LA SUPUESTA HEGEMONÍA DE CASTILLA Y EL OCULTAMIENTO HISTÓRICO DE LEÓN
La época del Imperio español de los Austrias es generalmente considerada como la de mayor hegemonía castellana. Se dice que la expansión de lo español por el mundo es una expansión castellana; que la monarquía imperial y el imperio español son una monarquía y un imperio castellanos; que Castilla fue el corazón y el centro de este imperio; que ella impuso su lengua, lengua imperial que los conquistadores castellanos llevaron a todos los continentes; que de Castilla proviene el absolutismo unitario y centralista; que Castilla soñó con señorear el mundo mediante una gran monarquía que concibió como.
Una grey y un pastor solo en el suelo,
un monarca, un imperio y una espada.
Todo esto constituye hoy un gigantesco lugar común aceptado como verdad indiscutible.
Un ejemplo muy concreto de tales ideas son las siguientes palabras de un texto que a la vista tenemos: "Castellanos fueron, con contadas excepciones, los soldados, los diplomáticos, los misioneros, los teólogos, los hombres de Estado... que llevaron por el mundo unos valores y una civilización con pretensiones universales, pero, de hecho castellana". Por otra parte, el mismo historiador, en la misma página, escribe dos veces los reinos castellanos -en plural- refiriéndose sin duda a los que integraron lo que él, y la mayoría de los autores, llaman corona de Castilla. Estamos pues, una vez más, ante la gran confusión que tiene su origen en llamar abreviadamente corona de Castilla a lo que era corona de Castilla y de León, y de Toledo, y de otros muchos reinos v países diferentes; en identificar a Castilla con el conjunto de entidades histórico-geográficas que ella nominalmente encabezaba; en confundir el todo con la primera de la larga lista de sus partes. Por otro lado, si es verdad que el nombre castellano, por un azar circunstancial, encabezaba este conjunto desde 1230, no lo es menos que antes, desde 1037, lo encabezó León, y no por casualidad, sino por la sólida razón de que León fue antes que Castilla y por ello núcleo histórico de la nación que todos estos estados, países y pueblos contribuyeron a formar. Todo este monumental embrollo quedaría en grandísima parte resuelto si en lugar de la corona de Castilla se dijera siempre corona de Castilla y de León, y aún mejor corona de León y de Castilla, o reinos de León y de Castilla, como acertadamente escribían en el siglo pasado muy conocidos autores (incluso la Real Academia de la Historia)(27).
Poco después, en las mismas páginas, el aludido autor afirma que la corona de Castilla estaba constituida por diversos reinos. Patente y manifiesta es la incoherencia nominal. Si la corona de Castilla estaba constituida por muchos reinos diferentes, cuya extensión territorial y número de pobladores eran muy superiores a los de la sola Castilla, claro está que la mayoría de los súbditos de la corona llamada castellana no eran propiamente castellanos, sino andaluces, extremeños, leoneses, toledanos, etc.; y que los famosos soldados, misioneros, diplomáticos, teólogos... castellanos, en su gran mayoría no eran castellanos.
En las guerras de Italia y Flandes los soldados procedían de todos los estados y países del imperio (italianos, borgoñones, alemanes, flamencos y españoles, éstos de todos los reinos de España, así es que los castellanos eran, por doble razón, manifiestamente minoritarios). El Gran Capitán por antonomasia era andaluz, el duque de Alba de Tormes ostentaba un título nobiliario leonés. En la batalla de Pavía, eran muchos los lansquenetes alemanes del ejército imperial, el centro de este ejército lo mandaba un francés, el condestable de Borbón; los otros principales jefes eran: el marqués de Pescara, napolitano; el marqués de Vasto, también napolitano; y el navarro Antonio de Leiva. Los tres soldados españoles que hicieron prisionero al rey de Francia eran un vasco, un gallego y un andaluz. En la batalla de San Quintín fue principal instrumento de la victoria la caballería flamenca que mandaba el conde de Egmont (cuando intervino el jefe Filiberto de Saboya, italiano, la batalla ya estaba prácticamente decidida). Don Juan de Austria, el gran jefe vencedor de Lepanto, era hijo natural del emperador Carlos V y de una señora alemana; y el famoso almirante don Álvaro de Bazán, que tan importante actuación tuvo en este y otros combates navales, era andaluz.
El unitarismo y el centralismo español, que los naturales de los países de la antigua corona catalano-aragonesa identifican con Castilla, no es de origen castellano. La monarquía absolutista y el Imperio español poco, salvo la lengua, tienen de castellano. Y esta lengua -espontáneamente hablada en Castilla, el País Vasco, Navarra y el Bajo Aragón- no fue impuesta por Castilla, sino por unos reyes de las coronas unidas que poco tenían de castellanos. Castilla, contra lo que generalmente se dice no forjó el Estado español, ni hizo a España; contribuyó a hacerla, junto con los demás españoles, y no precisamente en sus estructuras políticas y sociales. Hemos visto en capítulos anteriores cómo, después de la unión de las coronas de León y de Castilla, la herencia social y política de la vieja Castilla (oposición al Fuero Juzgo; juicios de albedrío; comunidades igualitarias; concejos de elección popular; propiedad colectiva de los bosques, pastos, aguas, molinos...; comunidades de ciudad y tierra integradas por municipios con concejos autónomos, milicias concejiles con enseña propia y capitanes nombrados por el concejo; funciones limitadas del rey y de sus representantes en los concejos...) desaparece en lento proceso de aniquilamiento. Y sabemos que a .partir de la unión de las coronas la evolución del nuevo Estado hacia formas más modernas se hace de acuerdo con la herencia de la monarquía leonesa (Fuero Juzgo actualizado con las Leyes Leonesas o Fuero de León de 1020, municipio leonés, Cortes leonesas de 1188 ...). Las grandes creaciones de la corona de León y de Castilla, que territorialmente se expande por la España meridional hasta la conquista de Granada, desde el Fuero Real y las Partidas son de estirpe leonesa, y constituyen las bases jurídicas de un nuevo Estado y una nueva sociedad en formación. En ellas están los principales orígenes medioevales del Estado español que llega al siglo XX. Todo esto queda expuesto esquemáticamente -el proceso real no es tan sencillo- en páginas anteriores.
Un lugar común que constantemente se asocia al de la Castilla imperial es el de la alta nobleza y la aristocracia castellana. A los Grandes de España y a los Títulos de la monarquía española se les menciona frecuentemente como la gran nobleza y aristocracia de Castilla. Sabido es que una de las características de la vieja Castilla, dentro del conjunto de los reinos peninsulares, era la ausencia de una poderosa nobleza, que en realidad no comienza a surgir hasta después de la unión de las coronas y nunca llegó a ser tan poderosa como en otras partes de España. Repetidamente hemos podido comprobar que los más ricos y poderosos señoríos de la monarquía imperial tenían su asiento en tierras de Extremadura, Andalucía y Murcia, y que los más antiguos linajes tuvieron sus orígenes en los países de la corona de León.
Sabemos que los mejores cartógrafos de aquella época eran en gran parte mallorquines; y hemos visto que los protagonistas de la gran hazaña del descubrimiento de América fueron principalmente navegantes andaluces. Repasando rápidamente los nombres y el lugar de origen de los personajes más famosos de la exploración y la conquista de las Indias Occidentales y el Océano Pacífico anotamos la siguiente lista: Cristóbal Colón, Martín Alonso Pinzón (andaluz), Francisco Martín Pinzón (andaluz); Vicente Yáñez Pinzón (andaluz), Álvar Núñez Cabeza de Vaca (andaluz), Vasco Núñez de Balboa (andaluz), Juan Ponce de León (leonés), Francisco Hernández de Córdoba (andaluz), Hernán Cortés (extremeño), Juan de Grijalva (castellano), Juan de Garay (vasco), Alonso de Ojeda (castellano), Pedro de Mendoza (andaluz), Juan Sebastián Elcano (vasco), Hernando Magallanes (portugués), Hernando de Soto (extremeño), Francisco Pizarro (extremeño), Diego de Almagro (extremeño), Francisco de Orellana (extremeño), Diego de Ordás (leonés), Gonzalo Jiménez de Quesada (andaluz), Francisco Vázquez de Coronado (leonés), Gonzalo Pizarro (extremeño), Hernando Pizarro (extremeño), Miguel López de Legazpi (vasco), Andrés de Urdaneta (vasco), Juan de la Cosa (castellano) Américo Vespucio (Amérigo Vespucci, italiano), Pedro Alonso Niño (andaluz).
Difícil es encontrar datos numéricos o estadísticas sobre la procedencia regional de la inmigración española en América en el siglo XVI; y cuando se hallan no dan con precisión los límites que atribuyen a cada región, por lo que no es posible averiguar con ellos cuántos de esos inmigrantes procedían del País Leonés, cuántos de Castilla, cuántos del reino de Toledo y cuántos de otros reinos o países de España. Quien dejándose guiar por el tópico literario creyera que la mayoría eran castellanos se alejaría mucho -muchísimo- de la nuda realidad.
En un interesantísimo trabajo de Guillermo Céspedes sobre la emigración española a América en el siglo xvi (25) encontramos los siguientes datos correspondientes al lapso 1509-1534 y a cada una de las actuales provincias españolas. Este autor nos ha sido más útil en media página, con un mapa y cuarenta y ocho números, que volúmenes enteros de disquisiciones patrióticas, literarias y sociológicas pseudocientíficas sobre la gigantesca obra llevada a cabo por los "castellanos" en el Nuevo Mundo.
Estos datos incluyen hombres y mujeres. Los varones fueron grandísima mayoría, sobre todo en los primeros anos. Un diez por ciento de las licencias de embarque se otorgaron a mujeres, la tercera parte de las cuales eran casadas que iban a reunirse con sus maridos. Después la distribución de la población entre hombres y mujeres se equilibró mucho por el nacimiento en América de hijas de familia y la llegada de las que habían quedado en España. La inmigración clandestina no fue entonces muy grande.
CUADRO
GALICIA
La Coruña 50 Lugo 35 Orense 27 Pontevedra 27
Total 139 1,8%
ASTURIAS Total 181 2,3%
REINO DE LEÓN
León 103 Zamora 166 Salamanca 652 Valladolid 424
Palencia 156
Total 1682 21,5%
CASTILLA
Santander. 103 Burgos 316 La Rioja 71 Soria 78 Segovia 153
Ávila 175 Madrid 192 Guadalajara 91 Cuenca 45
Total 1224 15,7%
PAÍS VASCO
Vizcaya 72 Guipúzcoa 85 Álava 59
Total 216 2,7%
REINO DE TOLEDO
Toledo 425 Ciudad Real 127 Albacete 45
Total 583 7,5%
EXTREMADURA
Cáceres 499 Badajoz 890
Total 1389 17,8%
MURCIA
Total 17 0,2%
ANDALUCÍA
Huelva 223 Sevilla 1365 Cádiz 146 Córdoba 231 Jaén 151 Málaga 45
Granada 78 Almería 6
Total 2245 28.7%
NAVARRA
Total 23 0.3%
ARAGÓN
Huesca 2 Zaragoza 34 Teruel 10
Total 46 0,6%
CATALUÑA
Gerona 15 Lérida 1 Barcelona 17 Tarragona 5
Total 38 0,5%
PAÍS VALENCIANO
Castellón 2 Valencia 20 Alicante 4
Total 26 0,3%
ISLAS BALEARES
Total 0,1%
ESPAÑA:
Total: 7820 100,0%
De los datos aquí recogidos, bastante significativos porque abarcan cerca de ocho mil individuos podemos decir que:
a) Los inmigrantes procedentes de los países de la corona de León y Castilla fueron abrumadora mayoría.
b) La emigración a América de los países de la corona catalano-aragonesa fue insignificante.
c) Los leoneses fueron más que los castellanos.
d) La inmigración castellana en el Nuevo Mundo fue proporcionalmente pequeña.
e) La región que aportó mayor contingente fue Andalucía (casi la cuarta parte). Andalucía juntamente con Extremadura enviaron casi tanta gente como todo el resto de España.
K) La sola provincia leonesa de Salamanca envió a América más colonizadores que las castellanas de Santander, Logroño, Soria, Segovia, Ávila, Guadalajara y Cuenca juntas.
Claro está que eso de "castellanos fueron, con contadas excepciones, los soldados, misioneros... que llevaron por el mundo unos valores y una civilización con pretensiones universales", tiene mucho más de fantasía literaria -o de deformación política - que de realidad histórica.
Conviene anotar que en esta clase de estudios suele no tenerse en cuenta la participación de Portugal.
Los conquistadores castellanos llevaron a América la lengua de Castilla, se dice. La verdad es que siendo, entre los conquistadores de América, pocos, relativamente, los castellanos, la lengua de Castilla la llevaron principalmente andaluces, extremeños y leoneses. Ni en la misma España el desarrollo en perfección de la lengua castellana era ya obra de los castellanos. La primera Gramática Castellana la escribió el sevillano Nebrija. De los más famosos escritores en lengua castellana de la Edad de Oro no eran castellanos: Garcilaso de la Vega (toledano). Ercilla (sevillano), Gil Vicente (su idioma familiar era el portugués), Lope de Rueda (sevillano), el cronista de Indias López de Gómara (sevillano), Mariana (toledano), Arias Montano (extremeño), el cronista de Indias Bernal Díaz del Castillo (de la Tierra de Campos), Luis de Granada (andaluz), Ruiz de Alarcón (mejicano), Góngora (andaluz), Juana Inés de la Cruz (mejicana), los hermanos Argensola (aragoneses), Juan Luis Vives (valenciano), Gracián (aragonés), Francisco Suárez (andaluz)...
