Comunidad Castellana nació por la necesidad de dar a conocer la auténtica Castilla popular y democrática, lejos de la Idea de una Castilla imperial, y en un deseo de situar a Castilla en su justa medida, sin confundirla con la Corona de Castilla o los gobiernos absolutistas y centralistas de los cuales el pueblo castellano ha sido la primera víctima.

Dentro de su unidad histórico-cultural, sin embargo, el pueblo castellano se ha
caracterizado por su pluralismo, su falta de uniformidad plasmada en la autonomía de sus concejos populares y abiertos, en sus merindados y behetrías y en sus comunidades de villa y tierra.

Esta profunda diversidad y comarcalismo de la región castellana, por una parte, y la mezcla con otras regiones y pueblos impuesta por el actual proceso autonómico iniciado desde arriba, está llevando a la desmembración del pueblo castellano y sus tierras, que ponen en peligronincluso propia supervivencia.

No es válida esta distinción, tan arbitraria como la división provincial del pasado siglo, hasta cuyo momento la actual provincia de Madrid estaba compuesta por varias comunidades y gran parte de ella pertenecía, por otra parte, a la Comunidad de Segovia.

Es innegable la castellanía de Las Alcarrías y las Serranías de Guadalajara y Cuenca, como innegable es la castellanía de las tierras que hoy se agrupan en la actual provincia de Madrid.

Madrid es otra muestra de esa peculiaridad y diversidad, histórica y actual, de la realidad castellana. Con una característica muy peculiar, su capitalidad, que si bien debe ser asumida y reconocida, no debe ser el punto sobre el que gire toda la actividad y personalidad de esta villa Castellana. Sobre la Villa de Madrid se estableció el absolutismo y centralismo, destruyendo en gran parte la cultura y personalidad castellana del pueblo de Madrid. Los que en otros momentos hemos pedido a los otros pueblos de España que no confundieran a Castilla con Madrid, hemos de pedirles que no confundan al Estado y al Gobierno establecido en Madrid, con el pueblo que ha nacido o vive en esta Villa convertida en gran urbe. El madrileño también ha sufrido, más que gozado, el centralismo y el desarrollismo.

Proponemos, pues, una Castilla plural en la que se Integren la Montaña o Cantabria, Logroño o La Riola, las tierras de Burgos, Segovia, Avila, Soria Guadalajara y Cuenca. Y también Madrid.

Tarea difícil la de integrar las tierras castellanas superando la diversidad de las mismas, quizá tan difícil como lograr una verdadera autonomia y solidaridad entre todos los pueblos del Estado.

Madrid es, sin duda, en la actualidad lo más peculiar y diverso dentro de la realidad plural castellana, por el hecho de ser «capitalídad» del Estado y por su realidad socio-económica de gran urbe. Evidentemente, incorporada a Castilla -a Castilla, sin más- como corresponde por historia y geografía. Madrid deberá tener un estatuto peculiar que articule adecuadamente su función de capital, sin que ésta perjudique los intereses del pueblo de Madrid, ya que si la capital está en nuestra Villa, es, sin embargo, tarea de todos los
españoles.


Comunidad Castellana. Consejo de Madrid.


Torrelaguna, 9 de febrero de 1980.