La época de Gonzalo de Berceo, el Poema de Fernán González, el Cantar de Alio Cid y el arcipreste de Hita, cuando la literatura en lengua castellana se escribía en Castilla, hacía mucho tiempo que había pasado. A la vez que el castellano se extendía por tierras leonesas y toledanas, en la Tierra de Campos y en Toledo aparecían los nuevos focos literarios; después brotaron ricos manantiales en Andalucía, y en el Nuevo Mundo de habla castellana.
Como los errores se suelen suceder en cadena, se admite también, como verdad evidente, que los conquistadores llevaron también a América las leyes, las instituciones y las costumbres de Castilla. Nada más falso. En el siglo XVI apenas quedaban en algunos lugares de España restos vivos de las leyes, las instituciones y las costumbres en verdad castellanas: el rechazo del Fuero Juzgo, los concejos y los jueces de elección popular, la sociedad igualitaria que se refleja en el Fuero de Sepúlveda, los poderes limitados del rey y de sus representantes en las merindades de la Castilla cantábrica y las comunidades de ciudad y tierra de la Castilla celtibérica. Mal podrían llevarlos a tierras americanas los castellanos que hacía mucho tiempo las habían perdido en la suya.
Las leyes y las instituciones que los conquistadores andaluces, extremeños y leoneses pudieron llevar a América eran las entonces vigentes en los países de la corona de León y Castilla (mucho más modernas y más acordes con la monarquía imperial que las viejas castellanas): las que, con raíces en el Fuero Juzgo romano-visigodo del reino de León, estableció Alfonso el Sabio por medio del Fuero Real y las Partidas y fueron después continuadas en favor del absolutismo real por los monarcas de las casas de Trastámara y de Austria.
Y aquí, otra vez, el doble juego: atribución a Castilla de una obra que, en general, le es ajena; y ocultación del gran legado histórico de la corona leonesa.
En 1572 Luis Vaz de Camoens publicó en Lisboa Os Lusíadus, epopeya que canta las hazañas de los portugueses que llegaron por primera vez a las Indias Orientales. Es en gran parte un relato del viaje de Vasco de Gama, quien, doblando el cabo de Buena Esperanza, llegó a Calicut en 1498. Os Lusíadas es la obra cumbre de la literatura portuguesa y una de las rnás importantes de la literatura universal. Camoens, como Gil Vicente y como otros portugueses de la Edad de Oro de la literatura española, fue un autor bilingüe que también escribió poemas en castellanos.
A pesar de la amplia expansión del castellano como lengua oficial por la mayor parte de la Península, de la concentración del poder en el trono de un solo monarca, de la burocratización centralista y de las tendencias unificadoras del gobierno central, los españoles, además de tales, seguían siendo catalanes, vascos, leoneses, castellanos, andaluces... No sólo en la múltiple titulación de los reyes, también en la conciencia de los súbditos pervivían las diversas Españas de origen medioeval y raíces aún más profundas.
Esto se manifiesta espontáneamente y con toda claridad en la conquista y la colonización americanas. Cuando algún notable conquistador (o un grupo de ellos en que generalmente predominan los de alguna región de España) hace escala en un lugar hasta entonces desconocido o funda un nuevo centro de población, se acuerda de su patria regional o local y le pone su nombre. Surgen así por toda la vasta superficie del Nuevo Mundo los nombres de las regiones históricas y las viejas ciudades-de España, principalmente andaluzas, extremeñas y leonesas.
Nueva España fue el nombre que se dio a Méjico y dentro de ella estaban: Nuevo León (actual estado del mismo nombre), Nueva Galicia (hoy estados de Jalisco y Aguascal¡entes), Nueva Vizcaya (estados de Chihuahua y Durango). Nueva Andalucía se llamó a lo que hoy es Venezuela; Nueva Granada, a Colombia; Nueva Castilla, a Ecuador; Nuevo Toledo, a Perú; Nueva Extremadura, a Chile. También llamaron los conquistadores Nueva Castilla a la Isla de Luzón, en Filipinas.
Muchos son los lugares de las Indias Occidentales y del Pacífico a los que los conquistadores pusieron nombres andaluces, extremeños y leoneses.
En Méjico (nuestra segunda patria, donde escribimos estas páginas) las huellas que dejaron los colonizadores del antiguo reino de León son muy notables. Un estado de la federación (Estados Unidos Mejicanos, es el nombre oficial de la república) se llama Nuevo León (como llamaron los conquistadores al territorio que hoy ocupa); una ciudad, León (en el estado de Guanajuato); otra Zamora (estado de Michoacán); otra Salamanca (estado de Guanajuato), y dos se llamaban Valladolid (una en el estado de Yucatán, que conserva su nombre, y otra en el estado de Michoacán, que hoy se llama Morelia).
En resumen: toda la literatura sobre la hegemonía imperial de Castilla es pura fantasía o pereza mental de quienes repiten a troche y moche falsos tópicos sin molestarse en averiguar qué puede haber de cierto en ellos.
La mentira, dice Caro Baroja, es el protagonista principal de la historia al que no se quiere reconocer su superioridad sobre todos los demás (26). En el caso de la llamada "hegemonía imperial de Castilla" en el pasado histórico de España, estas palabras de don Julio nos parecen muy ajustadas a la realidad.
NOTAS
25) Guillermo Céspedes, en la Historia Social y Económica de España y América. T. 111. p. 395.
26) Julio Caro Baroja: El mito del carácter nacional. Madrid, 1970. p. 46.
27) Joseph Pérez: Historia de España 16. T. 6.
(Anselmo Carretero Jiménez. Castilla, orígenes, auge y ocaso de una nacionalidad. Ed. Porrua, México 1996. Pp 585-592)
lunes, noviembre 13, 2006
CULTURA E HISTORIA 1 ( LA supuesta hegemonía de CAstilla, A. Carretero; Castilla, orígenes...)
CULTURA E HISTORIA0 (Geografía del poblamiento prerromano, A. Carretero, Castilla, orígenes ...)
GEOGRAFÍA DEL POBLAMIENTO PRERROMANO
Al comenzar los romanos la conquista de la Península Ibérica, ésta se hallaba habitado por multitud de pueblos entre los que existían grandes diferencias étnicas, sociales y culturales; diversidad debida en primer lugar a la variedad de las primitivas tribus y estirpes peninsulares, a las que se superpusieron las invasiones indoeuropeas y las oleadas célticas y después a las relaciones que se establecieron entre los pobladores del Sur y Este del país y los griegos, fenicios y cartagineses a través del Mar Mediterráneo.
Cualesquiera que sean los orígenes de los primitivos pobladores de la Península, los dennos estudiosos del tema coinciden en que "en España coexisten, desde muy antiguo tipos, humanos venidos de Europa y del Este tras largas marchas y otros propios Norte de África y del Occidente" (14).
Hace unos tres mil años ocurrieron las invasiones indoeuropeas que penetraron por Pirineos y en muchas partes se superpusieron a las poblaciones existentes (15). Los celtas, procedentes de Europa, entraron en España en oleadas sucesivas principalmente en el siglo VIII a. C. Ellos trajeron su lengua, el cultivo cerealista de secano, una ganadería bastante desarrollada y extendieron el uso del hierro. Los que se establecieron en .la parte oriental de la meseta fueron muy influidos por la cultura de los iberos.
Los celtas se fundieron a la larga más o menos completamente con los vencidos en sus invasiones y se mezclaron con los pueblos de estirpe ibérica como lo denota el nombre de cetíberos.
La prosperidad de los celtas durante su apogeo en España la indica el florecimiento de los distintos grupos regionales de su cultura: los castros de Portugal y Galicia con sus grupos relacionados en León, Extremadura, Asturias, el grupo arévaco del Alto Duero y los grupos celtibéricos del Jalón con su cultura que se extiende por el territorio de los pelendones de Numancia y la alta montaña soriana. Donde los celtas, al parecer arraigaron fuertemente fue en la meseta leonesa del Duero donde muy probablemente influyeron mucho en la población. El cultivo del trigo -una de las características de los celtas históricos- en esta meseta se atribuye a ellos, pues posiblemente la población indígena anterior fue predominantemente pastoril. Este pastoreo continuó en las zonas montañosas (16). El grupo celta que ocupó ampliamente la meseta leonessa fue el de los vacceos. Los vacceos extremos o arévacos -dice Bosch-Gimpera- remontaron la cuenca alta del Duero hacia Numancia (17).
Quien se acerca a los estudios históricos de épocas tan remotas como las de los asentamientos de los celtas en la Península ibérica, se da cuenta en seguida de algo que hace ya muchos años leímos en el prólogo de Julio Caro Baroja a la primera edición de Los pueblos de España. "Deseamos ver con claridad, con simplicidad, diáfanamente. Pero los hechos nos obligan a mirar obscuridades, cosas turbias y embrolladas sin principio ni fin. La síntesis suprema cada vez está más lejana y los análisis cada día son más complejos y sujetos a accidentes" (18). Pero de acuerdo con este investigador es un deber científico aceptar las obligaciones morales que estos estudios imponen.
En opinión de Blas Taracena -que en esto concuerda con Estrabón- la Celtiberia por razones genéticas y de civilización, se nos presenta como un territorio poco mayor de 20,000 Km2 divididos en los grupos tribales de arévacos, pelendones, belos, titos, lusones y celtíberos específicamente dichos procedentes de las inmigraciones célticas en la Península, llegados los primeros antes del: siglo vi a. de C. y los restantes, ya esta centuria. Los invasores celtas dominaron a los más viejos iberos con quienes mezclaron para formar un nuevo pueblo mestizo que forjó su cultura bajo la gran influencia de la civilización ibera (19),
La Celtiberia suele dividirse en ulterior y citerior. Aquella, solar de los arevacos ypelendones, comprendía en líneas generales la actual provincia de Soria. La zona norte con altas sierras de cumbres nevadas, bosques de pinos, robles y encinas en su suelo serrano y buenos pastos en la zona desprovista de arbolado; la zona central con fértiles tierras de labranza entre ásperos serrijones; y la zona meridional con páramos, a un nivel sobre el mar superior a los 1,100 m., que se extienden hasta el parteaguas de la cuenca del Tajo. Hoy son pobres tierras agrícolas y ganaderas; pero en siglos pasados antes de las despiadadas talas que precedieron a la producción cerealista, debió de prevalecer en ellas el pastoreo de ricos rebaños.
Los antiguos geógrafos e historiadores ya describen la dureza del territorio y el clima inhóspito de la Celtiberia ulterior. Los bosques eran al parecer más tupidos y mayor y más regular el caudal del Duero. Marcial describe el Moncayo ricamente rodeado de encanares; y Apiano dice que Numancia estaba rodeada de espesos bosques en lo que hoy son sierras peladas.
La Celtiberia citerior, aunque en parte también asiento de páramos , es menos pobre. La zona occidental, habitada por los titos y los belos, es en general plana, carece de arbolada y está cruzada por el angosto valle del Jalón. Este se ensancha desde Ateca en amplia y fértil vega propicia para el cultivo de hortaliza . el fue solar de los lusones excepto en sus partes montuosas, es también feraz y muy adecuada para gran va] de cultivos.
Existe, pues, una gran diferencia entre la Celtiberia ulterior y la citerior en cuanto a cursos que una y otra ofrecen para la vida de sus moradores.
La fertilidad de la Celtiberia citerior fue cantada por su hijo, el poeta bilbilitano Marcial, que describe el Moncayo como monte poblado de buenos bosques. También elogia el hierro de su país.
La riqueza agrícola y la entonces próspera metalurgia hicieron al parecer posible acumular en la región la riqueza de plata que de ella sacaron los romanos.
Muchas son las anécdotas sobra el carácter de los celtíberos que nos han dejado los historadores clásicos. El valor hispánico de los celtíberos asentado sobre su orgullo se manifiesta en la altivez. Apiano cuenta que los celtíberos derrotados preferían morir en a antes que entregar sus armas; conducta que Livio atribuye también a los cántabros djel Alto Ebro, mejor dispuestos a perder la vida que a entregar sin lucha el arma. Conducta fundamentada tanto en el valor ante el peligro como en la firmeza para enfrentar el sufrimiento. Las noticias sobre la manera de disponerse a morir de los primitivos cántabros concuerdan con la actitud de los celtíberos que se arrojaban de cabeza los despeñaderos para no poder delatar a sus compatriotas; y con el veneno que unos y otros -cántabros y celtíberos- llevaban para evitar la esclavitud con la muerte o para inmolarse sobre la sepultura de la persona a quien había jurado eterna fidelidad. Plinio califica estos rasgos psicológicos como vehemencia cordis de las gentes de España.
Posidonio dice que los celtíberos "son crueles con los malhechores y los enemigos y buenos y humanos con los huéspedes. Todos disputan por dar hospitalidad a los forasteros". Dos cualidades morales destacan en esta caracterización de los celtíberos: el agradecimiento y la fidelidad. Fidelidad no sólo personal (la devotio celtibérica) sino también a los pactos y a la palabra empeñada, producto de la propia estimación y base el orgullo de que tantas pruebas se encuentran en las guerras numantinas. Todos estos rasgos caracterizadores se manifiestan en el amor de los celtíberos a la independencia que les lleva repetidamente a sacrificar vidas y ciudades antes que someterse al dominio extranjero.
Procurando retener con el interés que indudablemente tiene cuanto de verdad pueda haber en todos estos elogios a nuestros remotos antecesores en la morada peninsular y rindiéndoles el homenaje de admiración que su conducta merece, preciso es mantener a la vez la serena objetividad del estudioso que Caro Baroja siempre reclama: "Al estudiar la historia antigua de Europa occidental se nota la falta de libros que traten de ella dentro de un amplio terreno de especulación desinteresada. Un sinfín de prejuicios empobrecen la visión ofrecida: prejuicios de todas clases y fundamentalmente locales. La antipatía o simpatía que por razón de nacimiento se tiene a esto o aquello, se proyecta al pasaado. Con constancia buscamos los rasgos de que nos enorgullecemos en nuestros ascendientes posibles o supuestos. Y una técnica comparativa pobre, unida a razonamientos psicológicos también pobres, pretenden suplir la observación atenta e imparcial" (18)
En el norte de la Península, desde Finisterre hasta los Pirineos centrales, habitaban los galaicos, los satures, los cántabros y los vascones. Entre los cántabros, que ocupaban las montañas de Santander y el norte de Burgos y los vascones del norte de Navarra y Aragón, se hallaban los bárdulos, caristios y autrigones en el territorio de las actuales provincias de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava (20).
Antes del dominio romano moraban en lo que después sería Castilla diversos pueblos cántabros (muy relacionados al oriente con las tribus vascas) en el norte y celtíberos al sur de la Cordillera cantábrica. Al occidente de los celtíberos estaban los vacceos de la llanura leonesa que ocupaban gran parte de las actuales provincias de Valladolid, Palencia y partes menores de las de León y Zamora, dedicados principalmente al cultivo de cereales y famosos por su colectivismo agrario, al que Caro Baroja pone grandes limitaciones (21). En el territorio oriental de las provincias de Zamora y Salamanca se hallaban los vetones que, como los celtíberos, se dedicaban fundamentalmente a la ganadería, especialmente al pastoreo de ganado menor, ovejas y cabras.
La celtización en las tierras del Alto Duero, al oriente del Pisuerga medio, esto es en Castilla, es de carácter distinta de la leonesa. Aquellas después de algún tiempo son fuertemente influidas por el iberismo; allí la celtización encontró un elemento indígena más resistente a su influencia y además se debió a pueblos célticos (los pelendones) distintos de los que celtizaron definitivamente la Tierra de Campos (los vacceos). Por ello el elemento indígena precéltico persistió más visible en los celtíberos, vistos siempre como un pueblo mixto, a lo que debe su nombre. La diferencia entre lo que después serán Castilla y León comienza a notarse entonces. Los arévacos, extensión de los vacceos, avanzaron por el Alto Duero en tiempos ya tardíos de la dominación céltica, pero la romanización al atribuir el territorio numantino a los pelendones, favoreció la consolidación en el país de la mezcla celtibérica, que conservaba mejor el carácter indígena en los pelendones que en los arévacos (Bosch-Gimpera).
En el siglo I antes de Cristo, cuando los romanos completan la romanización de Hispania, los principales pueblos que al oriente de los astures ocupaban la costa cantábrica y los Pirineos navarros y aragoneses eran -de occidente a oriente- los cántabros, autrigones, caristios, bárdulos y vascones. Al sur de estas tribus se hallaban los turmódigos (o turmogos), en tierras burgalesas, y los berones, en la Rioja.
Al norte de los vascones estaban los aquitanos, en Francia; y al oriente, en la Cataluña actual, los descendientes de diversos viejos pueblos precélticos, ibéricos y preibéricos (22).
La mayoría de las nacionalidades o regiones históricas de España no tienen un substrato étnico prerromano homogéneo, sino formado por varios pueblos. Así, los primitivos habitantes de Castilla eran predominantemente cántabros en las montañas norteñas y celtíberos de diversos grupos en la Rioja y las altas cuencas del Duero, el Tajo y el Júcar. En Navarra y en Aragón dominaban los vascones en las zonas pirenaicas, y los celtíberos en el valle del Ebro. Portugal estaba poblado principalmente por galaicos y lusitanos. En Cataluña los historiadores registran la presencia de muchos pueblos prerromanos: ceretanos, indigetas, ausetanos, layetanos... Cosa análoga ocurre en Andalucía y en la zona levantina. El País Vasco estaba ocupado por tres pueblos eusquéricos: los bárdulos, los caristios y los autrigones.
No es pues posible restringir la significación regional del gentilicio leonés al ámbito geográfico de los astures que poblaban, además de Asturias, tierras de las actuales provincias de León y Zamora, prescindiendo del resto del antiguo reino de León, porque tan leonesa- en la cabal significación del nombre- es la parte de esta región que en tiempos prerromanos ocuparon los satures, como aquella que fue solar de bacheos y vetones.
Error análogo sería reducir la significación geográfica del nombre de Castilla al territorio de los primitivos cántabros auténticos creadores de la vieja Castilla-, ignorando la no menos castellana condición de las tierras celtibéricas de las altas cuencas del Duero, el Tajo y el Júcar. O limitar el territorio aragonés al solo Pirineo de Huesca, eliminando de él las provincias de Zaragoza y Teruel, es decir la mayor parte de Aragón.
El poblamiento antiguo tiene en la historia de la nación española una importancia fundamental. A diferencia de otros países (Norteamérica, Argentina, Australia...) donde los pueblos primitivos fueron eliminados o relegados en insignificantes lugares, la influencia de los substratos indígenas prerromanos llega a nuestros días en la Península Ibérica con plena vitalidad.
Es manifiesta hoy en el País Vasco la herencia de graves errores políticos en torno a la cuestión nacional y viva está en él la voluntad de un pueblo de orígenes preindoeuropeos de mantener su lengua y su cultura en una de las zonas más industrializadas de España. La permanencia de Andalucía como pueblo de viejísima y singular cultura a través de la historia ha sido comentada por autores de diversa significación (23)(24). El nacimiento de Castilla en la Montaña santanderina -hace más de mil años- como germen de una nueva nacionalidad con características sociales y culturales propias, es un hecho vasco-cántabro de raíces muy remotas que cambió el rumbo histórico del conjunto peninsular y creó, entre otras cosas, una de las lenguas más importantes del mundo. Bosch-Gimpera, en uno de sus más conocidos libros, ha estudiado ampliamente la permanencia del substrato indígena prerromano en el curso de la historia y su permanente influencia en la formación de los actuales pueblos de España (25).
Pero, con toda su enorme transcendencia, el poblamiento antiguo no es causa única de la configuración geográfica de las actuales nacionalidades o regiones históricas de España, cada una de las cuales debe su singular identidad a múltiples factores y circunstancias actuantes durante los siglos críticos de la Reconquista medioeval. Por otra parte -insistimos- cada una de las diversas entidades históricas que han formado la nación española no hunde en general sus raíces en un solo substrato prerromano. El País Leonés las tiene fundamentalmente en los antiguos astures, vacceos y vetones. Castilla, en los Cántabros, los vascos y los celtíberos.
Con la romanización el proceso de mezcla de poblaciones y desnaturalización de los pueblos más romanizados se acentuó. Las clases superiores constituyeron el grupo verdaderamente romanizado y una superestructura del país; pero debajo quedaban vastas zonas sin cambio en el substrato étnico español. Es un hecho que gran parte de la población de la Península permaneció intacta y así llegó a la Edad Media (26), y no obstante cuantos esfuerzos hizo Roma por unificar el país, éste continuó siendo un gran complejo de territorios y pobladores.
NOTAS
14 Julio Caro Baroja: Los pueblos de España. Madrid, 1975. p. 21.
15 Antonio Tovar: El euskera y sus parientes. Madrid, 1959. pp. 8,
16 Pedro Bosch-Gimpera: El poblamiento antiguo y la formación de los pueblos de España. México, D.F. 1944. pp. 134-7.
17 Ídem, ibídem: pp. 130, 137.
18 J. Caro Baroja: Los pueblos de España. Barcelona, 1946. Prólogo.
19 Blas Taracena: Los pueblos celtibéricos (en la Historia de España dirigida por R. M. P.). Volumen 111. Madrid, 1954. p. 216
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20 Claudio Sánchez Albornoz: Vascos y navarros en sus primeros tiempos. Madrid, 1974. Mapa.
21 1. Caro Baroja: Los pueblos de España. Tomo 1. p. 171.
22 P. Bosch-Gimpera: El poblamiento antiguo... Mapa Vlll. La España primitiva.
23 J. Ortega y Gasset: Teoría de Andalucía. Obras Completas. T. VI.
24 P. Bosch-Gimpera: Tradición y Cultura. Revista Mexicana de Cultura. México, D.F. 5-111-1972. 25 Ídem: El poblamiento antiguo... p. XXVIII.
26 Ídem, ibídem: pp. 263-4, 266.
(Anselmo Carretero Jiménez. Castilla, orígenes, auge y ocaso de una nacionalidad. Ed. Porrua, México 1996. Pp 19-23)
miércoles, noviembre 08, 2006
Para una historia del regionalismo manchego:la bandera y el himno de la Mancha (Francisco Fuster Ruiz)
PARA UNA HISTORIA DEL REGIONALISMO MANCHEGO: LA BANDERA Y EL HIMNO DE LA MANCHA
Por Francisco FUSTER RUIZ (de la Revista Al-Basit)
En la Mancha (considerando incluidas en esta región a las cuatro provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo) ha existido históricamente un movimiento regionalista de cierta importancia. Esta es la conclusión provisional que puede sacarse de una investigación histórica sobre el regionalismo, que el autor de este trabajo empezó aproximadamente hace un año y que aún no ha concluido. Corno la fase de redacción de dicho estudio aún está lejana, hemos considerado necesario adelantar la publicación de algunos de los descubrimientos. Y entre ellos, ninguno más popularmente interesante que el de los símbolos regionales: la bandera y el himno de la Mancha.
Estudiemos pormenorizadamente los avatares históricos por los que ha ido pasando la bandera manchega, para lo cual tenemos que dar también un repaso a la actuación de una sociedad madrileña, el Centro Regional Manchego, que desde 1906 se constituyó en el verdadero adalid de nuestro regionalismo.
Según Daniel Bascuñana Charfolé, uno de sus primitivos fundadores, la idea primordial de la creación del Centro Regional Manchego fue que constituyera "una especie de Cámara Regional y tuviera viso de Consulado de la Mancha en Madríd", como un órgano de gestión colectivo de las aspiraciones y necesidades de las provincias y localidades manchegas frente a la Administración Central. (1)
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(1) BASCUÑANA CHARFOLE, Daniel: ¿Qué fue de aquella bandera? (Vida Manchega, Ciudad Real, 26 junio 1913).
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En este sentido, en el artículo 1° de su Reglamento, el Centro se autocalificaba como "la más genuina representación regional" y entre sus aspiraciones estaba la de fomentar la conciencia regionalista de la Mancha, estrechando "los lazos de solidaridad entre las cuatro provincias de Albacete, Ciudad Real , Cuenca y Toledo". (2)
Para intentar esa aspiración suprema de que el Centro Regional Manchego fuera un verdadero órgano de gestión colectivo de los problemas manchegos frente a la Administración Pública, se inició una campaña propagandística por todo el territorio, a fin de conseguir la formación de diversas Juntas Locales en las poblaciones más importantes de la región. El Centro se encargaría de atender y gestionar las peticiones y reclamaciones que formulasen estas Comisiones o Juntas locales, en defensa de los intereses morales y materiales de la Mancha.
El 22 de agosto de 1906, primer año de la existencia del Centro Regional Manchego, la directiva del mismo aprobó una circular con instrucciones para la formación de las Juntas locales ya mencionadas. Entre esta fecha y el 10 de septiembre del mismo año (en que fue publicada una información en el periódico La Voz de la Mancha) se exhibió por vez primera la bandera regional, en un mítin propagandista celebrado en Daimiel por el Centro Regional Manchego.
La bandera, según parece, había sido creada y confeccionada en Daimiel, por un grupo de simpatizantes regionalistas de aquella ciudad. A la terminación del acto, multitudinario según las informaciones que se conservan, en el que se vió manifiestamente "el criterio favorable y entusiástico del pueblo hacia la redentora obra de levantar el espíritu regional", se "impuso a la bandera una preciosa corbata, regalada por el Centro Manchego, solemnizando este momento los acordes del himno nacional". (3)
La idea de los organizadores del acto regionalista es que la bandera exhibida en Daimiel constituyera desde entonces el símbolo representativo de la región manchega. Sin embargo los creadores de la idea tuvieron
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(2) REGLAMENTO del Centro Regional Manchego, aprobado por el Excmo. Sr. Gobernador civil de esta provincia en 14 Marzo 1906. Madrid, Imprenta Emilio González, 1906, págs. 3-4.
(3) MAJAN PINILLA, A.: ¿Qué fue de aquella bandera? (Vida Manchega, 31 julio 1913).
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un fallo. Si hubieran regalado la bandera al Centro Regional Manchego, éste la habría desplegado desde entonces en sus mítines regionalistas por todas las poblaciones de la Mancha, y la enseña hubiera acabado por gozar del fervor popular, multiplicándose copias de la misma por toda la región. Sin embargo a nadie del Centro se le ocurrió realizar otro y el único ejemplar existente se quedó en Daimiel, donde al cabo de los años fue casi totalmente olvidado.
El tema surgió de nuevo entre junio y julio de 1913, en el semanario de Ciudad Real Vida Manchega, donde Bascuñana Charfolé suscitó una campaña, preguntando públicamente a los regionalistas de Daimiel "¿Qué fue de aquella bandera?"
En esos pocos años que mediaban entre 1906 y 1913, decía, "la apatía manchega, la abulia de las llanuras, la execrable pasividad regional", había hecho olvidar a los manchegos la existencia de su enseña regional. "Y yo insisto - ¿no he de insistir? - en saber qué fue de aquella bandera, y qué inspiró a la culta Ciudad para que mereciera tremolarse; y qué ha ocurrido después que justifique el arrinconamiento, acaso el destrozo, para usos domésticos, de aquellos simbólicos percales." (4)
Los siguientes párrafos de Bascuñana Charfolé son un cántico desesperado hacia el resurgimiento del regionalismo manchego, simbolizado en su olvidada bandera:
"Y por si acaso aquella bandera ya no existiera, yo pregunto a mis conterráneos: ¿Interesa el tema de la bandera a los regionales de la Mancha? ¿Quieren sólo imitar los manchegos a otras regiones españolas que tienen bandera y la adoran. . ., y ti la enaltecen? ¿Sí? Pues vengan plumas animosas a la palestra; vengan ímpetus patriotas contra el Centralismo que malversó nuestro riquísimo imperio colonial, que puso sordina a los gritos del tesoro nacional, que tiene comprometido nuestro crédito mundial y acaso nuestra nacionalidad para fecha más o menos remota. . ."
"Bajo nuestra bandera cabe el Rey. ¿Cómo no? Bajo nuestra bandera, España, federada e indivisible, acaso logre regenerarse... Nuestra bandera tiene ya un himno. Y de nuestra bandera serán fieles prosélitos todos los manchegos honrados de verdad y conscientes patriotas sin falsía. Nuestra bandera debiera llegar a ser el terror del caciquismo; ¿qué
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(4) BASCUÑANA CHARFOLE, op. cit.
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mayor gloria para los prosélitos de la bandera?"
"Pero si el tema de la bandera regional no tuviera ambiente en las comarcas españolas, ¡desdichado país!, porque el Centralismo acabaría de descuartizar y arrojar a la jauría imperialista de la vieja y podrida Europa lo que nos queda de LAS ESPAÑAS de Carlos V y Felipe IV' (4)
La contestación a estas preguntas apasionadas fue publicada un mes más tarde en el mismo semanario Vida Manchega, bajo la firma de A. Maján Pinilla, Maestro Nacional de 11 Enseñanza de Daimiel, quien afirmaba que la bandera regional de la Mancha no había sido olvidada. Y como prueba citaba una composición literaria de la que era autor, titulada Gloria a Cervantes (publicada también en Vida Manchega, el 13 de febrero de 1913), en la cual se veían "abrazadas cual madre e hija las banderas Nacional y Regional que con el escudo de Daimiel orgullosamente cobijan a los inmortales personajes que la fecunda mente del manco de Lepanto creara y cuyo busto rodean".
Pero, añadía, lo de menos es que la bandera regional se haya o no olvidado: "El espíritu regional se hace forjando ciudadanos conscientes, modelando su psicología en el mútuo y estricto cumplimiento de derechos y deberes a fin de que surjan esforzados varones honrados y dignos, que arrancando de raiz ese cáncer social llamado CACIQUISMO, vergüenza del siglo XX y causa inmediata de nuestras desdichas, den a la nación días de paz, de gloria y de engrandecimiento. No se fomenta el patriotismo izando divisas y ostentando enseñas; guárdense para cuando los portadores de ellas sepan darles el valor y la trascendencia encarnados en los emblemas representativos de región y patria." (5)
Entre las causas esterilizadoras del movimiento regionalista manchego, había una muy importante: las crisis internas del verdadero adalid de la idea, del Centro Regional Manchego.
El éxito primitivo de la sociedad había sido total. Cerca de tres mil socios se inscribieron en los primeros años. Según una información de prensa, "personas de todas las condiciones sociales, en las que abundaba un número considerable de representaciones parlamentarias de la Mancha, vinieron a inscribirse en las listas del Centro. Desde las más altas je
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(4) BASCUÑANA CHARFOLE, op. cit.
(4) MAJAN PINILLA, op. cit.
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rarquías de la milicia, hasta simples soldados rasos. . ." El albaceteño general Ochando fue el primer Presidente del Centro Regional Manchego.(6) Pero la misma dinámica democrática del Centro fue su perdición. Sus creadores habían intentado que fuera "un Comité de acción incesante" regionalista, "la más genuina representación regional", un verdadero adalid del regionalismo manchego. Y las primeras Juntas Directivas, en que esta idea imperaba sobre todas las demás, tuvieron, democráticamente, que dejar paso a otras menos entusiastas con la idea del regionalismo y, al final, como decía amargamente Bascuñana Charfolé, "los fines del Centro Regional Manchego fuelbn secuestrados y desnaturalizados por el Centralismo y sus secuaces". (7) Ante ello, los primitivos socios fundadores abandonaron casi en masa la sociedad, y en los diez primeros años de su existencia el Centro estuvo constantemente "sorteando obstáculos y dificultades, en tal número que las Juntas Directivas, en varios años, pensaron más de una vez si había llegado el caso de renunciar a que en Madrid existiera un hogar que era la prolongación, a la vez, del siempre bien amado suelo manchego." (8)
Todas estas crisis se resolvieron hacia 1910, en que tomó la presidencia del Centro don Tomás Romero, quien, con ayuda de una Junta Directiva entusiasta, dió un nuevo giro a la sociedad. El primitivo local de la calle de la Bolsa número Ib fue dedicado totalmente a los fines didácticos del Centro (se daban clases gratuítas de cerca de treinta asignaturas) y la nueva sede, en la calle del Príncipe número 12, principal, se dedicó a los restantes fines sociales. Entre sus dependencias destacaban un gran salón de actos y otro para reuniones de las comisiones oficiales o privadas (Ayuntamientos, Diputaciones, Cámaras de Comercio, agricultores, viticultores, etc. ) que llegasen a Madrid a iniciar cualquier gestión en provecho de los intereses manchegos. El Centro no sólo ponía a su disposición estos locales, sino también los empleados y elementos informativos de todas clases que pudieran facilitar su gestión en Madrid. (8) En
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(6) HERNÁNDEZ BORONDO, Francism: El Centro RegionalManchego deMadrid. Su pasado, su presente y su porvenir. (Vida Manchega, 25 mayo 1916).
(7) BASCUÑANA CHARFOLE, op. cit.
(8) HERNÁNDEZ BORONDO, op. cit.
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mayo de 1918 (aunque definitivamente no sería hasta diciembre) se creó una filial del Centro, la Juventud Central Manchega, con domicilio en la calle de la Cruz números 5 y 7, con el fin de agrupar las actividades de todos los jóvenes manchegos residentes en la capital de España. (9)
Con todo ello, no cabe duda que el CentroRegional Manchego fue una sociedad modelo entre las de su género, y que cumplió espléndidamente todos los fines para los que había sido creada. Y si no pudo lograr mucho en pro del movimiento regionalista manchego no fue por su culpa, sino por aquellas razones de "pasividad regional, de abulia de las llanuras, de apatía manchega" que ya indicaban los escritores regionalistas de 1913, y que eran privativas de todos los hombres de la Mancha y no sólo de los que habían trasladado su residencia a Madrid.
A raiz de la polémica de 1913, el tema de la bandera de la Mancha volvió a cobrar actualidad, aunque no sabemos si llegaron a realizarse ejemplares de la enseña y que fueran exhibidos en Madrid o en algún punto del territorio de la región manchega. Posiblemente, tanto la bandera como el mismo regionalismo manchego, salieran perjudicados con la polémica entablada en 1914 y 1915 entre los partidarios de la Mancomunidad Castellana y los de la Mancomunidad Manchega; polémica estéril y negativa pues el resultado de la misma fue que ninguna de las posibles Mancomunidades se llevara a efecto. Aunque está claro que las provincias manchegas no querían formar parte de la Mancomunidad Castellana porque se sentían completamente diferentes de Castilla, e incluso algunos escritores regionalistas nos hablan de la Mancha como región diferenciada incluso de la misma Castilla la Nueva. De todas formas, no podemos afirmar tajantemente que en estos años la bandera manchega no fuera izada solemnemente en la región. Nuestra investigación documental y bibliográfica aún no ha terminado, y por otro lado se hace muy difícil - por no decir imposible - por la casi total desaparición de colecciones de periódicos antiguos de la Mancha, principalmente en Cuenca y Ciudad Real.
Por fin volvemos a encontrar referencias interesantes a la bandera manchega a finales de 1918, y esta vez las protagonistas de la resurrección del tema son un grupo de señoritas de Albacete, a quienes la histo
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(9) JUVENTUD Central Manchega. .4 las hijos de la región. (Vida Manchega, 25 agosto 1918).
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ria había reservado el honroso privilegio de convertirse en las `Marianas Pinedas" de la Mancha.
En diciembre de 1918, un grupo de alumnas de la Escuela Normal de Maestras de Albacete, acompañadas de sus profesoras, realizó un viaje de estudios por Toledo y Madrid. Después de las correspondientes visitas a los museos y monumentos artísticos, el Centro Regional Manchego tuvo la gentileza de realizar un acto social en su honor. Al final de la velada, el Senador del Reino don Vicente Buendía, Presidente del Centro, pronunció unas palabras de salutación que fueron coreadas con vivas a Albacete, a la Mancha y a España. Habló también el Presidente de la comisión organizadora de la Juventud Central Manchega, don Francisco Hernández Borondo, y, finalmente, la profesora de la Normal de Maestras de Albacete, doña Pilar Bris, en nombre de sus compañeras y alumnas, para agradecer el agasajo y ofrecer que en la Escuela se bordaría la bandera regional, para que sirviera de enseña de las proyectadas juventudes. "Con lo cual - dice el cronista del acto --- se desbordó el entusiasmo (... ) por el ofrecimiento y por el acta de afirmación manchega que su realización originará". (10)
El ofrecimiento de las alumnas de la Normal de Albacete de confeccionar inmediatamente una bandera de la Mancha venia muy oportunamente, ya que en esos días se estaban germinando actitudes regionalistas muy profundas. El 15 de diciembre de 1918 se constituía definitivamente la Juventud Central Manchega, que aglutinaba a todos los jóvenes de la región que estaban estudiando en Madrid. Y el 19 de enero de 1919 se celebraba, con el salón de actos del Centro Regional rebosante, una "Asamblea Magna" de la Juventud Central Manchega en la que los diferentes oradores propusieron que se pidiera a las Diputaciones provinciales de Ciudad Real, Cuenca y Toledo que desecharan cualquier inteligencia con Castilla y que, por el contrario, "se pusieran de acuerdo con su hermana la de Albacete" para llevar a efecto una Mancomunidad Manchega, "formando una región político-administrativa con carácter propio". (11)
Todos los oradores estuvieron de acuerdo con la inclusión de Albacete en esta región, y los que hablaron en representación de Ciudad Real,
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(10) SERRANO, Marino: Las nomratistas de Albacete en Madrid. (Defensor de Albacete, 8 enero 1919).
(11) S(ERRANO), M(arino): La Juventud Central Manchega. (Defensor de Albacete, 21 enero 1919).
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Cuenca y Toledo hicieron manifestaciones de cariño hacia Albacete, de quien sus provincias se sentían "hermanas incondicionales". Los representantes albaceteños dieron las gracias por la adhesión de su provincia y ensalzaron el ideal regionalista manchego de Albacete por su posición geográfica, por sus caracteres y por sus costumbres. La región manchega --- dijo uno de ellos, Marino Serrano - "ha existido y existirá siempre, a pesar de las artificiosas divisiones llevadas a cabo en el transcurso de la historia". (1 1).
La pujanza del regionalismo manchego y su impulso a través de la representación regional madrileña se hizo palpable también, por estas fechas (febrero de 1919), con la aparición de Ecos de las provincias, revista quincenal ilustrada, defensora de los intereses de la región manchega y órgano oficial del Centro Regional Manchego. (12) El título del periódico, que dirigía el líder de la Juventud Central Manchega Francisco Hernández Borondo, fue cambiado enseguida por el de Ecos de la Mancha, de mayor impacto regionalista. (13) Unos años más tarde, hacia junio de 1922, el Centro Regional Manchego editaría, también en Madrid, otra interesante revista, La Mancha Agrícola e Industrial. (14) ¡Lástima que no hayamos encontrado ninguna colección de estos periódicos, que nos podrían indicar cosas muy interesantes sobre la bandera y sobre el regionalismo manchego!
Mientras tanto, en la Escuela Normal de Maestras de Albacete, curmpliendo la promesa ofrecida, se trabajaba intensamente en la confección de la bandera de la Mancha. El equipo estaba dirigido por la profesora de labores, doña Angeles Miranda e integrado por sus alumnas las señoritas Manuela Bullón, Dolores Palomares, Adilia Massó, Conchita Bello, Ana Pérez, Pilar Jimenez y Julita Fresno. (15)
Todos los intentos de localizar a estas indudables protagonistas de
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(12) REVISTA regional (Defensor de Albacete, 26 febrero 1919).
(13) Hay referencias a Ecos de la Mancha en Defensor de Albacete (27 agosto 1919) y Vida Manchega (5 noviembre 1919).
(14) Referencias a este periódico hay en La Voz del Distrito, Casas lbañez (18 agosto 1922) y La Lucha, Albacete (23 agosto 1922).
(15) LA BANDERA MANCHEGA. (Vida Manchega, 5 septiembre 1919).
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nuestra historia regional han sido en vano. Al parecer todas ellas han fallecido ya, desgraciadamente, y no pueden servirnos de fuente oral interesantísima. Tan sólo los hijos de doña Angeles Miranda conservan unas fotos del acto de entrega de la bandera que nos han sido de importancia vital a la hora de determinar algunos detalles fundamentales de la misma. Igualmente nos han sido muy valiosas las observaciones técnicas del gran fotógrafo albaceteño don Jaime Belda, que nos han servido para poder identificar los colores, teniendo en cuenta las características de las películas de blanco y negro de aquella época.
El ejemplar de la bandera que elaboraron las señoritas albacetenses era de gran tamaño (16). La enseña se dividía en cuatro cuarteles, con los colores negro, rojo, azul y blanco, que pertenecen respectívamente a Toledo, Cuenca, Ciudad Real y Albacete, y en el centro, bordado en oro, plata, sedas, perlas y piedras, aparecía un gran-escudo de España. En la parte superior del asta pendía también una corbata de seda con los colores nacionales. (17)
Los colores representan los fondos de los escudos de las capitales de las cuatro provincias manchegas. En cuanto al escudo nacional corresponde al del rey Alfonso XIII, con el Toison de Oro y los escudos de los estados europeos que figuraban entre sus títulos. Afortunadamente, ya sea por iniciativa de la profesora doña Angeles Miranda, o porque había sido cambiada anteriormente, la bandera ya no era exactamente igual a la exhibida en Daimiel, donde en el cuartel correspondiente figuraba también el escudo de la capital de provincia respectiva. (18) Aquello era dar un abigarramiento excesivo a la enseña, ya que cada provincia quedaba suficientemente representada con el color que se le asignaba. Por otro lado el escudo nacional en el centro, además de darle una gran armonía estética, servía simbólicamente para reflejar el espíritu de la idea regionalista que se propugnaba: unas provincias manchegas unidas, pero formando parte inseparable de la unidad de la nación española.
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(16) Estudiando las proporciones lógicas con las personas que aparecen en las fotografías, el profesor de dibujo don José García García, a quien agradezco pú - blicamente su valiosa ayuda técnica, le calcula unas dimensiones de 2,40 metros de largo por 1,60 de ancho.
(17) Vida Manchega, 5 septiembre 1919.
(18) ¿QUE, fue de aquella bandera? (Vida Manchega, 5 junio 1913).
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En cuanto al órden de colocación de los colores, en un principio tuvimos serias dudas. Estaban claros los dos de abajo, azul y blanco, pero dudábamos con los de arriba, ya que en las reproducciones en blanco y negro que nos han llegado, ambos colores, el negro y el rojo, aparecían totalmente en negro. Finalmente, con ayuda de las fotografías originales, llegamos a la conclusión de que primero sería el negro y después el rojo, comparando detalles de intensidad con la corbata roja y gualda que pendía del asta.
Posiblemente, aunque la confección de la bandera fue realizada gratuítamente en la Escuela, los gastos de material, que debieron ser considerables, correrían a cargo del Centro Regional Manchego, a quien se destinaba el ejemplar. Ello explica que, entre las cuentas de material de la Escuela Normal de Maestras de Albacete, que hemos consultado en su Archivo, no figure ninguna partida referente a esas sedas, perlas, piedras e hilos de oro y plata que fueron utilizados. ¡Y los presupuestos de nuestro centro decente no eran tan cuantiosos y complicados como para que un gasto de esta índole quedara olvidado!
El 14 de junio de 1919, en el Teatro Cervantes de Albacete, se hizo entrega solemne de la bandera de la Mancha a los directivos del Centro Regional Manchego, que se desplazaron para este objeto a nuestra ciudad_ El acto, según la prensa, constituyó "una hermosa fiesta de solidaridad regional... Una prueba indiscutible y patente de los estrechos lazos de afecto y simpatía que unen a las provincias de Cuenca, Toledo, Ciudad Real y Albacete". Entre la representación del Centro Regional Manchego se encontraban los albaceteños don Gabriel Navarro Brú y don Antonio Gotor Cuartero, quienes, junto a la profesora de la Escuela Normal, doña Josefa Coleto, pronunciaron elocuentes discursos en el acto de solidaridad y afirmación regional que estaban protagonizando las maestras de Albacete. (19)
Los directivos del Centro Regional Manchego debieron sentirse entusiasmados con el magnífico ejemplar de la bandera que recibían. Hasta tal punto que, inmediatamente, a través de su órgano de expresión, Ecos de la Mancha, solicitaron de la prensa de las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo la cooperación necesaria para organi
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(19) Defensor de Albacete (14 y 16 junio 1919) y Vida Manchega (20 junio 1919).
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zar en Madrid una "Fiesta de la Bandera" en la que se reunieran en asamblea todos los manchegos que pudieran, Ayuntamientos, Corporaciones, Círculos, Sociedades y otras entidades de la región. "En este acto - se decía - podrían echarse los cimientos de la Mancomunidad Manchega y organizarse en Madrid una Exposición de Productos Manchegos". Sin embargo, a pesar de que su iniciativa recibió el aliento de muchos periódicos de la región, entre ellos La Voz del Distrito, de Casas Ibañez, Defensor de Albacete y Vida Manchega, en noviembre de 1919 aún no se había podido celebrar la Fiesta de la Bandera ni la Exposición de productos manchegos en Madrid. (20)
La Fiesta de la Bandera no sabemos si llegaría a realizarse alguna vez. En cuanto a la Exposición Regional de Productos Manchegos se celebró por primera vez en Ciudad Real a finales de agosto o principios de septiembre de 1919. Según las informaciones de prensa, por la premura de tiempo en su organización, las restantes provincias (Albacete, Cuenca y Toledo) apenas sí pudieron enviar sus productos. Al acto inaugural de esta Exposición acudieron todas las autoridades civiles, militares y religiosas de la provincia de Ciudad Real y una comisión del Centro Regional Manchego, que se desplazó desde Madrid con la bandera de la Mancha, que fue desplegada solemnemente, figurando en todas las fotografías que se publicaron del acto. (21)
No sabemos cuándo se perdió la bandera, ni cuando llegó a borrarse incluso de la memoria de las gentes. Durante la Dictadura de Primo de Rivera el Centro Regional Manchego fue clausurado, igual que otras muchas sociedades regionalistas de toda España. En 1931 aparece una Casa de la Mancha en Madrid, con domicilio distinto al del Centro Regional Manchego. Esta nueva sociedad, que posiblemente no heredara ni el Archivo ni las pertenencias de la anterior, sería nuevamente disuelta en 1936, con los avatares de la guerra civil. Por fin, en 1951 se establecía la actual Casa de la Mancha, donde tampoco se conservan los archivos ni las pertenencias de las sociedades regionales que le precedieron. (22)
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(20) SOLIDARIDAD Manchega (Defensor de Albacete, 27 agosto 1919) y LA
FIESTA de la Bandera (Vida Manchega, 5 noviembre 1919). (21) LA EXPOSICIONRegional (Vida Manchega, 5 septiembre 1919).
(22) "CASA de la Mancha" de Madrid. Reglamento. Madrid, 1951. - En conversación con el actual Presidente de la Casa de la Mancha, don José López Martínez, me indicó que allí no se guardan archivos anteriores a 1951 y que deseocía totalmente la existencia de la bandera y del himno, e incluso del histórico Centro Regional Manchego.
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¿Cuándo se perdió la bandera? Posiblemente cuando la disolución del Centro Regional Manchego. El artículo 41 de su Reglamento especificaba que en caso de disolución, "su haber íntegro se distribuiría entre los establecimientos benéficos de las cuatro provincias y los manchegos pobres residentes en Madrid, a cuyo fin se harán cinco partes iguales." 'Pero no se determinaba nada respecto a los enseres y al Archivo. Todo aquello que pudiera convertirse en dinero, por supuesto, sería vendido o subastado, o distribuido entre los establecimientos benéficos d"s provincias. Al Archivo, como siempre suele suceder, no se le concedería el más mínimo valor y acabaría en un trapero o en manos de algún socio curioso o erudito. Cualquiera de estas posibilidades últimas sería el destino final de la bandera de la Mancha. Aunque lo más lógico es pensar que el artístico escudo de la Monarquía, donde estaban las perlas y piedras, tal vez recortado del resto de la bandera, sí sería aprovechado.
Digamos algo también sobre el himno de la Mancha. Ya vimos que, en 1913, Bascuñana Charfolé, al hacer el apasionado panegórico de la enseña manchega, nos decía: "Nuestra bandera tiene ya un himno". (23) ¿Qué himno sería aquel? Porque unos años más tarde, el 20 de marzo de 1919, en la revista Vida Manchega se publica la versión para piano de un himno a la Mancha, música del maestro Segura y letra de Martín Ramales. Y unos años más tarde, hacia 1927, se divulga una versión mejorada de la letra de este himno, en la que la firma de Martín Ramales ha sido sustituida por la de Francisco Colás.
En láminas aparte reproducimos, facsímil, las páginas correspondientes a la versión para piano publicada en Vida Manchega el 20 de marzo de 1919, y un pliego suelto, primorosamente impreso en Ciudad Re¡.¡, en la Imprenta del Hospicio Provincial, con la segunda versión de la letra. Este impreso sin fecha debió editarse con motivo de la fiesta de presentación del himno de la provincia de Albacete, que se celebró en septiembre de 1927, tal y como se desprende de la salutación y del contexto del pliego. Un ejemplar del impreso fue regalado hace algunos años al Archivo Histórico Provincial de Albacete por su poseedor don César Orovitg Gil, a quien desde aquí, públicamente, expresamos de nuevo el agradecimiento por su honroso gesto.
Desconocemos totalmente la difusión que consiguiera este himno regional de la Mancha, y si en la actualidad aún se sigue interpretando. No obstante, por el silencio total
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(23) BASCUÑANA CHARFOLE, Daniel: ¿Qué fue de aquella bandera? (Vida Manchega, 26 junio 1913).
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que hemos visto sobre este asunto, silencio muy sospechoso en nuestros días en que el resurgimiento del tema regionalista debía haberlo puesto de nuevo en actualidad, creemos que este himno, como la bandera, ha sido totalmente olvidado.
¿Qué ha sucedido en la Mancha, en todos estos años, que justifique este olvido total de los símbolos de nuestro regionalismo? El tiempo ha pasado inexorablemente por nuestros lares y "la abulia de las llanuras, la apatía manchega, la execrable pasividad regional" haría el resto. Las gentes se hicieron vicias y olvidaron; la mayor párte de los regionalistas de antaño han fallecido; de nuestras bibliotecas y archivos (no hablemos de hemerotecas, porque no existe ninguna como tal en la región) han desaparecido casi totalmente las colecciones de periódicos antíguos, principalmente en Cuenca y Ciudad Real; nuestro tradicional desierto cultural ha impedido la realización de estudios regionales profundos.. . Todo esto, ¿no es suficiente para comprender que cuando en nuestros días se ha vuelto a hablar de regionalismo, nadie recuerde nuestros anhelos regionalistas del pasado y que se haya olvidado que tenemos un himno, que se haya olvidado por completo que hubo un tiempo en que nosotros también tuvimos una "ikurriña", una "senyera", una bandera de la Mancha?
F. F. R.
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Himno a la Provincia de Albacete
¡Salve, Albacete, Salve,
Salve a ti tierra diversa,
la de las llanuras pardas
y la de las crespas sierras!
¡Salve, que yo te saludo
porque en tu distinto ser
lo eres todo, ya que en tí todo
se encierra a la vez.
Eres jirón de la Mancha, tierra llana y ejemplo
, y a tu llanura sin fin va la grandeza prendida,
que tus horizontes hablan de caminos y de vida
como el cielo y como el mar.
A veces te transfiguras, y asi, cuando a Andalucía
te acercas, quiebra tu llano la majestad de la sierra;
sierra brava que, en un ímpetu se levanta, como tierra
que cansada de arrastrarse, por ver más lejos, varia.
Y cuando a Murcia y Valencia toca tu suelo fecundo,
de tus rios transparentes Segura, Júcar y Mundo
sacas las aguas, te riegas
y te salpicas de flores y dei verdor de tus vegas.
Vegas que son como notas de juventud y esperanza,
sierras que son como sueños que despuntan en tu arcano,
y todo prendido y lleno de los aires de tu llano
que ponen en tu grandeza quietud, reposo y templanza.
Y así se hicieron tus hijos,
de almas recias y calladas .
pero repletas de sueños
de juventud y esperanza.
Y tu mujer así es,
y su vida está formada
de la inmensidad del llano y
de la savia serrana; mujer
que en silencio vive las
grandezas de su alma.
¡Salve, Albacete, Salve! ¡Salve
a tí tierra diversa, l
a de las llanuras pardas
y la de las crespas sierras! ¡Que
por ser diversa y varia nada
puedes extrañar
y eres siempre acogedora
honrada, franca y leal
Manuel López Vareta Eduardo Ouijada Alcázar
HIMNO A LA MANCHA
Nuestra canción viene a representar
de la Región el cántico, triunfal.
Parra emular a otras regiones
la Mancha fecunda se ve resurgir, llevando
a su triunfo los nobles pendones de un
Himno al trabajo vibrante y viril.
Nuestra canción viene a representar, etc.
Cantemos el Hinnro con amor ferviente;
las secas estepas que el sol calcínó,
han dado una raza serena y valiente
que al par que sus rubios trigales creció.
Reclama a sus hilos la tierra manchega.
Todo buen manchego se postra a sus pies, y
ofrenda de ancores a sus plantas lleva, su
amor hecho nanes en la rubia mies
Nuestra canción viene a representar, etc.
fruuto de peones en la gaiñanía
cuando en los destajos limpian su sudor,
cantando manchegas de la patria mía
que hablan de su Virgen y hablan de su amor.
Nuestra canción viene a representar, etc.
Este Hinnro es un canto de amor al trabajo,
de amor al terruño que nos vió nacer,
Himno sacrosanto que desde el destajo
de la parda tierra nos invade el ser.
Himno sacrosanto de los que remueven
los pardos terrones del triste erial,
y al cielo mirando, con su fe se atreven
a esparcir los granos del rubio candeal.
Nuestra canción viene a representar
de la región el cántico triunfal
¡Viva La Mancha!, ¡ Viva la Región!
martes, noviembre 07, 2006
Castilla-La Mancha en la Edad Media (Ricardo Izquierdo Benito, Toledo 1985)
INTRODUCCIÓN.
A través de esta pequeña obra queremos presentar, con el sentido divulgativo que la colección en que se publica pretende, una visión panorámica de los siglos medievales en las tierras de la actual Región castellano-manchega. En primer lugar, es preciso señalar que esta nueva entidad geopolítica, recientemente creada, ha sido configurada en base a aglutinar distintas demarcaciones administrativas -provincias- que formaban parte de antiguos territorios históricos. Así, a las provincias de Toledo, Guadalajara, Cuenca y Ciudad Real, pertenecientes a la antigua región denominada Castilla la Nueva, se ha añadido la de Albacete. siempre más asociada a la antigua entidad histórica del reino de Murcia, aunque, geográficamente, en su mayor parte ha sido un territorio típicamente manchego.
El núcleo fundamental de la nueva Región está configurado, por tanto, con tierras de Castilla la Nueva, la cual, a su vez, no es sino, grosso modo, el antiguo Reino de Toledo constituido precisamente en la Edad Media. Este es, en definitiva, el antecedente histórico más inmediato de la actual Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. Por tanto, hacer una historia de la misma en la Edad Media viene a ser como estudiar el Reino de Toledo en aquella época. Sin embargo, por lo anteriormente señalado, hoy la extensión territorial no es la misma, pues ha quedado desgajada la provincia de Madrid, cuyo territorio entonces sí formaba parte de aquél.
Teniendo en cuenta esta nueva situación político-administrativa, a la hora de elaborar este estudio, nos hemos centrado casi exclusivamente en las cinco provincias que hoy configuran la nueva Región. Somos conscientes de que no es criterio muy riguroso, desde el punto de vista histórico, máxime para una época como la Edad Media, pero consideramos que puede ser válido de cara a presentar sólo acontecimientos que ocurrieron en tierras de la actual Región. Así, hemos olvidado los ejemplos que hacen referencia a la provincia de Madrid aunque entonces su territorio no permaneció al margen de lo que ocurría en los circundantes, a los que estaba unido políticamente. No hemos pretendido, por supuesto, yuxtaponer la historia de cada una de las províncias, cuando en época medieval ni siquiera existían como tales demarcaciones administrativas individualizadas.
El antiguo Reino de Toledo comprendía las tierras que se extienden entre los valles del Tajo y del Guadiana, incluyendo toda la serranía de la parte oriental. Un extenso territorio que, a pesar de sus variedades geográficas, presentó bastantes rasgos históricos comunes a lo largo de la Edad Media, los cuales pretendemos dejar traslucir en esta obra. Sien es cierto que, si en los primeros momentos estas tierras ofrecieron unos elementos diferenciadores del resto de los demás territorios del reino castellano -al que, en definitiva, pertenecían-, con el paso del tiempo las diferencias se fueron borrando, especialmente desde el punto de vista socioeconómico, y la paulatina uniformidad con el resto de las tierras peninsulares se hace más evidente.
Iniciamos el estudio con un breve análisis de la etapa de dominio visigodo, de la cual, por otra parte, es muy poco lo que se sabe. Sin embargo, los tiempos medievales se abren para la Región con el resurgir de una de sus ciudades, Toledo, que se convertirá en el centro político peninsular. Aunque sólo sea centrado a nivel de esta ciudad, es cuando estas tierras comienzan a adquirir un cierto protagonismo, muy relativo, por supuesto.
Con la llegada de los musulmanes, la Región vuelve a cambiar de manos, y se operarían importantes transformaciones con la consolidación del asentamiento de los nuevos dominadores. Estas tierras adquieren un mayor significado, especialmente militar, teniendo en cuenta que pronto van a quedar como zona fronteriza frente a los territorios cristianos del norte peninsular. Toledo continuará siendo el centro más importante, experimentando la ciudad grandes transformaciones urbanísticas. En el siglo XI el territorio se independiza y se constituye el Reino musulmán de Toledo. El hecho es importante, pues por primera vez la mayor parte de las actuales tierras castellano -manchegas aparecen aglutinadas bajo un poder político independiente. Así, queda constituido el Reino de Toledo, base de las demarcaciones políticoadministrativas que en el futuro se constituyan en estas tierras. Aquí están, en cierta medida, los orígenes históricos de Castilla-La Mancha.
Sin embargo, aquella situación iba a durar poco, pues desde fines del siglo XI y a lo largo de un proceso que habría de prolongarse durante más de dos siglos, el territorio vuelve nuevamente a cambiar de manos. El dominio musulmán será sustituido por un dominio cristiano, y estas tierras, perdida su independencia, pasan a integrarse en el Reino castellanoleonés, aunque manteniendo una cierta configuración unitaria bajo la antigua denominación, ahora "cristianizada" ; de Reino de Toledo.
(Ricardo Izquierdo Benito. Castilla-La Mancha en la Edad Media. Ed Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.1985, p I-III)
LOS SIGLOS ALTOMEDIEVALES
La taifa de Toledo
En 1031, y como culminación de la grave crisis política que atravesó el Califato en los años anteriores, y en la que la ciudad de Toledo tampoco permaneció al margen, el territorio de al-Andalus se fragmentó en una treintena de pequeños reinos independientes: las taifas. Una de ellas fue la de Toledo, que abarcaba gran parte del territorio que anteriormente había constituido la Frontera Media. La fuerza militar que siempre habían tenido sus gobernantes posibilitó que pudiesen ocupar bajo su hegemonía un territorio extenso, el mayor de todas las taifas, de límites hoy difíciles de precisar. Abarcaba la mayor parte de la Meseta Sur, quedando en él integrados los valles medios del Tajo y del Guadiana, incluyendo los distritos o coras de El Ulga (aproximadamente la provincia actual de Ciudad Real), el Belath (tierras orientales de Badajoz y Cáceres) y Esch Scharram (actuales provincias de Toledo, Madrid y Guadalajara y parte de las de Avila y Cáceres). El límite septentrional estaba delimitado por las sierras de Gredos y de Guadarrama, y el meridional, por las de Alcudia, Madrona y Alcaraz.
Por primera vez en su historia, la mayor parte de las tierras que hoy configuran la Región castellano-manchega aparecían agrupadas bajo un poder único, plenamente independiente.
Este reino tuvo también su centro en Toledo y estuvo gobernado sucesivamente por tres miembros de una dinastía de origen bereber, procedente de Santaver, los Banu Din-Nun, durante apenas cincuenta años, más conocidos por sus sobrenombres: adDafir, al-Mamún y al-Qadir. Durante el largo reinado de al-Mamún, treinta y tres años, Toledo disfrutó de un gran periodo de florecimiento y su corte mantuvo un elevado ambiente de ostentación y cultura, en la que se desenvolvían músicos, poetas y, sobre todo, sabios (el astrónomo Azarquiel, el botánico Ibn Wafid, etc.). La ciudad y sus alrededores se embellecieron de edificaciones rodeadas de jardines en los que el agua corría en abundancia.
Al-Mamún extendió el territorio del reino adueñándose de Córdoba y de la taifa de Valencia. Sin embargo, a pesar de este esplendor, el reino era débil y, por su posición fronteriza y por el momento expansivo que estaban experimentando los castellanoleoneses, cada vez se vio más presionado por éstos, teniendo que pagarles tributos (parias). En 1072, tras haber sido derrotado por su hermano Sancho II de Castilla en Golpejera, Alfonso VI, entonces sólo rey de León, se refugió en Toledo, la ciudad que le pagaba parias, siendo favorablemente acogido por al-Mamún.
El reinado de al-Qadir fue, por el contrario, de crisis y definitivo hundimiento. Los momentos de disturbios fueron aprovechados por los reinos vecinos, tanto musulmanes como cristianos, para expandirse a su costa. Así, Valencia volvió a independizarse, Córdoba pasó a la taifa de Sevilla, el rey Moctádir de Zaragoza tomó algunas plazas toledanas y el rey aragonés Sancho Ramírez puso sitio a Cuenca, que levantó tras serle pagado un rescate.
Ante aquella situación, la aristocracia toledana se dividió en dos bandos: uno, partidario de solicitar ayuda a Alfonso VI, y otro, por el contrario, decidido a mantener su independencia, al menos, dentro é una órbita musulmana. Al-Qadir pidió ayuda a Alfonso VI, que se comprometió a prestarla de recibir antes los recursos económicos necesarios. Sin embargo, como éstos no llegaron, el otro bando entregó la taifa a al-Mutawakkil, rey de Badajoz, que se hizo cargo del trono, mientras al-Qadir tuvo que refugiarse en Cuenca.
Desde allí, nuevamente solicitó la ayuda de Alfonso VI, el cual se comprometió a restituirle en el trono de-Zoledo, que detentaría momentáneamente, hasta ser de nuevo conquistada Valencia, a cuyo trono accedería para dejar el de Toledo al rey cristiano. Todos los gastos militares ocasionados por esos planes correrían por cuenta de al-Qadir.
Mientras tanto, al-Mutawakkil no consigue consolidarse en Toledo y en 1081- abandona definitivamente la ciudad para volver a Badajoz. De nuevo al-Qadir es repuesto en el trono toledano, y este segundo mandato fue también desastroso. Ante aquella situación, y asediado por sus enemigos, tanto internos como externos, parece que llegó a un acuerdo con Alfonso VI para entregarle la ciudad, aunque fingiendo previamente un prolongado asedio que aparentase una heroica resistencia de los musulmanes toledanos. Desde el año 1082 se inicia el sitio de la ciudad y, mientras duró, los campos de los alrededores fueron incendiados y arrasados.
También, mientras tanto, varias fortalezas próximas a Toledo (Talavera, Olmos, Canales, Maqueda, Escalona, Consuegra, etc.) fueron cayendo en poder de Alfonso VI, el cual había establecido su campamento en la vega de la ciudad. Entre los sitiados, el bando decidido a mantener la independencia solicitó ayuda a los reyes musulmanes vecinos, pero no consiguieron nada.
Al final, la ciudad tuvo que rendirse. Los principales pactos de rendición fueron los siguientes: los musulmanes quedarían a salvo en sus personas y en' sus bienes; los que quisiesen podrían abandonar libremente el territorio; los que permaneciesen seguirían pagando los tributos acostumbrados; conservarían la mezquita mayor, pero entregarían las fortalezas y la Huerta del Rey; al-Qadir sería repuesto en el trono de Valencia.
Parece que la entrega de la ciudad ocurrió el 6 de mayo de 1085, mientras que el 25 de este mes fue cuando Alfonso VI entró en ella, posiblemente para dar tiempo a la marcha de al-Qadir. El acontecimiento tuvo una gran repercusión en toda la cristiandad, por lo que suponía, ya que la antigua capital visigoda y la sede primada de Hispania volvía nuevamente a manos cristianas.
Junto con la ciudad, todo el territorio de la taifa cayó en poder de Alfonso VI: era la primera taifa conquistada por los cristianos. A partir de entonces, los reyes castellano-leoneses llevarían también el título de reyes de Toledo. Una vez más, tras casi cuatro siglos, las tierras de la actual Región castellano-manchega volvían a cambiar de manos e iniciar un nuevo proceso histórico.
(Ricardo Izquierdo Benito. Castilla-La Mancha en la Edad Media. Ed Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.1985, p 25-28)
LOS SIGLOS BAJOMEDIEVALES
No todas las ciudades tenían derecho a participar en las cortes del reino enviando a sus procuradores, y el número de las que tuvieron derecho a voto se fue limitando a lo largo del siglo XV, en parte porque las cortes fueron perdiendo cierto protagonismo, al dejar de ser convocadas con frecuencia por los reyes, y en parte porque algunos lugares con derecho a voto cayeron bajo dependencia señorial, perdiendo aquella prerrogativa que solamente tenían algunas ciudades de realengo.
Como ejemplo, en las cortes de Burgos de 1315 habían participado procuradores de los siguientes lugares de la actual Región: Atienza, Talavera, Almoguera, Alcázar, Hita, Guadalajara, Cuenca y Villarreal. Esta recibió en 1297 el derecho a poder participar en cortes; Toledo, en 1348.
Las cortes castellanas, en alguna ocasión, tuvieron por escenario a ciudades de la Región. Así, en Toledo se celebraron cortes en 1402, 1406, 1436 y 1462; en Guadalajara, en 1390 y 1408, y en Ocaña, en 1422 y 1469.
En el siglo XV, tan sólo diecisiete ciudades acostumbraban a ser convocadas a las cortes castellanas, entre las que se encontraban Toledo, Cuenca y Guadalajara.
Toledo, desde que participó con derecho a voz y voto en las cortes, siempre mantuvo una pugna con los procuradores de Burgos acerca de la primacía en cuanto a la intervención en los debates. Toledo pretendía mantener una hegemonía -histórica "nacional"', frente a la hegemonía "castellana" de Burgos. Los conflictos entre los procuradores de ambas ciudades fueron constantes y se reproducían en cada nueva convocatoria. Parece que el conflicto, al menos diplomáticamente, fue zanjado en la primera ocasión que se presentó, en las cortes de Alcalá de Henares de 1348, por Alfonso XI, con la fórmula '"El rey habla por Toledo, hable pues Burgos"", que en nuevas celebraciones tenía que volver a ser repetida, con lo que adquirió un cierto valor jurisprudencia¡. Con ella, los toledanos parecían conformarse, pues suponía el reconocimiento por parte del rey de ser el señor natural de Toledo.
También Toledo tuvo conflicto similar con León, en cuanto al orden que el Reino de Toledo debía ocupar en la enumeración de los títulos del rey. Para solucionarlo, Alfonso XI dispuso en 1345 que en las cartas emanadas de su cancillería se pusiese primero León que Toledo, pero que, en las cartas que fuesen a Toledo y a los lugares de su notaría, antes figurase Toledo que León. Este mandato tuvo fuerza de ley y fue ratificado en cortes.
En 1302, para proteger las colmenas y los rebaños contra los ladrones que pululaban por la Jara, los ballesteros y colmeneros de Toledo, Talavera y Ciudad Real constituyeron una organización de defensa que luego fue conocida como Hermandad Vieja, para distinguirla de la Hermandad General, que era una asociación de ciudades. El modelo de la Hermandad Vieja sirvió a Juan I, que en las cortes de Segovia de 1386 la adoptó a una nueva organización -que abarcaría a todo el reino-- para la persecución de delincuentes.
(Ricardo Izquierdo Benito. Castilla-La Mancha en la Edad Media. Ed Servicio de Publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.1985, p 110-111)
lunes, noviembre 06, 2006
Castilla-La Mancha en la época contemporánea (Isidro Sánchez Sánchez)
EL REGIONALISMO EN TIERRAS DE CASTILLA-LA MANCHA
1.3.2.2 Regionalismo manchego
Además de un regionalismo castellano, se desarrolló en nuestras tierras otro que podíamos calificar de manchego. Si el primero contemplaba a Castilla como un todo, el segundo basó su filosofía política en la unión de las cuatro provincias que consideraba manchegas (Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo). Probablemente el primer escalón en la evolución del mancheguismo fue la constitución en Madrid del Centro Regional Manchego. Se formó en 1906 y «entre sus aspiraciones estaba la de fomentar los lazos de solidaridad entre las cuatro provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo» (58). Para ello, el Centro emprendió una campaña por diversas poblaciones de las cuatro provincias intentando conseguir adhesiones a la idea. Incluso se creó una bandera representativa de la región y un himno dedicado a ella (59). El 2 de agosto de 1906, por ejemplo, el Centro Regional Manchego celebró un mitin en el teatro Rojas de Toledo buscando la constitución de una junta local en la ciudad. La noticia de la reunión, en la que hubo «asistencia no muy numerosa, pero distinguida», la proporcionaba al semanario republicano de Toledo La Idea (60). Informaba del nombre de los oradores, entre los que destacaba al señor LópezBravo, quien citó el caso del diputado conservador señor Gascón, que votó la Ley de Alcoholes contra las aspiraciones y conveniencias de su distrito (Valdepeñas). El periodista apuntaba también, cosa que había ignorado el orador, el caso del diputado Cordovés que hízo lo mismo a pesar de ser miembro del Centro. Habló asimismo en el acto el presidente del Centro Regional Manchego, señor Rodero, quien se refirió a los fines mercantiles y comerciales que perseguían para dar a conocer y potenciar los productos de las cuatro provincias. Terminaba el periodista su información con la valoración siguiente sobre el Centro:
«Y he aquí lo que es o puede ser la finalidad práctica y positiva, la función propia, peculiar, del nuevo organismo, y a la que habrá de atenerse por imperativo categórico de su propia naturaleza, que no le da otro valor ni otra fuerza representativa; sí es que no queriendo limitarse y -hace muy bien- a su condición de Centro de recreo, de comunicación y mutuo auxilio de la colonia manchega en Madrid, desea ser realmente útil a los intereses mercantiles e industriales de La Mancha» (61).
Años después, tras la aprobación del Decreto de Mancomunidades, se empezó a hablar de la creación de una Mancomunidad Manchega. Una reunión celebrada en Valdepeñas en 1914 rechazaba la idea de que las cuatro provincias manchegas se sumaran a la posible Mancomunidad Castellana y se apoyaba la formación de otra Manchega (62). En 1919, en una asamblea de la Juventud Central Manchega que tuvo lugar en Madrid, se acordó pedir a las diputaciones provinciales de Ciudad Real, Cuenca y Toledo que «desecharan cualquier inteligencia con Castilla y que, por el contrario, se pusiesen de acuerdo con su hermana la de Albacete para llevar a efecto una Mancomunidad Manchega, formando una región político administrativa con carácter propio».
Pero la revista que mejor representó los ideales manchegas fue, sin duda, Vida Manchega. Su edición semanal comenzó en Ciudad Real en 1912 y su vida se extendió hasta 1920, aunque después se convertiría en diario de información. Con la ayuda de corresponsales en Albacete, Cuenca y Toledo cubrió la vida informativa de las cuatro provincias «manchegas», haciéndose eco también de todas aquellas noticias que proporcionaba en Madrid el Centro Regional Manchego.
Hasta aquí se han dado sólo unas notas de los regionalismos castellano y manchego. Habrá que estudiar con más detenimiento el tema y sus verdaderas implicaciones para conocer con mayor exactitud la verdadera dimensión de los movimientos regionalistas en nuestras tierras durante el período de la Restauración. Lo que parece indudable es que fue una cuestión que estuvo presente, con mayor o menor intensidad, hasta la dictadura de Primo de Rivera y que durante la Segunda República la polémica volvió a surgir con fuerza.
1.3.3. El regionalismo durante los primeros meses de la dictadura de Primo de Rivera
Los días 12 a 15 de septiembre de 1923 el país vivió unas importantes jornadas de las que salió triunfante un pronunciamiento militar capitaneado por el general Primo de Rivera. A los pocos días un periódico de Valdepeñas publicaba un artículo en el que se presentaba una «nueva división territorial de España» (64). Argumentaba el autor que 49 gobernadores civiles, 49 delegaciones de Hacienda, 49 audiencias provinciales, 49 institutos generales y técnicos, etcétera, suponían una pesada carga para el agobiado contribuyente español. La organización en vigor, seguía diciendo Eusebio Vasco, «no tiene razón de ser en nuestros días, es anticuada, y precisa una nueva división territorial» (65). La reforma de Burgos era obsoleta pues se había llevado a cabo cuando no existían ferrocarriles, ni telégrafos, ni teléfonos, ni automóviles, ni aeroplanos, ni siquiera carreteras. Con las facilidades de comunicación de la época y de cara a economizar presupuestos, Vasco proponía dividir el país en 22 regiones formadas por dos o más provincias, «siendo la capital de ellas la población con más vecindario, para evitar enojosas postergaciones» (66). La propuesta concreta era la siguiente:
«Badajoz y Cáceres sería una región, llamada de Extremadura. Las tres provincias vascongadas formarían otra: Vasconia. Madrid, Toledo, Guadalajara, Segovia y Avila constituirían la región de Madrid.
.Para combatir el catalanismo Lérida y Huesca sería una región, y otra región Tarragona y Teruel. Barcelona iría con Gerona. Baleares y Canarias quedarían con su constitución actual.
.Para quitar pretextos a los catalanes, el idioma castellano, llamado así porque nació en Castilla, se denominaría en lo sucesivo idioma español, por hablarse en toda España, como se dice idioma francés, idioma italiano, aunque nacieron en una región de Francia, en una región de Italia.
Ciudad Real y Cuenca formarían La Mancha. Castellón iría con Valencia, Salamanca con Zamora, Valladolid con Burgos, Palencia con Santander, León con Oviedo, Orense con Pontevedra, Coruña con Lugo, Sevilla con Huelva, Cádiz con Málaga, Córdoba con Jaén, Almería con Granada, Albacete con Murcia y Alicante, y, por último, Zaragoza iría con Navarra, Logroño y Soria.
La nueva división territorial es necesaria» (67).
El proyecto de Eusebio Vasco es sólo una muestra del ambiente creado en el país ante unas declaraciones precipitadas de Primo de Rivera sobre el regionalismo. Vasco se decantaba a favor de la creación de una región centro, con capital en Madrid, en la que se encuadrarían Toledo y Guadalajara; Ciudad Real y Cuenca se agruparían en una región llamada La Mancha, y Albacete quedaba con Murcia y Alicante. Pero quizá lo más llamativo del proyecto es la forma de combatir el catalanismo, uniendo las provincias catalanas de Lérida y Tarragona a otras limítrofes aragonesas y separándolas de Barcelona y Gerona.
Por otra parte, en las provincias de Albacete, Ciudad Real y Cuenca algunos sectores pidieron la creación de una región manchega, aunque cada una de las tres capitales pidiesen la capitalidad de la región. En Toledo se llegó a hablar de la creación de una región de Castilla la Nueva con capital en dicha ciudad (68).
No debe extrañar esta especie de eclosión regionalista en los primeros meses de la dictadura si se tiene en cuenta, como afirma García Escudero, que «el regionalismo fue una constante reivindicación de la derecha española» (69). Ante unas precipitadas declaraciones del dictador en estos momentos veían una clara oportunidad para sus propósitos.
Regionalismo fervoroso, según ha manifestado García Escudero, mostró el diario católico El Debate, siguiendo las doctrinas de Menéndez Pelayo y de Mella. En un editorial del citado periódico, escrito dos meses después del golpe de Primo de Rivera, se decía lo siguiente:
«No compartimos los temores que siente El Imparcial porque la unidad de la patria peligre lo más mínimo con la sustitución de las 49 provincias por unas 15 regiones. No. La unidad nacional es una realidad más honda, más sólida, más firme, que se halla por encima de estas divisiones principalmente administrativas. España no es un artificio, es una obra de la naturaleza, o para emplear la frase de un gran catalán, el obispo Torras y Bages: Es obra de la Providencia divina» (70).
Tampoco es extraña la opinión manifestada en el editorial de El Debate, pues, salvando la unidad de España, la idea de regionalismo es puramente administrativa y coincidente, en cierta forma, con las actitudes mostradas ante el tema por importantes políticos de la derecha dinástica como Silvela, Maura o Romanones. Se trataba de solucionar el contencioso catalán con una mera descentralización administrativa. Ese era el verdadero significado del regionalismo.
Pero pronto se iba a cortar la efervescencia regionalista, ya que las «vagas promesas de autonomía política fueron olvidadas por el jefe del Gobierno al hacerse cargo del poder. La Mancomunidad (catalana) fue primero modificada, depurada en 1924 y luego suprimida en 1925» (71). Después, entre otras afirmaciones similares, Primo de Rivera dejó bien claro su pensamiento al respecto cuando dijo en un mitin de la Unión Patriótica lo siguiente: «Los sentimientos regionalistas son incompatibles con una patria grande» (72). En la misma reunión acuñaría esta frase: «España es una, grande e indivisible».
1.3.4. El regionalismo en la Segunda República
Cuando habían pasado pocos días' desde la proclamación de la Segunda República, Eusebio Vasco aludía, en un irónico artículo publicado en un periódico de Valdepeñas, al tema del regionalismo:
«Don Jaime reclama sus derechos, los catalanes proclaman la Generalidad Catalana; los vascos quieren la República Vasca; los gallegos piden la Generalidad Gallega y los valencianos piden la Generalidad Valenciana.
Estamos en la hora de pedir.
Los manchegos, en el presente momento histórico, no debemos permanecer indiferentes. Aprovechemos la ocasión, ya que la pintan calva, y pidamos la Generalidad Manchega antes de que nos incluyan en la Generalidad Valenciana, Castellana, Andaluza o Extremeña» (73).
Vasco trazaba en su artículo una broma periodística, ironizando sobre las espectativas creadas con la llegada de la República. Describía símbolos y posibilidades de la «Generalidad Manchega» con un carácter humorístico y terminaba su sarcástico comentario de esta manera:
«Por último, la patria manchega contendrá una república, la de las letras; cuatro reyes, los de la baraja, y una reina, la de la belleza.
¡Manchegos! ¡Ahora o nunca! ¡Viva La Mancha! ¡Viva los ojos negros de mi muchacha!» (74).
Aparte del tono festivo del artículo, Eusebio Vasco recogía el ambiente que existía en los primeros meses de vida de la República. Los proyectos y reuniones se sucedieron antes y después de la promulgación de la Constitución. En julio de 1931 se celebró una reunión en la Diputación de Albacete para dar contestación a un requerimiento de la de Alicante de cara a formar una región levantina. El Comité Ejecutivo del Partido Republicano Federal en Albacete hacía público un comunicado sobre dicha asamblea, en el que, tras glosar la posición estratégica comercial de la ciudad, recomendaba «decidir serenamente lo más conveniente a sus intereses y pactar de igual a igual con quien sea, en la seguridad de lo que Albacete puede ofrecer ha de ser equilibrado con lo que debe exigir» (75).
Pero Albacete hizo patente su negativa a incluirse en una región con Alicante, con Valencia, con Murcia o con Jaén, y mantuvo su esperanza en la creación de una región manchega (76).
En agosto de 1931 un periódico republicano de Albacete incluía en sus páginas un interesante artículo sobre el problema federal en España. Entre otras cosas se decía:
«Lo que llamamos nuestra península no es ni más ni menos que un complejo étnico y geográfico. España está formada por diversos pueblos y naciones que, si bien poseen una misma cultura, ésta se presenta con características diferentes en cada uno de ellos (...).
Con el reconocimiento de la personalidad de las regiones -de todas las regiones- y bajo un régimen de completa autonomía, conseguiremos apaciguar las rebeldías y los chispazos separatistas, una de las causas que más pueden perturbar hoy el orden de la República (...). La unidad, como dijo Pi y Margall, no es uniformidad» (77).
Después de criticar duramente la división vigente de Javier de Burgos, el autor presentaba su programa:
«Propugnamos la división del territorio español, es cierto; pero con arreglo a una división más conforme con la historia, la etnografía y la geografía de nuestra península, que la actual (... ). Es, pues, de vital importancia para el país deshacer el artificio en que hasta ahora vivimos» (78).
Tres días después, el 15 de agosto, el diario Defensor de Albacete informaba sobre la reunión de los diputados de la región manchega en Madrid y encabezaba la noticia con esta pregunta: «¿Hacia un Estatuto Manchego?» (79).
El país vivía en aquellos meses una situación efervescente a la espera de la Constitución. Esta fue aprobada en diciembre de 1931. Uno de sus artículos decía: «La República constituye un Estado integral compatible con las autonomías de los Estados y las regiones». A pesar de ello, en nuestra región no se llegó, como se sabe, a discutir siquiera un Estatuto de Autonomía. La confusión era grande y diversos los intereses. Como ejemplo se puede ver el tratamiento informativo que una reunión de presidentes de diputación de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo mereció a tres periódicos. La reunión tuvo lugar en la ciudad del Tajo el 27 de mayo de 1933 y unos días antes en El Diario de Albacete, ante la posibilidad de formar una región, se decía:
«Por nuestra parte, siempre hemos encontrado absurdo y dañoso para los pueblos la creación de organismos de carácter territorial fijo, a los que se encomiende la resolución o cumplimiento de todos los fines atribuidos a los municipios que los integran.
Municipios que tengan interés común en determinado problema pueden hallarse en pugna en otros que hayan de resolverse. Y por ello, sólo aceptamos como regionalismo saludable el que, circunscrito exclusivamente a la esfera administrativa, se orienta hacia la formación de mancomunidades de carácter circunstancial en torno a problemas determinados y sólo para esto creados» (80).
Resulta cuanto menos curioso el pensamiento regionalista expresado en El Diario de Albacete, al abogar por unas mancomunidades puntuales, circunstanciales, referidas sólo a problemas coyunturales. El periódico, además, afirmaba categóricamente que «cualquier intento de tipo catalán, hoy como ayer, encontrará nuestra repulsa». También aparece, una vez más, ese sentimiento anticatalanista tantas veces citado.
Otra posición distinta adoptaba el semanario de Valdepeñas Adelante. Encabezaba la noticia de la reunión en Toledo con el titular siguiente: «El Estatuto Manchego» e informaba que tenía por objeto «empezar los trabajos preliminares relacionados para ver la conveniencia de mancomunarse las provincias manchegas y en caso afirmativo proceder al estudio del Estatuto Manchego» (81). Al menos el periódico valdepeñero admitía la posibilidad de la Mancomunidad Manchega y no se mostraba contrario a su formación.
El tercer ejemplo se puede hallar en el diario católico de Toledo El Castellano. Daba cuenta del contenido de la citada reunión, haciendo referencia a los problemas regionales tratados en ella y a las posibilidades de solución. Y concluía así:
«En fin, que las comisiones reunidas, sin pensar en estatutos ni mancomunidades, resolvieron firmemente hacer una labor conjunta para conseguir la solución de todos los problemas» (82).
De la lectura de lo expuesto en este apartado se desprende que en las cinco provincias que hoy componen Castilla-La Mancha hubo intentos regionalistas manchegos y castellanos. A veces ambas tendencias, siempre minoritarias, se enfrentaron y otras se ignoraron, pero es evidente que en la región de Castilla la Nueva y en Albacete parte de sus habitantes tenían otros sentimientos además de los castellanos o, sencillamente, distintos.
Referencias bibliográficas
(58) Reglamento del Centro Regional Manchego. Madrid, 1906, pág. 3.
(59) Véase al respecto el artículo de Francisco Fuster Ruiz: «Para una historia del regionalismo manchego: la bandera y el himno de La Mancha», en Al-Basit. Albacete, núm. 9 (abril de 1981), págs. 5 a 27.
(60) «Mitin en Rojas: El Centro Regional Manchego», en La Idea. Toledo, núm. 365 (7-8-1906), pág. 1.
(61) Idem.
(62) Francisco Fuster Ruiz: «Aportación a la historia del regionalismo manchego», en Cultural Albacete. Albacete, núm. 3 (marzo de 1984), pág. 17.
( 63) Isidro Sánchez Sánchez: «Una experiencia de prensa regional...», pág. 211.
(64) Eusebio Vasco: «Nueva división territorial de España», en El Indígena. Valdepeñas, núm. 44 (24-9-1923), pág. 1.
(65) Idem.
(66) Idem.
(67) ídem_
(68) Francisco Fuster Ruiz: «Albacete y el tema regional», en Congreso de historia..., págs. 149-150.
(69) José María García Escudero: El pensamiento de «El Debate». Un diario católico en la crisis de España (1911-1936). Madrid, 1983, pág. 35.
(70) El Debate. Madrid (2-11-1923), pág. 1.
(71) Albert Balcells: Ob. cit., pág. 20.
(72) La Nación. Madrid (5-4-1926). Citado por Shlomo Ben-Ami: La dictadura de Primo de Rivera, 1923-1930. Barcelona, 1984, pág. 132.
(73) Eusebio Vasco: (Generalidad manchega», en Adelante. Valdepeñas, núm. 64 (30-4-1931), pág. 3.
(74) ídem.
(75) Defensor de Albacete. Albacete (23-7-1931), pág. 2.
(76) Francisco Fuster Ruiz: «Aportación a la historia...», pág. 15.
(77) «Consideraciones del momento. El problema federal», en Eco del Pueblo Albacete (12-8-1931), pág. 2.
(78) ídem.
(79) Defensor de Albacete. Albacete (15-8-1931), pág. 3
(80) Comentario de El Diario de Albacete reproducido por El Castellano. Toledo (23-5-1933), pág. 2.
(81) «El Estatuto Manchego», en Adelante. Valdepeñas, núm. 157 (26-5-1933), pág. 1.
(82) El Castellano. Toledo (29-5-1933), pág. 2.
(Isidro Sánchez Sánchez. Castilla-La Mancha en la época contemporánea. Ed Servicio de publicaciones de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.1986. Premio Castilla-La Mancha de ensayo 85.p 19-28)
LAS LEYES SOBRE INMIGRACiÓN EN SUIZA (Gaudencio Hernández, Diario de Ávila 4-11-2006)
Diario de Ávila
4- noviembre -2006
TRIBUNA LIBRE
Las leyes sobre inmigración en Suiza
GAUDENCIO HERNÁNDEZ
Suiza tiene el porcentaje de población extranjera más alto de Europa (20%). Se cree que existe una masa clandestina de unas 100.000 personas (en proporción, España debería tener unas 700.000 ).Cumpliendo con las normas del país (democracia directa)-, el pasado 27 de septiembre el gobierno ha sometido a referéndum, para que el pueblo decida, una Ley de Extranjería y otra de Refugiados Políticos. Leyes para unos restrictivas (el vaso está lleno), xenófobas y racistas para otros (como curiosidad, el ciudadano suizo para informarse sobre los seis sujetos sometidos a votación, ha tenido que leerse más de 150 páginas). El pueblo las ha aprobado con un 70% de los votos.
Dado que el problema está candente en España, - los españoles podrán valorar esta votación. Veamos qué dice la Ley Federal sobre-los Extranjeros:
1. La admisión de los extranjeros debe servir a los intereses económicos de Suiza (Ch. 2, 3;1). Se consideran «extranjeros» a efectos de trabajo a aquellos que no pertenecen a la UE o a la AELE (Ch5, 21, 1). ( ¿ Se desean obreros trabajadores como los españoles, los italianos o los portugueses?). El extranjero debe poseer un carnet de identidad válido.
2. Orden de preferencia en el trabajo:
a) Los suizos.
b) Los que poseen un título de residencia.
c) Los que proceden de un país con el que Suiza posee un contrato de libre circulación (UE yAELE).
3-. Los «extranjeros», los que desean trabajar en Suiza, deben gozar dedos siguientes requisitos:
a) Un título académico o profesional para el puesto libre que postulan.,
b) Que un patrón les firme un contrato.
4. Reagrupación familiar: .
a) Siempre que tenga una casa y medios, suficientes para el sustento tanto de los hijos cmo de los padres.
b) Una vez en Suiza “ legalmente” , todos gozarán de los mismos derechos sociales que los de dadanos.
5. El extranjero debe hacer un esfuerzo de integración, por ejemplo, aprender la lengua (Ch. 2, 4, 2). (¿Piensan los redactores en los coches quemados en Francia o en las bandas de delincuentes en España?)
Dejo de lado las cincuenta páginas más en las - cuales se precisa, como en toda ley, la procedencia, casos particulares. . ¿Qué pensar de esta ley? Los diputados en su mayoría dicen que es una buena ley, pues beneficia al país y da seguridad al extranjero. Los opositores gritan contra una ley racista y discriminatoria…¿Y tú, amigo lector?
Vengamos ahora a la Normativa para los Refugiados Políticos. Suiza ha tenido siempre la aureola de refugio parados perseguidos y revolucionarios del mundo. Pensemos en la Cruz Roja, en el refugio que encontraron en todas las guerras de Europa los elementos revolucionarios y marginales. Lenin salió de Ginebra para encabezar la- revolución rusa; Musolini pasó varios años refugiado en Suiza... El problema hoy día es la movilidad; gentes pidiendo refugio del mundo entero. ¿Cómo saber si son refugiados políticos? Probablemente sean refugiados económicos, pues en su país se mueren de hambre. Veamos las condiciones que las normas preveen:
1. Tener un carnet de identidad o pruebas de sus orígenes, persecuciones y torturas.
2. Que el país del que viene sea considerado entre aquellos que no respetan los derechos humanos.
3. El postulante debe aceptar ser examinado en el aeropuerto de manera minuciosa (¿traficante de droga, terroristas. (Ch:2,1).
4. Será confinado en un centro especial para refugiados mientras dure el examen de su petición, donde gozará de ayuda jurídica y social (Ch.22, 4).
5. Si la petición es denegada, el postulante debe salir de Suiza. La detención en vistas a la expulsión no debe durar más de l8 meses.
¿Que piensa el comité de oposición a dichas normas? Que es una ley inhumana. ¿Cómo exigir a una persona perseguida pruebas, papeles, documentos... que confirmen su persecución y tortura? La ley no tiene compasión con los hijos y allegados del demandarte. Alguno me preguntará ¿cuál es tu parecer? No lo sé. En Suiza, cómo en todas partes, el voto es secreto..:
